Buscar este blog

La verdadera Iglesia de Dios...

La verdadera Iglesia de Dios...

miércoles, 18 de febrero de 2015

Guion: Domingo II de Cuaresma




Para profundizar sobre las características litúrgicas del Tiempo de Cuaresma, consultar aquí.


Ciclo B

Introducción

Hermanos, seguimos transitando el itinerario espiritual de la santa Cuaresma, tiempo de gracia en el que, por el ejercicio de la penitencia, y una práctica más asidua de las obras de caridad y de los actos piadosos, nos esforzamos por restablecer plenamente los vínculos con el Creador, dañados o disueltos por  nuestros pecados.
En este segundo domingo contemplamos el que San Juan Pablo II quiso incluir entre los mysteria lucis (misterios luminosos) con que enriqueció el venerable ejercicio del santo Rosario: "la Transfiguración de nuestro Señor Jesucristo".
Antes de la Pasión, el Redentor quiso anticipar la gloria de su inminente victoria pascual, transfigurándose ante los discípulos más cercanos. Nada de esto debían revelar ellos hasta después de la Resurrección del Señor.
El misterio de la Transfiguración nos habla también a nosotros, creyentes del siglo XXI. Estamos llamados a reanimar nuestro corazón y a reconocer en el Cristo sufriente, Cordero manso y obediente que avanza hacia el sacrificio, al Dios verdadero, al que nadie Le arrebata la vida sino que la ofrece voluntariamente y por amor. Es lo que celebramos en cada Misa.

El Nuevo Misal para Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay y Uruguay posee seis formularios de tropos cuaresmales para el Kyrie, y cuatro formularios de Saludo litúrgico entre los que el sacerdote puede elegir para usar hoy.
No se canta ni dice el himno Gloria a Dios.

 
Liturgia de la Palabra

Primera lectura: Gén. 22, 1-2. 9-13. 15-18

En Jacob, a quien su padre Abraham no había dudado en sacrificar si era la voluntad de Dios, reconocemos una profecía de Jesucristo, el Hijo que el Eterno Padre entrega por amor al hombre pecador.

Segunda lectura: Rom. 8, 31b-34

En la Persona de Cristo, que es Juez, y a la vez, Justificador de los hombres, se fragua la salvación de la humanidad.

Evangelio: Mc. 9, 2-10

El misterio de la Transfiguración del Señor, cuyo relato vamos a escuchar, ilumine nuestro corazón y acreciente en él el deseo cuaresmal de convertirnos, abandonando todo aquello que nos aleje de Dios.


Oración de los fieles

R. Señor, ilumina nuestra oscuridad.

-Por la Iglesia penitente, para que con el Papa a la cabeza, lleve la luz de Cristo transfigurado allí donde reinan las tinieblas del pecado, y dé siempre fiel testimonio del Señor, como hicieron los santos profetas Moisés y Elías durante su vida terrenal y también desde la vida eterna, en el monte Tabor. R.

-Por los catecúmenos y por los que serán sus padrinos, para que experimenten en sus comunidades, la calidez fraterna de los cristianos. R.

-Por los pobres, que realizan no el ayuno voluntario propio de este tiempo, sino que padecen el impuesto por el flagelo de la desigualdad social, para que encuentren cristianos generosos, dispuestos a ayudarlos. R.

-Por los que lloran la pérdida de sus seres queridos, víctimas fatales de atentados terroristas, para que no se sume a ese dolor, la pesadumbre de una justicia lenta o dependiente de los poderes de turno. R.

-Por los que padecen la muerte repentina, para que no pierdan el beneficio de una penitencia por ellos ardientemente deseada. R. (Cf. "Oración por los penitentes difuntos", del Sacramentario Leoniano).

A continuación, se propone como otra oración conclusiva de las preces, una colecta alternativa a la de este domingo, tomada de la edición italiana del Misal Romano y traducida al castellano. Se reemplaza la conclusión trinitaria larga, propia de toda colecta, por la breve, típica de las demás oraciones litúrgicas:
 
"Oh, Dios, Padre Bueno, que no has dudado en entregar a tu Hijo por nosotros, los pecadores; refuérzanos en la obediencia de la fe, para que sigamos en todo sus huellas, y seamos como Él transfigurados en la luz de tu gloria. Que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén".
 
 Ofertorio

Con los dones que llevamos al Altar, presentamos las dificultades que obstaculizan nuestro esfuerzo diario por vivir intensamente la bendita Cuaresma.

Se usa el Prefacio propio* del Domingo II de Cuaresma, que es el mismo para cualquier ciclo: De Transfiguratione Domini.

Puede usarse cualquiera de las dos Plegarias Eucarísticas de Reconciliación, con el Prefacio de más arriba*. En efecto, éstas poseen un Prefacio propio que solamente puede cambiarse por otros relacionados con los misterios de la Pasión del Señor, o de carácter penitencial, como son, por ejemplo, los cuaresmales.


Comunión

Cuerpo y Sangre de Jesús. Recibamos este Pan del peregrino que es fortaleza para los débiles y esperanza para los desalentados.

Se imparte la Bendición solemne propia de este tiempo, o bien, se reza la correspondiente Oración sobre el pueblo, que concluye con la bendición simple. En cualquier caso, siguiendo la práctica de la liturgia romana, el diácono, o en su defecto, el mismo sacerdote, invita a los fieles a disponerse para recibir la Bendición diciendo:

"Inclínense para recibir la bendición".


Despedida

Alimentados con los dones celestiales, llevemos la luz de Jesús a los que están solos, tristes o enfermos.


18 de febrero, Miércoles de Ceniza.




No hay comentarios:

Publicar un comentario