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La verdadera Iglesia de Dios...

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lunes, 15 de febrero de 2016

Guion: Domingo II de Cuaresma




Ciclo C
 
Introducción

Hermanos, desde antiguo, el Segundo Domingo de Cuaresma ha sido como un oasis en medio del desierto, oasis en el que el Señor sale a nuestro encuentro. Él quiere recordarnos que no estamos solos, y por eso, nos alienta en el itinerario penitencial y nos reanima frente a las dificultades que aletargan nuestra práctica cuaresmal y entorpecen nuestro caminar hacia una fructífera celebración de la Pascua.
Con este espíritu, la liturgia de hoy nos invita a contemplar el "misterio de luz por excelencia": la Transfiguración del Señor -como le llama San Juan Pablo II-. (Cf. Carta Apostólica Rosarium Virginis Mariae, 21).
En efecto, aquella manifestación aún no plena de la gloriosa Divinidad del Señor, robustece, a lo largo de los tiempos, la fe vacilante de los que tenemos el honor de llamarnos discípulos suyos.

El Nuevo Misal para Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay y Uruguay posee seis formularios de tropos cuaresmales para el Kyrie, y cuatro formularios de Saludo litúrgico entre los que el sacerdote puede elegir para usar hoy. 
 
No se canta ni se dice el himno Gloria a Dios.


Liturgia de la Palabra

Primera lectura: Gén. 15, 5-12. 17-18


La tierra que el Señor prometió a Abraham y a su descendencia es figura del Reino eterno que Cristo adquirió para los que creen en Él.

Segunda lectura: Flp. 3, 17. 4,1

San Pablo nos exhorta a no olvidar que somos "ciudadanos del Cielo", aunque vivamos en la Tierra.

Evangelio: Lc. 9, 28b-36


La luz del Señor transfigurado es solamente un destello de su gloria infinita, destello que reaviva la llama de nuestra esperanza y robustece nuestra fe en las promesas de Dios.
  

Oración de los fieles

Con las palabras del Salmo de hoy, dirijámonos a Dios, "luz y salvación nuestra":

R. Ten piedad, Señor. Respóndenos.

-Que, aunque peregrinos en el mundo, no nos venza el amor de las cosas terrenas. R.

-Que, conscientes de nuestras limitaciones y de nuestra total dependencia de Dios, no nos engría la soberbia. R.

-Que, víctimas de la venganza y el rencor, no nos desgarre la ira. R.

-Que,  débiles ante los apetitos carnales, no nos manche la lujuria. R.

-Que,  frente al bien de nuestros hermanos, no nos consuma la envidia.  R.

-Que, fieles a las palabras de Cristo, escapemos a las penas que nos amenazan. R.

(Cf. Homilía de San Gregorio Magno en la basílica de Santa Felicidad, en el aniversario del martirio de ella y sus siete hijos, III, 4).

A continuación, se propone como otra oración conclusiva de las preces, una colecta alternativa a la de este domingo, tomada de la edición italiana del Misal Romano y traducida al castellano. Se reemplaza la conclusión trinitaria larga, propia de toda colecta, por la breve, típica de las demás oraciones litúrgicas:


"Dios grande y fiel, que revelas tu Rostro a los que te buscan con corazón sincero, fortalece nuestra fe en el misterio de la Cruz y danos un corazón dócil, para que en la amorosa adhesión a tu voluntad, como discípulos, sigamos a tu Hijo. Que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén".


Ofertorio

Pan, vino, agua. Lo más sencillo que tenemos será los más grande que alguien pueda darnos. Gran Misterio es este: lo que presentamos como fruto de la tierra, nos será entregado como Don celestial, para que nunca olvidemos, como nos enseña el Apóstol, que somos "ciudadanos del Cielo". Y lo somos gracias a esta ofrenda sacrificial de Cristo, a la que nos vamos a unir en este momento.
 
Se emplea el Prefacio propio: De Transfiguratione Domini.
Puede usarse cualquiera de las dos Plegarias Eucarísticas de Reconciliación. En efecto, éstas poseen un Prefacio propio que solamente puede cambiarse por otros relacionados con los misterios de la Pasión del Señor, o de carácter penitencial, como son, por ejemplo, los cuaresmales.


Comunión

En la Transfiguración, el Señor Jesús, develó los fulgores de la Divinidad, que en  su Humanidad yacía oculta a los ojos del mundo.
En la Eucaristía, escondido tras las apariencias del pan y el vino, nos manifiesta su omnipotencia que puede transfigurar nuestras almas.


Se imparte la Bendición solemne propia de este tiempo, o bien, se reza la correspondiente Oración sobre el pueblo, que concluye con la bendición simple. En cualquier caso, siguiendo la práctica de la liturgia romana, el diácono, o en su defecto, el mismo sacerdote, invita a los fieles a disponerse para recibir la Bendición diciendo:

"Inclínense para recibir la bendición".


Despedida

"Ten ánimo. Espera en el Señor". Al retirarnos de la iglesia, recordemos estas palabras del salo que hoy se ha proclamado, a fin de que susciten en nosotros una firme confianza en Dios, que es "la defensa de nuestra vida".


15 de febrero de 2016, conmemoración de San Claudio de la Colombière, y de loa santos Faustino y Jovita, mártires.
Conmemoración del Prodigio de la lengua de San Antonio.


San Claudio



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