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La verdadera Iglesia de Dios...

La verdadera Iglesia de Dios...

lunes, 20 de julio de 2015

Guion: Domingo XVII del Tiempo Ordinario





Introducción

Dice San Josemaría Escrivá de Balaguer:

"En la Misa, en esta Misa que ahora celebramos, interviene de modo especial la Trinidad Santísima. Corresponder a tanto amor exige de nosotros una total entrega del cuerpo y del alma. Oímos a Dios, Le hablamos, Lo vemos, Lo gustamos. Y cuando las palabras no son suficientes, cantamos, animando nuestra lengua a que proclame, en presencia de toda la humanidad, las grandezas del Señor. Vivir la Santa Misa es permanecer en oración continua; convencernos de que, para cada uno de nosotros es este un encuentro personal con Dios: adoramos, labamos, pedimos, damos gracias, reparamos por nuestros pecados, nos purificamos, nos sentimos una sola cosa en Cristo con todos los cristianos". (Es Cristo que pasa, 87-88).
Las palabras del santo fundador del Opus Dei nos iluminen para vivir más intensamente esta Eucaristía dominical.


Liturgia de la Palabra

Primera lectura: II Rey. 4, 42-44

El santo profeta Eliseo nos enseña que el abandono total a la Providencia de Dios hace posible las cosas imposibles.

Segunda lectura: Ef. 4, 1-6

La exhortación de Pablo a la unidad es hoy de mayor actualidad que nunca. Es el deseo que el mismo Señor expresó durante la Última Cena, y que nuestros pecados siguen retrasando.

Evangelio: Jn. 6, 1-15

El milagro de la multiplicación de los panes y de los peces es figura y anticipo de otro mucho más grande: el de la Eucaristía, que no dejará de saciar a las generaciones hasta el final de los tiempos.

Oración de los fieles

R. Padre Bueno, te necesitamos.

-Porque la engañosa voz de falsos pastores y los oscuros nubarrones de diversas ideologías se ciernen amenazantes sobre la Barca de Pedro. R.

-Porque sin tu ayuda no es posible la plena unidad de los cristianos, gran anhelo de tu Hijo. R.

-Porque nuestra fe tambalea. R.

-Porque nada del mundo ha podido saciar nuestra hambre de eternidad y solo Tú puedes darnos el alimento del cuerpo, y, lo que es mejor aun, el del alma, que es la Carne y la Sangre de tu mismo Hijo. R.

-Porque el amor propio nos lleva a pretender elaborar una religión a nuestra propia medida. R. 

-Porque nos sentimos esclavos de nuestros propios vicios. R.

-Porque los difuntos dependen de nuestra oración por ellos. R.


A continuación, se propone como oración conclusiva de las preces una colecta alternativa a la de este domingo, tomada de la edición italiana del Misal Romano y traducida al castellano. Se reemplaza la conclusión trinitaria larga, propia de toda colecta, por la breve, típica de las demás oraciones litúrgicas:

 "Oh, Padre, que en la Pascua dominical, nos llamas a compartir el Pan Vivo bajado del Cielo, ayúdanos a esperar de la caridad de Cristo también el alimento terrenal, para que sea saciada toda hambre del cuerpo y del espíritu. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén".


Ofertorio

Ayer, panes y peces, para saciar a una multitud que volvería a tener hambre. Hoy, pan y vino, para la confección del Sacramento que saciará el hambre espiritual de los fieles hasta que el Señor vuelva como Juez.


Comunión

El mismo Jesús que multiplicó los panes y los peces y apagó el hambre de la muchedumbre, es el que hoy se distribuye como Alimento bajo las apariencias del pan y el vino, para saciar nuestra hambre y sed de Dios.


Despedida

Vayamos ahora a invitar a la Mesa eucarística a los hermanos hambrientos, que pululan desfallecidos por las calles porque ignoran que en cada Misa Jesús vuelve a hacer el milagro de la multiplicación del pan. La diferencia es que este, sacia definitivamente.


20 de julio, memoria litúrgica de San Apolinar, obispo y mártir.
En la Orden de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo, fiesta de San Elías, profeta. Entrada dedicada a ambos santos.


San Elías, profeta


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