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La verdadera Iglesia de Dios...

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miércoles, 24 de diciembre de 2014

Bendición del árbol de Navidad


Árbol de Navidad en la Plaza de San Pedro

La liturgia de la Iglesia ha querido "cristianizar" el árbol de Navidad, dotándolo de un rito de bendición que explica el significado y la importancia de este signo tan querido por los creyentes y no creyentes. Comparto con ustedes el rito íntegro tomado del Bendicional, libro litúrgico con el catálogo de las bendiciones aprobadas por la Santa Sede; conservo los números de este libro:

El binomio, "Arbol de Navidad/Árbol de la Vida (Cristo)", es la primera asociación que la Madre Iglesia realiza a la hora de conferir un sentido cristiano al árbol navideño:

1272. La costumbre de colocar en los hogares cristianos un árbol adornado, durante las fiestas de Navidad, es recomendable, ya que este árbol puede recordar a los fieles que Cristo, nacido por nosotros en Belén, es el verdadero Árbol de la vida, Árbol del que fue separado el hombre a causa del pecado de Adán.

La segunda significación, más conocida por nosotros, por ser más recurrente en la liturgia, es la de Cristo, Luz del mundo:

1273. Conviene, pues, invitar a los fieles a que vean en este árbol, lleno de luz, a Cristo luz del mundo, que con su Nacimiento nos conduce a Dios que habita en una Luz inaccesible.

He aquí otra de las tantas bendiciones que pueden realizar los laicos:

1274. La bendición de este árbol la hará, ordinariamente, el padre o la madre al iniciarse las fiestas de Navidad y en ella conviene que participen todos los miembros de la familia.

Rito de la bendición

1275. El ministro, al comenzar la celebración, dice:

Nuestro auxilio es el nombre del Señor.

Todos responden:

Que hizo el cielo y la tierra.

1276. Uno de los presentes, o el mismo ministro, lee un breve texto de la sagrada Escritura, por ejemplo:

Is 60, 13: Vendrá a ti, Jerusalén, el orgullo del Líbano, con el ciprés y el abeto y el pino, para adornar el lugar de mi santuario y ennoblecer mi estado.

1277. Luego el ministro, si es sacerdote o diácono, con las manos extendidas, si es laico, con las manos juntas, dice la oración de bendición:

(Adviértase que la siguiente oración versa sobre la Santa Infancia del Señor. De hecho, subyace en los textos navideños la verdad teológica de que el Señor no vuelve a ser humanamente Niño nunca más pero que la liturgia nos sitúa en el eterno presente de Dios y nos permite venerarlo en todos y cada uno de los misterios de su Infancia):

Oremos

Bendito seas, Señor y Padre nuestro,
que nos concedes recordar con fe
en estos días de Navidad
los misterios del Nacimiento de Jesucristo.
Concédenos, a quienes hemos adornado este árbol
y lo hemos embellecido con luces,
vivir también a la luz
de los ejemplos de la vida santa de tu Hijo
y ser enriquecidos con las virtudes
que resplandecen en su santa infancia.
Gloria a él por los siglos de los siglos.

Amén.

1278. Según las circunstancias, el ministro rocía con agua bendita a los presentes y el árbol.

La aspersión con agua bendita es común a la mayoría de los ritos de bendición. A veces solamente se prescribe para los objetos bendecidos; otras, como en este rito, para los objetos y los fieles presentes.

24 de diciembre, a horas de la Nochebuena. Noche santísima de la solemnidad del Nacimiento de nuestro Señor Jesucristo.

 

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