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La verdadera Iglesia de Dios...

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martes, 2 de febrero de 2016

Guion: Domingo III de Cuaresma




Ciclo B

En este domingo se celebran los primeros escrutinios de preparación al Bautismo de los catecúmenos que serán admitidos a los sacramentos de la iniciación cristiana en la Vigilia pascual.
Para profundizar sobre las características litúrgicas del Tiempo de Cuaresma, consultar aquí.

Introducción

La liturgia de este Domingo III de Cuaresma nos invita a meditar sobre la Ley del Señor contenida en el Decálogo, y también en el misterio de los templos materiales, lugares sagrados de culto, que son signo del templo espiritual que es cada creyente, y más aun, del mismo Cristo, Templo Vivo del Eterno Padre.

El Nuevo Misal para Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay y Uruguay posee seis formularios de tropos cuaresmales para el Kyrie, y cuatro formularios de Saludo litúrgico entre los que el sacerdote puede elegir para usar hoy. 
No se canta ni se dice el himno Gloria a Dios.

Liturgia de la Palabra

Primera lectura: Éx. 20, 1-17

La Ley del Señor es el consejo amoroso que el Padre Celestial dirige a sus hijos, para que vivan en comunión con Él, y entre ellos, y así puedan llegar a ser verdaderamente felices.

Segunda lectura: I Cor. 1, 22-25

Los cristianos católicos no solo predicamos a Cristo Crucificado y Resucitado, sino que así lo veneramos en el sinnúmero de representaciones que el arte y la literatura hacen de Él. En efecto, incluso crucificado y muerto, Lo contemplamos triunfante; y resucitado, Lo confesamos vivo para siempre.

Evangelio: Jn. 2, 13-25

En el Evangelio, Jesús habla de dos templos: uno de ellos es el material, que en esos tiempos era el de Jerusalén, y hoy, es el templo cristiano, lugar exclusivo del culto a Dios. El otro es el Templo viviente de su Cuerpo, que fue destruido una vez, y a los tres días, reconstruido para siempre.

Oración de los fieles

R. Cristo, Templo santo de Dios, que permanezcamos en Ti.

-Para que anunciando tu Evangelio, la Iglesia pueda abrazar maternalmente a todos los pueblos, sin distinción. R.

-Para que todos los creyentes se comporten con respeto en los lugares de culto, que son signo y anticipo de Ti, Señor, en Quien todos nos congregaremos en la vida eterna. R.

-Para que los cristianos, nos despojemos, en este tiempo de gracia, de toda antigua y nueva forma de idolatría, siendo conscientes de que este pecado es, ante todo, una actitud del corazón. R.

-Para que quienes creen que el culto a Dios y la práctica de la caridad se excluyen mutuamente, comprendan que ninguno es completo sin el otro, pues ambos se ordenan a los Mandamientos del Señor. R.

-Para que gracias a los ejercicios cuaresmales, aprendamos a cumplir con amor los Mandamientos que por amor nos han sido dados. R.



A continuación, se propone como otra oración conclusiva de las preces, una colecta alternativa a la de este domingo, tomada de la edición italiana del Misal Romano y traducida al castellano. Se reemplaza la conclusión trinitaria larga, propia de toda colecta, por la breve, típica de las demás oraciones litúrgicas:
 
"Señor, nuestro Dios, Santo es tu Nombre. Inclina nuestro corazón a tus mandatos y danos la sabiduría de la Cruz, para que liberados del pecado, y rechazado todo egoísmo, nos abramos al don del Espíritu para ser templo vivo de tu amor. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén".
 
Ofertorio

Los que presentamos los dones eucarísticos, sabemos que por el misterio de la Transubstanciación que el Espíritu Santo realiza en ellos, se hace presente el mismo Jesucristo, Templo viviente de Dios, a Quien estamos unidos y en Quien halla su razón de ser este templo material en el que nos hemos congregado.

Se usa cualquiera de los Prefacios cuaresmales*.

Puede usarse cualquiera de las dos Plegarias Eucarísticas de Reconciliación, con el Prefacio elegido más arriba*. En efecto, éstas poseen un Prefacio propio que solamente puede cambiarse por otros relacionados con los misterios de la Pasión del Señor, o de carácter penitencial, como son, por ejemplo, los cuaresmales.

Comunión

La comunión con el Pan eucarístico fortalece nuestro vínculo con la Iglesia y entre nosotros, a la vez que anima nuestro deseo de seguir adelante en este camino cuaresmal de conversión.

Se imparte la Bendición solemne propia de este tiempo, o bien, se reza la correspondiente Oración sobre el pueblo, que concluye con la bendición simple.
En cualquier caso, siguiendo la práctica de la liturgia romana, el diácono, o en su defecto, el mismo sacerdote, invita a los fieles a disponerse para recibir la Bendición diciendo:

"Inclínense para recibir la bendición".


Despedida

De manos de María, que es Refugio de los pecadores, sigamos avanzando por este sendero cuaresmal, y llevemos el mensaje penitencial también a quienes no acuden regularmente al templo.

2 de marzo, lunes de la semana II de Cuaresma.


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