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La verdadera Iglesia de Dios...

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miércoles, 14 de septiembre de 2016

Bendición de una nueva cruz


Crucifijo de Santa Gema


Texto comentado

Bendicional:
en negro; (oración de bendición: negrita cursiva).

 
(Se conservan los números de secciones y parágrafos tal y como se hallan en el Bendicional: negrita. También en negrita me permito realzar algunas cuestiones litúrgicas del texto del Bendicional, incisos que, a mi criterio, merecen especial consideración).
Comentarios del blog: azul.
 
El capítulo XXXI del Bendicional, en la parte que trata sobre la "bendición de las cosas destinadas a la liturgia y devoción", ofrece la siguiente "bendición de una nueva cruz que se ha de exponer a la pública veneración":

1066. Entre las sagradas imágenes, ocupa el primer lugar «la representación de la valiosa y vivificante cruz» (18), ya que es el símbolo de todo el Misterio pascual. Para el pueblo cristiano ninguna otra imagen es más querida, ninguna más antigua. La santa cruz representa la Pasión de Cristo y su triunfo sobre la muerte, y también, como enseñaron los santos Padres, anuncia su segunda y gloriosa venida. En efecto, la cruz, que hasta la Crucifixión del Señor había sido sinónimo de desesperación y muerte, desde entonces es signo de vida, amor, paz, esperanza y perdón. No solamente evoca la bienaventurada Pasión del Señor, sino también su gloriosa Resurrección y su Parusía.

1067. La imagen de la cruz, no sólo se ofrece a la veneración de los fieles el Viernes Santo y es celebrada como Trofeo de Cristo y árbol de vida en la fiesta de la Exaltación, el día 14 de septiembre, sino que también descuella en la Iglesia y se coloca ante el pueblo siempre que éste se reúne para celebrar los divinos oficios, y se sitúa en lugar destacado en los hogares de los bautizados. (La segunda parte de la austera Acción litúrgica del Viernes Santo, se llama precisamente "Adoración de la Cruz" -lo cual ha de entenderse como metonimia, en el sentido de que la adoración se dirige al Señor en el Misterio de su Pasión, elocuentemente representado con el signo de la cruz-. Para este Viernes  y también el Sábado santo, la liturgia prescribe la genuflexión ante la cruz expuesta; y se invita a los fieles a  que tengan un gesto de amor -oración de rodillas, beso u otro- hacia la sagrada Efigie del Salvador Crucificado). Teniendo en cuenta las circunstancias de tiempo y de lugar, con razón los fieles erigen públicamente la cruz, para que sea testimonio de su fe y signo del amor que Dios tiene a todos los hombres.

1068. Es conveniente, máxime si se trata de una cruz que se coloca en un lugar insigne de la iglesia, (más si se trata de la cruz central) que la imagen del cuerpo de Jesús crucificado esté también fijada a la cruz.

1069. El rito que aquí se describe puede usarlo el presbítero, el cual, respetando la estructura del rito y sus elementos principales, adaptará la celebración a las circunstancias de las personas y del lugar. Si, como es aconsejable, preside el rito el Obispo, se harán las oportunas adaptaciones.
Nótese que es una de las pocas bendiciones del Bendicional que no puede presidir un diácono.

1070. La bendición de la nueva cruz puede hacerse en cualquier día y hora, excepto el Miércoles de Ceniza, el Triduo pascual y la Conmemoración de todos los fieles difuntos; pero debe elegirse un día en que los fieles puedan acudir en gran número. Se ha de preparar oportunamente a los fieles para que asistan activamente al rito. El día más oportuno es, por razones obvias, la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz. que pertenece al Calendario universal (14/09), o si no,  la festividad de la Invención de la Santa Cruz, que actualmente se conserva en varios calendarios particulares (03/05). Los días de Cuaresma, a partir del "Jueves después de Ceniza", y especialmente en los domingos, pueden ser una buena ocasión para llevar a cabo esta bendición, en particular el V o el VI, que es llamado "de Ramos" o "de la Pasión del Señor".

1071. El rito que se describe en este capítulo se refiere únicamente a dos casos:

a) cuando se ha de bendecir solemnemente una cruz erigida en un lugar público, distinto de la iglesia;

b) cuando se ha de bendecir la cruz principal que descuella en la nave de la iglesia, donde se reúne la comunidad de los fieles.

RITO DE LA BENDICIÓN

RITOS INICIALES

1072. Si ello es factible, conviene que la comunidad de los fieles se dirija procesionalmente desde la iglesia u otro lugar adecuado al lugar donde se ha erigido la cruz que se ha de bendecir. (Los cantos que se meencionan más abajo, u otro himno a la Cruz, pueden ser aconsejables para acompañar la procesión, o bien, las letanías de los santos). Si la procesión no puede hacerse o no parece oportuna, los fieles se reúnen en el lugar donde se ha erigido la cruz que se ha de bendecir.

1073. Reunido el pueblo, el celebrante saluda a los fieles, diciendo:

La gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por nosotros colgó del madero, esté con todos vosotros.
U otras palabras adecuadas, tomadas preferentemente de la Sagrada Escritura.

El pueblo responde:

Y con tu espíritu.

O de otro modo adecuado.

1074. Luego el celebrante habla brevemente a los fieles para disponer su ánimo a la celebración y explicar el significado del rito; puede hacerlo con estas palabras u otras semejantes:

Al bendecir solemnemente esta cruz, queridos hermanos, veneremos con fe el designio eterno de Dios, según el cual el misterio de la cruz se ha convertido en el signo de la misericordia divina. Siempre que miremos la cruz, recordaremos que en ella culminó el misterio del amor con el que Cristo amó a su Iglesia. Siempre que saludemos la cruz, acordémonos de que Cristo, suprimiendo con su Sangre toda división, hizo de todos los hombres un solo pueblo. Siempre que veneremos la cruz, pensemos que somos y nos declaramos discípulos de Cristo y, cargando todos cada día con la propia cruz, sigámoslo con generosidad. Esforcémonos, pues, por asistir atentamente a esta celebración, para que el misterio de la cruz brille, ante nuestros ojos con un nuevo fulgor y podamos sentir con más fuerza su eficacia.

1075.
Terminada la monición, el celebrante dice:

Oremos.

Y todos oran durante algún tiempo en silencio. Luego el celebrante prosigue:

Oh, Dios, cuyo Hijo, al pasar de este mundo a ti, clavado en el árbol de la cruz, reconcilió contigo a la familia humana, dirige tu mirada sobre estos servidores tuyos, que han levantado esta señal de salvación, y concédeles que, protegidos por su poder, cargando con su cruz cada día y siguiendo el camino del Evangelio, alcancen felizmente la meta del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor.


Todos:

Amén.

1076. El diácono (como le es propio en toda celebración litúrgica), si las circunstancias lo aconsejan, hace la monición:

Marchemos en paz.

1077. Y se organiza la procesión hacia el lugar donde se ha erigido la cruz. Mientras avanza la procesión, se canta la antífona.

R. Nosotros hemos de gloriarnos en la cruz de nuestro, Señor Jesucristo. (Introito de la Misa In Cena Domini).

Con el salmo 97 (98), un himno u otro canto adecuado.

Salmo 97 (98)

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas:
su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. R.

El Señor da a conocer su victoria,
revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel. R.

Los confines de la tierra han contemplado
la victoria de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad. R.

Tañed la cítara para el Señor,
suenen los instrumentos:
con clarines y al son de trompetas,
aclamad al Rey y Señor. R.

Retumbe el mar y cuanto contiene,
la tierra y cuantos la habitan;
aplaudan los ríos, aclamen los montes
al Señor, que llega para regir la tierra. R.

Regirá el orbe con justicia
y los pueblos con rectitud. R.

1078. Si no ha de hacerse la procesión, inmediatamente después de la colecta, omitido el canto, se hace la lectura de la Palabra de Dios.

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS

1079.
Luego el lector, uno de los presentes o el mismo celebrante, lee uno o varios textos de la Sagrada Escritura, seleccionados principalmente entre los que se indican a continuación o los que se proponen en el Leccionario sobre el Misterio de la santa Cruz (19), intercalando los convenientes salmos responsoriales o bien espacios de silencio. La lectura del Evangelio ha de ser siempre el acto más relevante. También pueden emplearse las lecturas que propone el Leccionario sobre la Pasión del Señor (20).

Flp 2, 5-11: Se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz (es la segunda lectura del Domingo de Ramos)

Escuchad ahora, hermanos, las palabras del apóstol san Pablo a los Filipenses.

Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús. Él, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el «Nombre-sobre-todo- nombre»; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: «Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.»

Palabra de Dios.
1080. Pueden también leerse: Nm 21, 4-9; I Co 2, 1-5; Hb 4, 12-16; Jn 3, 13-17; Jn 19, 25-27.

1081. Según las circunstancias, se puede decir o cantar un salmo responsorial u otro canto adecuado.

Salmo responsorial

Sal 30 (31), 2 y 6. 12-13. 15-16. (R.: Le 23, 46)

R. Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu.

A ti, Señor, me acojo:
no quede yo nunca defraudado;
tú, que eres justo, ponme a salvo.
A tus manos encomiendo mi espíritu:
tú, el Dios leal, me librarás. R.

Soy la burla de todos mis enemigos,
la irrisión de mis vecinos,
el espanto de mis conocidos;
me ven por la calle, y escapan de mí.
Me han olvidado como a un muerto,
me han desechado como a un cacharro inútil. R.

Pero yo confío en ti, Señor,
te digo: «Tú eres mi Dios.»
En tu mano están mis azares;
líbrame de los enemigos que me persiguen. R.

1082. O bien:

Sal 21 (22), 8-9. 17-18a. 23-24b

R. (2a) Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Sal 54 (55), 5-6. 13. 14-15. 17-18. 23

R. (23ab) Encomienda a Dios tus afanes, que él te sustentará.

1083. El celebrante, según las circunstancias, exhorta brevemente a los presentes, explicándoles la lectura bíblica, para que perciban por la fe el significado de la celebración y el poder de la cruz del Señor.

ORACIÓN DE BENDICIÓN

1084. Terminada la homilía, el celebrante, de pie ante la cruz, (¡cómo no evocar con esta expresión la grandiosa imagen de la Dolorosa, sostenida en esta Hora suprema de la historia por su fe inquebrantable!) con las manos extendidas, dice la oración de bendición: (por su exquisita teología, por su altura literaria y por la profundidad de sus enseñanzas y súplicas, la siguiente es una de las más bellas bendiciones del Bendicional)

Te bendecimos, Señor, Padre santo, que, en el exceso de tu amor, nos procuraste el remedio de la salvación y de la vida en el árbol, de donde el primer hombre había sacado ruina y muerte. Porque, cuando llegó la hora de su Pascua, Jesús, el Señor, sacerdote, maestro y rey, ascendió voluntariamente al árbol de la cruz y lo convirtió en trono de su gloria, en altar de su sacrificio, en cátedra de la verdad. Allí, elevado sobre la tierra, venció al antiguo enemigo y, vestido con la púrpura de su sangre, atrajo hacia sí, lleno de amor, a todos los hombres; allí, con los brazos extendidos, te hizo, Padre, la ofrenda de su vida e infundió una fuerza salvadora a los sacramentos de la Nueva Alianza; allí, enseñó con su muerte lo que antes había anunciado de palabra: que el grano de trigo, cuando muere, produce fruto abundante. Así, pues, te suplicamos, Señor, que tus fieles, al venerar este signo de salvación, reciban los frutos de redención que Cristo Jesús mereció con su Pasión; que en la cruz den muerte a sus pecados y que, por el poder de esta cruz, dominen la soberbia y fortalezcan su debilidad; que en ella encuentren consuelo en sus aflicciones y seguridad en sus peligros; y que, protegidos por su poder, recorran sin daño los caminos de este mundo, hasta que tú, Padre, los recibas en el Hogar del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

1085. O bien:

Señor, Padre santo, que quisiste que la cruz de tu Hijo fuera la fuente de toda bendición y el origen de todos tus beneficios, atiende generoso a nuestras súplicas, ya que hemos alzado esta cruz como un testimonio de nuestra fe, y concédenos que, viviendo, aquí en la Tierra, unidos siempre al misterio de la Pasión de Cristo, alcancemos el gozo eterno de la resurrección. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.


1086. El celebrante pone incienso en el incensario e inciensa la cruz. (Con tres ductus, de acuerdo con lo que establecen las normas litúrgicas vigentes).

Después se canta la antífona:

Tu cruz adoramos, Señor, y tu santa Resurrección alabamos y glorificamos; por el madero ha venido la alegría al mundo entero.


O bien:

Por la señal de la santa cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro.


U otro canto adecuado en honor de la santa cruz.

1087. Terminado el canto, si puede hacerse cómodamente, el celebrante, los ministros y los fieles veneran la nueva cruz (las dos opciones aquí propuestas son un eco de la Liturgia del Viernes Santo, a la que he aludido más arriba): se acercan a ella ordenadamente uno tras otro y le hacen alguna señal de veneración, según las costumbres del lugar. Si esto no es posible, el celebrante, con unas breves palabras, invita al pueblo a venerar la santa cruz, y éste la venera, guardando algún tiempo de silencio o profiriendo una adecuada aclamación, por ejemplo: Esta señal de la cruz brillará en el cielo cuando venga el Señor para juzgar.

CONCLUSIÓN DEL RITO

1088. Terminada la veneración de la cruz, se hace la oración universal, en la forma acostumbrada en la celebración de la Misa, o en la forma aquí propuesta: (sabiamente "entretejida" con los textos bíblicos que la sagrada liturgia tradicionalmente asigna a las celebraciones sobre los misterios de la Pasión del Señor)

Invoquemos a nuestro Redentor, que nos ha redimido por su cruz, y digámosle:

R. Por tu cruz, sálvanos, Señor.

Cristo, tú que te despojaste de tu gloria y tomaste la condición de esclavo, pasando por uno de tantos,
—haz que todos los miembros de la Iglesia imitemos tu humildad. R.

Cristo, tú que te rebajaste hasta someterte incluso a la muerte, y una muerte de cruz,
—otórganos, a tus servidores, la virtud de la sumisión y la paciencia. R.

Cristo, tú que fuiste levantado sobre todo por Dios, que te concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»,
—concede a tus fieles la perseverancia hasta el fin en tu servicio. R.

Cristo, a cuyo Nombre ha de doblarse toda rodilla en el cielo, en la tierra y en el abismo,
—atrae a todos los hombres hacia tu corazón, para que te veneren y te adoren con fe. R.

Cristo, a quien toda lengua proclamará Señor, para gloria de Dios Padre,
—recibe a nuestros hermanos difuntos en el reino de la felicidad eterna. R.

1089. Luego el celebrante introduce oportunamente la oración del Señor, con estas palabras u otras semejantes:

Siguiendo las palabras y ejemplos de Cristo en su Pasión, digamos la oración en la que confiadamente nos entregamos a la voluntad de Dios, nuestro Padre.

Todos:

Padre nuestro...

El celebrante dice a continuación:

Señor, Dios nuestro, que has querido realizar la salvación de todos los hombres por medio de tu Hijo, muerto en la cruz, concédenos, te rogamos, a quienes hemos conocido en la tierra este misterio, alcanzar en el cielo los premios de la redención. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Todos:

Amén.

1090. Luego el celebrante bendice al pueblo como de costumbre y el diácono despide al pueblo.
 Notas:
18 Concilio de Nicea II, Act. VII: Mansi XIII, 378; Denzinger-Schónmetzer, 601.
9 Cf. Missale romanum, Ordo Lectionum Missae, núms. 969-974.
10 Cf. Missale romanum, Ordo Lectionum Missae, núm. 975.


14 de septiembre de 2016, fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz. Entrada dedicada al Santo Cristo Crucificado y Resucitado.


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