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La verdadera Iglesia de Dios...

La verdadera Iglesia de Dios...

martes, 17 de enero de 2017

Guion: Domingo III del Tiempo Ordinario


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Ciclo A

Introducción

El misterio de Cristo, Palabra encarnada y proclamada, Cordero inmolado y ofrecido, nos reúne nuevamente en este día, el más santo de la semana, porque pertenece de modo especial al Señor.
Que el Espíritu Santo abra nuestro entendimiento a la importancia de la santificación del domingo en orden a la eterna salvación de nuestras almas y a la construcción del Reino de Dios, un Reino que ya está entre nosotros en la Persona de Jesús, y del que participaremos plenamente en la eternidad.


Liturgia de la Palabra

Primera lectura: Is. 8, 23b_9, 3

El Mesías de Dios es la "gran Luz" divisada por el pueblo de la antigua alianza, "que caminaba en tinieblas".

Segunda lectura: I Cor. 1, 10-14. 16-17

El apóstol Pablo hace un llamamiento a la unidad y a la concordia de los corintios. La perenne actualidad de la Palabra de Dios nos hace hoy destinatarios de esa exhortación.

Evangelio: Mt. 4, 12-23

Jesucristo deja su vida privada y oculta "para entregarse al compromiso total de una vida gastada por todos hasta el supremo Sacrificio de Sí". (San Juan Pablo II, homilía, 25/01/81).

O bien:

Como los discípulos, dejémonos fascinar por la Luz secreta que emana del Salvador Jesucristo (Ídem), y respondamos con generosidad a su invitación a seguirlo.

O bien:

"El evangelista san Mateo, que nos acompañará durante todo este año litúrgico, presenta el inicio de la misión pública de Cristo. Consiste esencialmente en el anuncio del Reino de Dios y en la curación de los enfermos, para demostrar que este Reino ya está cerca, más aún, ya ha venido a nosotros". (S.S. Benedicto XVI, Ángelus, 27/01/08).

O bien:

Jesucristo nos revela "el Rostro del verdadero Dios, el Dios cercano, lleno de misericordia hacia todo ser humano; el Dios que nos da la vida en abundancia, su misma vida" (Ídem).


Oración de los fieles

Las siguientes preces, con las necesarias adaptaciones, están tomadas de la santa Misa en el Jubileo de los encarcelados, presidida pr el Papa Francisco en la Basílica de San Pedro, en el marco del Año Santo de la Misericordia, el 6 de noviembre de 2016:

El Señor es fiel y nos custodia del Maligno. Con confianza elevémosle nuestras súplicas:

R. Te rogamos que nos oigas.

-Da, Padre, a la Iglesia, el Espíritu de verdad: que anuncie a todos con franqueza a Jesús vivo y resucitado. R.

-Dirige, Padre, los proyectos de los políticos: que el Espíritu de caridad los oriente para servir a la dignidad de toda persona. R.

-Consuela, Padre, a los cristianos perseguidos: el Espíritu de la fortaleza los sostenga en la paciencia de Cristo. R.

-Reafirma, Padre, el mutuo amor de los esposos cristianos: el Espíritu de fidelidad los custodie en la verdad de la alianza nupcial. R.

-Cura, Padre, las heridas de los encarcelados: el Espíritu Creador genere en ellos una vida nueva y llena de esperanza. R.

Oración conclusiva

"Escucha, Padre, la oración de tu Iglesia, y líbranos de las cadenas que aprisionan nuestro corazón y  nuestra vida. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén".

A continuación, se propone como otra oración conclusiva de las preces, una colecta alternativa a la de este domingo, tomada de la edición italiana del Misal Romano y traducida al castellano. Se reemplaza la conclusión trinitaria larga, propia de toda colecta, por la breve, típica de las demás oraciones litúrgicas:

"Oh, Dios, que has fundado tu Iglesia sobre la fe de los apóstoles, haz que nuestra comunidad, iluminada por tu Palabra y unida por el vículo del amor, llegue a ser símbolo de salvación y esperanza para todos aquellos que desean pasar de las tinieblas a la luz. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén".


Ofertorio

¡Cuántas veces habremos observado la presentación del pan y del vino en la Misa! Pero quizás no siempre fuimos conscientes de que con este rito la Iglesia nos enseña a hacer de cada instante de nuestra vida una ofrenda, y de unirla al Sacrificio de Jesús. Con tales sentimientos, participemos espiritualmente del ofertorio de esta Misa.

 
Comunión

Jesús Eucaristía está ante nosotros. "Él se abaja a todo, admite todo, se expone a todo —a sacrilegios, a blasfemias, a la frialdad de la indiferencia de tantos—, con tal de ofrecer, aunque sea a un hombre solo, la posibilidad de descubrir los latidos de un Corazón que salta en su Pecho llagado". (San Josemaría Escrivá de Balaguer, "Homilía Sacerdote para la eternidad", 13-04-1973).

La Iglesia nos entrega a Dios como Alimento. Que nuestra alma sea un santuario agradable al Señor.
 

Despedida

Somos privilegiados. Ya no caminamos en tinieblas. La Luz verdadera, que es Cristo, ilumina nuestro peregrinar hacia la vida en plenitud que solo Él puede darnos porque es Él mismo.

  

17 de enero de 2017, memoria litúrgica de San Antonio, abad. Entrada dedicada a él.


 

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