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La verdadera Iglesia de Dios...

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sábado, 8 de abril de 2017

Ritual de Exequias del Romano Pontífice ("Praenotanda")


Súplica de las Iglesias Orientales en la Misa exequial de Juan Pablo II

El 5 de febrero del año 1998, el Papa Juan Pablo II aprobó este Ordo Exsequiarum Romani Pontificis, que es el nombre oficial del siguiente texto, preparado por la Oficina de Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice. Se trataba de una modificación del rito De funere Summi Pontificis, empleado en 1978 para las exequias del beato Pablo VI y del siervo de Dios Juan Pablo I. El santo Pontífice polaco estaba aprobando -y lo sabía- el ritual que se usaría para él mismo. Esto acaecería poco más de siete años después. Juntamente con el volumen Ordo Exsequiarum Romani Pontificis, se aprobó también el nuevo Ordo Rituum Conclavis. Ambos documentos fueron publicados en el Magno Jubileo del Año 2000.

A continuación, presento a los lectores el primero de ellos, glosado de breves comentarios:

1. En el rito de las exequias, la Iglesia manifiesta su fe en la victoria de Cristo Resucitado sobre el pecado y sobre la muerte. Tal fe se expresa de modo particular en las Exequias del Romano Pontífice, que por motivo del ministerio desempeñado en la Iglesia, ha confirmado en la fe a todos los pastores y los fieles.

Si el rito exequial de cualquier cristiano, afortunadamente despojado del dramatismo que tuvo en tiempos pasados, hoy es un cántico a la esperanza en la Vida verdadera, cuánto más lo serán las Exequias del Romano Pontífice, que ha sido garantía y fundamento de la unidad en la confesión de la misma fe.


2. Al anunciar la muerte del Romano Pontífice, la Iglesia que está en Roma y en varias partes del mundo eleva al Padre, Señor de la vida y de la muerte, una intensa oración de agradecimiento, por el bien que el Pontífice difunto ha desarrollado en favor de la Iglesia y de la humanidad, de sufragio y de súplica, para que él sea acogido por el Señor en la Morada de luz y de paz junto con todos los santos, en espera de que se cumpla la feliz esperanza.

Felizmente lejanos están los tiempos en los que era discutible realizar la afirmación que he remarcado en el párrafo precedente.

3. En las oraciones, se pide a Dios por la Iglesia, privada del Romano Pontífice, para que se entregue con confiado abandono en Cristo, Supremo Pastor, que le ha prometido su perenne presencia y asistencia. Se recuerda también a aquellos que por razones de parentela, de servicio o de colaboración han estado más cercanos al Romano Pontífice difunto. Para todos, esta es una ocasión para reavivar la esperanza de la vida eterna y testimoniar la fe en la futura resurrección con Cristo. He aquí uno de los objetivos de toda liturgia exequial, más aún cuando se trata de la del Sucesor de Pedro, "Dulce Cristo en la Tierra".

4. Al cuerpo del Sumo Pontífice difunto que con los sacramentos de la iniciación cristiana se convirtió en templo del Espíritu Santo y con el sacramento del Orden episcopal estuvo totalmente dedicado al servicio del pueblo de Dios, se le rinde el honor debido, según el uso y la tradición cristiana, pero sobre todo con motivo de la fe en la vida eterna y en la resurrección de la carne. Esto se cumple en algunos momentos significativos: en la cercanía de la muerte, en la exposición de los restos mortales en la Casa Pontificia, en el solemne traslado a la Basílica Vaticana, en la colocación en el féretro, en la Misa exequial con la última recomendación y la despedida, en el traslado al sepulcro y en la inhumación.

Las estaciones

5. El rito de las Exequias al Romano Pontífice prevé tres estaciones: en la casa, en la Basílica Vaticana, en el lugar de la sepultura.

6. Primera estación. Tiene lugar en la casa pontificia y comprende dos momentos: la cercanía de la muerte del Romano Pontífice (agonía) y la exposición de los restos mortales en el lugar preparado.

7. El acercarse la muerte del Romano Pontífice es un momento de oración de carácter eclesial: todos los actos que se desarrollan deben expresar la piedad cristiana. Al acercarse la muerte están presentes el Cardenal Camarlengo de la Santa Iglesia Romana (que será quien tenga a su cargo la administración de los asuntos temporales de la Sede Apostólica durante el período de Sede Vacante), el Sustituto de la Secretaría de Estado, el Maestro de las Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice, los Prelados Clérigos, el Secretario Canciller de la Cámara Apostólica, los familiares y el Médico, Director de los Servicios Sanitarios del Estado de la Ciudad del Vaticano.

8. La exposición del cadáver del difunto en el lugar preparado de la casa pontificia ofrece a los fieles de la Iglesia de Roma la oportunidad de un encuentro de oración junto con todos aquellos que desean rendir al difunto Pontífice el homenaje de la piedad cristiana. La visita de los fieles está precedida de una celebración, presidida por el Cardenal Camarlengo. Otros esquemas de oración están propuestos en este ritual en los números 40-61.

9. Segunda estación. Ésta tiene lugar en la Basílica Vaticana y comprende el traslado de los restos del
Sumo Pontífice desde la casa Pontificia a la Basílica Vaticana y la Misa exequial con la última recomendación y la despedida (la preside el Cardenal Decano del Colegio Cardenalicio).

10. En el día y la hora establecidos por la Congregación de los Cardenales los restos del Romano Pontífice son transportados procesionalmente desde la casa pontificia a la Basílica Vaticana. El traslado, presidido por el Cardenal Camarlengo, es abierto por un breve rito de inicio, seguido de la procesión.
A la entrada del féretro en la Basílica Vaticana se cantan las Letanías de los Santos (se trata de una extensión del formulario largo de letanías, que se caracteriza por la invocación de santos de las más diversas categorías, lugares y épocas, con la especial mención de los Pontífices Romanos santos). Colocado el féretro en el lugar establecido por la Congregación de los Cardenales, (que tienen a su cargo la decisiones urgentes de la Iglesia durante la Sede Vacante, aunque no puedan realizar pronunciamientos que modifiquen en nada lo relacionado con la fe), el rito del traslado se concluye con una breve Liturgia de la Palabra o con la celebración de la Eucaristía.

11. Hasta la celebración de la Misa exequial, mientras los fieles se acercan a visitar el cuerpo del Romano Pontífice, se recitan oraciones y se desarrollan celebraciones litúrgicas.

12. Antes de la celebración de la Misa exequial, el cuerpo del Romano Pontífice es colocado en una caja de madera de ciprés. Después tiene lugar el rito de la clausura del féretro, presidido por el Cardenal Camarlengo.

13. En la hora y en el lugar establecido por la Congregación de los Cardenales se celebra la Misa exequial, presidida por el Cardenal Decano o, en caso de su ausencia o legítimo impedimento, del Vicedecano o del cardenal primero por orden y por edad.

14. La última Recomendación y Despedida (que forma parte de la Misa Exequial, hacia el final de esta) está caracterizada por la súplica de la Iglesia de Roma, presidida por el Cardenal Vicario, y de la súplica de las Iglesias Orientales, presidida por un Patriarca oriental. Este rito es abierto y cerrado por el Cardenal Decano.

Se nota que la Iglesia universal rinde los honores debidos a los restos de su difunto Pastor, y encomienda su alma a la misericordia de Dios.

15. Tercera estación. Ésta se desarrolla en el lugar de la sepultura y comprende dos momentos rituales: el traslado del féretro al lugar de la sepultura y la inhumación.

16. Después de la última Recomendación y la Despedida, el féretro con el cuerpo del Romano Pontífice difunto es llevado al lugar de la sepultura.

17. El Cardenal Camarlengo preside el rito de la inhumación confiando otra vez al Sumo Pontífice difunto a la misericordia del Padre de nuestro Señor Jesucristo.
El féretro de madera de ciprés es colocado en una caja de zinc; los dos son colocados en una caja de madera; las cajas, selladas, vienen colocadas en el sepulcro mientras todos los presentes cantan la antífona Salve Regina.

Los novenarios

18. Los novenarios se caracterizan por la celebración de la Eucaristía en sufragio por el Romano Pontífice difunto. Tienen inicio con la Misa exequial y se celebran durante nueve días consecutivos.
Los novenarios, celebrados según las indicaciones de este ritual, se desarrollan de modo que participan las principales comunidades eclesiásticas de Roma, y, a través de la variedad de sus miembros, está representada la imagen de toda la Iglesia. (Por lo general, presiden los señores cardenales de la Urbe y del orbe).

Adaptaciones

19. Corresponde al Maestro de las Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice cuidar el desarrollo del Rito de la Exequias del Romano Pontífice. Él, con ayuda de los Ceremonieros Pontificios, cuidará la preparación de cuanto sea necesario y aquellas adaptaciones del rito pedidas por las circunstancias. De modo que se ofrece aquí una relativa libertad de innovación solamente si las circunstancias lo exigen.


8 de abril de 2017, en el duodécimo aniversario de la Misa exequial del Papa san Juan Pablo II. Entrada dedicada a él.


Rito de la Recomendación del alma de Juan Pablo II en su Misa Exequial

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