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La verdadera Iglesia de Dios...

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lunes, 9 de enero de 2017

Guion: Domingo II del Tiempo Ordinario




Ciclo A

Introducción

"El tiempo de Navidad, que hemos vivido hasta el pasado domingo, ha renovado ante los cristianos la conciencia de que  ´el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros´ (Jn 1,14). Esta conciencia no nos abandona jamás; sin embargo, en este período se hace particularmente viva y expresiva. Se convierte en el contenido de la liturgia, pero también en el contenido de la vida cristiana, familiar y social (Cf. San Juan Pablo II, Homilía, 18/01/81).

El Dios que se hizo hombre y se dignó habitar en nuestra tierra, cumple su promesa de quedarse con nosotros hasta el final de los tiempos. Este misterio de amor se hace patente más que nunca cuando celebramos el santo Sacrificio del Altar.


Liturgia de la Palabra

Primera lectura: Is. 49, 3. 5-6

Solo en Cristo, destinado por Dios para ser Luz de las naciones, se encuentra la plenitud de la salvación que el Señor ofrece a los hombres.

Segunda lectura: I Cor. 1, 1-3

Sintámonos interpelados por san Pablo, que proclama con claridad el llamado universal a la santidad.

Evangelio: Jn. 1, 29-34

"El Evangelio de este domingo nos lleva una vez más a las riberas del Jordán, donde después de treinta años del Nacimiento de Jesús, Juan Bautista prepara a los hombres para su venida" (Cf. Ídem supra).

Escuchemos la voz del santo Pecursor que nos señala el camino hacia el Cordero.


Oración de los fieles

Las siguientes preces, con las debidas adaptaciones, están tomadas de la santa Misa en sufragio de cardenales y obispos difuntos, presidida por el Papa Francisco en la Basílica de san Pedro, el 04/11/16:

Hermanos, a Dios, fuente de la gracia y la misericordia, suba incesante la súplica de todos los creyentes, que imploran paz y salvación para los vivos y para los difuntos.

R. Te rogamos, óyenos.

-Padre Santo, custodia al Papa N, y a los obispos y sacerdotes en tu amistad y en la fidelidad al ministerio que les has confiado. R.

-Padre Misericordioso, bendice la obra de la evangelización de los misioneros y haz que la verdadera fe se difunda en toda la Tierra. R.

-Padre Clementísimo, guarda con benevolencia a los agonizantes y moribundos, y concédeles que dejen este mundo en tu paz. R.

-Padre Omnipotente, despierta en todo bautizado el deseo de la santidad y la fuerza de vivir cada día en el cumplimiento de tu voluntad. R.

-Padre Bueno, acoge en el abrazo de tu amor a todos los difuntos y haz que merezcan la recompensa reservada a tus siervos fieles. R.

Oración conclusiva

"Te bendecimos, Padre, Señor del Cielo y de la Tierra, porque escuchas la plegaria de tu Iglesia, y nos concedes la esperanza del gozo eterno, en la plenitud de la luz y de la paz. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén".
 

A continuación, se propone como otra oración conclusiva de las preces, una colecta alternativa a la de este domingo, tomada de la edición italiana del Misal Romano y traducida al castellano. Se reemplaza la conclusión trinitaria larga, propia de toda colecta, por la breve, típica de las demás oraciones litúrgicas:

"Oh, Padre, que en Cristo, Cordero pascual y Luz de las naciones, llamas a todos los hombres a formar el pueblo de la Nueva Alianza, con la fuerza de tu Espíritu, confirma en nosotros la gracia del bautismo, para que toda nuestra vida proclame el feliz anuncio del Evangelio. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén".


Ofertorio

"El gesto humilde y sencillo" de presentar los dones eucarísticos tiene un sentido muy grande: "en el pan y el vino que llevamos al Altar, toda la creación es asumida por Cristo Redentor para ser transformada y presentada al Padre". (Cf. S.S. Benedicto XVI, Sacramentum caritatis, 47).


Comunión 

"Este es el Cordero de Dios que quita los pecados del mundo"

¡Qué elocuente es que escuchemos las palabras pronunciadas por Juan en el Jordán, cuando debemos acercarnos a recibir a Cristo en nuestros corazones y en la comunión eucarística! (Cf. San Juan Pablo II, Homilía, 18/01/81).


Despedida

En la bendición final se expresa la "naturaleza misionera de la Iglesia". Fortalecidos por los dones celestiales nos lanzamos al mundo como testigos del amor de Dios (Cf. S.S. Benedicto XVI, Sacramentum caritatis, 51).


9 de enero de 2017, lunes de la primera semana del Tiempo Ordinario.

 

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