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La verdadera Iglesia de Dios...

La verdadera Iglesia de Dios...

lunes, 17 de octubre de 2016

Guion: Domingo XXX del Tiempo Ordinario





Ciclo C

Introducción

La liturgia de este domingo nos invita a reflexionar sobre el poder de la oración que brota de un corazón humilde y confiado.
Es significativo que en el marco de la Oración suprema de la Iglesia, que es la Santa Misa, seamos convidados precisamente a revalorar la importancia de las motivaciones y el modo como establecemos nuestro diálogo con un Dios que ha tomado la iniciativa de salir a nuestro encuentro.
En esta Eucaristía, agradezcamos al Señor, nuestro Creador, que se ha dignado inclinarse hacia nosotros y ser nuestro Interlocutor.

Liturgia de la Palabra

Primera lectura: Eclo. 35, 12-14. 16-18

La página sagrada que vamos a escuchar nos asegura que la súplica del justo es acogida siempre por nuestro Padre del Cielo. (Recibamos la Palabra de Dios de esta liturgia como una exhortación a orar sin desfallecer).

Segunda lectura: II Tim. 4, 6-8. 16-18

El Apóstol san Pablo testionia la confianza en el Dios cercano que libera a sus amigos. (Cf. S.S. Benedicto XVI, Homilía, 24/10/10).
O bien:

Según el ejemplo de san Pablo, los cristianos debemos luchar con valentía en la batalla espiritual cuyo fin es la liberación de las almas por la Sangre de Cristo. (Cf. San Juan Pablo II, Homilía en la basílica de San Pablo extra-muros, 23/10/83).

Evangelio: Lc. 18, 9-14

La "pobreza de espíritu" del publicano del Evangelio que estamos por escuchar, "es sinónimo de apertura interior a la luz y acción de Dios, al don de la salvación que llega al alma del hombre mediante la potencia de la cruz de Cristo por obra del Espíritu Santo". (Ídem).

Oración de los fieles

Las siguientes preces, con las debidas adaptaciones, están tomadas de la Santa Misa presidida por el Papa Francisco en Georgia, el 1° de octubre de 2016, memoria litúrgica de Santa Teresita del Niño Jesús:

Hermanos, unamos nuestras voces a la del Señor Jesús, que intercede incesantemente por nosotros ante el Padre:

R. Escúchanos, Señor.

-Infunde tu Espíritu, Señor, en la Iglesia: consérvala en la fe y en la comunión con el Santo Padre; concédele manifestar la unidad del bautismo en la diversidad de los ritos y de ejercitar la caridad heroica vivida por los santos. R.

-Bendice, Señor, a los obispos, sacerdotes y diáconos: renueva la frescura de su donación y sostenlos en la obra de santificación de tu pueblo. R.

-Te confiamos, Señor, nuestro amado país y todos sus habitantes: custodia la más auténtica raíz que lo ha engendrado, para crecer en la prosperidad y en la paz. R.

-Acompaña con tu gracia, Señor, la vida de las familias cristianas: que crezcan como pequeñas iglesias domésticas en las cuales se experimenten la caridad y el perdón, la fidelidad y la donación recíproca. R.

-Consuela con tu providente omnipotencia, Señor, a los enfermos y pobres, a los encarcelados y prófugos: abre ante ellos un futuro de alegría y esperanza. R

-Sana nuestros ojos, Señor: haznos capaces de conocerte en la verdad y de reconocerte presente en la trama de la historia. R.

Oración conclusiva

"Te alabamos, Padre, por tu presencia en medio de nosotros y por todos los signos de amor con los que sostienes a tu Iglesia peregrina en la Tierra. Renueva hoy tu amor y escucha nuestra plegaria. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén".

A continuación, se propone como otra oración conclusiva de las preces, una colecta alternativa a la de este domingo, tomada de la edición italiana del Misal Romano y traducida al castellano. Se reemplaza la conclusión trinitaria larga, propia de toda colecta, por la breve, típica de las demás oraciones litúrgicas:

"Oh, Dios, Tú no haces acepción de personas y nos das la certeza de que la oración del humilde atraviesa las nubes, guárdanos como al publicano arrepentido, y haz que abramos nuestro corazón a la confianza de tu misericordia, para ser justificados en tu nombre. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén".

O bien: (oración adaptada de la liturgia caldea)

"Nuestro Señor y nuestro Dios, tu santo Nombre sea alabado, tu Ser Divino adorado, tu Soberanía honrada, tu Grandeza triunfe, tu Existencia sea exaltada; sobre tu pueblo y sobre las ovejas de tu rebaño, descienda la misericordia eterna de tu Trinidad, glorificada en todo momento, oh, Señor de todos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén".


Ofertorio

A los dones de pan, vino y agua que presentamos, se una la ofrenda de nuestra oración junto con el deseo de que ella sea cada vez más hmilde y confiada.


Comunión

Con el salmista, "bendigamos al Señor en todo tiempo", pero más ahora que, en el Pan consagrado, se digna hacerse Huésped de nuestra alma. Que Él, Palabra y Plegaria viviene del Eterno Padre, nos una a su incesante intercesión en favor de la entera humanidad.


Despedida

Evangelizados, seamos ahora evangelizadores, recordando las sabias palabras del Santo Padre Francisco:

"No se puede perseverar en una evangelización fervorosa si uno no sigue convencido, por experiencia propia, de que no es lo mismo haber conocido a Jesús que no conocerlo" (Evangelii gaudium, 266).


17 de octubre de 2016, memoria litúrgica de san Ignacio de Antioquía, obispo y mártir. Entrada dedicada a él.



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