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La verdadera Iglesia de Dios...

La verdadera Iglesia de Dios...

viernes, 15 de noviembre de 2013

Guion: Jesucristo, Rey del universo


                   



En el siguiente guion introductorio y en la primera de las preces de más abajo (III), se aclara de modo implícito que hoy no termina el Año litúrgico, como erróneamente enseñan muchos, sino que es el último domingo y uno de los más solemnes de todo el Tiempo Ordinario (junto con el de la Santísima Trinidad). 
 

Ciclos A, B y C


Introducción*

En esta Misa conviene realizar una procesión de entrada.

En este último domingo del Tiempo Ordinario coronamos el Año litúrgico con la solemnidad de nuestro Señor Jesucristo, Rey del universo.

¡Cristo ayer, hoy y siempre! Así Lo proclaman las Sagradas Escrituras; así Le canta la Iglesia y Lo confesamos los que peregrinamos hacia el Reino prometido.

Muchos son hoy los falsos dioses que nos cautivan y a los que más o menos conscientemente rendimos culto: el materialismo y el poder, el sexo y la moda, la fama y el individualismo egoísta.

Por eso, en este día particularmente solemne, queremos reafirmar nuestra fe en Aquel cuyo Nombre está sobre todo nombre: El Señor Jesucristo, Dios único y verdadero, Rey eterno y universal.

Sólo a Él queremos adorar. Sólo en Él ponemos nuestra esperanza.

A Él, que nos creó de la nada y que por amor no dudó en hacerse uno de los nuestros, la gloria y la alabanza por toda la eternidad.

El coro canta el Kyrie y el himno Gloria in excelsis.

Si se emplea la tercera fórmula del Acto penitencial, pueden emplearse los siguientes tropos, tomados de la liturgia caldea:

-Buen Médico de nuestras almas, Kyrie, eleison.

-Sanador de nuestros males, Christe, eleison.

-Purificador de nuestras conciencias con el hisopo de la misericordia, Kyrie, eleison.


Liturgia de la Palabra
 
A: Ez. 34, 11-12. 15-17; S. R. 22, 1-2a. 2b-3. 5. 6; I Cor. 15, 20-26. 28; Mt. 25, 31-46: B: Dan. 7, 13-14: S.R. 92, 1-2.5; Apoc. 1, 5-8; Jn. 18, 33b-37; C: II Sam. 5, 1-3; S.R. 121, 1-2. 4-5; Col. 1, 12-20:; Lc. 23, 35-43.

La siguiente monición puede emplearse en cualquiera de los tres ciclos:

Cada página de las Sagradas Escrituras es anuncio y profecía, realización y cumplimiento de la Realeza universal de Jesucristo, el Verbo Omnipotente del Eterno Padre.

Que el Manjar selecto de la Palabra inspirada, apresure el reinado pleno de Cristo en nuestras almas.


Oración de los fieles

I

La siguientes preces, con las necesarias adaptaciones, están tomadas de la Santa Misa con el rito de canonización, presidida por el Papa Francisco en la solemnidad de Cristo Rey, el 23/11/14:


Fijemos la mirada en Jesucristo, único Rey y Salvador, y presentémosle nuestra súplica confiada:

R. Te rogamos, óyenos.

-Señor, Jesús, reviste de tu gracia a la Iglesia, y que los pastores y su rebaño, crezcan con  entusiasmo y alegría en la santidad. R.

-Señor Jesús, que tu Reino llegue a todos los corazones y que la humanidad encuentre en Ti la fuente de la verdadera alegría. R.

-Señor Jesús, convierte con tu misericordia a los pecadores, y que cuantos obran el mal redescubran la belleza del perdón y de la caridad fraterna. R.

-Señor Jesús, consuela con tu presencia a los afligidos, a los pobres, a los sufrientes y que las personas solas encuentren la alegría de un hogar amigo. R.

-Señor Jesús, manda numerosos obreros a tu mies, y que nunca falten anunciadores del Evangelio y santos ministros del Altar. R.
  
Oración conclusiva

"Señor Jesús, que nunca te cansas de acercarte a quienes se han alejado de tu amistad, renueva hoy los prodigios de tu amor, a fin de que Dios sea todo en todos. Tú, que vives y reins por los siglos de los siglos. Amén".

O bien:

II

La siguientes preces, con las necesarias adaptaciones, están tomadas de la Santa Misa de la solemnidad de Cristo Rey en la Clausura del Año Jubilar de la Misericordia y cierre de la Puerta santa de la Basílica de San Pedro, presidida por el Sumo Pontífice Francisco  el 20 de noviembre de 2016,
y concelebrada con los neocardenales que había creado en el Consistorio del día anterior:

Elevemos confiados nuestra plegaria a Dios Padre que en Jesús, su Hijo, ha reconciliado todas las cosas Consigo.

R. Te rogamus, audi nos

-Oremos por el Sumo Pontífice y por los cardenales, sus más íntimos colaboradores en el gobierno universal de la Iglesia.

+Concédeles la abundancia de tus dones, hazlos pastores según tu corazón, para que ofrezcan generosamente la vida por la salvación de los hermanos. R.

-Oremos por los legisladores y gobernantes.

+Cólmalos de la sabiduría que brota de la Cruz, para que guíen a los pueblos en la justicia y la paz, y promuevan el respeto a la vida y a la familia. R.

-Oremos por cuantos han obtenido misericordia.

+Sostenlos con tu gracia, para que vivan la vida nueva recibida y anuncien a los hermanos la belleza de tu perdón. R.

-Oremos por los pecadores y por los desanimados.

+Alcánzalos con el toque de tu benevolencia, para que reconozcan su pecado y confíen en tu bondad. R.

-Oremos por los que sufren y por las personas solas.

+Consuélalos con tu dulce presencia para que encuentren esperanza y alivio en su dolor, y suscita numerosos operarios de caridad fraterna. R.

Oración conclusiva

"Oh, Padre, mira a tu Hijo Jesús, nuestro Rey y Señor, que desde lo alto de la Cruz se ofrece por nuestra salvación y renueva para nosotros los prodigios de tu Misericordia. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén".

O bien:

III

R. Divino Rey, escúchanos

-Por la Santa Iglesia de Dios, para que coseche como frutos preciosos las semillas sembradas en el Año litúrgico que concluirá el próximo sábado. Oremos.

-Por nuestro Santo Padre Francisco, para que el Señor le conceda una fe intrépida, una firme esperanza y una ardiente caridad. Oremos.

-Por Su Santidad Benedicto XVI, Papa emérito, para que el Señor lo premie por los ocho años de un Pontificado luminoso cuyos frutos van a saborear las próximas generaciones. Oremos.

-Por los que gobiernan las naciones, para que a ejemplo de Jesucristo, Rey humilde y misericordioso, velen particularmente por quienes son considerados los últimos a los ojos del mundo. Oremos.

-Por los que son víctimas de conflictos bélicos o de catástrofes naturales, para que Cristo, Rey de la Paz y del Amor, sane los corazones heridos y aliente en ellos la promesa de un mundo nuevo. Oremos.

-Por nosotros aquí reunidos, para que por medio de los sacramentos y de las obras de caridad, anticipemos el Reino prometido por Jesús. Oremos.

A continuación, se propone como oración conclusiva de las preces una colecta alternativa a la de este domingo (para cada uno de los tres ciclos); están tomadas de la edición italiana del Misal Romano y traducidas al castellano. Se reemplaza la conclusión trinitaria larga, propia de toda colecta, por la breve, típica de las demás oraciones litúrgicas:

Ciclo A

"Oh, Padre, que has puesto a tu Hijo como único Rey y Pastor de todos los hombres, para construir en los tormentosos acontecimientos de la historia, tu Reino de amor, alimenta en nosotros la certeza de fe en que un día, aniquilado también el último enemigo, la muerte, tu Hijo te entregará la obra de su redención, para que Tú seas todo en todos. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén".

Ciclo B

"Oh, Dios, fuente de toda paternidad, que  has enviado a tu Hijo para hacernos partícipes de su Sacerdocio real, ilumina nuestra mente para que comprendamos que servir es reinar, y con la vida dada a los hermanos, confesemos nuestra fidelidad a Cristo, Primogénito de los muertos y Dominador de todos los poderosos de la Tierra. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén".

Ciclo C

"Oh, Dios Padre, que nos has llamado a reinar Contigo en la justicia y en el amor, líbranos del poder de las tinieblas, haz que caminemos tras las huellas de tu Hijo y que Le ofrezcamos la vida por amor a los hermanos, seguros de compartir su gloria en el Paraíso. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén".


O bien, para cualquiera de los tres ciclos: (liturgia caldea)

"Señor, recibe la plegaria de tus siervos y responde con tu misericordia a la súplica de los que Te alaban. Por Jesucristo, nuestro Señor".


Ofertorio

Los dones de pan y vino que vamos a presentar son semillas del Reino que viene; al convertirse en Sacramento de Vida por el ministerio de la Iglesia, son Alimento del hombre redimido por Cristo, que hace nuevas todas las cosas.

Se emplea el Prefacio propio: De Christo, universorum Rege.



Comunión

Recibamos a Jesucristo, el Pan Vivo, Prenda del Reino futuro, que "con su Amor atrae a Sí a los hombres de cada generación, convoca a la Iglesia y le confía el anuncio del Evangelio que es siempre nuevo" (Cf. Porta fidei, Carta Apostólica del Papa Benedicto XVI, con la que convocó al Año de la Fe).

Luego de la Oración poscomunión, la asamblea puede rezar la siguiente plegaria:

Consagración de la humanidad para el día de Cristo Rey
(Papa Pío XI)

¡Dulcísimo Jesús, Redentor del género humano! Míranos humildemente postrados; tuyos somos y tuyos queremos ser, y a fin de vivir más estrechamente unidos Contigo, todos y cada uno espontáneamente nos consagramos en este día a tu Sacratísimo Corazón.

Muchos, por desgracia, jamás, Te han conocido; muchos, despreciando tus mandamientos, Te han desechado. ¡Oh, Jesús benignísimo!, compadécete de los unos y de los otros, y atráelos a todos a tu Corazón Santísimo.

¡Oh, Señor! Sé Rey, no sólo de los hijos fieles que jamás se han alejado de Ti, sino también de los pródigos que Te han abandonado; haz que vuelvan pronto a la casa paterna, para que no perezcan de hambre y miseria.

Sé Rey de aquellos que, por seducción del error o por espíritu de discordia, viven separados de Ti; devuélvelos al puerto de la verdad y a la unidad de la fe para que en breve, se forme un solo rebaño bajo un solo Pastor.

Sé Rey de los que permanecen todavía envueltos en las tinieblas de la idolatría; dígnate atraerlos a todos a la luz de tu Reino.

Concede, ¡oh, Señor!, incolumidad y libertad segura a tu Iglesia; otorga a todos los pueblos la tranquilidad en el orden; haz que del uno al otro confín de la Tierra no resuene sino esta voz: ¡Alabado sea el Corazón divino, causa de nuestra salud! A Él se entonen cánticos de honor y de gloria por los siglos de los siglos. Amén".

 
Conviene impartir la Bendición solemne del Tiempo Ordinario, en cualquiera de sus formularios.


Despedida

Hemos recibido de Dios la antorcha de la fe. Que con ella sepamos iluminar nuestro mundo en tinieblas para que apresuremos la llegada del Reino de Cristo.

*(De la obra Jesucristo y el Don de Sí mismo, Editorial Guadalupe. Adaptación.).

18 de noviembre de 2013, memoria litúrgica de la Dedicación de las Basílicas papales de San Pedro y de San Pablo extra-muros.
(Última actualización de la entrada: 19/11/17).





2 comentarios:

  1. gracias, me han ayudado, una guia, para aprontar guion para la peregrinacion anual al CRISTO REDENTOR.

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  2. Muchas gracias hermano Dios lo bendiga por compartir sus conocimientos.

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