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La verdadera Iglesia de Dios...

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martes, 6 de septiembre de 2016

Guion: Domingo XXVI del Tiempo Ordinario





Ciclo C

Introducción

Congregados en esta asamblea de hermanos, queremos celebrar la fiesta del Señor, presente en medio de nosotros (Cf. Beato Pablo VI, Evangelii nuntiandi, 43).
La Eucaristía dominical nos identifica como cristianos,  que hemos recibido el precioso tesoro de la fe apostólica, y que tenemos la responsabilidad de custodiarlo y de transmitirlo íntegro a la próxima generación. Esta fiel transmisión es propia de los auténticos discípulos de Jesús, unidos más allá del tiempo y del espacio por nuestra participación del Santo Sacrificio de Jesús, que ahora nuevamente nos disponemos a ofrecer.


Liturgia de la Palabra

Primera lectura: Am. 6, 1a. 4-7

El profeta Amós dirige una seria amonestación a los que viven en la opulencia y se desentienden de la suertee de sus hermanos.

Segunda lectura: I Tim. 6, 11-16

También nosotros, cristianos del siglo XXI, somos destinatarios de la exhortación que Pablo hace a Timoteo a "pelear el buen combate", es decir, de perseverar en la fidelidad al Señor.

Evangelio: Lc. 16, 19-31

La parábola del pobre Lázaro, que vamos a escuchar, nos infunde la certeza de que "quien no vale nada a los ojos de los hombres es valioso a los del Señor". (S.S. Benedicto XVI, Ángelus, 30/09/07).


Oración de los fieles

A la luz del salmo que la liturgia nos ha propuesto hoy, dirijamos al Señor nuestra plegaria confiada:

R. Escúchanos, Padre, porque Tú eres fiel.

-Para que el Señor, que ama a los justos, proteja a la Iglesia, y en particular a nuestro Santo Padre N. R.

-Para que el Señor, que reina eternamente, haga justicia a los oprimidos y dé pan a los hambrientos. R.

-Para que el Señor, que mantiene su fidelidad para siempre, libere a los cautivos y abra los ojos de los ciegos. R.

-Para que el Señor, que es el Dios de los portentos, enderece a los encorvados por el peso de la culpa y proteja a los extranjeros. R.

-Para que el Señor, que es, ante todo, Padre de los postergados, sustente al huérfano y a la viuda. R.

-Para que el Señor, que es el único Bueno, entorpezca el camino de los malvados. R.

A continuación, se propone como otra oración conclusiva de las preces, una colecta alternativa a la de este domingo, tomada de la edición italiana del Misal Romano y traducida al castellano. Se reemplaza la conclusión trinitaria larga, propia de toda colecta, por la breve, típica de las demás oraciones litúrgicas:

"Oh, Padre, que llamas por su nombre a tus pobres, mientras que el rico epulón carece de nombre, restablece con justicia la suerte de los oprimidos, pon fin a la orgía de los indiferentes, y haz que en este tiempo oportuno adhiramos a tu Palabra, para que creamos que Jesucristo ha resucitado de entre los muertos y que nos acogerá en tu Reino. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén".


Ofertorio

"El pan y el vino (que presentamos) se convierten en cierto sentido en símbolo de todo lo que lleva esta asamblea eucarística, por sí misma, en ofrenda a Dios".  (Cf. San Juan Pablo II, Carta Dominicae Cenae, 9).


Comunión

Bendito sea Jesús, el Cordero cuyo poder y mansedumbre se manifiestan de modo portentoso en la frágil Hostia que nos hace fuertes a los débiles, pacíficos a los violentos, y hermanos a los desconocidos.
Así de infinitos son el amor y la generosidad, de Dios: no podía darnos menos que a Sí mismo.
 

Despedida

Que la participación en el Banquete celestial acreciente en nosotros el deseo de perseverar en el combate espiritual de la fe.


20 de septiembre de 2016, memoria litúrgica de los santos Andrés Kim Taegon, Pablo Chong-Hasang, y compañeros; mártires.


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