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La verdadera Iglesia de Dios...

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martes, 21 de marzo de 2017

Guion: Domingo "Laetare" IV de Cuaresma




Para profundizar sobre las características litúrgicas del Tiempo de Cuaresma, consultar aquí.
Este Domingo IV de Cuaresma posee características litúrgicas propias que conviene consultar haciendo clic aquí.
Hoy tienen lugar los segundos escrutinios de preparación al bautismo de los adultos que serán admitidos a los sacramentos de la iniciación cristiana en la Vigilia pascual.


Ciclo A

Introducción

Laetare Ierualem! ¡Alégrate, Jerusalén!

"Con estas palabras del profeta Isaías la Iglesia nos invita hoy a la alegría, en la mitad del itinerario penitencial de la Cuaresma. La alegría y la luz son el tema dominante de la liturgia de hoy". (San Juan Pablo II, Ángelus del 10/03/02).
 
Los bautizados debemos ser alegres heraldos del Evangelio del Reino, e iluminar con nuestras buenas obras el mundo en que vivimos.

"En estos días que nos preparan para la Pascua revivamos en nosotros el don recibido en el Bautismo, aquella llama que a veces corre peligro de apagarse. Alimentémosla con la oración y la caridad hacia el prójimo". (S.S. Benedicto XVI, Ángelus del 03/04/11).

En esta Eucaristía, "confesemos nuestra ceguera y dejémonos curar por Jesús, que puede y quiere darnos la luz de Dios" que es Él mismo. (Cf. S.S. Benedicto XVI, Ángelus del 02/03/08).
 
El Nuevo Misal para Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay y Uruguay posee seis formularios de tropos cuaresmales para el Kyrie, y cuatro formularios de Saludo litúrgico entre los que el sacerdote puede elegir para usar hoy.
No se canta ni se dice el himno Gloria a Dios.


Liturgia de la Palabra

Primera lectura: I Sam. 16, 1b. 5b-7. 10-13a

La unción del rey David es una profecía de Jesucristo, enviado del Padre y ungido por el Espíritu Santo para anunciar la Buena Nueva a todos los hombres.

Segunda lectura: Ef. 5, 8-14

San Pablo nos habla del misterio de la Luz divina, que disipa las tinieblas del pecado e ilumina nuestros corazones. Esta Luz es el mismo Cristo, nuestro Señor.

Evangelio: Jn. 9, 1-41

El ciego de nacimiento representa al hombre marcado por el pecado, que desea conocer la verdad sobre sí mismo y sobre su destino. (San Juan Pablo II, Ángelus del 10/03/02).

O bien: 

Jesús, Luz del mundo, "ha venido para abrir los ojos del hombre a la luz de la fe (...) que guía en el camino de la vida y es llama que conforta en los momentos difíciles". (San Juan Pablo II, Ángelus enviado desde el Policlínico Gemelli, el 06/03/05).
 

Oración de los fieles
 
Las siguientes preces, con las necesarias adaptaciones, están tomadas de la liturgia del Magno Jubileo de la Encarnación, en el Año Santo 2000. (Bendito el Señor por los siglos. Celebraciones y oraciones para el Año Santo. Comité Central para el Gran Jubileo del Año 2000). Adviértase que se presentan como dirigidas al Padre pero "por medio de su Hijo", de tal manera que es a Este último al que se Le habla:


Elevemos nuestras súplicas al Padre por medio de su Hijo, para que aclare los ojos de cuantos viven en las tinieblas del error y purifique la mirada de cuantos ya han renacido a la vida divina:

R. Señor, ilumina a los que viven en sombras de muerte.

-Jesús, Luz de Luz, con el amor de tu Espíritu infunde calor en la frialdad de los corazones envueltos en el egoísmo y en el provecho propio, indiferente del prójimo. R.

-Jesús, Redentor del hombre, vence con la potencia de tu Espíritu los funestos propósitos humanos de herir y ofender con violencia la dignidad de la vida humana. R.

-Jesús, Esplendor de la gloria del Padre, colma los ojos de los niños y de los jóvenes con la luz de tu Espíritu Santo. R.

-Jesús, Sol sin ocaso, por los dones de tu Espíritu, sostén la esperanza de los que sufren, concede fuerza a los débiles y reanima a los desalentados. R.
 
Oración conclusiva


"Padre, que conoces los secretos de los corazones, escucha nuestras plegarias: no permitas que nos domine el poder de las tinieblas, antes bien abre nuestros ojos a la luz del Espíritu Santo, para que amemos a Cristo, tu Hijo, con renovado entusiasmo, reconociéndolo presente en nuestros hermanos. Que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén".


A continuación, se propone como otra oración conclusiva de las preces, una colecta alternativa a la de este domingo, tomada de la edición italiana del Misal Romano y traducida al castellano. Se reemplaza la conclusión trinitaria larga, propia de toda colecta, por la breve, típica de las demás oraciones litúrgicas:

"Oh, Dios, Padre de la luz, Tú ves la profundidad de nuestro corazón; no permitas que nos domine el poder de las tinieblas y abre nuestros ojos con la gracia de tu Espíritu para que veamos a Aquel que has mandado a iluminar el mundo y creamos solo en Él, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén".


Ofertorio

Al presentar los dones de pan y vino, que serán para nosotros Alimento de vida y de luz, pidamos al Señor que nos libre de toda ceguera espiritual, para comprender la grandeza inefable del Sacrificio que vamos a ofrecer, y ser alegres testigos de Cristo en el mundo de hoy.

Se usa el Prefacio propio* del Domingo IV de Cuaresma del Ciclo A: De caeco nato.

Puede usarse cualquiera de las dos Plegarias Eucarísticas de Reconciliación, con el Prefacio de más arriba*. En efecto, ellas poseen un Prefacio propio que solamente puede cambiarse por otros relacionados con los misterios de la Pasión del Señor, o de carácter penitencial, como son, por ejemplo, los cuaresmales.
 
 

Comunión

Jesucristo se presentó a Sí mismo como el Pan de vida y como la Luz del mundo. Que al alimentarnos de Él, se aparten de nuestro corazón las obras de las tinieblas y resplandezca la fe auténtica, que alegra el alma.
 
Se imparte la Bendición solemne propia de este tiempo, o bien, se reza la correspondiente Oración sobre el pueblo, que concluye con la bendición simple. En cualquier caso, siguiendo la práctica de la liturgia romana, el diácono, o en su defecto, el mismo sacerdote, invita a los fieles a disponerse para recibir la Bendición diciendo:

"Inclínense para recibir la bendición".


Despedida

A la Virgen María, Madre de la Iglesia, encomendamos el camino cuaresmal, para que todos puedan encontrar a Cristo, Luz de los ciegos y esperanza de los pecadores.


21 de marzo de 2017, martes de la semana III de Cuaresma. Entrada dedicada a María, Causa nostrae laetitiae.


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