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La verdadera Iglesia de Dios...

La verdadera Iglesia de Dios...

jueves, 4 de febrero de 2016

Guion: Domingo V del Tiempo Ordinario


 


Ciclo C
  
Introducción


"Hagan esto en memoria mía".

Desde que el Señor pronunció estas palabras en el venerable atardecer del primer Jueves Santo de la historia, los cristianos de todas las generaciones hemos acogido la exhortación del Señor, como el Testamento más precioso que Él nos legó. Y esto es así porque nadie lega su propia persona en un testamento. Nuestro Señor Jesucristo sí lo hizo. Incomparable Misterio es este, ante el cual los mismos serafines del Cielo se postran en adoración. Y vamos a celebrarlo aquí y ahora. Demos gracias, pues, y adoremos al Dios "tres veces santo", que nos involucra tan íntimamente en su Vida trinitaria.


Liturgia de la Palabra
 
Primera lectura: Is. 6, 1-2a. 3-8

El Señor, cuya santidad proclaman los serafines, purifica el corazón de los elegidos, y los envía en favor de su pueblo.

Segunda lectura: I Cor. 15, 1-11

La gracia de Dios purifica y redime al hombre que confía en Él y que Le abre su corazón.

Evangelio: Lc. 5, 1-11

Remar mar adentro. Es la invitación que, a la luz de las enseñanzas de Jesús, nos dirigió San Juan Pablo II al inicio del tercer milenio (Cf. Carta Apostólica Novo Millennio ineunte). Acojámosla también hoy, y echemos las redes de la esperanza y del amor en los océanos de un mundo cada vez más sediento de Dios.

La siguientes preces, con las necesarias adaptaciones (esto es, añadidos a la invitación de cada prez, a la luz de las lecturas proclamadas), son las de la Misa  de la solemnidad de la Maternidad Divina de María, presidida por el Papa Francisco en la basílica de San Pedro, la mañana del 1° de enero de 2016, en la 49° Jornada Mundial de la Paz:

Queridos hijos y hermanos: en el trascurrir del tiempo, tenemos la certeza de la proximidad misericordiosa de Dios. A Él, confiados, presentemos nuestras súplicas.

R. Socórrenos, Señor; no abandones la obra de tus manos.

-Oremos por la Santa Iglesia de Dios, llamada a remar mar adentro en los mares de la historia.

+El Verbo de Dios hecho carne en el seno de María la custodie en la verdadera fe, la edifique en la caridad y haga de ella instrumento eficaz de santidad y de gracia. R.

-Oremos por la paz entre los pueblos, a los que solo el Señor puede salvar.

+El Príncipe de la paz confunda los planes de guerra, rompa los vínculos del odio y bendiga los esfuerzos de los hombres de buena voluntad. R.

-Oremos por los cristianos que padecen persecución, que imitan a Cristo, perseguido por nuestra causa.

+El Testigo veraz del amor del Padre reavive su fe, los sostenga en la hora de la prueba y convierta el corazón de los perseguidores. R.

-Oremos por las vocaciones de los sacerdotes, llamados a ser pescadores de hombres.

+Que el Sumo y Eterno Sacerdote de los bienes futuros prepare el corazón de los niños y jóvenes a que entreguen sus vidas para la salvación de los hermanos. R.

-Oremos por los peregrinos, enviados, al igual que Isaías, por la voluntad de Dios.

+El Señor Jesús, que vino como Peregrino a la Tierra, los guíe en la búsqueda del Rostro de Dios y transfigure sus vidas con el perdón. R.

A continuación, se propone como otra oración conclusiva de las preces, una colecta alternativa a la de este domingo, tomada de la edición italiana del Misal Romano y traducida al castellano. Se reemplaza la conclusión trinitaria larga, propia de toda colecta, por la breve, típica de las demás oraciones litúrgicas:
  
"Dios de infinita grandeza, que confías a nuestros labios impuros y a nuestras frágiles manos la tarea de anunciar a los hombres el Evangelio, sostennos con tu Espíritu, para que tu Palabra, acogida por corazones abiertos y generosos, fructifique en todos los puntos de la Tierra. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén".

 
Ofertorio


El Señor recibe con agrado toda ofrenda que surge de un corazón puro y noble. Que estos sean nuestros sentimientos ahora que estamos por unirnos espiritualmente al rito de presentación de las ofrendas eucarísticas.


Prefacio

"Santo, Santo Santo, es el Señor del universo", repetiremos también nosotros cuando el sacerdote concluya la recitación (canto) del siguiente Prefacio. Es la incesante aclamación de la Corte celestial, a la que nos unimos de corazón.
 

Comunión

Infinitamente más sagrada que el ascua encendida con la que el serafín purificó los labios del santo profeta Isaías en aras de una misión temporal, es la Eucaristía, Prenda preciosísima de salvación y vida eterna.


Despedida

"Aquí estoy. Mándame". Imitemos la predisposición del profeta, al concluir esta celebración.


1° de febrero de 2016, lunes de la cuarta semana del Tiempo Ordinario.

 

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