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La verdadera Iglesia de Dios...

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martes, 11 de septiembre de 2012

Guión: Exaltación de la Santa Cruz (Particularidades litúrgicas)


 


Se puede realizar la procesión de entrada de acuerdo con lo que establecen las normas litúrgicas.
La Cruz del Señor que preside el templo (distinta de la procesional), siempre con la efigie de Cristo, se inciensa con tres ductus (es decir, tres golpes dobles). Por regla general, cualquier imagen sagrada que no sea del Señor, y las reliquias de los santos, se inciensan con dos ductus. Ahora bien, si se trata de reliquias de la Vera Cruz siempre se inciensan con tres ductus, y en este día son solemnemente expuestas. (Para profundizar sobre el tema de la incensación, hacer clic aquí).


Introducción

"¡Oh, Cruz, instrumento de salud del Altísimo! ¡Oh, Cruz, signo de victoria de Cristo sobre sus enemigos! ¡Oh, Cruz, plantada en la tierra y que fructificas en el cielo! ¡Oh, nombre de la Cruz, que abarcas en ti al universo! ¡Salve, Cruz, que has unido al mundo en toda su extensión!".

Con estas palabras, que un texto apócrifo pone en labios del apóstol Andrés, en el momento de su martirio, iniciamos la celebración litúrgica de la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz. Hacemos propia esta alabanza al Madero de la redención, y por su intermedio, a Aquel que colgó de ella convirtiéndose en el "Precio" de nuestra salvación".
En el Santo Sacrificio de la Misa, participamos plenamente del gran Misterio de nuestra salvación, por el que el Hijo del hombre, sigue ofreciéndose en la única oblación de la Cruz, que abraza los siglos y purifica a la humanidad.

Con la Madre Iglesia repitamos:

Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi, quia per Sanctam Crucem tuam, mundum redemisti.

"Te adoramos, oh, Cristo, y Te bendecimos, pues con tu Santa Cruz, redimiste al mundo".

O bien, a modo de introducción, pueden proclamarse todas o algunas de las siguientes aclamaciones:

Oh, Cruz de Cristo, símbolo del amor divino y de la injusticia humana, icono del supremo Sacrificio por amor y del extremo egoísmo por necedad, instrumento de muerte y vía de resurrección, signo de la obediencia y emblema de la traición, patíbulo de la persecución y estandarte de la victoria.

Oh, Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo alzada en nuestras hermanas y hermanos asesinados, quemados vivos, degollados y decapitados por las bárbaras espadas y el silencio infame.

Oh, Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los rostros de los niños, de las mujeres y de las personas extenuadas y amedrentadas que huyen de las guerras y de la violencia, y que con frecuencia sólo encuentran la muerte y a tantos Pilatos que se lavan las manos.

Oh, Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los doctores de la letra y no del espíritu, de la muerte y no de la vida, que en vez de enseñar la misericordia y la vida, amenazan con el castigo y la muerte, y condenan al justo.

Oh, Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los ministros infieles que, en vez de despojarse de sus propias ambiciones, despojan incluso a los inocentes de su propia dignidad.

Oh, Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los corazones endurecidos de los que juzgan cómodamente a los demás, corazones dispuestos a condenarlos incluso a la lapidación, sin fijarse nunca en sus propios pecados y culpas.

Oh, Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los fundamentalismos y en el terrorismo de los seguidores de cierta religión que profanan el nombre de Dios y lo utilizan para justificar su inaudita violencia. 

Oh, Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los que quieren quitarte de los lugares públicos y excluirte de la vida pública, en el nombre de un cierto paganismo laicista o incluso en el nombre de la igualdad que el mismo Señor nos ha enseñado.

Oh, Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los poderosos y en los vendedores de armas que alimentan los hornos de la guerra con la sangre inocente de los hermanos.

Oh, Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los traidores que por treinta denarios entregan a la muerte a cualquier persona.

Oh, Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los ladrones y en los corruptos que en vez de salvaguardar el bien común y la ética, se venden en el miserable mercado de la inmoralidad.

Oh, Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los necios que construyen depósitos para conservar tesoros que perecen, dejando que Lázaro muera de hambre a sus puertas.

Oh, Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los destructores de nuestra «casa común», que con egoísmo arruinan el futuro de las generaciones futuras.

Oh, Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los ancianos abandonados por sus propios familiares, en los discapacitados, en los niños desnutridos y descartados por nuestra sociedad egoísta e hipócrita.

Oh, Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en nuestro mediterráneo y en el Mar Egeo convertidos en un insaciable cementerio, imagen de nuestra conciencia insensible y anestesiada.

Oh, Cruz de Cristo, imagen del amor sin límite y vía de la Resurrección, aún hoy te seguimos viendo en las personas buenas y justas que hacen el bien sin buscar el aplauso o la admiración de los demás.

Oh, Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los ministros fieles y humildes que alumbran la oscuridad de nuestra vida, como candelas que se consumen gratuitamente para iluminar la vida de los últimos.

Oh, Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en el rostro de las religiosas y consagrados –los buenos samaritanos– que lo dejan todo para vendar, en el silencio evangélico, las llagas de la pobreza y de la injusticia.

Oh, Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los misericordiosos que encuentran en la misericordia la expresión más alta de la justicia y de la fe.

Oh, Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en las personas sencillas que viven con gozo su fe en las cosas ordinarias y en el fiel cumplimiento de los mandamientos. 

Oh, Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los arrepentidos que, desde la profundidad de la miseria de sus pecados, saben gritar: "Señor acuérdate de mí cuando estés en tu Reino".

Oh, Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los beatos y en los santos que saben atravesar la oscuridad de la noche de la fe sin perder la confianza en ti y sin pretender entender tu silencio misterioso.

Oh, Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en las familias que viven con fidelidad y fecundidad su vocación matrimonial.

Oh, Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los voluntarios que socorren generosamente a los necesitados y maltratados.

Oh, Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los perseguidos por su fe, que con su sufrimiento, siguen dando testimonio auténtico de Jesús y del Evangelio.

Oh, Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los soñadores que viven con un corazón de niños y trabajan cada día para hacer que el mundo sea un lugar mejor, más humano y más justo.

En ti, Cruz Santa, vemos a Dios que ama hasta el extremo, y vemos el odio que domina y ciega el corazón y la mente de los que prefieren las tinieblas a la luz.

Oh, Cruz de Cristo, Arca de Noé que salvó a la humanidad del diluvio del pecado, líbranos del mal y del maligno. 

Oh, Trono de David y sello de la Alianza divina y eterna, despiértanos de las seducciones de la vanidad. 

Oh, grito de amor, suscita en nosotros el deseo de Dios, del bien y de la luz.

Oh, Cruz de Cristo, enséñanos que el alba del sol es más fuerte que la oscuridad de la noche. 

Oh, Cruz de Cristo, enséñanos que la aparente victoria del mal se desvanece ante la tumba vacía y frente a la certeza de la Resurrección y del amor de Dios, que nada lo podrá derrotar u oscurecer o debilitar. Amén. (Alocución del Papa Francisco en el Vía Crucis del Viernes Santo de 2016. Coliseo Romano).  

Luego del Saludo litúrgico y del Acto penitencial, se canta, o en su defecto, se recita el himno Gloria in excelsis. Lo precede el Kyrie si éste no ha formado parte del mismo Acto penitencial, introducido por tropos.


Liturgia de la Palabra: Núm. 21, 4b-9; Flp. 2, 6-11; Jn. 3, 13-17.

(La segunda lectura, según las normas vigentes, es obligatoria cuando la fiesta cae en domingo, y opcional a la primera en los demás casos).

Monición general

El Misterio de la Cruz gloriosa en la que sería crucificado y exaltado el Salvador del mundo, fue profetizado en el Antiguo Testamento, y tuvo su cumplimiento en el Nuevo: Desde entonces, el santo Leño se ha convertido en el símbolo por excelencia de los cristianos.

Antes de la proclamación del Evangelio (y durante la procesión con el Evangeliario, si lo hubiera), el coro canta el Aleluya.

Comúnmente en las fiestas del Señor no se dice el Credo, salvo que ocurran en el domingo.

Oración de los fieles

Inspirados por expresiones del venerable himno Crux fidelis, de la Liturgia de la Pasión, elevemos nuestras súplicas a Aquel que ha aceptado la Ofrenda suprema de Cristo en la Cruz.

A cada intención respondan: "Por el misterio de la Cruz, sálvanos, Señor".

-Para que la Iglesia santa de Dios, pueda ofrecer a todos los pueblos del Planeta los frutos de la Cruz bendita del Señor, "el más noble de los árboles". Oremos.

-Para que nuestro Santo Padre N, con su ministerio petrino, pueda conducir a todos los hombres hacia el "Cordero levantado en la Cruz", muerto y resucitado, que atrae a todos hacia Sí. Oremos.

-Para que los responsables de los destinos de los pueblos, tomen sus decisiones con el corazón y la mente siempre orientados hacia el Madero de salvación, "ornado con la Regia púrpura de la Sangre del Cordero". Oremos.

-Para que los que gimen oprimidos bajo el peso de sus culpas, hallen consuelo y esperanza en el Agua y la Sangre que brotaron del Costado del Santo Cristo crucificado, y que son el gran "Río que purifica los mares, la Tierra y el Cielo". Oremos.

-Para que nosotros, que al participar del Sacrificio del Altar, actualizamos la Ofrenda de Cristo en la Cruz, aprendamos a llevar con dignidad y esperanza nuestra propia cruz, y obtengamos así en plenitud los frutos de este Árbol de salvación, "al que ningún otro iguala". Oremos.


Ofertorio

"Salve, Cruz bendita, que fabricamos los pecadores, con manos deicidas".
"Manos deicidas": Manos que matan a Dios. La crudeza de esta metáfora de un himno de la liturgia de hoy, nos hace tomar conciencia de nuestros pecados. Pero desde que Cristo extendió sus brazos en la Cruz, hemos sido invitados a una nueva vida. Para que este misterio llegue a plenitud en nosotros, presentemos los dones que el Redentor eligió para que actualizásemos su Sacrificio, hasta que Él volviera como Juez eterno.

Se usa el Prefacio propio de esta fiesta: La victoria de la Cruz gloriosa. Puede optarse también por el Prefacio de Pasión I.

El Prefacio de Pasión I puede usarse con cualquiera de las Plegarias Eucarísticas del Misal, incluso las de Reconciliación, aunque "formen un todo con su Prefacio". Esto se debe a que dichas Plegarias solamente están prohibidas cuando las rúbricas prescriben un Prefacio propio. Ahora bien, para la liturgia, los "Prefacios del tiempo", es decir, aquellos no exclusivos de una fiesta o solemnidad sino de todo un tiempo litúrgico (que por lo mismo, están numerados correlativamente), no se consideran estrictamente propios. Así, se puede suplir cualquiera de los Prefacios de las Plegarias Eucarísticas de Reconciliación, o por uno cuaresmal, o por el de Pasión I (no el II, puesto que es exclusivo de lunes, martes y miércoles santos), o por los de la Eucaristía, o por el de la Cruz, ya que ninguno desentona en temática.
El Prefacio del día, La victoria de la Cruz gloriosa, por considerarse propio, no puede usarse con la PE IV aunque sí con las de Reconciliación, por lo expuesto más arriba.
Parece que utilizando uno u otro de los Prefacios propuestos para hoy, la Plegaria Eucarística de Reconciliación I es la más oportuna para esta fiesta, debido a la particular alusión que hace al misterio de la Cruz del Señor: "...antes de que sus brazos (los de Cristo Crucificado) extendidos entre el Cielo y la Tierra trazasen el signo indeleble de tu Alianza...".


Comunión

En la Cruz gloriosa, el Altísimo nos ofrece a su Hijo, el Fruto de eterna salvación, que cancela el daño que nos causó el fruto prohibido en el Génesis.
He aquí, en palabras de Tomás de Aquino, el "Antidoto de inmortalidad".
Al recibir la Eucaristía, abracémonos al Misterio de la Cruz del Salvador. Así, gustaremos del Manjar celestial y participaremos en plenitud del misterio de nuestra redención.

Puede impartirse la "Bendición solemne de Pasión del Señor" (sugerida también para el Domingo de Ramos, lunes, martes y miércoles santos); o bien alguna de las del Tiempo Ordinario.


Despedida

Nos retiramos del lugar sagrado, renovando nuestra profesión de fe en el Misterio de la Cruz santa del Mesías, Ungido de Dios. Lo hacemos con las palabras de un cántico tradicional:

"Victoria, tú reinarás; oh, Cruz, tú nos salvarás".


Si hubiera una reliquia de la Vera Cruz, puede ser venerada por los fieles en este momento. También podría invitarse a los fieles a acercarse procesionalmente a venerar una Cruz con la efigie de Cristo, como se hace en la Acción litúrgica del Viernes Santo. De realizarse este acto piadoso, es importante que tenga lugar en este momento, pues a diferencia del Viernes Santo, no forma parte de la liturgia del día.


11 de septiembre de 2012, inicio del triduo a la Santísima Cruz del Señor.
Última actualización de la página: 13/09/15.


3 comentarios:

  1. buenas tardes, muchas gracias por tener este foro tan bonito y explicado, desde el inicio me ah ayudado y horientado mucho, en esta ocacion me toca esta celebracion, y quisiera realizar un ofertorio pero no se con que palabras acompañarlo o exactamente que cosas se pueden y no ofrecer en esta celebracion, aqui en rd es muy comun presentar la imagen de la virgen maria pero la verdad no se si sea apropiado dada la celebracion que es, le agradeceria mucho si me podria dar algun consejo, de todad maneras le agradesco ya por tener esta web, muchas vendiciones y que tenga un buen resto del dia, umbrella_2706@hotmail.com

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  2. Agradezco tus palabras. Me alientan a seguir trabajando con el corazón en este blog.
    Me gustaría saber de dónde eres (no sé qué es "rd").
    Una aclaración: según las normas litúrgicas, todo lo que se presente en el "ofertorio" ha de ser una verdadera donación u ofrenda. No corresponde presentar algo que ya pertenece a la parroquia o capilla, ni algo que sea de algún fiel que no tenga la intención de donar a la comunidad.
    Consejo: si se trata del ofertorio de la Misa de la Exaltación de la Cruz, sería oportuno que los diferentes grupos compraran y donasen, con la autorización del párroco, alguna imagen de la Virgen Dolorosa (si no la hay ya), o de alguno de los misterios relacionados directamente con la Pasión del Señor (estatua o cuadro). Lo donado puede no estar relacionado, pero ser algo para el uso sagrado (casulla, cáliz, patena, etc).
    Respecto de las palabras que puedes usar, encontrarás unos consejos en este mismo blog, en la entrada "Cómo hacer un guion para la Misa: consejos prácticos".
    Los santos que recordamos hoy, 18 de agosto, te colmen de bendiciones celestiales:
    -Santa Elena, que halló la verdadera Cruz del Señor.
    -San Alberto Hurtado, que supo iluminar con el siempre fecundo Magisterio de la Iglesia, la sociedad de su tiempo.

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  3. hola, buenas noches, nose si leyo el segundo comentario, bueno rd es republica dominicana; ya estudie un poco mas, no es en realidad ofertorio si no, presentacion de ofredas, el lunes es mi reunion para acordar esto, la idea de la virgen dolorosa me ah gustado, pero tambien la de santa bernardette, ya sabe por el hecho de que ellos se pregunten porque ella?, y asi que tengan conocimiento de la debocion con que uno debe hacer la señal de la cruz, en fin, muchas gracias nuevamente, y que su aliento sea dios para continuar como lo hace hasta ahora, que tenga buen dia.

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