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La verdadera Iglesia de Dios...

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domingo, 8 de enero de 2017

Bendición para diversos ministerios eclesiásticos


Sto. Domingo Savio, patrono de los monaguillos

Texto comentado

Bendicional:
en negro; (oración de bendición: negrita cursiva).

 
(Se conservan los números de secciones y parágrafos tal y como se hallan en el Bendicional: negrita. También en negrita me permito realzar algunas cuestiones litúrgicas del texto del Bendicional, incisos que, a mi criterio, merecen especial consideración).
Comentarios del blog: azul.

El capítulo V del Bendicional, en la parte correspondiente a las "bendiciones que se refieren a las personas", recoge la siguiente "bendición para diversos ministerios eclesiásticos", en referencia a los lectores y acólitos:

CAPÍTULO V

I. BENDICIÓN DE LECTORES

Conviene que toda comunidad cuente con un grupo de lectores que hayan recibido la bendición para este ministerio, no solamente por la gracia que Dios derrama sobre ellos y sobre la comunidad gracias a este sacramental, sino también para que dicha comunidad y ellos mismos tomen conciencia de la importancia de proclamar la Palabra de Dios ante sus hermanos en una celebración litúrgica.

392. Este rito va destinado a aquellas personas que, sin haber recibido la institución de lectores, cumplen la función de proclamar habitualmente las lecturas bíblicas en la celebración de la Eucaristía y en las demás celebraciones litúrgicas. Queda claro, pues, que dicho rito no es el de la institución de lectores ni de la de acólitos, que normalmente preside el obispo.

393. El rito que aquí se describe pueden utilizarlo el sacerdote o el diácono, los cuales, respetando la estructura del rito y sus elementos principales, adaptarán la celebración a las circunstancias de las personas y del lugar.

394. Si se estima oportuno efectuar esta bendición dentro de la Misa, se hace después de la homilía, siguiendo el rito descrito a partir de la presentación de quienes van a ser bendecidos como lectores, suprimiendo la celebración de la Palabra de Dios, pues ya ha tenido lugar anteriormente.

RITO DE LA BENDICIÓN

RITOS INICIALES

395. Reunida la comunidad, se entona, según las circunstancias, un canto adecuado, terminado el cual, el celebrante dice:

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Todos se santiguan y responden:

Amén

396. Luego el celebrante saluda a los presentes, empleando alguna de las fórmulas que propone el Misal Romano.

397. El celebrante dispone a los que han sido presentados a recibir la bendición, con estas palabras u otras semejantes:

Queridos hermanos y hermanas (jóvenes), que vais a desempeñar en la comunidad cristiana el servicio de leer la Palabra divina en las celebraciones litúrgicas (si ya el leer la Palabra de Dios es una enorme gracia que eel Señor nos concede, cuánto mayor será tal gracia cuando la proclamación tiene lugar en una celebración de la Iglesia como Esposa del Cordero y Madre de la humanidad instituida por Dios para llevar el anuncio de salvación a todos los pueblos de la Tierra): Vuestra misión, que os hace como el último eslabón entre el Dios que se ha revelado en las Sagradas Escrituras y el hombre a quien éstas están destinadas, contribuirá a que los fieles crezcan en la fe, alimentados por la Palabra de Dios. Cuando proclaméis la Palabra, sed vosotros mismos dóciles oyentes de ella, conservándola en vuestros corazones y llevándola a la práctica guiados por el Espíritu Santo.

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS

398. Luego el lector, uno de los presentes o el mismo celebrante, lee un texto de la Sagrada Escritura.

Hch 8, 26-40: Tomando pie de este pasaje, le anunció el Evangelio de Jesús

Escuchad ahora, hermanos, las palabras del libro de los Hechos de los apóstoles.

El ángel del Señor le dijo a Felipe:
—«Ponte en camino hacia el Sur, por la carretera de Jerusalén a Gaza, que cruza el desierto.»
Se puso en camino y, de pronto, vio venir a un etíope; era un eunuco, ministro de Candaces, reina de Etiopía e intendente del tesoro, que había ido en peregrinación a Jerusalén. Iba de vuelta, sentado en su carroza, leyendo el profeta Isaías. El Espíritu dijo a Felipe:
—«Acércate y pégate a la carroza.»
Felipe se acercó corriendo, le oyó leer el profeta Isaías, y le preguntó:
—«¿Entiendes lo que estás leyendo?»
Contestó:
—«¿Y cómo voy a entenderlo, si nadie me guía?»
Invitó a Felipe a subir y a sentarse con él. El pasaje de la Escritura que estaba leyendo era éste: «Como cordero llevado al matadero, como oveja ante el esquilador, enmudecía y no abría la boca. Sin defensa, sin justicia se lo llevaron, ¿quién meditó en su destino? Lo arrancaron de los vivos.»
El eunuco le preguntó a Felipe:
—«Por favor, ¿de quién dice esto el profeta?; ¿de él mismo o de otro?»
Felipe se puso a hablarle y, tomando pie de este pasaje, le anunció el Evangelio de Jesús. En el viaje llegaron a un sitio donde había agua, y dijo el eunuco: 
—«Mira, agua. ¿Qué dificultad hay en que me bautice?»
Mandó parar la carroza, bajaron los dos al agua, y Felipe lo bautizó. Cuando salieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe. El eunuco no volvió a verlo, y siguió su viaje lleno de alegría. Felipe fue a parar a Azoto y fue evangelizando los poblados hasta que llegó a Cesarea.

Palabra de Dios.

399. Pueden también leerse: I Co 12, 4-11; 2 Tm 3, 14-17; 2 Tm 4, 1-5; 1.,: 4, 16-22a; Lc 24, 44-48.

400. Según las circunstancias, se puede decir o cantar un salmo responsorial u otro canto adecuado.

Salmo responsorial

Sal 18B (19B), 8. 9. 10. 12 (R.: Jn 6, 63c)

R. Tus palabras, Señor, son espíritu y vida.

La ley del Señor es perfecta
y es descanso del alma;
el precepto del Señor es fiel
e instruye al ignorante. R.

Los mandatos del Señor son rectos
y alegran el corazón;
la norma del Señor es límpida
y da luz a los ojos. R.

La voluntad del Señor es pura
y eternamente estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos
y enteramente justos. R.

Aunque tu siervo vigila
para guardarlos con cuidado. R.

401. O bien:

Sal 15 (16), 1-2 y 5. 7-8. 11

R. (cf. 5) Tú, Señor, eres el lote de mi heredad.

Sal 97 (98), 1. 2-3ab. 3c-4. 5-6

R. (2b) El Señor revela a las naciones su justicia.

Sal 118 (119), 9. 10. 11. 12. 13. ¡4

R. (12b) Enséñame, Señor, tus caminos.

402. El celebrante, según las circunstancias, exhorta brevemente a los presentes, explicándoles la lectura bíblica e invitando a los candidatos a ser diligentes servidores de la Palabra de Dios en el ministerio que se les confía.

PRECES

403. Si se estima oportuno, antes de la oración de bendición, puede hacerse la plegaria común, en la cual se pueden añadir las siguientes peticiones: (nótese que las que están a continuación son intenciones por añadir a otras a elección; no se presenta aquí, como es habitual en el Bendicional, el formulario completo de preces)

Por estos nuevos miembros del grupo de lectores, para que proclamen con eficacia la Palabra de Dios, contribuyendo a educar en la fe a los niños y a los adultos, roguemos al Señor.

Por nuestra comunidad, que ha de encontrar una valiosa ayuda en la misión confiada a los lectores, para que crezca en la fe y en el testimonio de todos sus miembros, roguemos al Señor.

Sigue la oración de bendición, como se indica más adelante.

404. Cuando no se dicen las Preces, antes de la oración de bendición, el celebrante invita a todos a orar, diciendo:

Oremos.

Y, según las circunstancias, todos oran durante algún tiempo en silencio.

Sigue la oración de bendición.

ORACIÓN DE BENDICIÓN

405. El celebrante, con las manos extendidas, añade:

Oh, Dios, que en distintas ocasiones y de muchas maneras has hablado a los hombres, para darles a conocer el misterio de tu voluntad, bendice + a estos hermanos nuestros, para que, cumpliendo fielmente el oficio de lectores, anuncien la Palabra de Dios a los demás, meditándola primero en su corazón. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

406. Mientras se entona un canto adecuado, el celebrante entrega a cada uno el Leccionario. (Adviértase que lo que se le entrega es el Leccionario y no el Evangeliario, propio del rito de la ordenación de diáconos y obispos; a estos últimos el Evangeliario se les coloca sobre la cabeza)

CONCLUSIÓN DEL RITO

407. El celebrante bendice al pueblo, con las manos extendidas sobre él, diciendo:

Dios, Padre misericordioso, que envió su Palabra al mundo y, por medio del Espíritu Santo, nos guía hasta la verdad plena, nos haga heraldos del Evangelio y testigos de su amor en el mundo.

Todos:

Amén.

408. Es aconsejable terminar el rito con un canto adecuado.



S. Tarsicio, otro patrono de monaguillos


II. BENDICIÓN DE ACÓLITOS

409. Este rito va destinado a aquellas personas que, sin haber recibido la institución de acólitos, cumplen habitualmente el oficio de ayudar en la celebración de la Eucaristía y en las demás celebraciones litúrgicas. (Es el caso de los popularmente llamados "monaguillos", de los cuales, como muestra la historia de la Iglesia, han surgido numerosos santos sacerdotes a lo largo de las generaciones).

410. El rito que aquí se propone pueden utilizarlo el sacerdote o el diácono, los cuales, respetando la estructura del rito y sus elementos principales, adaptarán la celebración a las circunstancias de las personas y del lugar.

411. Si se estima oportuno efectuar esta bendición dentro de la Misa, se hace después de la homilía, siguiendo el rito descrito a partir de la presentación de los candidatos, suprimiendo la celebración de la Palabra de Dios, pues ya ha tenido lugar anteriormente.

RITO DE LA BENDICIÓN

RITOS INICIALES

412. Reunida la comunidad, se entona, según las circunstancias, un canto adecuado, terminado el cual, el celebrante dice:

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Todos se santiguan y responden:

Amén.

413. Luego el celebrante saluda a los presentes, empleando alguna de las fórmulas que propone el Misal romano.

414. El celebrante dispone a los que han sido presentados a recibir la bendición, con estas palabras u otras semejantes:

Queridos niños (jóvenes): Desde el día de vuestro bautismo sois hijos de Dios y formáis parte de la Iglesia, que es «una raza elegida, un sacerdocio real, una nación consagrada, un pueblo adquirido por Dios». Cada día de vuestra vida que transcurre en la fidelidad al Señor es una ofrenda agradable a sus ojos. Ahora, animados por vuestros padres y por la comunidad cristiana, queréis servir al Señor con una dedicación mayor, ayudando al sacerdote en el altar. La Iglesia os acoge con este propósito.

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS

415. Luego el lector, uno de los presentes o el mismo celebrante, lee un texto de la Sagrada Escritura.

Nm 3, 5-9: Pon la tribu de Leví al servicio del sacerdote Aarón

Escuchad ahora, hermanos, las palabras del libro de los Números.

El Señor dijo a Moisés:
—«Haz que se acerque la tribu de Leví y ponla al servicio del sacerdote Aarón. Harán la guardia tuya y de toda la asamblea delante de la tienda del encuentro y desempeñarán las tareas del santuario. Guardarán todo el ajuar de la tienda del encuentro y harán la guardia en lugar de los israelitas y desempeñarán las tareas del santuario. Aparta a los levitas de los demás israelitas y dáselos a Aarón y a sus hijos como donados.»

Palabra de Dios.

416. Pueden también leerse: Gn 14, 18-20; Pr 9, 1-6; Hch 4, 32-35; I Co 12, 31 — 13, 13; I Jn 3, 14-18; I Jn 4, 7-16; Mt 5, l-12a; Mt 25, 31-40; Jn 15, 12-16.

417. Según las circunstancias, se puede decir o cantar un salmo responsorial u otro canto adecuado.

Salmo responsorial

Sal 33 (34), 2-3. 4-5. 6-7. 10-11. 12-13 (R.: 9a)

R. Gustad y ved qué bueno es el Señor.

Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren. R.

Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulté al Señor, y me respondió,
me libró de todas mis ansias. R.

Contempladlo, y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha
y lo salva de sus angustias. R.

Todos sus santos, temed al Señor,
porque nada les falta a los que le temen;
los ricos empobrecen y pasan hambre,
los que buscan al Señor no carecen de nada. R.

Venid, hijos, escuchadme:
os instruiré en el temor del Señor;
¿hay alguien que ame la vida
y desee días de prosperidad? R.

418. O bien:

Sal 111 (112), 1-2. 3-4. 5-7a. 7b-8. 9

R. (la) Dichoso quien teme al Señor.

Sal 144 (145), 10-11. 15-16. 17-18

R. (cf. 16) Abres tú la mano, Señor, y nos sacias.

419. El celebrante, según las circunstancias, exhorta brevemente a los presentes, explicándoles la lectura bíblica e invitando a los candidatos a servir al Señor y a los hermanos en el grupo litúrgico de los ayudantes.

PRECES

420. Si se estima oportuno, antes de la oración de bendición puede hacerse la plegaria común, en la cual se pueden añadir las siguientes peticiones: (Cf. Ídem supra, n. 403)

Por estos niños (jóvenes) que ingresan en el grupo litúrgico de los ayudantes del altar, para que crezcan en la fe y en la alegría por medio del servicio que van a realizar, roguemos al Señor.

Por nuestra comunidad, que es llamada continuamente a renovar su vida de adhesión a Cristo, para que se vea enriquecida por todos los dones y servicios que el Espíritu Santo suscita entre los fieles, roguemos al Señor.

Sigue la oración de bendición, como se indica más adelante.

421. Cuando no se dicen las Preces, antes de la oración de bendición, el celebrante invita a todos a orar, diciendo:

Oremos.

Y, según las circunstancias, todos oran durante algún tiempo en silencio.

Sigue la oración de bendición.

ORACIÓN DE BENDICIÓN

422. El celebrante, añade:

Oh, Dios, que has enviado al mundo a Jesucristo, tu Hijo, para salvar a los hombres, bendice + a estos hijos tuyos que hoy se presentan ante ti, para que los hagas dignos de servir en el altar, y contribuyan, con su bondad y alegría, a revelar la grandeza del misterio pascual de tu Hijo. Que vive y reina por los siglos de los siglos.

R. Amén.

423. Mientras se entona un canto adecuado, el celebrante entrega a cada uno de los niños o jóvenes la túnica o el alba. (Esta traditio es significativa: tradicionalmente en la Iglesia las vestiduras han representado los distintos oficios o ministerios).

424. Si la bendición se hace dentro de la Misa, en el momento de la presentación de los dones los nuevos ayudantes, según las circunstancias, pueden llevar al altar el pan, el vino y el agua, así como algunos de los signos de su servicio, como incienso, cirios, etc. Asimismo, los nuevos colaboradores pueden recoger las ofrendas de los fieles con destino a los pobres y llevarlas también al altar (en el sentido de "hacia él", pues jamás deberán ser depositados "sobre él").

CONCLUSIÓN DEL RITO

425. El celebrante bendice al pueblo, con las manos extendidas sobre él, diciendo:

El Señor os bendiga con todas las bendiciones del cielo y os mantenga siempre santos y puros en su presencia; que él derrame sobre vosotros, con abundancia, las riquezas de su gloria, os instruya con la Palabra de la verdad, os oriente con el Evangelio de la salvación y os haga siempre ricos en caridad fraterna.

Esta triple bendición conclusiva evoca el carácter trino de las Bendiciones solemnes del Misal Romano, pero con la diferencia es que la remata un solo "Amén" y no tres, como en ellas.

Todos:

Amén.

426. Es aconsejable terminar el rito con un canto adecuado.

III. BENDICIÓN DE MINISTROS DE LA CARIDAD

427. Este rito va destinado a aquellas personas que, por vocación y dedicación especial, se ocupan en las comunidades cristianas de la acción caritativa y social en pro de los necesitados.

428. El rito que aquí se describe pueden utilizarlo el sacerdote o el diácono, los cuales, respetando la estructura del rito y sus elementos principales, adaptarán la celebración a las circunstancias de las personas y del lugar.

RITO DE LA BENDICIÓN

RITOS INICIALES

429. Reunida la comunidad, se entona, según las circunstancias, un canto adecuado, terminado el cual, el celebrante dice:

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Todos se santiguan y responden:

Amén.

430. Luego el celebrante saluda a los presentes, diciendo:

El Señor, que pasó haciendo el bien, esté con todos vosotros.

U otras palabras adecuadas, tomadas preferentemente de la sagrada Escritura.

Todos responden:

Y con tu espíritu.

O de otro modo adecuado.

431. Un diácono, o el responsable de Cáritas o de los servicios asistenciales y sociales de la comunidad, presenta al celebrante a los candidatos designados para el ministerio de la caridad, diciendo:

Reverendo padre: Estos hombres y mujeres (jóvenes), que hoy se presentan ante la comunidad cristiana de N., desean consagrarse con mayor empeño al ministerio de la caridad, en nombre de la Iglesia. Ellos están convencidos de que la ley fundamental de la perfección humana y, por tanto, de la transformación del mundo es el mandamiento nuevo del amor. Por eso pido que los cuentes entre los servidores de los hermanos más necesitados de nuestra comunidad, invocando sobre ellos la bendición divina.

432. El celebrante dispone a los que han sido presentados a recibir la bendición, con estas palabras u otras semejantes:

Queridos hermanos y hermanas (jóvenes): El vuestro es un servicio que nos corresponde realizar a todos los discípulos de Jesucristo, que hemos de descubrir la presencia del Señor en toda persona que sufre injusticia o está necesitada de cualquier tipo de ayuda. El mismo Cristo nos dio ejemplo de lo amplia y generosa que ha de ser nuestra caridad. Pero, al incorporaros al grupo de los servidores de la caridad en nuestra comunidad de N., asumís este compromiso con una exigencia mayor. Vosotros vais a prestar una valiosísima colaboración a la misión caritativa y social de la Iglesia y, en consecuencia, vais a trabajar en su nombre, abriendo a todos los hombres los caminos del amor cristiano y de la fraternidad universal. Cuando realicéis vuestra tarea, procurad actuar siempre movidos por el Espíritu del Señor, es decir, por un verdadero amor de caridad sobrenatural. De este modo seréis reconocidos como auténticos discípulos de Cristo.

Lo que resalté en el parágrafo anterior pretende declarar que el ejercicio de la caridad no es exclusivo de ningún grupo de cristianos.

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS

433. Luego el lector, uno de los presentes o el mismo celebrante, lee un texto de la Sagrada Escritura.

Is 58, 1ab. 5-11: Parte tu pan con el hambriento

Escuchad ahora, hermanos, las palabras del profeta Isaías.

Grita a plena voz, sin cesar, alza la voz como una trompeta. ¿Es ése el ayuno que el Señor desea, para el día en que el hombre se mortifica?, mover la cabeza como un junco, acostarse sobre saco y ceniza, ¿a eso lo llamáis ayuno, día agradable al Señor? El ayuno que yo quiero es éste: Abrir las prisiones injustas, hacer saltar los cerrojos de los cepos, dejar libres a los oprimidos, romper todos los cepos; partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, vestir al que ves desnudo, y no cerrarte a tu propia carne. Entonces romperá tu luz como la aurora, en seguida te brotará la carne sana; te abrirá camino la justicia, detrás irá la gloria del Señor. Entonces clamarás al Señor, y te responderá; gritarás, y te dirá: «Aquí estoy.» Cuando destierres de ti la opresión, el gesto amenazador y la maledicencia, cuando partas tu pan con el hambriento y sacies el estómago del indigente, brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad se volverá mediodía. El Señor te dará reposo permanente, en el desierto saciará tu hambre, hará fuertes tus huesos, serás un huerto bien regado, un manantial de aguas cuya vena nunca engaña.

Palabra de Dios.

434. Pueden también leerse: Tb 12, 6-13; Mt 25, 31-46; Mc 14, 12-16. 22-26; Lc 9, 11b-17; Jn 13, 12-17.

435. Según las circunstancias, se puede decir o cantar un salmo responsorial u otro canto adecuado.

Salmo responsorial Sal 23 (24), 1-2. 3-4ab. 5-6 (R.: cf. 6)

R. Éste es el grupo que viene a tu presencia, Señor.

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos. R.

¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?
El hombre de manos inocentes
y puro corazón. R.

Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob. R.

436. O bien:

Sal 33 (34), 2-3. 4-5. 6-7. 10-11. 12-13

R. (9a) Gustad y ved qué bueno es el Señor.

Sal 41 (42), 3. 5bcd; 42 (43), 3. 4

R. (41, 2) Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío.

437. El celebrante, según las circunstancias, exhorta brevemente a los presentes, explicándoles la lectura bíblica e invitando a los candidatos a ser diligentes servidores de Cristo en los hermanos.

PRECES

438. Si se estima oportuno, antes de la oración de bendición puede hacerse la plegaria común, en la cual se pueden añadir las siguientes peticiones: (Cf. Ídem supra, n. 403)

Por estos hombres y mujeres (jóvenes) de nuestra comunidad, que han aceptado dedicarse con mayor entrega al ministerio de la caridad, para que se dediquen a su tarea en un continuo servicio de amor cristiano, roguemos al Señor.

Por nuestra comunidad de N., que podrá realizar su misión evangelizadora y caritativa entre los pobres y los marginados con la ayuda de estos nuevos colaboradores, para que sea fiel reflejo de la misericordia de Dios entre los hombres, roguemos al Señor.

La súplica precedente pone de manifiesto el hecho de que, aunque sean solamente algunos miembros de la comunidad los que desempeñen este cometido, es toda ella, más aun, la Iglesia, la que, de acuerdo con la doctrina paulina de la Cabeza, el Cuerpo y sus miembros, se hace presente allí donde algunos hermanos ejerciten la caridad. (Cf. infra, 440).

Sigue la oración de bendición, como se indica más adelante.

439. Cuando no se dicen las Preces, antes de la oración de bendición, el celebrante, con estas palabras u otras semejantes, invita a todos a orar:

Oremos, queridos hermanos, a Dios, que es amor, para que se digne inflamarnos con el fuego de su Espíritu y hacernos fervorosos en el amor recíproco, como Cristo nos ha amado.

Y, según las circunstancias, todos oran durante algún tiempo en silencio.

Sigue la oración de bendición.

ORACIÓN DE BENDICIÓN

440. El celebrante, con las manos extendidas, añade:

Oh, Dios, que derramas en nuestros corazones, por el Espíritu Santo, el don de la caridad, bendice + a estos hermanos nuestros, para que, practicando las obras de caridad y de la justicia social, contribuyan a hacer presente a tu Iglesia en el mundo, como un sacramento de unidad y de salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

CONCLUSIÓN DEL RITO

441. Después de la oración de bendición, según las circunstancias, se canta la antífona:

La señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos será que os améis unos a otros.

V. Dijo Jesús a sus discípulos.—La señal.

442. O bien, la siguiente: (Ubi caritas):

Ant. Donde hay caridad y amor, allí está Dios.

Nos congregó y unió el amor de Cristo.
Regocijémonos y alegrémonos en él.
Temamos y amemos al Dios vivo,
y amémonos con corazón sincero.

Ant. Donde hay caridad y amor, allí está Dios.

Pues estamos en un cuerpo congregados,
cuidemos no se divida nuestro afecto.
Cesen las contiendas malignas, cesen los litigios,
y en medio de nosotros esté Cristo Dios.

Ant. Donde hay caridad y amor, allí está Dios.

Veamos juntamente con los santos
tu glorioso rostro, ¡oh, Cristo Dios!
Éste será gozo inmenso y puro,
por los siglos de los siglos infinitos. Así sea.

U otro canto adecuado.


31 de agosto de 2016, conmemoración de Santo Dominguito de Val, niño mártir que es otro patrono de los monaguillos. La entrada está dedicada a los tres patronos.
(Última actualización de la entrada: 08/01/17).

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Santo Dominguito de Val

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