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| "Los ángeles le servían" (Mt. 4, 11) |
V. El Señor esté con ustedes.
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.
Este blog, dedicado a los Papas san Juan Pablo II, Benedicto XVI, Francisco y León, tiene como objetivo, por un lado, describir, interpretar y dar a conocer la normativa litúrgica vigente en la forma ordinaria del rito romano de la Iglesia Católica Apostólica Romana, y por otro, procurar que el inestimable y siempre renovado tesoro de los ejercicios de piedad popular, se ordene a dicha liturgia, y se vea por ésta iluminado y enriquecido.
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| "Los ángeles le servían" (Mt. 4, 11) |
V. El Señor esté con ustedes.
Pregunta:
La Misa vespertina del martes inmediatamente anterior al Miércoles de Ceniza, ¿es la misma que la de dicho Miércoles y vale por la de él?
Respuesta:
Solamente rige lo de la "validez" de las Misas vespertinas de la jornada precedente para las fiestas de guardar (=precepto), la primera de las cuales es el domingo.
Solo las solemnidades (a excepción de la Pascua) y las seis fiestas del Señor que existen en el Calendario General, cuando ocurren en domingo, se comienzan a celebrar desde la tarde anterior en la liturgia.
Ahora bien, el Miércoles de Ceniza no es día de precepto, ni solemnidad. Por tanto, no se empieza a celebrar el martes que le antecede. De hecho, dicho martes es el último día de la primera parte del tiempo Ordinario, al que sigue la Cuaresma que empieza precisamente ese Miércoles.
Es necesario recordar que tal martes también es el último día del pernicioso Carnaval, por lo que la piedad popular nos invita a contemplar, con los ojos de la fe, la santa Faz ultrajada de Cristo, en desagravio por los excesos de tan nefastos "festejos".
En Cartago, África, hubo un grupo de católicos que fueron torturados hasta la muerte por negarse a incumplir el precepto dominical. Su edificante biografía puede consultarse haciendo clic aquí o aquí.
En tiempos en que el derecho y la obligación de participar de la Misa en el día del Señor, son relativizados -cuando no ignorados y hasta rechazados- por muchos cristianos, invoquemos a quienes no dudaron en derramar su sangre para obedecer este sagrado mandato.
Sine dominico, non possumus!, decían, esto es, "Sin el domingo, no podemos (vivir)", confesando la importancia de la práctica irrenunciable de la Misa en el día del Señor, pascua semanal.
Las siguientes son unas letanías a estos cuarenta y nueve gloriosos mártires:
LETANÍAS
Señor ten piedad,
Cristo ten piedad,
Señor ten piedad,
Jesucristo, óyenos,
Jesucristo, escúchanos,
Dios Padre Celestial, ten piedad
Dios Hijo, Redentor del mundo, ten piedad
Dios Espíritu Santo, ten piedad
Santa Trinidad, un solo Dios, ten piedad
Santa María, ruega por nosotros
Madre de la Iglesia de todos los tiempos,
Reina de los mártires.
Santos Apóstoles de Cristo,
San Saturnino y compañeros, mártires, rueguen por nosotros.
Intrépidos testigos de Cristo, Sacerdote, Altar y Víctima,
Candelas para siempre encendidas en el Altar celestial,
Estrellas vivientes que iluminan el día del Señor,
Valientes defensores de los derechos divinos,
Audaces confesores del tercer mandamiento de Dios,
Diligentes observadores del primer precepto de la Iglesia,
Asiduos auditores y fieles cumplidores de la Palabra de Dios,
Santos comensales y verdaderos adoradores del Pan del Cielo,
Cálices escogidos, cuya sangre se unió a la del Cordero,
Perenne alabanza de la liturgia dominical,
Glorioso decoro de las celebraciones eucarísticas,
Ícono de la gran Familia de los católicos, reunida en santa asamblea,
Rutilante eslabón en las generaciones de creyentes,
Víctimas de amor, unidas en holocausto al Varón de dolores
Ofertores y ofrendas del Sacrificio de reconciliación,
Invitados predilectos al Banquete de la eternidad,
Perenne ramillete de palmas que embellecen los tabernáculos del Altísimo,
Todos los santos Mártires de Abitinia,
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, escúchanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros, Señor.
V. Perseveraban unidos en la oración.
R. Y en la Fracción del Pan.
Oración conclusiva
Los siguientes "Gozos en alabanza de santa Escolástica", fundadora de las monjas benedictinas, fueron compuestos para venerarla en su imagen del Real Monasterio de Santa Clara, en Barcelona:
Don de Cielo y peregrino,
Escolástica dichosa,
haced, de Jesús esposa,
muramos de amor divino.
Del Ducado de Espoleto,
Nurcia fue la mina de oro,
que dio al mundo tal tesoro
que Dios hizo tan completo,
pues, para grande destino,
su mano os hizo asombrosa.
Don del Cielo...
Vuestra cuna y el gran mundo
os destinan a brillar.
Otro brillo os quiere dar
Dios con designio profundo.
Con la luz que de Dios vino,
cual luz veis muy fulminosa.
Don del Cielo...
Del santo hermano el acierto
emuláis también después,
y puesto el mundo entre pies,
lo seguís en el desierto,
pues la Iglesia ve en Casino
otra estrella luminosa.
Don del Cielo...
Plantada en tierra desierta,
vuestro espíritu es jardín
que crece en virtud sin fin
quedando la carne yerta,
pues sois vergel sin espino
que riega gracia abundosa.
Don del Cielo...
Desde niña, esposa fiel,
carísima del Señor.
De esposas del Redentor,
sois un fecundo plantel,
ya que a Dios da olor tan fino
vuestra viña prodigiosa.
Don del Cielo...
De la nobleza eminente,
cuántos desaparecieron,
desde el punto que nacieron
día soles en Occidente.
Pues tanto eclipse provino
por vos, de gloria engañosa.
Don del Cielo...
Toda una noche, con vos,
no quiso Benito estar
y la clausura dejar
para conversar de Dios.
Pedíslo a Dios, y el camino
cierra con lluvia horrorosa.
Don del Cielo...
Feliz por el aire asoma,
y el dichoso hermano velo,
vuestra alma volando al Cielo,
en figura de paloma,
pues tal tránsito convino
a tal vida candorosa.
Don del Cielo...
Catorce mil monasterios
de hijas podéis contar.
Ni el mundo puede apear,
con su luz esos misterios,
que del sexo, lo más fino,
huya vida deliciosa.
Don del Cielo...
Paloma, que en la inocencia,
al seno de Dios voláis
y a nosotros recreáis
con arrullos de clemencia,
huya el gavilán dañino
de tus polluelos que acosa.
Don del Cielo...
Ant. Me dio el Señor alas de paloma.
Y volaré y descansaré.
V. ¿Quién es esta que vuela como las nubes?
R. Y como paloma hacia tus brazos.
Oración conclusiva
"Oh, Dios, que para mostrarnos el camino de la inocencia, hiciste elevarse al cielo el alma de tu virgen santa Escolástica, en forma de paloma; concédenos, por sus méritos y oraciones, vivir en tal inocencia, que merezcamos llegar a tus alegrías eternas. Por nuestro Señor Jesucristo..."