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La verdadera Iglesia de Dios...

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viernes, 22 de abril de 2016

Guion: Domingo V de Pascua






Ciclo C

Introducción

I
Queridos hermanos, la alegría de este Tiempo pascual nos invita hoy a la contemplación de la Jerusalén celestial, hacia la que la humanidad se encamina entre las dificultades de la hora presente.

"La antigua Jerusalén se ha renovado. (...) Se ha convertido en el comienzo del nuevo cielo y de la nueva tierra. En ella (...) se ha revelado el comienzo de los últimos tiempos" (Cf. San Juan Pablo II, Homilía del Domingo V de Pascua).

Esta antigua Jerusalén renovada es la Iglesia, imagen y anticipo de la Jerusalén del Cielo, inaugurada por Jesucristo, el Cordero degollado, que vive para siempre.

Es lo que celebramos cada vez que como ahora, nos congregamos en torno al Altar de la Nueva y definitiva Alianza.
  
O bien:

II
«La señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos será que os amáis unos a otros» (Jn 13, 35).

"Queridos hermanos: ¡Qué gran responsabilidad nos confía hoy el Señor! Nos dice que la gente conocerá a los discípulos de Jesús por cómo se aman entre ellos. En otras palabras, el amor es el documento de identidad del cristiano, es el único “documento” válido para ser reconocidos como discípulos de Jesús. El único documento válido. Si este documento caduca y no se renueva continuamente, dejamos de ser testigos del Maestro". (S.S. Francisco, Homilía del Domingo V de Pascua, 24 de abril de 2016. Jubileo de los adolescentes en el Año Santo de la Misericordia).

Es por eso que asiduamente debemos acudir a esta asamblea pascual en la que la Palabra de Vida y el Pan de esperanza nos infunden la fuerza que necesitamos para ser siempre y cada vez más auténticos y valientes testigos del Señor Resucitado.

En lugar del Acto penitencial puede hacerse la bendición y aspersión del agua en memoria del bautismo. (Cf. Institutio Generalis Missali Romani, 51).


Liturgia de la Palabra

Primera lectura: Hech. 14, 21b-27

Aunque las dificultades y tribulaciones forman parte del camino para llegar a la Gloria de Dios, los creyentes contamos con la fuerza del Espíritu Santo para avanzar seguros hacia esa misma Gloria que, con su triunfo, nos mereció el Señor Jesús. (Cf. S.S. Francisco, Homilía del Domingo V de Pascua, 28/04/13).

Segunda lectura: Apoc. 21, 1-5a

En la nave segura de la Iglesia, gracias al Sacrificio del Cordero, avanzamos hacia la realidad espiritual de la Eterna Jerusalén.

Evangelio: Jn. 13, 31-33a. 34-35

Incansablemente predicado pero no muy frecuentemente practicado por los que nos llamamos cristianos: es el mandamiento del amor, síntesis de toda la Ley.


Oración de los fieles

Las siguientes preces, traducidas del italiano y con algunas adaptaciones, corresponden a la Misa que el Sumo Pontífice Francisco presidió el  28 de abril de 2013, Domingo V de Pascua, en la Plaza de San Pedro:

Animados por el Espíritu Santo que ha sido infundido en nuestros corazones, elevemos nuestras súplicas a Dios Padre:

R. Escúchanos, Señor.

-Dios Padre, manantial de toda gracia, sostén a la Santa Iglesia en el testimonio de la verdad y del amor. R.

-Dios Padre, fuente de toda santidad, guía a los que has sellado con tu Espíritu, en la alegre y radical obediencia del Evangelio. R.

-Dios Padre, origen de toda paternidad, ilumina a los educadores en su delicada labor formativa. R.

-Dios Padre, dador de todo bien, consuela a los que sufren, a los pobres y a los que tienen afligido el corazón por las fatigas y preocupaciones cotidianas. R.

-Dios Padre, amigo de todo hombre, guía a los gobernaantes y a quienes les han sido confiados, en la edificación de la ciudad del amor. R.

O bien, pueden emplearse las siguientes preces, traducidas de diferentes lenguas al español, y con algunas adaptaciones. Pertenecen a la Misa presidida por el Sumo Pontífice Francisco el  24 de abril de 2016, Domingo V de Pascua, en la Plaza de San Pedro con motivo del "Jubileo de los adolescentes", en el marco del Año Santo de la Misericordia:

"Queridísimos hermanos, con la belleza de la Pascua en la mirada y la alegría de la amistad de Jesús en el corazón, dirijamos nuestra oración a Dios Padre:

R. Te rogamos, óyenos.

-Custodia la fe del Papa, de los obispos y de los sacerdotes; que sean siempre valientes en el anuncio de la verdad y alegres en el ejercicio de su ministerio. R.

-Alcanza con la luz del Espíritu a los gobernantes y a los poderosos; que estén libres de intereses egoístas y promuevan siempre la dignidad de cada persona. R.

-Abre la mente de todos los niños del mundo a la escucha de tu Palabra; que estén dispuestos a cumplir tu voluntad y a hacer de su vida un don de amor a sus hermanos. R.

-Sostén con tu gracia a los cristianos perseguidos; que sean fuertes en la tribulación y que su sacrificio reavive en nosotros la alegría de pertenecer a Jesús. R.

-Inspira obras de justicia y de caridad en todos los bautizados; que sean testigos de tu amor y que su vida te glorifique ante el mundo. R.

Oración conclusiva 

"Recibe, oh, Padre, nuestra oración, transforma nuestra vida con tu misericordia y haznos en todo semejantes a Jesús, tu Hijo. Él que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén". 

O bien:

"Acoge, Padre bueno y providente, la oración que te presentamos, con la firme esperanza de recibir de Ti los cielos nuevos y la tierra nueva. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén".

A continuación, se propone como otra oración conclusiva de las preces, una colecta alternativa a la de este domingo, tomada de la edición italiana del Misal Romano y traducida al castellano. Se reemplaza la conclusión trinitaria larga, propia de toda colecta, por la breve, típica de las demás oraciones litúrgicas:

"Oh, Dios, que en Cristo, tu Hijo, renuevas a los hombres y las cosas, haz que acojamos como norma de vida el mandamiento de la caridad, para amarte a Ti y a los hermanos como Tú nos amas, a fin de manifestar al mundo la fuerza renovadora de tu Espíritu. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén".


Ofertorio

Que el Padre de todos los bienes reciba las ofrendas pascuales que Le presentamos, junto con los logros y los fracasos con que va entretejiéndose nuestra vida.


Comunión

El Sacramento de la Eucaristía, como los otros seis, pero más que ellos, nos concede la fortaleza necesaria para una práctica cada vez más asidua del mandamiento supremo del amor.

Conviene que el sacerdote emplee la Bendición Solemne de Pascua.


Despedida

La paz del Señor Resucitado, anhelado don pascual, mora ahora en nuestro corazón. Sea ella nuestro gozo y nuestra fortaleza.


Es oportuno cantar la antífona mariana Regina Caeli.


19 de abril de 2016, martes de la semana IV de Pascua.
Conmemoración de San Expedito, mártir. Entrada dedicada a él.
(Última actualización de la entrada: 24/04/16).


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