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La verdadera Iglesia de Dios...

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domingo, 22 de abril de 2018

La Bienaventurada Virgen María, Madre del Buen Pastor: himnos litúrgicos





La Orden de los Frailes Menores Capuchinos, las Clarisas Capuchinas, los Terciarios/as Capuchinos/as y las Franciscanas Misioneras de la Madre del Divino Pastor, celebran el sábado anterior al Domingo IV de Pascua, la "fiesta" de la Bienaventurada Virgen María, Madre del Buen Pastor. Para la ciudad de Sevilla, y también para las Capuchinas de la Madre del Divino Pastor y las Terciarias Franciscanas del Rebaño de María, es "solemnidad". Estos son los himnos litúrgicos propios: 


I Vísperas (del Común de la Santísima Virgen María)


Laudes

Te aclamamos por Madre y Señora

–eres causa de nuestra alegría–;

nuestra Reina, la Corredentora

que ha querido mostrarse pastora.

¡Oh, humildísima Virgen María!



Has trocado la augusta diadema

por sencillo sombrero con flores,

amapolas y espigas tu gema,

y es un báculo humilde tu emblema

de Pastora entre tantos pastores.



Cual ninguno conoces la Fuente,

manantial de las aguas tranquilas.

A la sombra del Omnipotente

no hay oveja que no se apaciente

cuando tú, cual Pastora, vigilas.



iQué feliz es contigo el rebaño!,

lo recuestas en verdes praderas

lo conduces con gozo y sin daño,

lo defiendes del mal, del engaño,

en guardarlo del lobo te esmeras.



Quien de ti se ha fiado no falla

al cruzar las cañadas oscuras,

lo proteges en toda batalla,

eres lumbre y escudo y muralla,

le hallas pasto en las peñas más duras.



¡Gloria a aquel que la quiso tan bella!

Gloria al Hijo, su dicha y su encanto

–Astro Rey que nació de una estrella–.

Por la obra que Él hizo con ella,

gloria sea al Espíritu Santo. Amén.


II Vísperas

En el gran aprisco
de Cristo el Señor,
tú la Madre eres,
Él es el Pastor.

Estrella radiante,
tesoro escondido,
nardo perfumado
del Amor divino.

Tortolita blanca,
Esposa de Dios,
de Espíritu llena,
Madre del Pastor.

Eres tierra hermosa,
valle florecido,
transformada toda
en amor divino.

Eres la esperanza,
casa del Señor,
luz en la alborada,
Madre del Pastor.

Cristalina fuente,
bella cual los lirios,
gracia derramada
del amor divino.

Reina de los cielos,
nuestra salvación,
Madre de la Iglesia,
Cristo, su Pastor. Amén.



21-22 de abril de 2018, festividad de la Madre del Buen Pastor y Domingo del Buen Pastor, IV de Pascua.
LV Jornada Mundial de Oración por las vocaciones.
Entrada dedicada a Cristo, Buen Pastor, y a su Madre, la Divina Pastora.


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Bendición de gimnasios y otras instalaciones deportivas


 


Bendicional: en negro; (oración de bendición: negrita cursiva).
(Se conservan los números de secciones y parágrafos tal y como se hallan en el Bendicional: negrita. También en negrita me permito realzar algunas cuestiones litúrgicas del texto del Bendicional, incisos que, a mi criterio, merecen especial consideración).
Comentarios del blog: azul.
 
El capítulo XVIII del Bendicional, en la parte referida a las "bendiciones de construcciones y actividades", ofrece la siguiente bendición:

BENDICIÓN DE GIMNASIOS Y OTRAS INSTALACIONES DEPORTIVAS

702. Los ejercicios físicos son útiles para robustecer la salud corporal y conservar el equilibrio psíquico, no menos que para fomentar relaciones de fraternidad entre los hombres de cualquier raza, nación o condición. Para recordar estas ventajas, puede resultar oportuna la celebración de la bendición. Ésta puede tener lugar a raíz de la inauguración de algún gimnasio u otro local destinado a la práctica de la cultura física, sobre todo si lo utilizan principalmente los cristianos.

703. Esta celebración afecta tanto a aquellos en cuyo provecho se construyen estos complejos deportivos como a los que los dirigen o de un modo u otro trabajan en ellos. De ahí que la bendición no deba hacerse sin su asistencia.
704. Este esquema pueden usarlo el sacerdote o el diácono, los cuales, respetando la estructura del rito y sus elementos principales, adaptarán la celebración a las circunstancias del lugar y de las personas.

705.
En aquellas regiones donde en el Tiempo pascual o en cualquier otro tiempo se juzga oportuno celebrar también la bendición en los gimnasios y otras instalaciones deportivas, se puede preparar una adecuada celebración adoptando los principales elementos descritos en este formulario. Opción que está incluida dentro de la antigua costumbre de bendecir los hogares en el Tiempo pascual.

RITO DE LA BENDICIÓN

RITOS INICIALES

706.
Al principio de la celebración, reunida la comunidad, puede entonarse un canto adecuado, terminado el cual, el celebrante dice:

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Todos se santiguan y responden:

Amén.

707. Luego el celebrante saluda a los presentes, diciendo: 
Dios, fuente y origen de todas las cosas, de quien nos vienen todos los bienes, esté con todos vosotros.

U otras palabras adecuadas, tomadas preferentemente de la Sagrada Escritura.

Todos responden:

Y con tu espíritu.

O de otro modo adecuado.

708. El celebrante dispone a los presentes a recibir la bendición, con estas palabras u otras semejantes:

Dios nos ha dado las fuerzas para que le sirvamos con alegría, ayudemos a los hermanos, y nuestro cuerpo, sujeto a la ley de Dios, esté dispuesto para toda obra buena. Por tanto, Dios aprueba que dediquemos un tiempo al descanso del espíritu y al ejercicio corporal, que nos ayudan a mantener el equilibrio interior y a comportarnos fraternal y amistosamente con los demás.

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS

709. Luego el lector, uno de los presentes o el mismo celebrante, lee un texto de la Sagrada Escritura.

I Co 9, 24-27: Corred para ganar

Escuchad ahora, hermanos, las palabras del apóstol san Pablo a los Corintios.

Ya sabéis que en el estadio todos los corredores cubren la carrera, aunque uno sólo se lleva el premio. Corred así: para ganar. Pero un atleta se impone toda clase de privaciones. Ellos para ganar una corona que se marchita; nosotros, en cambio, una que no se marchita. Por eso corro yo, pero no al azar; boxeo, pero no contra el aire; mis golpes van a mi cuerpo y lo tengo a mi servicio, no sea que, después de predicar a los otros, me descalifiquen a mí.

Palabra de Dios.

710. Pueden también leerse: I Co 3, 16-17; I Co 6, 19-20; Flp 3, 12-15.

711. Según las circunstancias, se puede decir o cantar un salmo responsorial u otro canto adecuado.

Salmo responsorial Sal 99 (100), 2. 3. 4. 5 (R.: 3c)

R. Nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño.

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con vítores. R.

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño. R.

Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre. R.

«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades.» R.

712. O bien:

Sal 148, 5-6. ll-13b. 13c-14

R. Llenos están los cielos y la tierra de tu gloria.

713. El celebrante, según las circunstancias, exhorta brevemente a los presentes, explicándoles la lectura bíblica, para que perciban por la fe el significado de la celebración.

PRECES

714. Si se estima oportuno, antes de la oración de bendición puede hacerse la plegaria común. Entre las invocaciones que aquí se proponen, el celebrante puede seleccionar las que le parezcan más adecuadas o añadir otras más directamente relacionadas con las circunstancias del momento. 
Jesús, el Señor, que es nuestra alegría y nuestra fuerza, llama a todos los hombres hacia sí, para que los que están cansados y agobiados, permaneciendo en su amor, encuentren en él alivio y consuelo. Invoquémoslo, pues, diciendo confiadamente:

R. Atráenos hacia ti, Señor.

Tú que eres la vida de todos los que redimiste con tu sangre:
R. Atráenos hacia ti, Señor.

Tú que eres la fortaleza de los débiles y el premio de los fuertes:

R. Atráenos hacia ti, Señor.

Tú que pasaste haciendo el bien y curando a todos:

R. Atráenos hacia ti, Señor.

Tú que nos envías el Espíritu Defensor, para que nos robustezca:

R. Atráenos hacia ti, Señor.

Tú que has puesto la fuente de la verdadera alegría en el amor a ti y a los hermanos:

R. Atráenos hacia ti, Señor.

Tú que escuchas nuestras súplicas, para que nuestra alegría sea completa:

R. Atráenos hacia ti, Señor.

Tú que quieres que, unidos a ti, tengamos un mismo pensar y un mismo sentir:

R. Atráenos hacia ti, Señor.

Sigue la oración de bendición, como se indica más adelante.

715. Cuando no se dicen las preces, antes de la oración de bendición el celebrante dice:

Oremos.

Y todos oran durante algún tiempo en silencio. Luego el celebrante dice la oración de bendición.

ORACIÓN DE BENDICIÓN

716. El celebrante, con las manos extendidas, dice la oración de bendición: (adviértase que la siguiente oración especifica cuál es la verdadera "misión" de las instalaciones deportivas)

Señor, te alabamos sin cesar, porque todo lo dispones de modo admirable y moderas con sabiduría el trabajo y las ocupaciones de los hombres, concediéndoles un tiempo de descanso y honesta diversión, para reposo de sus cuerpos y alivio de sus mentes. Imploramos, Señor, tu clemencia, para que este lugar cumpla debidamente su misión, favorezca el ocio y el recreo del espíritu y asegure la salud del cuerpo y de la mente, de modo que los que aquí acudan se enriquezcan mutuamente con un trato fraterno y juntos te alaben con alegría. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.


717. Después de la oración de bendición, según las circunstancias, el celebrante rocía con agua bendita a los presentes y el local, mientras se entona un canto adecuado.

CONCLUSIÓN DEL RITO

718. El celebrante concluye el rito, diciendo, con las manos extendidas sobre los presentes:

Dios, que ilumina nuestras mentes y repone nuestras fuerzas corporales, dirija todas nuestras acciones, para que poseamos, cada día con más plenitud, la alegría del corazón y la concordia de nuestras voluntades.

R. Amén.

Luego dice:

Y la bendición de Dios todopoderoso,

Padre, Hijo + y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.

R. Amén.

719. Es aconsejable terminar el rito con un canto adecuado.


8 de septiembre de 2017, fiesta de la Natividad de la Santísima Virgen María. Entrada dedicada a la Virgen Niña en el misterio de su Nacimiento.


 

Bendición de las asociaciones de ayuda en las necesidades públicas


 


Bendicional: en negro; (oración de bendición: negrita cursiva).
(Se conservan los números de secciones y parágrafos tal y como se hallan en el Bendicional: negrita. También en negrita me permito realzar algunas cuestiones litúrgicas del texto del Bendicional, incisos que, a mi criterio, merecen especial consideración).
Comentarios del blog: azul.

El capítulo VI del Bendicional, en la parte de las "bendiciones que se refieren a las personas", ofrece la siguiente bendición:

BENDICIÓN DE LAS ASOCIACIONES DE AYUDA EN LAS NECESIDADES PÚBLICAS

443. La Iglesia, fiel al Evangelio, fomenta y afianza con su actuación cuanto de bueno existe en la comunidad humana. Aunque es tarea común de todo el pueblo de Dios aliviar las desgracias e infortunios en las necesidades públicas, son muy dignas de encomio aquellas asociaciones que, aunando sus esfuerzos, pueden prestar una ayuda más eficaz y procuran atraer a otros socios con el fin de prestar así en un momento de agobio una ayuda más eficaz.

444. Con el nombre de asociaciones de ayuda en las necesidades públicas se entiende aquí aquel tipo de asociaciones que tienen por objeto trasladar a los enfermos a centros médicos y hospitalarios, extinguir incendios, contener inundaciones, etc., aunque estas asociaciones formen parte de algún organismo establecido en la sociedad civil por la autoridad pública. Se hace manifiesta aquí la misión de la Iglesia de hacer llegar la bendición de Dios más allá de las fronteras de ella misma, de manera que alcancen a toda la familia humana.

445. El rito que aquí se propone pueden utilizarlo el sacerdote o el diácono. Estos, respetando la estructura del rito y sus elementos principales, adaptarán la celebración a las circunstancias de la asociación y del lugar.

RITOS INICIALES

446. Reunidos los miembros de la asociación, se entona, según la oportunidad, un canto adecuado, terminado el cual, el celebrante dice:

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Todos se santiguan y responden:

Amén.

447. Luego el celebrante saluda a los presentes, diciendo:

El Señor, que pasó haciendo el bien, esté con todos vosotros.

U otras palabras adecuadas, tomadas preferentemente de la Sagrada Escritura.

Todos responden:

Y con tu espíritu.

O de otro modo adecuado.

448. El celebrante dispone a los presentes a recibir la bendición, con estas palabras u otras semejantes:

Dios, que es amor, queriendo hacer a los hombres partícipes de su amor, envió su Hijo al mundo para auxiliarlos y ayudar amorosamente a los afectados por la enfermedad, la invalidez o la adversidad; y Cristo mostró un amor tan grande a sus hermanos que consideró como hecho a sí mismo todo lo que se hiciera con ellos, llamó benditas de su Padre a las personas compasivas y les prometió la vida eterna.

Todas aquellas instituciones que se dedican a ayudar a los más necesitados son como la extensión de las Manos santas de Jesucristo, que siguen haciendo el bien entre nosotros.

Imploremos, pues, una abundante bendición del Señor sobre los miembros de esta asociación, que quieren dedicarse a ayudar a los hermanos.

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS

449. Luego el lector, uno de los presentes o el mismo celebrante, lee un texto de la Sagrada Escritura. Se elegirá la lectura que parezca más directamente relacionada con los fines de aquella asociación.

Mt 25, 31-46: Cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis

Escuchad ahora, hermanos, las palabras del santo Evangelio según san Mateo.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
—«Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las naciones. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras. Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda. Entonces dirá el rey a los de su derecha:
"Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestísteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme."
Entonces los justos le contestarán:
"Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?" Y el rey les dirá:
"Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis."
Y entonces dirá a los de su izquierda:
"Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestísteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis."
Entonces también éstos contestarán:
"Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?"
Y él replicará:
"Os aseguro que cada vez que no lo hicisteis con uno de éstos, los humildes, tampoco lo hicisteis conmigo."
Y éstos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.»

Palabra del Señor.

450. O bien:

Is 58, 1ab. 5-11: Parte tu pan con el hambriento

Escuchad ahora, hermanos, las palabras del profeta Isaías.

Grita a plena voz, sin cesar, alza la voz como una trompeta.
¿Es ése el ayuno que el Señor desea, para el día en que el hombre se mortifica?, mover la cabeza como un junco, acostarse sobre saco y ceniza, ¿a eso lo llamáis ayuno, día agradable al Señor? El ayuno que yo quiero es éste: Abrir las prisiones injustas, hacer saltar los cerrojos de los cepos, dejar libres a los oprimidos, romper todos los cepos; partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, vestir al que ves desnudo, y no cerrarte a tu propia carne. Entonces romperá tu luz como la aurora, en seguida te brotará la carne sana; te abrirá camino la justicia, detrás irá la gloria del Señor. Entonces clamarás al Señor, y te responderá; gritarás, y te dirá: «Aquí estoy.» Cuando destierres de ti la opresión, el gesto amenazador y la maledicencia, cuando partas tu pan con el hambriento y sacies el estómago del indigente, brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad se volverá mediodía. El Señor te dará reposo permanente, en el desierto saciará tu hambre, hará fuertes tus huesos, serás un huerto bien regado, un manantial de aguas cuya vena nunca engaña.

Palabra de Dios.

451. Pueden también leerse: Tb 12, 6-13; Si 3, 33—4, 11; Si 7, 36-39; Mc 2, 1-12; Lc 10, 25-37; Jn 13, 12-17.

452. Según las circunstancias, se puede decir o cantar un salmo responsorial u otro canto adecuado.

Salmo responsorial

Sal 33 (34), 2-3. 4-5. 6-7. 10-11. 12-13 (R.: 9a)

R. Gustad y ved qué bueno es el Señor.

Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren. R.

Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulté al Señor, y me respondió,
me libró de todas mis ansias. R.

Contempladlo, y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha
y lo salva de sus angustias. R.

Todos sus santos, temed al Señor,
porque nada les falta a los que le temen;
los ricos empobrecen y pasan hambre,
los que buscan al Señor no carecen de nada. R.

Venid, hijos, escuchadme:
os instruiré en el temor del Señor;
¿hay alguien que ame la vida
y desee días de prosperidad? R.

453.
O bien:

Sal 102 (103), 1-2. 3-4. 11-12. 13-14. 17-18

R. (8) El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia.

454. El celebrante, según las circunstancias, exhorta brevemente a los presentes, explicándoles la lectura bíblica, para que perciban por la fe el significado de la celebración.

PRECES

455.
Si se estima oportuno, antes de la oración de bendición puede hacerse la plegaria común. Entre las intercesiones que aquí se proponen, el celebrante puede seleccionar las que le parezcan más adecuadas o añadir otras más directamente relacionadas con las circunstancias de los socios o del momento.

Cristo, el Señor, aguantando nuestros sufrimientos y aguantando nuestros dolores, pasó haciendo el bien, dejándonos un ejemplo para que sigamos sus huellas. Cimentados en su amor, invoquémoslo diciendo:

R. Enséñanos, Señor, a servir a los hermanos.

Tú que te hiciste pobre por nosotros y viniste, no para que te sirvieran, sino para servir,
—concédenos amar a los hermanos y ayudarlos en sus necesidades. R.

Tú que con tu obra redentora hiciste un mundo nuevo en el que los hombres se sintieran solidarios unos de otros y se amaran entre sí,
—ayúdanos a trabajar con denuedo por la instauración de un modo de vivir auténticamente evangélico. R.

Tú que quieres que todos los hombres se beneficien de tus bienes,
—haz que surjan en tu pueblo personas generosas que, impulsadas por la caridad, se dediquen de buen grado a la asistencia de los pobres y necesitados. R.

Tú que quisiste que María, tu madre, fuera también madre nuestra,
—otórganos su protección para que sintamos continuamente su ayuda desde el cielo. R.

Sigue la oración de bendición, como se indica más adelante.

456. Cuando no se dicen las Preces, antes de la oración de bendición, el celebrante, con estas palabras u otras semejantes, invita a todos a orar, implorando la ayuda divina:

Oremos, queridos hermanos, a Dios, que es amor, para que nos inflame con el fuego de su Espíritu y nos haga fervorosos en el amor recíproco, como Cristo nos ha amado.

Y, según la oportunidad, todos oran durante algún tiempo en silencio.

Se destaca aquí el carácter litúrgico del silencio, que favorece otro modo de oración: el mental.

Sigue la oración de bendición.

ORACIÓN DE BENDICIÓN

457. El celebrante, con las manos extendidas, añade:

Bendito seas, Señor, Dios de misericordia, que en tu Hijo nos has dado un admirable ejemplo de caridad y por él nos has recomendado vivamente el mandato del amor; dígnate colmar de tus bendiciones + a estos servidores tuyos, que quieren dedicarse generosamente a la ayuda de los hermanos; haz que, en las necesidades urgentes, te sirvan fielmente con una entrega total en la persona del prójimo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.
CONCLUSIÓN DEL RITO

458. Después de la oración de bendición, según las circunstancias, se canta la antífona:

La señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos será que os améis unos a otros.

V. Dijo Jesús a sus discípulos.—La señal.

459. O bien la siguiente (Ubi caritas):

Ant. Donde hay caridad y amor, allí está Dios.

Nos congregó y unió el amor de Cristo.
Regocijémonos y alegrémonos en él.

Temamos y amemos al Dios vivo,
y amémonos con corazón sincero.

Ant. Donde hay caridad y amor, allí está Dios.

Pues estamos en un cuerpo congregados,
cuidemos no se divida nuestro afecto.

Cesen las contiendas malignas, cesen los litigios,
y en medio de nosotros esté Cristo Dios.

Ant. Donde hay caridad y amor, allí está Dios.

Veamos juntamente con los santos,
tu glorioso rostro, ¡oh, Cristo Dios!

Éste será gozo inmenso y puro,
por los siglos de los siglos infinitos. Así sea.

U otro canto adecuado.

5 de septiembre de 2017, festividad de santa Teresa de Calcuta, virgen. Entrada dedicada a ella en el vigésimo aniversario de su muerte terrena.

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Bendición de una nueva casa




Bendicional: en negro; (oración de bendición: negrita cursiva).
(Se conservan los números de secciones y parágrafos tal y como se hallan en el Bendicional: negrita. También en negrita me permito realzar algunas cuestiones litúrgicas del texto del Bendicional, incisos que, a mi criterio, merecen especial consideración).
Comentarios del blog: azul.
 
El capítulo X del Bendicional, en la parte correspondiente a las "bendiciones de construcciones y actividades", ofrece la siguiente bendición:

BENDICIÓN DE UNA NUEVA CASA

534. Cuando los cristianos desean inaugurar una nueva casa invocando la protección divina, el pastor de almas y sus cooperadores accederán de buen grado a este deseo, ya que con ello se les ofrece una magnífica ocasión de entrar en contacto con aquellos fieles. Así, juntos y con alegría, dan gracias a Dios, de quien procede todo bien, por el don de una nueva vivienda.

535. El rito que aquí se propone pueden utilizarlo el sacerdote, el diácono, y también el laico, con los ritos y fórmulas previstos para él.

536. Con el fin de acomodar la celebración a las circunstancias del lugar y de los que viven en la casa, pueden adaptarse algunos de los elementos de este rito, respetando siempre la estructura de la celebración y sus elementos principales.

537. No debe hacerse la bendición de la nueva casa sin la presencia de los que en ella viven. De hecho, la razón por la que se bendice un lugar, se debe a que hombres y mujeres, destinatarios finales de toda bendición divina, han de habitarlo o frecuentarlo.

RITO DE LA BENDICIÓN

RITOS INICIALES

538. Reunidos en el lugar adecuado los miembros de la familia con sus parientes y amigos, el ministro dice:

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Todos se santiguan y responden:

Amén.

"Con sus parientes y amigos". Esta expresión "extiende", por decirlo así, la gracia de la bendición divina a más destinatarios que los que morarán en el lugar bendecido o que concurrirán a él asiduamente.

539. El ministro, si es sacerdote o diácono, saluda a los presentes, diciendo:

La paz del Señor a esta casa y a todos los aquí presentes.

U otras palabras adecuadas, tomadas preferentemente de la sagrada Escritura.

Todos responden:

Y con tu espíritu.

O de otro modo adecuado.

540. Si el ministro es laico, saluda a los presentes, diciendo:

Que Dios, al que unánimes alabamos, nos conceda, por su Espíritu, estar de acuerdo entre nosotros, según Jesucristo.

Todos responden:

Amén.

541. Luego dispone a los presentes para la celebración, con estas palabras u otras semejantes:

Queridos hermanos, dirijamos nuestra ferviente oración a Cristo, que quiso nacer de la Virgen María y habitó entre nosotros, para que se digne entrar en esta casa y bendecirla con su presencia.

"Habitó entre nosotros". He aquí la verdad que expresa la anhelada irrupción del Hijo de Dios en las coordenadas de nuestro tiempo y nuestro espacio, criaturas suyas. Su presencia santifica esta realidad témporo-espacial en que vivimos. Esta es la razón de ser de toda bendición.

Cristo, el Señor, esté aquí, en medio de vosotros, fomente vuestra caridad fraterna, participe en vuestras alegrías, os consuele en vuestras tristezas, y vosotros, guiados por las enseñanzas y ejemplos de Cristo, procurad, ante todo, que esta nueva casa sea hogar de caridad, desde donde se difunda ampliamente la fragancia de Cristo.

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS

542. Luego uno de los presentes o el mismo ministro, lee un texto de la Sagrada Escritura.

Lc 10, 5-9: Paz a esta casa

Escuchad ahora, hermanos, las palabras del santo Evangelio según san Lucas.

Dijo el Señor a sus discípulos:
—«Cuando entréis en una casa, decid primero: "Paz en esta casa." Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros. Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa en casa. Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: "Está cerca de vosotros el reino de Dios."»

Palabra del Señor.

543. Pueden también leerse: Gn 18, l-10a; Mc 1, 29-30; Lc 10, 38-42; Lc 19, 1-9; Lc 24, 28-32.

544. Según las circunstancias, se puede decir o cantar un salmo responsorial u otro canto adecuado.

Salmo responsorial Sal 126 (127), 1. 2. 3-4. 5 (R.: cf. 1)

R. El Señor nos construya la casa.

Si el Señor no construye la casa,
en vano se cansan los albañiles;
si el Señor no guarda la ciudad,
en vano vigilan los centinelas, R.

Es inútil que madruguéis,
que veléis hasta muy tarde,
que comáis el pan de vuestros sudores:
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen! R

La herencia que da el Señor son los hijos;
su salario, el fruto del vientre:
son saetas en mano de un guerrero
los hijos de la juventud, R.

Dichoso el hombre que llena
con ellas su aljaba:
no quedará derrotado cuando litigue
con su adversario en la plaza, R,

545. O bien:

Sal 111 (112), 1-2. 3-4. 5-6. 7-8. 9

R. (la) Dichoso quien teme al Señor.

Sal 127 (128), 1-2. 3. 4-6a

R. (4) Esta es la bendición del hombre que teme al Señor.

546. El ministro, según las circunstancias, exhorta brevemente a los presentes, explicándoles la lectura bíblica, para que perciban por la fe el significado de la celebración.

PRECES

547. Sigue la plegaria común. Entre las invocaciones que aquí se proponen, el ministro puede seleccionar las que le parezcan más adecuadas o añadir otras más directamente relacionadas con las circunstancias de los presentes o del lugar.

Con ánimo agradecido y gozoso invoquemos al Hijo de Dios, Señor de cielo y tierra, que, hecho hombre, habitó entre nosotros, y digamos:

R. Quédate con nosotros, Señor.

Señor Jesucristo, que con María y José santificaste la vida doméstica, dígnate convivir con nosotros en esta casa, para que te reconozcamos como huésped y te honremos como cabeza. R.

Tú, por quien todo el edificio queda ensamblado, y se va levantando hasta formar un templo consagrado, haz que los habitantes de esta casa se vayan integrando en la construcción, para ser morada de Dios, por el Espíritu. R.

Tú que enseñaste a tus fieles a edificar su casa sobre piedra firme,
—haz que la vida de esta familia se apoye firmemente en tu palabra y, evitando toda división, te sirva con generosidad y de todo corazón. R.

Tú que, careciendo de morada propia, aceptaste con el gozo de la pobreza la hospitalidad de los amigos, haz que todos los que buscan vivienda encuentren, con nuestra ayuda, una casa digna de este nombre. R.

ORACIÓN DE BENDICIÓN

548. El ministro, si es sacerdote o diácono, con las manos extendidas, de lo contrario, con las manos juntas, añade:

Asiste, Señor, a estos servidores tuyos que, al inaugurar (hoy) esta vivienda, imploran humildemente tu bendición, para que, cuando vivan en ella, sientan tu presencia protectora, cuando salgan, gocen de tu compañía, cuando regresen, experimenten la alegría de tenerte como huésped, hasta que lleguen felizmente a la estancia preparada para ellos en la casa de tu Padre. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

R. Amén.
Cada "casa" en la que habitamos aquí en la Tierra es anticipo del Hogar de la eternidad en el Cielo.

O bien, para una casa sacerdotal:

Señor y Dios nuestro, al reunimos gozosos para inaugurar esta casa sacerdotal, queremos unir nuestra alegría a la acción de gracias por tus beneficios. Bendito seas, Señor; tú elegiste a la tribu de Leví para el servicio mediador de la antigua Alianza y le diste como herencia el servicio religioso de tu pueblo; tú revelaste la plenitud del sacerdocio en Jesucristo, tu Hijo, que tomó, de las entrañas obedientes de la Virgen María, la carne y la sangre del sacrificio de la nueva Alianza; tú has llamado al nuevo pueblo a participar del único sacerdocio de Cristo, derramando sobre todos tus fieles la fuerza de tu Espíritu. Recibe nuestra alegría y nuestro gozo, recibe nuestra alabanza y nuestra acción de gracias y continúa derramando tu gracia y tu bendición sobre nosotros.
Bendice + esta casa sacerdotal que hoy inauguramos; bendice a cuantos la han hecho posible y a cuantos la han de habitar; que sea para ellos descanso merecido, después de un trabajo largo y creador al servicio de tu reino, lugar de fraternidad entre compañeros en la gracia del ministerio, centro de recuerdos y envíos misioneros, lugar de servicio a los más necesitados, acercamiento a Dios y experiencia creciente de su amor, que prepare al encuentro definitivo del que nada ni nadie nos podrá separar; que María, Madre del único Sacerdote, los proteja y acompañe hasta el fin. Por Jesucristo, nuestro Señor,

R. Amén.


O bien, para una casa social católica:

Dios todopoderoso y eterno, realmente es necesario alegrarnos en este día y darte gracias en este lugar, porque no dejas de manifestar tu amor por nosotros. Tú nos creaste para superar el aislamiento y vivir en sociedad; tú escogiste a la casa de Israel como fermento de unidad entre los pueblos, que cantara eternamente tu misericordia. Enviaste a tu Hijo, para que pusiera su casa entre nosotros y llevara adelante tu obra de fraternidad, constituyendo la Iglesia y dándole el mandato del amor, y el Espíritu Santo para cumplirlo. Bienhechor de los hombres, bendice + esta casa que inauguramos; que sea hogar abierto a cuantos acudan a ella y signo permanente de la misión de la Iglesia en la tierra, que sea estímulo y desarrollo de vocaciones seglares para la consagración del mundo. Derrama tu Espíritu sobre todos los socios, para que, superada la ética individualista, tiendan a su fin en comunión con los demás; que los niños y los jóvenes encuentren aquí ayuda para crecer hasta la estatura de Jesús, en el cumplimiento de la voluntad de Dios y en el amor a los demás; que todos se sientan reconocidos en su esfuerzo y más libres en su servicio a la dignidad y destino del hombre, mejorando sus condiciones de vida.
Así, la gracia de Dios seguirá derramándose sobre nuestra ciudad, y brotará incesante la acción de gracias, hasta que llegue la consumación del reino. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.


O bien, para una residencia de pensionistas:

Señor, Dios nuestro, tú quieres que todas tus criaturas vivan unidas bajo el mismo cielo, iluminadas por el mismo sol, y nos has manifestado, por tu Hijo Jesucristo, que quieres ser reconocido como Padre de la familia humana. Al reunimos gozosos para inaugurar esta residencia, queremos unir nuestra alegría a la acción de gracias por tus beneficios. Nuestra fe nos mueve a reconocer la huella de tu presencia en todos los acontecimientos de la vida; por eso elevamos hacia ti nuestro espíritu agradecido, porque participamos de tu bendición. Te bendecimos, Padre, porque hoy podemos ofrecer públicamente esta residencia a los pensionistas. Te bendecimos, Padre, porque en esta residencia va a ser posible construir unas relaciones vivas, amistosas y fraternas, que contribuyan al desarrollo y bienestar de todos. Junto con la alabanza, hacemos también nuestra súplica:
Derrama sobre nosotros, sobre nuestras preocupaciones y trabajos, la bendición + abundante de tu gracia, para que, viviendo según tu voluntad, seamos dignos de vivir un día, con todos tus hijos, en tu casa del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.


549. El sacerdote o el diácono pueden utilizar también las oraciones de bendición que se indican anteriormente en el Rito de la bendición anual de las familias en sus propias casas, fuera del tiempo pascual, capítulo I, núms. 86-87.

550. Después de la oración de bendición, el ministro rocía con agua bendita a los presentes y la casa, diciendo, según las circunstancias:

Que esta agua nos recuerde nuestro bautismo en Cristo, que nos redimió con su muerte y resurrección.
R. Amén.

CONCLUSIÓN DEL RITO
551. El ministro concluye el rito, diciendo:

Que la paz de Cristo actúe de arbitro en nuestro corazón, la palabra de Cristo habite entre nosotros en toda su riqueza, para que todo lo que de palabra o de obra realicemos, sea todo en Nombre del Señor.

Todos responden:

Amén.

552. Es aconsejable terminar el rito con un canto adecuado.


30 de agosto de 2017, en América Latina, fiesta de santa Rosa de Lima, virgen. Entrada dedicada a ella, celebrada con el grado de memoria facultativa cada 23 de agosto en el Calendario universal. En el mes del IV Centenario de su muerte terrena.


Reconstrucción facial de santa Rosa

Bendición de una nueva casa religiosa


Cas Provincial de Religiosas (Madrid)



Texto comentado

Bendicional:
en negro; (oración de bendición: negrita cursiva).
(Se conservan los números de secciones y parágrafos tal y como se hallan en el Bendicional: negrita. También en negrita me permito realzar algunas cuestiones litúrgicas del texto del Bendicional, incisos que, a mi criterio, merecen especial consideración).
Comentarios del blog: azul.

El capítulo XII del Bendicional, en  la parte correspondiente a las "bendiciones de construcciones y actividades", ofrece la siguiente bendición:

BENDICIÓN DE UNA NUEVA CASA RELIGIOSA

Razón de la bendición:

577. Puesto que en las casas religiosas se agrupan los que, profesando los consejos evangélicos, desean seguir e imitar más de cerca a Cristo, el Señor, es conveniente dotar a estas casas de una peculiar bendición.

578. En el presente Rito, con la denominación de "casa religiosa" se designan también los conventos y monasterios. En la celebración, respetando siempre los elementos principales, se ha de acomodar todo a las circunstancias del lugar y de las personas, teniendo en cuenta también la índole propia y peculiar del Instituto y de su función apostólica. De esta manera, el presente rito se verá enriquecido con la liturgia y la piedad propia del Instituto religioso que será objeto de la bendición. Cuando se trata de bendecir una casa de formación, pueden tomarse algunos elementos, oportunamente adaptados, de la Bendición de un seminario, en base a lo que se halla descrito en el capítulo XI (del Bendicional).

579. Aunque esta bendición atañe principalmente a los mismos religiosos, es conveniente elegir para esta celebración un día en que pueda participar en ella la comunidad de fieles en cuyo provecho se erige la nueva casa religiosa. Sería oportuno realizar la bendición, por ejemplo, en un domingo, por ser dies Domini, o bien, en las fiestas patronales del mismo Instituto, o durante el Tiempo pascual, siguiendo la tradición de la Iglesia. (Cf. infra, n. 582).

580. El Rito que aquí se presenta puede realizarlo el presbítero (aunque) al Ordinario a cuyo cuidado está encomendada la casa religiosa compete la bendición del nuevo edificio. Si él no puede presidir el rito, encomendará esta presidencia al superior de la comunidad. Si preside el rito un presbítero que no pertenece al Instituto, o el Obispo, debe adaptarse todo de acuerdo con esta circunstancia.

581. Si la casa religiosa tiene iglesia propia, y ésta se dedica o bendice, en las letanías o en la oración de los fieles pueden intercalarse, según las circunstancias, algunas invocaciones o intenciones relacionadas con la casa y las peculiaridades de la vida religiosa que en ella van a practicar sus miembros. (Esto, en pro del "enriquecimiento" aludido en el n. 578).

582. En aquellos lugares donde se hace la bendición de las casas durante el Tiempo pascual o en otro tiempo determinado y se estima oportuno bendecir también las casas religiosas, el ministro, poniéndose antes de acuerdo con la familia religiosa, preparará una adecuada celebración, que favorezca el bien espiritual de los participantes.

RITO DE LA BENDICIÓN

RITOS INICIALES

583. Los religiosos y fieles se reúnen en el lugar donde se ha erigido la nueva casa religiosa, y se interpreta, según convenga, un canto adecuado.

584. Terminado el canto, el celebrante dice:

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Todos se santiguan y responden:

Amén.

585. Luego el celebrante saluda a los presentes, diciendo:

Dios, fuente y origen de toda santidad, que nunca deja de llamar a los hombres al seguimiento de Cristo, esté con todos vosotros.

U otras palabras adecuadas, tomadas preferentemente de la Sagrada Escritura.

Todos responden:

Y con tu espíritu.

O bien:

A él la gloria por los siglos de los siglos.

O de otro modo adecuado.

586. El celebrante dispone a los presentes para la celebración, con estas palabras u otras semejantes:

Donde dos o tres se reúnen en el nombre de Cristo, allí está Cristo en medio de ellos. Al bendecir esta casa, en la que vivirán juntos aquellos a los que congrega el amor de Cristo, con el fin de seguirlo fielmente más de cerca en la caridad y la castidad, en la pobreza y la obediencia, imploramos la bondad de aquel de quien procede todo bien y le suplicamos que los ayude a poner por obra lo que han prometido, buscando en todo, como Jesús, la gloria del Padre; que, hermanados en la oración perseverante, manifiesten la imagen de la Iglesia orante, y, guiados por el Espíritu Santo, trabajen sin descanso, cada cual según su propia vocación, para que Cristo habite siempre en todos nosotros.

587. Terminada la monición, el celebrante dice:

Oremos.

Y todos oran un rato en silencio. Después el celebrante prosigue:

Oh, Dios, que continuamente activas en nosotros el querer y el obrar, te bendecimos, porque en nuestro peregrinar aquí en la tierra nos concedes el don de anhelar tus atrios. Haz, te pedimos, que estos servidores tuyos, cuya casa hoy inauguramos, te escuchen con fe, te supliquen en la oración, te busquen en su trabajo, te encuentren en toda ocasión y sean testigos de tu Evangelio, para que Cristo difunda en todas partes, por medio de ellos, la fragancia de su conocimiento, hasta que rebosen de gozo cuando se manifieste su gloria. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS

588. Luego, los lectores o los diáconos leen uno o varios textos de la Sagrada Escritura, de los que se indican en el Leccionario de la Misa por los religiosos (3) o en la consagración de vírgenes y en la profesión religiosa (4), intercalando los convenientes salmos responsoriales o bien espacios de silencio. La lectura del Evangelio ha de ser el acto más relevante.

"Uno o varios". Nótese que no se explicita cuántos. En efecto, estamos en presencia de un rito litúrgico diferente de la Misa, en la cual está perfectamente determinado cuántas y cuáles lecturas habrán de proclamarse, de acuerdo con el día o tiempo litúrgico.

589. Pueden emplearse también los textos que se indican a continuación:

Hb 13, 1-3. 5-7. 14-17: Aquí no tenemos ciudad permanente

Escuchad ahora, hermanos, las palabras de la carta a los Hebreos.

Conservad el amor fraterno y no olvidéis la hospitalidad; por ella algunos recibieron sin saberlo la visita de unos ángeles. Acordaos de los que están presos, como si estuvierais presos con ellos; de los que son maltratados, como si estuvierais en su carne. Vivid sin ansia de dinero, contentándoos con lo que tengáis, pues él mismo dijo: «Nunca te dejaré ni te abandonaré»; así tendremos valor para decir: «El Señor es mi auxilio: nada temo; ¿qué podrá hacerme el hombre?» Acordaos de vuestros dirigentes, que os anunciaron la Palabra de Dios; fijaos en el desenlace de su vida e imitad su fe. Aquí no tenemos ciudad permanente, sino que andamos en busca de la futura. Por medio de Cristo, ofrezcamos continuamente a Dios un sacrificio de alabanza, el fruto de unos labios que profesan su Nombre. No os olvidéis de hacer el bien y de ayudaros mutuamente; ésos son los sacrificios que agradan a Dios. Obedeced con docilidad a vuestros dirigentes, pues ellos se desvelan por vuestro bien, sabiéndose responsables; así lo harán con alegría y sin lamentarse, con lo que salís ganando.

Palabra de Dios.

590. O bien:

Jn. 1, 35-42: Se quedaron con Jesús aquel día

Escuchad ahora, hermanos, las palabras del santo Evangelio según san Juan:

Al día siguiente, estaba de nuevo Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice:
—«Éste es el Cordero de Dios.»
Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta:
—«¿Qué buscáis?»
Ellos le contestaron:
—«Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?»
Él les dijo:
—«Venid y lo veréis.»
Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; serían las cuatro de la tarde. Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encuentra primero a su hermano Simón y le dice:
—«Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo).»
Y lo llevó a Jesús.

Palabra del Señor.

591. Según las circunstancias, se puede decir o cantar un salmo responsorial u otro canto adecuado.

Salmo responsorial Sal 132 (133), 2. 3 (R.: 1)

R. Ved qué dulzura, qué delicia, convivir los hermanos unidos.

Es ungüento precioso en la cabeza,
que va bajando por la barba,
que baja por la barba de Aarón,
hasta la franja de su ornamento. R.

Es rocío del Hermón, que va bajando
sobre el monte Sion.
Porque allí manda el Señor la bendición:
la vida para siempre. R.

592. O bien:
 
Sal 23 (24), 1-2. 3 4. 5-6 R. (cf. 6) Éste es el grupo que viene a tu presencia, Señor.

Sal 44 (45), 11-12. 14-15. 16-1R. (cf. Mt 25, 6) ¡Que llega el esposo, salid a recibir a Cristo, el Señor!

Sal 83 (84), 3. 4. 5. 11. 12 R. (2) ¡Qué deseables son tus moradas, Señor de los ejércitos!

593. Luego, el celebrante hace la homilía, en la cual explica las lecturas bíblicas y el significado de la celebración.

PRECES

594. Sigue la plegaria común. Entre las intercesiones que aquí se proponen, el celebrante puede seleccionar las que le parezcan más adecuadas o añadir otras más directamente relacionadas con las circunstancias del momento o de los presentes.

Cristo, el Señor, prometió permanecer en medio de sus discípulos hasta el final de los tiempos; supliquémosle con humilde y confiado amor:

R. Quédate con nosotros, Señor.

Tú que te hiciste hombre de la Virgen María por obra del Espíritu Santo y quisiste habitar entre nosotros;
—agradecidos, te recibimos en nuestra casa. R. (Adviértase que esta súplica es como una paráfrasis del Ángelus).

Tú que quisiste vivir en Nazaret con María y José,
—dígnate elegir esta casa como lugar de tu residencia. R.

Tú que prometiste estar en medio de los que se reúnen en tu Nombre,
—dirige tu mirada hacia quienes tu amor ha congregado en la unidad. R.

Tú que en la tierra no tuviste dónde reclinar la cabeza,
—acepta esta casa preparada amorosamente para ti. R.

Tú que prometiste recibir en las moradas eternas a los que te acogen con bondad en la persona de los huéspedes,
—enséñanos a reconocerte en los hermanos, y a servirlos con alegría por amor a ti. R.

ORACIÓN DE BENDICIÓN

595. El celebrante, con las manos extendidas, añade a continuación la oración de bendición:

Oh, Dios, inspirador y autor de todo santo propósito, atiende benignamente nuestras súplicas, y concede a cuantos habiten en esta casa la gracia de tu bondad; sea éste un lugar en el que constantemente se medite tu Palabra, se practique el amor fraterno, se ejercite una diligente actividad y una incansable ayuda a los hermanos, para que, de este modo, quienes se han entregado al seguimiento de Cristo, presenten ante todos un vivo ejemplo de vida consagrada. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

596. O bien:

Señor Jesucristo, tú aseguraste que quienes profesan los consejos evangélicos tienen preparada una morada en el cielo; guarda y rodea con el muro de tu protección esta casa religiosa que ahora bendecimos, para que cuantos han de vivir en ella se mantengan unidos por la caridad fraterna, en actitud de servicio generoso a ti y a los hermanos; sean, con su vida, testigos del Evangelio y fomenten la piedad cristiana. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

R. Amén.

597. Después de la oración de bendición, el celebrante rocía con agua bendita a los presentes y la casa, mientras se canta la antífona:

Ant. Donde hay caridad y amor, allí está Dios.

Nos congregó y unió el amor de Cristo.
Regocijémonos y alegrémonos en él.
Temamos y amemos al Dios vivo,
y amémonos con corazón sincero.

Ant. Donde hay caridad y amor, allí está Dios.

Pues estamos en un cuerpo congregados,
cuidemos no se divida nuestro afecto.
Cesen las contiendas malignas, cesen los litigios,
y en medio de nosotros esté Cristo Dios.

Ant. Donde hay caridad y amor, allí está Dios.

Veamos juntamente con los santos
tu glorioso rostro, ¡oh, Cristo Dios!
Éste será gozo inmenso y puro,
por los siglos de los siglos infinitos.

U otro canto adecuado.

CONCLUSIÓN DEL RITO

598. Luego, el diácono, según las circunstancias, invita a los presentes a bendición, con estas palabras u otras semejantes:

Inclinaos para recibir la bendición.

El celebrante, con las manos extendidas sobre los presentes, concluye el rito, diciendo:

Dios, que nos concede habitar en esta casa, nos guarde de toda perturbación interior y exterior, nos infunda el consuelo del Espíritu Santo y nos dé la perseverancia y la fidelidad en el santo propósito de vivir consagrados a él.

R. Amén.

Y a todos vosotros, que estáis aquí presentes, os bendiga Dios todopoderoso, Padre, Hijo + y Espíritu Santo.

R. Amén.

599. O bien:

Dios, Padre todopoderoso os bendiga, para que sea ésta una santa morada en la que ofrezcáis culto en su presencia.

R. Amén.

Cristo, el Señor, habite por la fe en vuestros corazones y os transmita el Reino en la casa de su Padre.

R. Amén.

El Espíritu Santo viva con vosotros y esté con vosotros, para que el gozo que ahora experimentáis llegue a su feliz cumplimiento.

R. Amén.

Finalmente bendice a todos los presentes, diciendo:

Y a todos vosotros, que estáis aquí presentes, os bendiga Dios todopoderoso, Padre, Hijo + y Espíritu Santo.

R. Amén.

600. Es aconsejable terminar el rito con un canto adecuado.


Notas:

3 Cf. Missale romanum, Ordo Lectionum Missae, núms. 852-856.
4 Cf. Missale romanum, Ordo Lectionum Missae, núms. 811-815.


12 de agosto de 2017, memoria litúrgica de santa Juana Francisca Frémyot de Chantal, religiosa. Entrada dedicada a ella.


Bendición de un laboratorio, un taller o una tienda de comercio


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Texto comentado

Bendicional:
en negro; (oración de bendición: negrita cursiva).
(Se conservan los números de secciones y parágrafos tal y como se hallan en el Bendicional: negrita. También en negrita me permito realzar algunas cuestiones litúrgicas del texto del Bendicional, incisos que, a mi criterio, merecen especial consideración).
Comentarios del blog: azul.
 
El capítulo XVI del Bendicional, en la parte referida a la bendición de construcciones y actividades, ofrece la siguiente bendición:


665. El hombre, con el trabajo asiduo de sus manos, y el desempeño de su cometido, cuida incesantemente de la creación. Por otra parte, «el progreso de las técnicas de producción y la mejor organización del comercio y de los servicios han convertido la economía en un instrumento capaz de satisfacer las nuevas necesidades de la familia humana que no dejan de acrecentarse» (6). Existe, pues, motivo más que suficiente para bendecir aquellos lugares donde el hombre trabaja con empeño en beneficio propio y en provecho de sus semejantes.

666. Esta celebración mira no sólo a la comunidad en cuyo beneficio se construyen los nuevos laboratorios, talleres y tiendas de comercio, sino también a los que en ellos trabajan. De ahí que en la celebración de la bendición se requiera la presencia de la comunidad o, por lo menos, de algunos de sus representantes, como también de los que de un modo u otro trabajarán en los diversos menesteres.

667. Este rito puede utilizarlo el sacerdote o el diácono,
los cuales, respetando su estructura y los elementos principales de que consta, adaptarán la celebración a las circunstancias concretas del lugar y de las personas.

668. En aquellas regiones donde cada año, durante el tiempo pascual o en cualquier otro tiempo, parece oportuno impartir también la bendición en dichos locales, se preparará una adecuada celebración, empleando de manera conveniente los principales elementos que se indican en esta Bendición.

Si bien la bendición puede realizarse en cualquier tiempo, nótese que se prefiere el de Pascua. La memoria litúrgica de San José Obrero, celebrada en el "Día internacional del Trabajo" (1° de mayo), ocurre siempre en Tiempo pascual, y parece una oportuna fecha para llevar cabo esta bendición.

RITO DE LA BENDICIÓN

RITOS INICIALES

669. Reunida la comunidad en el lugar adecuado, después de un canto conveniente el celebrante dice:

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Todos se santiguan y responden:

Amén.

670. Luego el celebrante saluda a los presentes, diciendo:

Dios, que dio al hombre el mando sobre las obras de sus manos, esté con todos vosotros.

U otras palabras adecuadas, tomadas preferentemente de la Sagrada Escritura.

Todos responden:

Y con tu espíritu.

O de otro modo adecuado.

671. El celebrante dispone a los presentes a recibir la bendición, con estas palabras u otras semejantes:

Se puntualiza a continuación el sentido cristiano del trabajo humano:

Jesucristo puso de manifiesto la gran dignidad del trabajo cuando Él mismo, la Palabra del Padre hecha carne, quiso ser llamado hijo del carpintero y trabajar humildemente con sus propias manos. Así alejó la antigua maldición del pecado y convirtió el trabajo humano en fuente de bendición. En efecto, el hombre, realizando fielmente su trabajo y todo lo que se refiere al progreso temporal y ofreciéndolo humildemente a Dios, se purifica a sí mismo, desarrolla con su inteligencia y habilidad la obra de la creación, ejercita la caridad, se hace capaz de ayudar a los que son más pobres que él y, asociándose a Cristo Redentor, se perfecciona en el amor a Él. Bendigamos, pues, a Dios y pidámosle que derrame su bendición sobre todos los que desempeñen sus tareas en este lugar.

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS

672. Luego el lector, uno de los presentes o el mismo celebrante, lee un texto de la Sagrada Escritura.

Gn 1, 27-3la: Llenad la tierra y sometedla

Escuchad ahora, hermanos, las palabras del libro del Génesis.

Creó Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó; hombre y mujer los creó. Y los bendijo Dios y les dijo:
—«Creced, multiplicaos, llenad la tierra y sometedla; dominad los peces del mar, las aves del cielo, los vivientes que se mueven sobre la tierra.»
Y dijo Dios:
—«Mirad, os entrego todas las hierbas que engendran semilla sobre la faz de la tierra; y todos los árboles frutales que engendran semilla os servirán de alimento; y a todas las fieras de la tierra, a todas las aves del cielo, a todos los reptiles de la tierra, a todo ser que respira, la hierba verde les servirá de alimento». Y así fue. Y vio Dios todo lo que había hecho; y era muy bueno.

Palabra de Dios.

673. O bien:

Mc 6, 1-3: ¿No es éste el carpintero, el hijo de María?

Escuchad ahora, hermanos, las palabras del santo Evangelio según san Marcos.

En aquel tiempo, se marchó Jesús de allí y fue a su pueblo en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada:
—«¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es ésa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?»
Y esto les resultaba escandaloso.

Palabra del Señor.

674. Pueden también leerse: Si 38, 24-34; l Ts 4, 9-12; 2 Ts 3, 6-13; Mt 6, 25-34; Mt 25, 14-29; Lc 16, 9-12.

675. Según las circunstancias, se puede decir o cantar un salmo responsorial u otro canto adecuado.

Salmo responsorial

Sal 89 (90), 2. 3-4. 12-13. 14 y 16 (R.: cf. 17)

R. Haz prósperas, Señor, las obras de nuestras manos.

Antes que naciesen los montes 
o fuera engendrado el orbe de la tierra, 
desde siempre y por siempre tú eres Dios. R.

Tú reduces el hombre a polvo,
diciendo: «Retornad, hijos de Adán.»
Mil años en tu presencia
son un ayer que pasó;
una vela nocturna. R.

Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un corazón sensato.
Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?
Ten compasión de tus siervos. R.

Por la mañana sácianos de tu misericordia,
y toda nuestra vida será alegría y júbilo.
Que tus siervos vean tu acción,
y sus hijos tu gloria. R.

676. O bien:

Sal 103 (104), lab y 5. 14-15. 23~£4

R. (31) Gloria a Dios para siempre, goce el Señor con sus obras.

677. El celebrante, según las circunstancias, exhorta brevemente a los presentes, explicándoles la lectura bíblica, para que perciban por la fe el significado de la celebración.

PRECES

678. Si se estima oportuno, antes de la oración de bendición puede hacerse la plegaria común. Entre las invocaciones que aquí se proponen, el celebrante puede seleccionar las que le parezcan más adecuadas o añadir otras más directamente relacionadas con las circunstancias del momento.

Dios, nuestro Señor, que creó el mundo y lo llenó de maravillas como signo de su poder, santificó también en sus orígenes el trabajo del hombre, para que éste, sometiéndose humildemente a la bondad del Creador, se dedicara con perseverancia a perfeccionar de día en día la obra de la creación. Roguémosle, pues, diciendo:

(Adviértase que la petición está en la siguiente respuesta y no, como sucede habitualmente, en cada una de las invocaciones, las cuales son aclamaciones a modo de bendición a Dios por su solicitud en favor de los hombres):

R. Guía, Señor, las obras de nuestras manos.

Bendito seas, Señor, que nos has dado la ley del trabajo, para que, con nuestra inteligencia y nuestros brazos, nos dediquemos con empeño a perfeccionar las cosas creadas. R.

Bendito seas, Señor, que quisiste que tu Hijo, hecho hombre por nosotros, trabajara como humilde artesano. R.

Bendito seas, Señor, que has hecho que en Cristo nos fuera llevadero el yugo y ligera la carga de nuestro trabajo. R.

Bendito seas, Señor, que en tu providencia nos exiges que procuremos hacer nuestro trabajo con la máxima perfección. R.

Bendito seas, Señor, que te dignas aceptar nuestro trabajo como una ofrenda y como una penitencia saludable, motivo de alegría para los hermanos y ocasión de prestar ayuda a los pobres. R.

Bendito seas, Señor, que elevas a la sublime dignidad de la Eucaristía el pan y el vino, fruto de nuestro trabajo. R.

Sigue la oración de bendición, como se indica más adelante.

679.
Cuando no se dicen las preces, antes de la oración de bendición, el celebrante invita a todos a orar, para que imploren la ayuda divina, diciendo:

Oremos.

Y, según las circunstancias, todos oran durante algún tiempo en silencio.

Sigue la oración de bendición.

ORACIÓN DE BENDICIÓN

680.
El celebrante, con las manos extendidas, dice la oración de bendición:

a) Bendición de un laboratorio

Oh, Dios, que en el designio de tu providencia, aceptas bondadosamente perfeccionar con tus bendiciones todas las actividades de los hombres, tanto las corporales como las intelectuales, te pedimos que todos los que en este lugar traten, con sus experimentos, de estudiar los males y hallar los remedios, puedan, con tu ayuda, determinar con precisión lo que investiguen y realizar con éxito el fruto de su estudio. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.


b) Bendición de un taller

Oh, Dios, tu Hijo, con el trabajo de sus manos, elevó la dignidad del trabajo humano y nos concedió el don inestimable de colaborar con nuestro trabajo a su obra redentora; concede a tus fieles la bendición que esperan de ti, para que, dedicándose a transformar con habilidad las cosas que tú has creado, reconozcan su dignidad y se alegren de aliviar con su esfuerzo las necesidades de la familia humana, para alabanza de tu gloria. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.


c) Bendición de una tienda de comercio

Dios, Padre providentísimo, que pusiste en manos del hombre la tierra y sus productos para que contribuyera con su trabajo a que los bienes creados alcancen a todos, bendice a los que usen este local y haz que, observando en sus compras y ventas la justicia y la caridad, puedan alegrarse de contribuir al bien común y al progreso de la comunidad humana. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.


681. Después de la oración de bendición, el celebrante rocía con agua bendita a los presentes y el local, mientras se interpreta un canto adecuado.

CONCLUSIÓN DEL RITO

682. El celebrante concluye el rito, diciendo, con las manos extendidas sobre los presentes:

Dios, Padre de bondad, que nos ha mandado ayudarnos en todo como verdaderos hermanos, dirija su mirada bondadosa sobre vosotros y sobre todos los que entren aquí.

R. Amén.

Luego dice:

Y a todos vosotros, que estáis aquí presentes, os bendiga Dios todopoderoso, Padre, Hijo + y Espíritu Santo.

R. Amén.

683. Es aconsejable terminar el rito con un canto adecuado.


Nota:

6 Cf. Concilio Vaticano 11, Constitución pastoral Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, núm. 63.



1° de mayo de 2017, memoria litúrgica de san José Obrero. Entrada dedicada a él.


Bendición del Escapulario de la Virgen del Buen Consejo




La parte V del Ritual de la Orden de San Agustín posee una introducción general para las bendiciones, a la que remitimos aquí. La cuarta de las bendiciones que propone es la del Escapulario de la Virgen del Buen Consejo, a la que profesa una profunda devoción. He aquí el  texto de dicha bendición, en el que he querido conservar los números y letras de referencia tal y como se hallan en dicho Ritual:

d) Bendición del escapulario de la B. Virgen María, Madre del Buen Consejo

611. El escapulario, que es considerado como un signo de ingreso en la Pía Unión de Nuestra Madre del Buen Consejo, aprobada por la Iglesia, expresa una voluntad definida de participar del espíritu de esta cofradía mariana.

Señor Jesucristo, que en tu Encarnación te hiciste Consejero admirable de los hombres, dígnate bendecir este escapulario (medalla o insignia) de la Bienaventurada Virgen María, Madre del Buen Consejo, para que quienes lo lleven, sigan fielmente, ayudados por tu gracia, tus consejos. Que vives y reinas por los siglos de los siglos.

R/. Amén.

O bien:

Oh, Dios, inicio y complemento de nuestra santidad, que llamas a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad a los que han renacido del agua y del Espíritu Santo, mira con bondad a estos servidores tuyos, que reciben con devoción este escapulario para alabanza de la Santísima Trinidad en honor de Santa María Virgen y haz que sean imagen de Cristo, tu Hijo, y así, terminado felizmente su paso por esta vida, con la ayuda de la Virgen Madre de Dios, sean admitidos al gozo de tu mansión. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R/. Amén.

Rito de conclusión

618. El celebrante concluye el rito, diciendo con las manos extendidas sobre los presentes:

Dios, que en Cristo nos ha revelado su gloria, haga que vuestra vida sea imagen suya, para que podáis un día gozar de su presencia gloriosa.

R/. Amén.

Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo + y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros y os acompañe siempre.

R/. Amén.


26 de abril de 2017, en la Orden de San Agustín, fiesta de Nuestra Señora del Buen Consejo. Entrada dedicada a ella.