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La verdadera Iglesia de Dios...

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jueves, 27 de noviembre de 2014

Misas de la Virgen XXII (Tiempo Ordinario IV): "Santa María, Esclava del Señor"


 
Misal: Textos bíblicos y eucológicos (en negro); rúbricas: rojo.
Guion: marrón.
Comentario del blog: azul.

MISA COMPLETA, GUION Y COMENTARIO

En el Evangelio según san Lucas, la Santísima Virgen se profesa por dos veces «Esclava del Señor»: cuando presta su asentimiento al mensaje del ángel (cf. Lc 1, 38) Y cuando proclama la grandeza del Señor por las «obras grandes» (cf. Lc 1, 49) que ha hecho por ella. El título de «Esclava del Señor», para percibir todo su significado y toda su fuerza, se ha de interpretar a la luz de los cánticos del «Siervo del Señor» (cf. Is 42, 1-7; 49, 1-9; 50,1-11; 52,1-53, 12), pero sobre todo a la luz de lo que hizo Jesucristo, ya que Él, cumpliendo en su persona la figura del «Siervo del Señor», «no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos» (Mc 10, 45).
Con el título de «Esclava del Señor» se tributa culto litúrgico a la Santísima Virgen en algunos Institutos religiosos, principalmente en la Congregación de la Pasión de Jesucristo, de cuyo Proprium missarum, Curia General CP, Roma 1974, pp. 30-31, se han tomado la mayor parte de los textos de esta Misa.
La Misa celebra el misericordioso designio por el que Dios hizo a la Virgen María, su humilde esclava, Madre de Cristo y asociada a Él (cf. Oración colecta): María, «hija de Adán -como enseña el Concilio Vaticano II-, aceptando la palabra divina, fue hecha Madre de Jesús y, abrazando la voluntad salvadora de Dios con generoso corazón y sin impedimento de pecado alguno, se consagró totalmente, como esclava del Señor, a la persona y a la obra de su Hijo, sirviendo al misterio de la redención bajo Él y con Él, por la gracia de Dios omnipotente» (LG 56).
Por todo esto la Santísima Virgen, humilde esclava del Señor, es saludada como «sierva del amor» (Prefacio), dedicada enteramente al servicio divino (cf. Oración sobre las ofrendas) y a la obra de su Hijo por la salvación de los hombres (cf. Prefacio).
La Misa, en íntima conexión con las enseñanzas del Evangelio, celebra también a María, la humilde esclava, elevada a la dignidad real: a la que «sirvió mucho a Cristo» (Prefacio), Dios Padre la ha honrado mucho (cf. Prefacio, Jn 12, 26), y a la que «se proclamó humilde esclava» de Dios, el mismo Dios la ha ensalzado «como Reina junto a (su) Hijo» (Prefacio). Admirablemente lo canta el Aleluya: «Dichosa eres, Virgen María, / que te proclamaste esclava del Señor; / ahora, glorificada sobre los coros de los ángeles, / la Iglesia te saluda como Reina del cielo».


Introducción

"He aquí la esclava del Señor. Que se cumpla en mí lo que has dicho".
Estas palabras expresan el consentimiento de la Santísima Virgen a la voluntad de Dios de ofrecer al mundo la salvación por medio el "Fruto bendito" de su seno inmaculado. En el umbral de esta celebración las hacemos nuestras y pedimos al Señor, por intercesión de su Madre y humilde servidora, los dones de la humildad para reconocernos pecadores, necesitados de su perdón, y de la disponibilidad, para estar prontos a obedecer sus mandatos. 
Que la fervorosa participación en los Sagrados Misterios nos obtenga de Dios estas dos gracias y todas aquellas que necesitamos para no apartarnos de sus caminos.


Antífona de entrada Lc 1, 47-48

Se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador, porque ha mirado la humillación de su esclava.

Oración colecta

Oh, Dios, que para redimirnos misericordiosamente has hecho humilde esclava tuya a la Virgen María, Madre de Cristo y asociada a él, concédenos servirte como ella y dedicarnos por entero a la salvación de los hombres. Por nuestro Señor Jesucristo.

Liturgia de la Palabra

Primera lectura

Escuchemos devotamente la Palabra de Dios, y como Ana, la madre de Samuel, elevemos al Señor nuestro corazón alegre y agradecido por los dones que recibimos de su generosidad.

Lectura del primer libro de Samuel 1, 24-28; 2, 1-2. 4-8

En aquellos días, cuando Ana hubo destetado a Samuel, subió con él al templo del Señor, llevando un novillo de tres años, una fanega de harina y un odre de vino.
Cuando inmolaron al novillo, Ana presentó el niño a Elí, diciendo:
- «Señor, por tu vida, yo soy la mujer que estuvo aquí junto a ti, rezando al Señor. Este niño es lo que yo pedía; el Señor me ha concedido mi petición. Por eso se lo cedo al Señor de por vida, para que sea suyo.»
Después se postraron ante el Señor
Y Ana rezó esta oración:
«Mi corazón se regocija en el Señor,
mi poder se exalta por Dios;
mi boca se ríe de mis enemigos,
porque gozo con tu salvación.
No hay santo como el Señor,
no hay roca como nuestro Dios.
Se rompen los arcos de los valientes,
mientras los cobardes se ciñen de valor;
los hartos se contratan por el pan,
mientras los hambrientos engordan;
la mujer estéril da a luz siete hijos,
mientras la madre de muchos queda baldía.
El Señor da la muerte y la vida,
hunde en el abismo y levanta;
da la pobreza y la riqueza,
humilla y enaltece.
Él levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para hacer que se siente entre príncipes
y que herede un trono de gloria;
pues del Señor son los pilares de la tierra,
y sobre ellos afiazó el orbe.

Palabra de Dios.


Salmo responsorial Lc 1, 46-48a. 48b-49. 50-51. 52-53. 54-55 (R.: 48a)

R. El Señor ha mirado la humillación de su esclava.

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador.
Porque ha mirado la humillación de su esclava. R.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo. R.

Y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón. R.

Derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos. R.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
a favor de Abrahán
y su descendencia por siempre. R.


Aleluya Cf. Lc 1, 28

Muy propio de este Misal de la Virgen es el acoger esta tradición de unir al texto bíblico las palabras de la Iglesia, como glosándolo con sabia pedagogía e íntegro respeto, o también, amalgamar ambos, como en el siguiente caso:

Dichosa eres, Virgen María, que te proclamaste esclava del Señor; ahora, glorificada sobre los coros de los ángeles, la Iglesia te saluda como Reina del cielo.


Evangelio

La humilde y libre aceptación de la voluntad del Señor, de la que María nos dio ejemplo, ha de ser la actitud de todos aquellos que reconocemos a Dios como nuestro Padre, y a Jesucristo, como el Salvador que Él nos ha enviado.

Aquí está la esclava del Señor

+ Lectura del santo Evangelio según san Lucas 1, 26-38

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María.
El ángel, entrando a su presencia, dijo:
— Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo; bendita tú entre las mujeres.
Ella se turbó ante estas palabras, y se preguntaba qué saludo Cera aquél.
El ángel le dijo:
— No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios.
Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.
Y María dijo al ángel:
— ¿Cómo será eso, pues no conozco varón?
El ángel le contestó:
— El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios.
Ahí tienes a tu pariente Isabel que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.
María contestó:
— Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra.
Y la dejó el ángel.

Palabra del Señor.

Oración de los fieles

La siguiente respuesta a las preces se hace eco de la expresiones de Jesús ("...que no se haga mi voluntad sino la tuya" Mt. 26, 39; Mc. 14, 36; Lc. 22, 42; ), y la de su Madre ("Hágase en mí según tu palabra" Lc. 1, 38). La primera, dirigida directamente al Padre Eterno; la segunda, por intermedio del arcángel Gabriel, el santo interlocutor de Dios y de María en el misterio de la Encarnación:

R. Que siempre se cumpla en nosotros la voluntad del Señor.

-Para que la Iglesia Madre sea, en palabras del Papa Francisco, casa de acogida y hospital de campaña para todos aquellos a los que se les hace arduo el diario pereginar. R.

-Para que en la agenda de los gobiernos de las naciones ocupe un lugar privilegiado la solicitud por los más necesitados. R.

-Para que los cristianos luchemos por erradicar las viejas y nuevas formas de esclavitud, actualmente solapadas bajo las más variadas relaciones humanas. R.

-Para que los jóvenes que sienten el llamado a seguir más de cerca al Señor en el sacerdocio o la vida consagrada, a ejemplo de María, la humilde esclava del Señor, respondan con generosidad y gozo. R.

-Para que todos los hombres vivamos como hermanos y cuidemos de este Planeta que Dios quiso reealarnos. R.


Ofertorio

Con espíritu de servicio, a ejemplo de María, presentamos los dones sencillos de pan y vino, que el mismo Jesucristo ha querido elevar  a la dignidad de su Cuerpo y su Sangre, por el ministerio de la Iglesia, Madre fecunda de una multitud de hijos.

Oración sobre las ofrendas

Recibe, Padre santo, las ofrendas y los dones que te presentamos en conmemoración de santa María, la esclava dócil dedicada enteramente a tu servicio, y concédenos ofrecernos nosotros mismos como ofrenda agradable a tus ojos. Por Jesucristo, nuestro Señor.


Prefacio

La Bienaventurada Virgen, Esclava del Señor, sirvió al misterio de la redención

V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias
siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno.

Porque te has complacido de modo singular
en la bienaventurada Virgen María.
Ella, abrazando tu voluntad salvífica,
se consagró por entero a la obra de tu Hijo,
como un servicio fiel a la redención del hombre.

A quien sirvió mucho a Cristo,
mucho la has honrado;
y has ensalzado como Reina junto a tu Hijo,
a quien se proclamó tu humilde esclava
y, sierva del amor, intercede por nosotros.

Por eso,
con todos los ángeles y los santos,
te alabamos, proclamando sin cesar:

Santo, Santo, Santo.


Comunión

Gracias al "Sí" de María, con que se realizó el misterio de la Encarnación, hoy es posible que comulguemos el Cuerpo y la Sangre del Señor en la Eucaristía.
Demos gracias a la Madre, y como ella, adoremos al hijo que vamos a recibir en nuestro corazón.

Antífona de comunión Sal 85 (86), 15-16

Tú, Señor, mírame, ten compasión de mí, salva al hijo de tu esclava.


Oración después de la comunión

Alimentados con esta eucaristía te pedimos, Señor, Dios nuestro, que, imitando siempre a la Virgen María, nos dediquemos al servicio de la Iglesia y experimentemos la alegría de esta entrega. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Despedida

Como servidores del Señor, a imitación y con el auxilio de nuestra Madre del Cielo, dejamos el lugar sagrado dispuestos a comprtir el tesoro de la fe con los hermanos.

27 de noviembre, conmemoración de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa. Entrada dedicada a ella.

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