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La verdadera Iglesia de Dios...

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martes, 4 de agosto de 2015

Guion: Transfiguración del Señor





Introducción
 
"Cuando Te transfiguraste antes de Tu Crucifixión, oh, Señor, la montaña apareció como cielo y la nube se extendió formando un tabernáculo. Y desde el Seno del Padre se dio un testimonio de Ti. 
Estaban presentes Pedro, Santiago y Juan, los que habrían de estar contigo también en el momento en que serías traicionado; para que habiendo contemplado tus maravillas, no temieran por tu Pasión; ante la cual, haznos dignos de prosternarnos en paz, por tu Gran Misericordia".
La precedente aclamación, tomada de la liturgia ortodoxa, nos introduce en esta venerable fiesta de la Transfiguración del Señor, que la liturgia romana hizo suya allá por el siglo XV.

Que la Luz resplandeciente de Cristo, transfigurado hoy en el monte santo, disipe las tinieblas de nuestro corazón y nos permita participar en plenitud de esta Eucaristía.

Se canta el himno Gloria in excelsis.


Liturgia de la Palabra

Primera lectura: Dan. 7, 9-10. 13-14

La profecía de Daniel anuncia el final de los tiempos y el Reinado definitivo del Hijo del hombre, a cuyo imperio se somete todo el universo.

La segunda lectura es obligatoria cuando esta fiesta cae en domingo, y opcional a la primera, en los demás días.

Segunda lectura: II Ped. 1, 16-19

Pedro, testigo ocular de la Transfiguración, anuncia la glorificación del Hijo Eterno de Dios, en Quien el Padre se complace.

 
Evangelio: Mt. 17, 1-9 (ciclo A); Mc. 9. 2-10 (ciclo B); Lc. 9, 28-36 (ciclo C)


«Tú te transfiguraste en la montaña, y tus discípulos, en la medida en que eran capaces, contemplaron tu Gloria, oh, Cristo Dios, a fin de que, cuando te vieran crucificado, comprendieran que tu Pasión era voluntaria, y anunciaran al mundo que Tú eres verdaderamente la irradiación del Padre».
Estas palabras de la liturgia bizantina iluminan nuestro entendimiento y predisponen nuestro corazón para escuchar el solemne relato de la Transfiguración del Señor.

Cuando la fiesta cae en domingo, se canta o recita el Credo.

Oración de los fieles

R. Cristo, Día sin ocaso, ilumina nuestras tinieblas.

-Por la ejemplar unidad, la plena libertad y el audaz testimonio de la Iglesia, roguemos a Cristo, Luz indeficiente...R.

-Por la salud de los enfermos, la liberación de los injustamente detenidos, y la promoción de los socialmente marginados, roquemos a Cristo, Astro resplandeciente del Padre...R.

-Por el reconocimiento y la defensa de todos los derechos humanos y la neutralización de cualquier tipo de ideología, roguemos a Cristo, Esplendor del Tabor...R.

-Por la iluminación de los que no reconocen como tales a los pecados que los esclavizan, roguemos a Cristo, Sol radiante de la Pascua eterna...R.

-Por la glorificación de las Almas del Purgatorio, roguemos a Cristo, Antorcha viviente de esperanza...R.


Ofertorio

Invoquemos a Pedro, Santiago y Juan en este momento del ofertorio en que vamos a presentar el pan y el vino. Que estos santos apóstoles, testigos de la gloria del Señor Jesucristo en el monte santo, y jueces de los pueblos en el Reino celestial, instruyan nuestro entendimiento para valorar como es debido los Santos Misterios que estamos celebrando.


Comunión

Cristo, Luz de Luz, en el monte Tabor fortaleciste la fe de tus amigos. Ahora que te has hecho presente en el Altar, y vienes a nuestro corazón, no permitas que las nubes de nuestros pecados te oculten de nosotros. Antes bien, Dios nuestro, sé para nosotros el Alimento que nos asegure un lugar en las Mansiones de la eternidad.

Se emplea el Prefacio propio: De Mysterio Transfigurationis


Despedida

"¡Qué bien estamos aquí, Señor"!, decimos como San Pedro en el día de la Transfiguración.
Pero el Señor, que nos ha alimentado de Sí, nos envía al mundo, para que llevemos su luz a los que "viven en tinieblas y en sombras de muerte". Que los santos profetas Moisés y Elías nos protejan en tan delicada empresa.


4 de agosto, memoria litúrgica de San Juan María Vianney, presbítero, patrono de los párrocos. Entrada dedicada a él.



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