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La verdadera Iglesia de Dios...

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lunes, 5 de diciembre de 2016

Guion: Domingo III de Adviento ("Gaudete")



San Juan Bautista en prisión


Para profundizar sobre las características del Tiempo de Adviento hacer clic aquí.


Este Domingo posee características peculiares que conviene consultar haciendo clic aquí.


Ciclo A

Introducción

I

Hoy, tercer domingo de Adviento, se renueva el feliz anuncio: Gaudete in  Domino semper, "Estén siempre alegres en el Señor" (Flp 4, 4). Son palabras  tomadas de la carta de san Pablo a los filipenses, que caracterizan la liturgia de hoy.

Esta invitación a la alegría tiene una motivación muy precisa: Dominus prope est: "El Señor está  cerca" (Flp 4, 5), , verdad familiar para el israelita piadoso,  que le da confianza y consuelo; verdad que tiene su fundamento pleno en Cristo.  En efecto, en Él Dios se hizo cercano a todo hombre: Él es el Mesías, el  "Emmanuel", el "Dios con nosotros" (cf. Is 7, 14; Mt 1, 23). La alegría es el  centro del evangelio de la Navidad. (San Juan Pablo II, Ángelus, 16/12/01).
 
Es la Eucaristía dominical la que nos hace, por así decirlo, "contemporáneos" de los Misterios del Señor.

O bien:

II

Una insistente invitación a la alegría caracteriza la liturgia de este tercer  domingo de Adviento, llamado domingo Gaudete; esta precisamente es la primera palabra de la antífona de entrada. "Regocíjense",  "alégrense". Además de la vigilancia, la oración y la caridad, el Adviento nos  invita a la alegría y al gozo, porque ya es inminente el encuentro con el Salvador. (San Juan Pablo II, Homilía, 16/12/01)

Con estos sentimientos, participemos fervorosamente de la Eucaristía del día del Señor.

III

Gaudete in Domino semper, "estad siempre alegres en el Señor" (Flp 4, 4). Con estas palabras de san Pablo se inicia la santa misa del III domingo de Adviento, que por eso se llama domingo Gaudete. El Apóstol exhorta a los cristianos a alegrarse porque la venida del Señor, es decir, su vuelta gloriosa es segura y no tardará. La Iglesia acoge esta invitación mientras se prepara para celebrar la Navidad, y su mirada se dirige cada vez más a Belén. En efecto, aguardamos con esperanza segura la segunda venida de Cristo, porque hemos conocido la primera (S.S. Benedicto XVI, Ángelus, 16/12/07).

Con la alegría esperanza de la fe, celebremos esta Eucaristía dominical.


Luego del saludo inicial, y, si se cree conveniente, en lugar del Acto penitencial, puede realizarse el rito de la Corona de Adviento. En otra entrada de este blog, se ofrece un modelo de oración para el encendido de cada cirio. Hacer clic aquí.  

Se omite el himno Gloria in excelsis.


Liturgia de la Palabra

Primera lectura: Is. 35, 1-6a. 10

En un "verdadero himno a la alegría", el profeta Isaías anuncia las maravillas que el Señor realizará en favor de su pueblo. Su Venida hará revivir plenamente la alegría de la comunión con Dios (Ídem supra, II).

O bien:

"Sean fuertes, no teman. Miren a su Dios. (...) Viene a salvarlos" (Is 35, 4). 
¡Cuánta confianza infunde esta profecía mesiánica, que permite vislumbrar la verdadera y definitiva liberación, realizada por Jesucristo (Ídem). 

Segunda lectura: Sant. 5, 7-10

"El Adviento nos invita a la alegría, pero, al mismo tiempo, -como nos va a decir el apóstol Santiago- nos exhorta a esperar con paciencia la venida ya próxima del Salvador" (Ídem).

O bien:

A la luz de las palabras de Santiago, "el Adviento nos llama a potenciar la tenacidad interior y la resistencia del alma que nos permiten no  desesperar en la espera de un bien que tarda en venir, sino esperarlo, es más, preparar su venida con confianza activa" (S.S. Benedicto XVI, Ángelus, 12/12/10).

Evangelio: Mt. 11, 2-11

La pregunta del santo Precursor Juan obtiene una respuesta inmediata:

¡Cristo es el Mesías! En Él "se cumplió el tiempo de la espera. Dios realizó finalmente la salvación para todo hombre y para la humanidad entera" (Ídem, supra II).


Oración de los fieles

R. Que tu Nacimiento sea nuestro gozo, Señor.

O bien:

R. Jesús, alégranos con tu Natividad.

-Por la Iglesia, llamada a proclamar la alegría de tu Evangelio. R.

-Por el Santo Padre, obispos y presbíteros, que son los únicos que pueden hacerte sacramentalmente presente. R.

-Por los que viven sumidos en el odio, la tristeza y el desánimo. R.

-Por los pecadores que descreen de la infinita Misericordia de Dios. R.

-Por los niños que carecen de un hogar y del calor de una familia. R.

-Por nosotros, que acudimos aquí sedientos de la auténtica alegría. R.

A continuación, se propone como otra oración conclusiva de las preces, una colecta alternativa a la de este domingo, tomada de la edición italiana del Misal Romano y traducida al castellano. Se reemplaza la conclusión trinitaria larga, propia de toda colecta, por la breve, típica de las demás oraciones litúrgicas:

"Sostén, oh, Padre, con la fuerza de tu amor, nuestro camino hacia el encuentro de Aquel que viene, y haz que, perseverando en la paciencia, madure en nosotros el fruto de la fe, y acojamos con acción de gracias el Evangelio de la alegría. Por Jesucristo, nuestro Señor".


Ofertorio 

Lo describía la Epístola del santo apóstol Santiago, que hoy escuchamos:

Aguardando pacientemente, hemos esperado estos frutos preciosos de la tierra que son el pan y el vino. Llevémoslos al Altar y la Omnipotencia de Dios no nos hará esperar en devolvérnoslos como Sacramento del Cuerpo y la Sangre de Cristo.

Se emplea el Prefacio de Adviento I o II (o V, que algunas Conferencias Episcopales han incorporado a sus Misales, con autorización de la Santa Sede). Cuando este domingo coincida con el 17 de diciembre, se emplea el Prefacio III o el IV).


Comunión

El pan y el vino, frutos selectos de la tierra, vuelven ahora a nosotros como la Carne y la Sangre del Mesías que esperamos. Aradezcamos este Santísimo Sacramento de amor y esperanza, que Dios nos ofrece como hijos.

Conviene que el sacerdote imparta la Bendición solemne de Adviento. Lo mismo vale para los días entre el 17 y el 24 de diciembre, que son ferias privilegiadas de este bendito tiempo.


Despedida

Al concluir esta celebración, encomendémonos a la protección materna de María, "Causa de nuestra alegría", para ser siempre, pero sobre todo en este tiempo, testigos creíbles de la alegría de Cristo.(Ídem, supra I).

O bien:

"Avancemos con alegría y generosidad hacia la Navidad. Hagamos nuestros los sentimientos de María, que esperó en oración y en silencio al Redentor y preparó con cuidado su Nacimiento en Belén" (Ídem, supra II).

O bien:

"También en Navidad se puede equivocar el camino, confundiendo la verdadera fiesta con una que no abre el corazón a la alegría de Cristo. Que la Virgen María ayude a todos los cristianos, y a los hombres que buscan a Dios, a llegar hasta Belén para encontrar al Niño que nació por nosotros, para la salvación y la felicidad de todos los hombres" (Ídem supra, III).


5 de diciembre de 2016, conmemoración de san Sabas, anacoreta. Entrada dedicada a él.


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