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La verdadera Iglesia de Dios...

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viernes, 24 de febrero de 2017

Guion: Domingo IX del Tiempo Ordinario


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Ciclo A

Introducción

¡Qué hermoso es reunirnos en el día del Señor, imitando a los hermanos de las generaciones que nos precedieron!

Hacia el siglo II, Justino, un santo filósofo cristiano, describía así la celebración de la Santa Misa:

"El día que se llama ´del sol´, memoria de la creación del mundo y de la Resurrección de Cristo, se celebra una Reunión de todos los que habitan en las ciudades o campos, y allí se leen (...) las memorias de los apóstoles o los escritos de los profetas. Luego, el que preside, (el sacerdote), invita a los presentes a imitar lo que han escuchado. Luego, de pie, elevamos a Dios nuestras súplicas.

Depués se presentan el pan, el vino y el agua. El que preside, eleva sus plegarias y acción de gracias y todos dicen ´Amén´. Luego, se distribuyen entre los presentes los alimentos donados que serán llevados por los diáconos a los necesitados. Los que tienen y pueden, donan lo que deseen".
(Paráfrasis de la Apología de san Justino, I, 67).

Como vemos, lo esencial de la Misa en nada ha cambiado. Por eso, acojamos con sincera gratitud y celebremos temor referencial el tesoro precioso que hemos recibido.


Liturgia de la Palabra

Primera lectura: Deut. 11, 18. 26-28.32

La fiel observancia de los Mandamientos es la llave de la salvación, la bendición que Dios pone ante nosotros y con la que sella su alianza de amor con su pueblo.

Segunda lectura: Rom. 3, 20-25a. 28

La Sangre de Cristo que los cristianos adoramos y recibimos como Bebida, es el precio de nuestra justificación.

Evangelio: Mt. 7, 21-27

Cristo es la Roca de nuestra vida. Él es la base sólida sobre la que debemos edificar nuestra vida, lejos de las arenas de las idiologías, del poder, del éxito y del dinero. (Cf. S.S. Benedicto XVI, Ángelus, 06/03/11).


Oración de los fieles

Las siguientes preces, con las necesaras adaptaciones, están tomadas de la santa Misa con el rito de beatificación del laico Federico Ozanam, presidida por san Juan Pablo II en la catedral de Notre Dame, en París, el 22 de agosto de 1997, en ocasión del Viaje Apostólico con motivo de la XII Jornada Mundial de la Juventud, celebrada en el marco del Año dedicado a Jesucristo, en el itinerario de preparación al Jubileo del Año 2000:

R. Señor, ten piedad.

-Recordemos ante Dios a la Iglesia, madre y maestra de la verdad, a nuestro Papa N, a los obispos y a todos los pastores; que movidos por la santa ansiedad del Espíritu, susciten en los jóvenes y adultos la inquietud de descubrir los puntos de referencia espirituales para su crecimiento. R.

-Recordemos ante Dios a los pueblos, paralizados en su crecimiento por la explotación de los países ricos, a los pueblos heridos a causa de las luchas de poder, a los pueblos devastados por la discordia, el odio racial y la guerra; que puedan luchar eficazmente contr la pobreza y vivir en la paz. R.

-Recordemos ante Dios a los responsables políticos, sociales y sindicales; que se preocupen por una sociedad en la que a los enfermos, los débiles y los marginados se les reconozcan su dignidad y sus derechos. R.

-Recordemos ante Dios a los pobres, que son sus hijos preferidos y el Rostro de Cristo en medio de nosotros; que encuentren manos que los ayuden, palabras que los reconforten y corazones que los amen. R.

-Recordemos ante Dios a los maestros y a todos los educadores; que sientan pasión por la verdad y que sepan comunicarla a sus alumnos y estudiantes. R.

-Recordemos ante Dios a los miembros de las diversas congregaciones religiosas; que la ternura reine en sus comunidades y compartan las alegrías y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de este tiempo. R.

-Oremos ante Dios, finalmente, los unos por los otros; que en un mundo sin esperanzas de futuro y dominado por el miedo, seamos artesanos de paz y mensajeros de esperanza y alegría. R.

Oración conclusiva

"Dios, nuestro Padre, concédenos ser testigos fieles del Evangelio y vivir sirviendo a nueestros hermanos. Por esucristo, nuestro Señor. Amén".
 
A continuación, se propone como otra oración conclusiva de las preces, una colecta alternativa a la de este domingo, tomada de la edición italiana del Misal Romano y traducida al castellano. Se reemplaza la conclusión trinitaria larga, propia de toda colecta, por la breve, típica de las demás oraciones litúrgicas:

"Oh, Dios, que edificas nuestra vida sobre la roca de tu Palabra, haz que en ella se fundamenten nuestros juicios y decisiones, para que no seamos arrastrados por los vientos de opiniones humanas, sino que resistamos firmes en la fe. Por Jescristo, nuestro Señor. Amén".


Ofertorio

En el momento de la presentación de los dones, pidamos al Padre la gracia de ser, con Cristo, ofrenda agradable a Él. Es la finalidad de los ritos del ofertorio.


Comunión

Preparémonos para comulgar meditando las siguientes palabras de Fray Luis de Granada:

"El Señor Jesús en la Eucaristía viene a honrarnos con su presencia, ungirnos con su gracia, curarnos con su misericordia y lavarnos con su Sangre; viene a resucitarnos con su Muerte, iluminarnos con su Luz, inflamarnos con su amor, regalarnos con su infinita suavidad, desposarse con nuestra alma, y hacernos partícipes de su Espíritu y de todo cuanto ganó en la Cruz por la Carne que nos da". (Obras completas, T. p. 172).


Despedida

De la mano de María, que escuchó la Palabra de Dios y como nadie la puso en práctica, sigamos nuestro caminar por los senderos del mundo hacia la gloria que nos espera.


24 de febrero de 2017, viernes de la semana VIII del Tiempo Ordinario.


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