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La verdadera Iglesia de Dios...

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martes, 21 de febrero de 2017

Guion: Domingo VIII del Tiempo Ordinario


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Ciclo A

Introducción

Hermanos, bienvenidos a la Casa de Dios.

Los textos litúrgicos de este domingo son en su conjunto, una invitación a confiar en la Providencia del Señor, sobre todo en tiempos de adversidad. En el Evangelio, Jesús mismo nos asegura que su Padre del Cielo jamás se olvida de ninguno de sus hijos.

"Ante la situación de tantas personas, cercanas o lejanas, que viven en la miseria, estas palabras de Jesús podrían parecer poco realistas o, incluso, evasivas" (S.S. Benedicto XVI, Ángelus, 27/02/11). Pero en realidad, lo que el Maestro nos quiere decir es que "la fe en la Providencia, de hecho, no exime de la ardua lucha por una vida digna, sino que libera de la preocupación por las cosas y del miedo del mañana" (Ídem).


Liturgia de la Palabra

Primera lectura: Is. 49, 14-15

La comparación del Amor de Dios con el de una madre, al que supera infinitamente, es la figura que emplea el escritor sagrado para explicar, con palabras humanas, lo precioso que es cada uno de nosotros a los ojos del Señor.

Segunda lectura: I Cor. 4, 1-5

El apóstol Pablo nos exhorta a perseverar en la fidelidad al Señor y a no juzgar a nadie, pues esto compete solamente a Dios.

Evangelio: Mt. 6, 24-34

Jesús nos enseña "lo que significa vivir con los pies bien plantados en la tierra, atentos a las situaciones concretas del prójimo y, al mismo tiempo, teniendo siempre el corazón en el Cielo, sumergido en la misericordia de Dios". (Ídem).


Oración de los fieles


La siguientes preces, con las necesarias adaptaciones, están tomadas de la santa Misa con el rito de beatificación de Elías del Socorro Nieves, Juan Bautista Piamarta (hoy santo), Domingo Lentini, María de Jesús Emilia D´Oultremont y Teresa Fasce, presidida por san Juan Pablo II en la Plaza de San Pedro, el 12 de octubre de 1997, Año dedicado a Jesucristo en el itinerario de preparación al Jubileo del Año 2000:

A la luz de la Palabra de Dios que hemos escuchado, y confortados por el valiente ejemplo de los santos que nos han precedido, confiemos en su intercesión y confiemos al Señor nuestras dificultades y esperanzas:

R. Óyenos, Padre nuestro.

-Que la Iglesia siga testimoniando tu predilección por los pequeños y los pobres del mundo entero, ante el cual se presente como motivo de esperanza, fermento de caridad e instrumento de la comunión entre todos los hombres. R.

-Que los jóvenes del mundo, iluminados y animados por la acción apostólica de tu Iglesia, puedan descubrir y gustar la alegría de colaborar en las diversas actividades de la vida para la construcción de una sociedad según el Evangelio. R.

-Que los ministros que en las grandes metrópolis y en los lugares más remotos del mundo, testimonien humildemente el Evangelio, y susciten en el corazón de los demás una generosa respuesta a tu llamada, con el deseo sincero y desinteresado de servir a tu Iglesia. R.

-Que todas las familias, conscientes de su divina misión, abran las puertas al Evangelio, y en la comunión Contigo, encuentren siempre, en la alegría y el dolor, la fuerza para caminar juntos y para manifestar ante el mundo la imagen de tu Iglesia que está presente en cada hogar. R.

-Que todas las comunidades religiosas, en la plegaria y en la contemplación, maduren cada día más su misión en la Iglesia, testimoniando así la presencia y la fuerza renovadora del Espíritu Santo. R.

Oración conclusiva

"Abre, Señor, nuestros corazones a la acción del Espíritu Santo, y, como has plasmado en todo tiempo héroes de tu Evangelio, obra también ahora en nosotros y haznos testigos de tu amor en cualquier lugar y circunstancia de la vida. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén".

A continuación, se propone como otra oración conclusiva de las preces, una colecta alternativa a la de este domingo, tomada de la edición italiana del Misal Romano y traducida al castellano. Se reemplaza la conclusión trinitaria larga, propia de toda colecta, por la breve, típica de las demás oraciones litúrgicas:

"Padre Santo, que miras y sustentas a todas las criaturas, sostennos con la fuerza de tu Espíritu, para que en medio de las fatigas y las preocupaciones de cada día, no nos dejemos dominar por la codicia y el egoísmo, sino que obremos con plena confianza por la libertad y la justicia de tu Reino. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén".


Ofertorio

Pan , vino y agua: ¡Qué sencillo es lo que te ofrecemos, Padre Celestial! pero, ¡qué grandioso lo que bajo esas mismas apariencias nos darás!

Gracias, Dios de los portentos, porque este pan que nutre nuestro cuerpo, transformado en tu Hijo, será también el Alimento de nuestra alma.

 
Comunión

"Confíen en Dios constantemente (...), desahoguen en Él su corazón, porque Dios es nuestro refugio".
La mejor oportunidad para poner en práctica esta invitación del salmo de hoy, es la Comunión eucarística. El mismo Dios que ha salido a nuestro encuentro en su Palabra, nos alimenta y escucha en el  mayor de los sacramentos.


Despedida

 
Hemos celebrado los Santos Misterios. Para vivir de acuerdo con ellos, encomendémonos a María, Madre de la Divina Providencia. Después de Jesús, nadie más que ella confió en el Padre Celestial.


21 de febrero de 2017, memoria litúrgica de san Pedro Damián, obispo y doctor de la Iglesia. Entrada dedicada a él.


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