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La verdadera Iglesia de Dios...

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miércoles, 25 de marzo de 2015

Misas de la Virgen XXIX (Tiempo Ordinario XI): "La Virgen María, Reina del universo"




Misal: Textos bíblicos y eucológicos (en negro); rúbricas: rojo.
Guion: marrón.
Comentario del blog: azul.

MISA COMPLETA, GUION Y COMENTARIO

En el año 1954, el venerable Pío XII instituyó la festividad de Santa María Reina, que se celebraba el día 31 de mayo (en el calendario actual, este día se celebra la fiesta de la Visitación de la Santísima Virgen). El beato Pablo VI, en 1969, cuando promulgó el Calendario Romano general, trasladó acertadamente esta fiesta al día 22 de agosto, que coincide con la (antigua) octava de la Asunción. En efecto, la dignidad real de Santa María Virgen pertenece al misterio de su plena glorificación y perfecta configuración con su Hijo, Rey de todos los siglos: «La Virgen Inmaculada (...) -enseña el Concilio Vaticano II-, terminado el curso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial y ensalzada como Reina del universo, para que se asemejara más a su Hijo, Señor de señores (cf. Ap 19, 16) y vencedor del pecado y de la muerte» (LO 59).
Así como el Reino de Cristo «no es de este mundo» (Jn 18, 36), así también la potestad regia de la Virgen no pertenece al orden de la naturaleza, sino al de la gracia. Entre los elementos que, en el orden de la gracia, constituyen la dignidad real de la Santísima Virgen, los textos de la Misa celebran principalmente cuatro: la humildad, la función maternal, la humilde intercesión, el signo de la futura gloria de la Iglesia.
Reina gloriosa en el Cielo es la Santísima Virgen, porque en la Tierra fue humilde esclava (cf. Lc 1, 38. 48), ya que, según la sentencia del Señor, «el que se humilla será enaltecido» (Lc 14, 11). Dios Padre, que a Cristo, humillado hasta la muerte (cf Prefacio; Flp 2, 8), lo coronó de gloria y lo sentó a su derecha (cf. Prefacio; Sal 8, 6), exaltó igualmente a la Virgen, su humilde esclava, «sobre los coros de los ángeles» (Prefacio).
Reina y Madre es Santa María, porque dio a luz al Rey mesiánico, que se sienta «sobre el trono de David y sobre su reino» (Is 9, 6; cf. 1ª Lectura, Is 9, 2-4.6-7; Evangelio, Lc 1, 26-38) y, por beneplácito de Dios, es también Madre nuestra, como confiesa la Iglesia: «Dios todopoderoso, / que nos has dado como Madre y como Reina / a la Madre de tu Unigénito» (Oración colecta).
Reina suplicante es la Santísima Virgen, ya que, exaltada «sobre los coros de los ángeles» (Prefacio), Reina gloriosa con su Hijo, «intercediendo por todos los hombres / como Abogada de la gracia / y Reina del universo» (Prefacio; cf. LO 62).
Reina tipo de la gloria futura de la Iglesia es Santa María, pues lo que se ha realizado en ella, miembro supereminente, se realizará también en todos los demás miembros del Cuerpo místico. Por esto, la Iglesia pide adecuadamente la intercesión de la Santísima Virgen para que sus miembros alcancen «la gloria de (su) Hijo en el Reino de los Cielos» (Oración colecta).
El formulario de esta Misa se halla en el Misal Romano, día 22 de agosto; el Prefacio tiene unas resonancias que recuerdan la Acción de gracias e invocación del Rito de la coronación de una imagen de Santa María Virgen.


Introducción

Contemplando el misterio de la realeza de María, Madre nuestra y del Rey de reyes, nos hemos congregado en esta iglesia para celebrar el Sacrificio Pascual de Cristo.
En la Virgen santa, exaltada en la gloria celeste, reconocemos el anticipo del destino final de la humanidad redimida.
Mientras aguardamos el día sin ocaso de la eternidad, nos confiamos a la misericordia del Dios bueno y fiel que sale a nuestro encuentro en cada momento de esta peregrinación terrenal; en especial, cuando participamos de la Misa.

O bien:

 De hermosas contradicciones
te vemos, Reina, adornada;
muy mujer para divina,
muy celestial para humana.

Con admiración, en ella
se ve la ley derogada;
muy humilde para Reina,
muy exenta para esclava.

Por su caudillo la tienen
las celestiales escuadras;
para combatir, muy tierna,
para niña, muy armada.

La dignidad de que goza,
con su modestia batalla;
para mandar, muy pequeña,
para humillarse, muy alta.

Une en sus divinos ojos
al temor la confianza,
muy terrible para hermosa,
para espantar, muy amada.

Colocada en el empíreo,
en la celestial morada,
corto solio a su grandeza,
a su humildad, mucho alcázar. 
                                 

El precedente himno litúrgico nos describe el misterio de María, Reina del universo. Por él daremos gracias en esta Eucaristía mariana. 
Pediremos a Cristo Rey que por su Pascua redentora, nos purifique de toda mancha y nos conduzca a la gloria eterna en la que ya reinan con Él María y los demás santos.


Antífona de entrada Cf. Sal 44 (45), 10. 14

María, nuestra Reina, está de pie, a la derecha de Cristo, enjoyada con oro, vestida de perlas y brocado.


Oración colecta

Dios todopoderoso, que nos has dado como Madre y como Reina a la Madre de tu Unigénito, concédenos que, protegidos por su intercesión, alcancemos la gloria de tus hijos en el reino de los cielos. Por nuestro Señor Jesucristo.


Liturgia de la Palabra

Primera lectura

Esta lectura es la primera de las que propone la liturgia para la Misa de la Noche de Navidad, y resalta la realeza del Mesías, que es Dios y Salvador. Es la Virgen la que da a luz a la misma Luz.

María es el Cielo límpido en el que resplandece para nosotros Cristo, la gran Luz que trae la paz y disipa las tinieblas.

Un hijo se nos ha dado

Lectura del Profeta Isaías 9, 1-3. 5-6

El pueblo que caminaba en tinieblas
vio una luz grande;
habitaban tierras de sombras,
y una luz les brilló.
Acreciste la alegría,
aumentaste el gozo:
se gozan en tu presencia,
como gozan al segar,
como se alegran
al repartirse el botín.
Porque la vara del opresor,
el yugo de su carga,
el bastón de su hombro,
los quebrantaste como el día de Madián.
Porque un niño nos ha nacido,
un hijo se nos ha dado:
lleva al hombro el principado,
y es su nombre:
Maravilla de Consejero,
Dios guerrero,
Padre perpetuo,
Príncipe de la paz.
Para dilatar el principado
con una paz sin límites,
sobre el trono de David
y sobre su reino.
Para sostenerlo y consolidarlo
con la justicia y el derecho,
desde ahora y por siempre.
El celo del Señor de los ejércitos lo realizará.

Palabra de Dios.


Salmo responsorial Sal 44, 11-12. 14-15. 16-17. 18 (R.: 11a)

R. Escucha, hija, mira: inclina el oído.

Escucha, hija, mira: inclina el oído,
olvida tu pueblo y la casa paterna;
prendado está el rey de tu belleza;
póstrate ante él, que él es tu señor. R.

Ya entra la princesa bellísima,
vestida de perlas y brocado;
la llevan ante el rey, con séquito de vírgenes;
la siguen sus compañeras. R.

Las traen entre alegría y algazara,
van entrando en el palacio real.
«A cambio de tus padres tendrás hijos,
que nombrarás príncipes por toda la tierra.» R.

Quiero hacer memorable tu nombre
por generaciones y generaciones,
y los pueblos te alabarán
por los siglos de los siglos. R.


En lugar de esta lectura con su salmo puede utilizarse la que figura en el Apéndice (del Misal de la Virgen), núm. 8 y núm. 12


Aleluya Cf. Lc 1, 28

Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está contigo; bendita tú entre las mujeres.


Evangelio

 Desde que María dijo "sí" al anuncio del Arcángel, comenzó a participar de la realeza del Señor, lo cual llegaría a su plenitud en la gloriosa Asunción en cuerpo y alma a la Mansión celestial.

Aquí está la esclava del Señor

+ Lectura del santo Evangelio según san Lucas 1, 26-38

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María.
El ángel, entrando a su presencia, dijo:
— Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo; bendita tú entre las mujeres.
Ella se turbó ante estas palabras, y se preguntaba qué saludo Cera aquél.
El ángel le dijo:
— No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios.
Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.
Y María dijo al ángel:
— ¿Cómo será eso, pues no conozco varón?
El ángel le contestó:
— El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios.
Ahí tienes a tu pariente Isabel que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.
María contestó:
— Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra.
Y la dejó el ángel.

Palabra del Señor.


Oración de los fieles

R. Que la Reina del Cielo te presente nuestras súplicas.

-Para que la Iglesia goce de la libertad que necesita para anunciar a todo el mundo el Reino de Cristo. R.

-Para que todos los obispos, en comunión de amor y de fe con el Santo Padre, manifiesten al mundo la belleza de la fraternidad en Cristo. R.

-Para que los gobernantes de los pueblos, siguiendo el ejemplo de María, Reina, pero a la vez humilde servidora del Señor, se desempeñen siempre a la luz del Evangelio, y se preocupen especialmente por los más necesitados. R.

 -Para que aquellos que son esclavos de la soberbia autosuficiente y de la ambición desmedida, permitan que Cristo, manso y humilde, reine en sus corazones. R.

-Para que aquellos que han llegado al final de su vida terrena, por intercesión de María Santísima, puedan llegar al Reino de la eternidad. R.


Ofertorio

Como meditamos en la oración mariana del Rosario (mysteria gloriae), la Virgen María ha sido coronada "como Reina y Señora de todo lo creado"; también del pan y del vino. ¡Inefable Misterio! El pan y el vino que presentamos siendo criaturas, por el poder y la voluntad de Dios, volverán a nosotros como el mismo Creador.


Oración sobre las ofrendas

Te presentamos, Señor, nuestras ofrendas, en conmemoración de la Virgen María, y te suplicamos la protección de Jesucristo, tu Hijo, que se ofreció a ti en la cruz, como hostia inmaculada. Por Jesucristo, nuestro Señor.


Prefacio

La Bienaventurada Virgen, esclava humilde, es ensalzada como Reina de los Cielos

V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.

En verdad es justo darte gracias,
y deber nuestro glorificarte, Padre santo,
por Cristo, Señor nuestro.

Porque, con tu misericordia y tu justicia
dispersas a los soberbios y enalteces a los humildes.
A tu Hijo, que voluntariamente se rebajó
hasta la muerte de cruz,
lo coronaste de gloria y lo sentaste a tu derecha,
como Rey de reyes y Señor de señores;
y a la Virgen, que quiso llamarse tu esclava
y soportó pacientemente la ignominia de la cruz del Hijo,
la exaltaste sobre los coros de los ángeles,
para que reine gloriosamente con él,
intercediendo por todos los hombres
como abogada de la gracia
y reina del universo.

Por eso,
con todos los ángeles y santos,
te alabamos proclamando sin cesar:

Santo, Santo, Santo.


Comunión

El Cuerpo y la Sangre de Cristo glorificado es ahora nuestro Manjar. Alimentémonos de Él y pregustemos desde ahora la felicidad de Cielo, en que el Señor reina junto a María, a los ángeles y santos.

Antífona de comunión Lc 1, 45

¡Dichosa tú, que has creído!, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.


Oración después de la comunión

Después de recibir este sacramento celestial, te suplicamos, Señor, que cuantos hemos celebrado la memoria de la Santísima Virgen María, lleguemos a participar en el banquete del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Despedida

Por Jesucristo, somos herederos del Reino eterno. Iluminados por María, que ya reina junto a Él, avancemos por los caminos del mundo hacia la "nueva tierra" prometida.


25 de marzo de 2015, solemnidad de la Encarnación del Hijo de Dios en las purísimas entrañas de la siempre Virgen María. Entrada dedicada a la Madre y al Hijo, como la misma solemnidad.
20° aniversario de la publicación de la Encíclica Evangelium vitae, de San Juan Pablo II.





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