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La verdadera Iglesia de Dios...

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lunes, 1 de febrero de 2016

Guion: Domingo VI del Tiempo Ordinario





Ciclo C

Introducción


Hermanos, somos de veras dichosos quienes hemos sentido la necesidad de participar en la Santa Misa dominical, aun cuando solamente la rutina o una indeclinable invitación nos hubiera traído aquí. Y esto es así porque, cualquiera sea la razón por la que nos hayamos reunido en esta Asamblea fraterna, es la Providencia Divina la que en definitiva, nos quiso presentes hoy aquí. Pidamos al Padre del Cielo que, con la luz de su Espíritu Santo, podamos comprender la incomparable importancia que tiene, en orden a la salvación de nuestras almas, la frecuente participación en estos Sagrados Misterios, especialmente en este día del Señor.
  

Liturgia de la Palabra

Primera lectura: Jer. 17, 5-8

La confianza puesta en el Señor es la garantía de una vida plena.

Segunda lectura: I Cor. 15, 12. 16-20

La Resurrección de Jesucristo es la garantía de que todo aquel que crea en Él, vivirá para siempre.


Evangelio: Lc. 6, 17. 20-26

Frente a cuatro bienaventuranzas, San Lucas presenta otras tantas lamentaciones, en una página evangélica que nos invita a meditar en qué consiste la verdadera dicha.


 
Oración de los fieles

Las siguientes preces, salvo la penúltima, inspirada en el Evangelio de hoy, son las empleadas en la Santa Misa y Apertura de la Puerta Santa de la Basílica de Santa María la Mayor, presidida por el Papa Francisco en el marco del Jubileo Extraordinario de la Misericordia, en la solemnidad de Santa María, Madre de Dios, en el atardecer del 1° de enero de 2016:

Hermanos queridos: por intercesión de María, Madre de Misericordia, oremos a Jesús, nuestra Paz, y Puerta que nos introduce en la Misericordia del Padre.

R. Señor, ten piedad.

O bien:

R. Escúchanos, Señor. Hemos puesto la confianza en Ti.

-Santifica a la Iglesia en la verdad y en la caridad. R.

-Conduce la historia en la justicia y en la paz. R.

-Da a los gobernantes sabiduría y discernimiento. R.

-Libera a cuantos son prisioneros del odio y del pecado. R.

-Genera nuevos misioneros del Evangelio y del perdón. R.

-Reaviva en la familia el amor y la fidelidad. R.

-Guía a los jóvenes al don de sí y a la santidad. R.

-Vela sobre los pobres con ternura y providencia. R. 

-Socorre a los que lloran y también a los perseguidos a causa del Hijo del hombre. R.

-Acoge a los difuntos en tu Reino de luz y de felicidad. R.

A continuación, se propone como otra oración conclusiva de las preces, una colecta alternativa a la de este domingo, tomada de la edición italiana del Misal Romano y traducida al castellano. Se reemplaza la conclusión trinitaria larga, propia de toda colecta, por la breve, típica de las demás oraciones litúrgicas:
  
"Oh, Dios, que rechazas a los soberbios y das tu gracia a los humildes, escucha el clamor de los pobres y de los oprimidos, que se eleva a Ti desde todos los puntos de la Tierra, líbranos del poder de la violencia y del egoísmo, que nos alejan a unos de otros, y haz que acogiéndonos como hermanos, nos convirtamos en signo de la humanidad renovada por tu amor. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén". 


Ofertorio

Presentemos los dones para ofrecer la santa Víctima del Cordero de Dios. Que la fervorosa participación en este Sacrificio nos asegure una recompensa grande en el Cielo.


Comunión

Con el Sagrado Alimento de su Cuerpo y su Sangre, el Señor purifica a los pecadores para que vuelvan a Él, y protege el camino de los justos, librándolos de todo peligro.


Despedida

"Alégrense y regocíjense porque su recompensa será grande en el Cielo".
Procuremos vivir de tal manera que merezcamos que estas palabras del Divino Maestro tengan en nosotros su pleno cumplimiento.


1° de febrero de 2016, lunes de la cuarta semana del Tiempo Ordinario.

     

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