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viernes, 3 de febrero de 2023

Consultas litúrgicas VII: "El momento de la Fracción del Pan"


S.S. Benedicto XVI: Agnus Dei 


Quiero compartir esta consulta de un lector, tal y como me la envió. Aborda un tema de suma gravedad, pues afecta al momento más importante del Santo Sacrificio de la Misa, que es la Consagración.


Pregunta:

¿Cuándo debe partirse la hostia en la Misa? ¿Durante la Consagración (1), mientras se canta o recita el "Cordero de Dios" antes de la Comunión (2), o es indistinto (3)?
He visto sacerdotes y obispos que lo hacen en uno u otro de estos momentos.


Respuesta:

Hay una "costumbre" que se está difundiendo entre varios sacerdotes y uno que otro obispo, de fraccionar el pan mientras dicen "lo partió", en el relato de la Institución de la Eucaristía, antes de la fórmula de la Consagración de la Misa. Es una especie de "teatralización" de lo que se está diciendo. De acuerdo con este erróneo proceder, en el instante inmediatamente siguiente, deberían distribuir el pan entre los fieles, pues el texto dice: "...lo dio a sus discípulos...".

La Instrucción General del Misal Romano (IGMR) es clara al afirmar que la "Fracción del Pan",  que el diácono también puede llevar a cabo, se realiza después del "Saludo de la paz (Cf. n. 83).

Así es ahora y así fue siempre. 



 
Luego del "Saludo de paz", -que, dicho sea de paso- es optativo, la rúbrica del "Ordinario" del Misal Romano dice, refiriéndose al sacerdote que es celebrante principal:


...accipit hostiam eamque super patenam frangit...

...toma la Hostia y la parte sobre la patena... (Se entiende: ya consagrada).


La misma rúbrica aclara que esta "Fracción" tiene lugar mientras se canta o recita el "Cordero de Dios..."

Interim cantatur vel dicitur: Agnus Dei...

Mientras tanto, se canta o se dice: "Cordero de Dios..."


De modo que hay simultaneidad entre el canto o recitación del Agnus Dei y la Fractio Panis.

Por eso, añade:

Quod etiam pluries repeti potest, si fractio panis protrahitur. Ultima tamen vice dicitur: dona nobis pacem.

Si la Fracción del Pan se prolonga, (el "Cordero de Dios...") puede repetirse varias veces. La última vez se dice: "...danos la paz".


La IGMR, en el mismo número arriba citado, reitera lo anterior y también deja claro lo de la "simultaneidad", al aclarar que dicha invocación acompaña la Fracción del Pan consagrado.


Por tanto, cuando el sacerdote parte la Hostia en otro momento que no sea aquel en el que se canta o recita el "Cordero de Dios...", estamos en presencia de un abuso que es contrario a la Tradición de la Iglesia.


La difusión de dicho abuso hizo necesaria una EXPRESA amonestación de la Sede Apostólica. En efecto, en el n. 55 de la Instrucción Redemptionis Sacramentum, del 25/3/2004, la antes llamada "Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos" -ahora, "Dicasterio...", desde la reforma de la Curia llevada a cabo por el Papa Francisco- AFIRMA TAXATIVAMENTE:


"En algunos lugares se ha difundido el abuso de que el sacerdote parte la hostia en el momento de la consagración, durante la celebración de la santa Misa. Este abuso se realiza contra la tradición de la Iglesia. Sea reprobado y corregido con urgencia".


Por supuesto que aquí, "sacerdote" debe entenderse como referido a ministros ordenados que puedan consagrar el pan y el vino, es decir,  concretamente, presbíteros y obispos. Es evidente que la Madre Iglesia no podría prohibir lo que vaya en contra de la Tradición a un presbítero pero permitírselo al obispo.

 
Para profundizar sobre los abusos litúrgicos que pueden cometerse en la Liturgia de la Eucaristía, ver aquí.


3 de febrero de 2023, memoria litúrgica de san Óscar, obispo, y de san Blas, obispo y mártir.
Entrada dedicada a ellos y al Sagrado Corazón de Jesús, en el primer viernes del mes.

jueves, 14 de julio de 2022

La profanación de lo sagrado

 



El Diccionario de la Lengua Española ofrece dos acepciones del término "profanar", al que corresponde el sustantivo "profanación". Dice exactamente ("tr." significa verbo "transitivo"):

1. tr. Tratar algo sagrado sin el debido respeto, o aplicarlo a usos profanos.

2. tr. Deslucir, desdorar, deshonrar, prostituir, hacer uso indigno de cosas respetables.


La desacralización propia de la cultura actual es hija del "relativismo" imperante en función del cual todo vale o deja de valer según el criterio de quien lo considere, o de acuerdo con los postulados de la ideología de turno.


Esta realidad infelizmente ha contaminado nuestra vida en general y en el modo como celebramos y practicamos la fe en particular.


Lo anterior se manifiesta en la casi inconsciente profanación que los católicos (laicos y ministros ordenados) realizamos de los lugares y de las celebraciones sagradas. Y no nos estamos refiriendo aquí a los sacrilegios que voluntariamente (aunque quizás ignorando la gravedad) cometen los enemigos de la fe o quienes delinquen en los lugares santos.


Parece que los católicos hemos olvidado que nuestras iglesias, a diferencia de otros templos cristianos (a los que santifican los fieles congregados en nombre del Señor), son un lugar sagrado por sí mismo, independientemente de si en ellas está congregado el pueblo para las celebraciones o para el ejercicio de actos de piedad.


Hacen sagrado al templo católico: ante todo, el Santísimo Sacramento, habitualmente reservado en el sagrario; el infaltable Altar, que es ara del Sacrificio del Cordero; la Palabra revelada, que es proclamada desde el ambón; la pila bautismal, en la que la Iglesia engendra nuevos hijos para Dios; los confesionarios, que hacen presente entre nosotros el Trono de la Misericordia Divina; las imágenes y objetos sagrados, que son signos de todo lo que dice recta relación con el Señor. 


Evidentemente, la sacralidad del templo católico llega a su plenitud cuando se reúne la asamblea, y presidida por un sacerdote, participa de cualquier celebración litúrgica, especialmente de la Santa Misa.


De todo lo dicho se deduce que nuestras iglesias no son lugares adecuados para actos civiles, exposiciones, discursos o debates mundanos, festividades no litúrgicas, festejos de grupos privados u otro tipo de reuniones sociales; tampoco para manifestaciones artísticas ajenas al sentir religioso. Los conciertos, por ejemplo, se permiten bajo determinadas condiciones.


Si sagrado es el templo católico por sí mismo, ¡cuánto más lo será en el momento en que en él se celebra el Santo Sacrificio del Altar! 


Retomemos las dos acepciones del verbo "profanar" trancritas al inicio de esta entrada y reflexionemos en qué medida se produce la profanación del lugar y del culto sagrados:


La primera acepción (tratar algo sagrado sin el debido respeto, o aplicarlo a usos profanos), nos cuestiona acerca de cuál es el respeto que debemos al lugar sagrado y a los actos cultuales que en él se realizan. Es algo que nadie sino la suprema Autoridad de la Iglesia puede determinar. No depende de gustos individuales. En este sentido, no basta con que algo no se oponga a la fe para que pueda ser admitido en el lugar sagrado ni mucho menos en una celebración litúrgica.


La segunda acepción del verbo "profanar", (deslucir, desdorar, deshonrar, prostituir, hacer uso indigno de cosas respetables), aunque como la anterior puede aplicarse al templo, tiene también mucho que ver con la Misa en particular y con cualquier otra celebración litúrgica en general:


"Deslucir" es quitar la gracia, atractivo o lustre a algo: a la luz de esto, todo aquello que se realice pero no se encuentre establecido en los libros litúrgicos, o lo que se especifique pero no se cumpla, tiende a reducir a nuestro mero ingenio y "creatividad" aquello que ha sido custodiado por la Iglesia a lo largo de los siglos, o incluso, adaptado cuando fue posible y ella lo consideró necesario. 


'Desdorar' es:


1. "Quitar el oro con que estaba dorado algo": el oro en las Sagradas Escrituras es símbolo de la realeza, de los dones espirituales, de la santidad y del verdadero culto a Dios. 


2. Deslustrar, deslucir, mancillar la virtud, reputación o fama: es lo que hacemos cuando, queriendo ser "innovadores" u "originales", creamos in actum rúbricas "a nuestro gusto y medida" para las celebraciones litúrgicas, o modificamos a nuestro arbitrio las ya existentes. Atentamos contra la riqueza del significado de los ritos, oscureciendo su inteligibilidad y poniendo en juego su eficacia y, a veces, hasta su validez. Es una manera de "deshonrar" al mismo Dios y a las cosas santas.


En síntesis, cada vez que nos arrogamos el derecho de alterar lo establecido por la liturgia o de "intervenir" el lugar sagrado con actos que no le son exclusivamente propios, estamos "prostituyendo" lo que pertenece al Señor. Y esto es "hacer uso indigno de cosas respetables". Porque no corresponde a nosotros determinar qué sería lo digno. Eso ya lo ha establecido la Iglesia. No tenemos autoridad ni derecho para "legislar" sobre lo no establecido o para juzgar acerca de la pertinencia de lo que ya lo está. 


¿Por qué en nuestros tiempos no se respetan el lugar y las celebraciones como antes?


¿Por qué, algunas veces, al entrar a un templo católico en que se está celebrando la Misa, dudamos de que así sea? No sabemos si es una peña folclórica, una reunión de debate, una representación teatral, un conversatorio o un grupo privado de oración y alabanza.


Ocurre que, en lugar de que lo que es santo brote de la liturgia celebrada en el templo e impregne los tejidos sociales y los oriente hacia lo divino, hemos permitido u ocasionado que costumbres, modismos y lenguajes de nuestra vida ordinaria se infiltren en el templo y se introduzcan en las sacras celebraciones, menoscabando todo lo que de sublime tiene la liturgia y reduciéndolo a un mero encuentro social más.


La estructura de la Misa es siempre invariable en lo esencial, a saber, la Liturgia de la Palabra y la de la Eucaristía, a las que preceden ritos iniciales y concluyen ritos finales.


Por tanto:


No están permitidos en la Misa más diálogos entre el sacerdote y los laicos que aquellos pocos claramente determinados por las rúbricas.


No cualquier tipo de música, aún de carácter religioso, es apta para la celebración. Debe ser música litúrgica o ninguna otra. 


No se trata de emocionar o emocionarse sino de celebrar y transmitir la fe íntegra y en todo su esplendor. Y la Iglesia nos ha enseñado cómo hacerlo. Debemos dejar, por tanto, las "geniales innovaciones" de particulares (también las de los ministros ordenados) para otros ámbitos de la vida social o personal.


Urge tomar conciencia de estas realidades para que no sigamos arrojando los dones sagrados al saco roto de nuestras preferencias y gustos personales.



14 de julio de 2022, memoria litúrgica de san Camilo de Lelis, presbítero.
Entrada dedicada a él.

domingo, 23 de mayo de 2021

Santa Misa por diversas necesidades XX: "En reuniones espirituales o pastorales"

 


 
El siguiente formulario de Misa "En reuniones espirituales o pastorales", está tomado de la versión castellana, que es traducción oficial de la Editio Typica Tertia Emendata del original en latín del Misal Romano (2008). Es la edición típica de Argentina, adoptada por las Conferencias Episcopales de Bolivia, Paraguay y Uruguay.

Tal formulario integra el conjunto de "Misas y oraciones por diversas necesidades", que se pueden emplear libremente en las ferias del Tiempo Ordinario o cuando ocurre una memoria facultativa. En caso de grave necesidad, y por mandato o con licencia del Ordinario del lugar, pueden emplearse cualquier día, menos en los Domingos de Adviento, Cuaresma y Pascua, en  el Miércoles de Ceniza, en los días de la Semana Santa, en los de la Octava de Pascua y en la Conmemoración de los Fieles Difuntos. Pero si alguna verdadera necesidad o utilidad pastoral lo requiere, a juicio del rector de la iglesia o del mismo sacerdote que preside la celebración, pueden emplearse cuando ocurre una memoria obligatoria; también en las ferias de Adviento, hasta el 16 de diciembre inclusive, de Navidad, a partir del 2 de enero, y en las de Pascua, después de la Octava (Cf. Misal Romano, 2).

 

 

Antífona de entrada     Mt 18,20

 
Dice el Señor: Donde hay dos o tres reunidos en mi nombre,
yo estoy presente en medio de ellos.



O bien:     Col 3, 14-15

 
Sobre todo, revístanse del amor,
que es el vínculo de la perfección.
Que la paz de Cristo reine en sus corazones,
esa paz a la que han sido llamados, porque formamos un solo cuerpo.

 

Oración colecta

 
Te pedimos que infundas en nosotros, Señor,
el espíritu de inteligencia, de verdad y de paz,
para que conozcamos lo que es de tu agrado
y, con un mismo querer, lo pongamos por obra.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo,
y es Dios, por los siglos de los siglos.

 

O bien:

 
Señor y Dios nuestro, tu Hijo prometió estar en medio
de los que se reúnen en su Nombre;
concédenos sentir su presencia entre nosotros
para que, en la verdad y el amor,
experimentemos la abundancia de su gracia,
de su misericordia y su paz.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo,
y es Dios, por los siglos de los siglos.

 

Oración sobre las ofrendas

 
Mira con bondad los dones que presentamos, Señor,
y haz que comprendamos verdaderamente,
y expresemos con lealtad,
lo que es bueno y recto a tus ojos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.



Prefacio del Espíritu Santo II.



Antífona de comunión

 
Donde hay verdadera caridad y amor.
El amor de Cristo nos ha congregado en la unidad.



Oración después de la comunión

 
Padre misericordioso,
te pedimos que el alimento santo, que hemos recibido,
nos confirme en tu voluntad
y nos haga en todas partes testigos de tu verdad.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

 

23 de mayo de 2021, solemnidad de Pentecostés.
Entrada dedicada a Dios Espíritu Santo.

 

jueves, 18 de abril de 2019

Misas de la Vigilia Pascual y de la Noche de Navidad "anticipadas" en su horario





En muchos lugares, infelizmente se ha difundido la costumbre de "anticipar" el horario de las Misas  de la Noche de Navidad (llamada popularmente "de Nochebuena") y de la Vigilia Pascual. En ambos casos, se trata de un abuso que no parece poder justificarse esgrimiendo el concepto de  "razones pastorales", tantas veces lícitamente aducido (y otras tantas, como esta, necesariamente objetado por improcedente).
 
Aunque en ninguno de los dos casos aludidos se justifique "anticipar" el horario de las celebraciones, el motivo en cada cual no es el mismo. De hecho, hay una gran DIFERENCIA de carácter litúrgico entre ambas celebraciones, que abordaremos brevemente a continuación:


La Natividad del Señor 

La Misa "de la Noche" de Navidad, antes  (y aún hoy, en algunos lugares) se celebraba a las O horas (se llamaba también, por eso, "Misa de Medianoche", o, más popularmente, "del Gallo", porque concluía antes del alba, que es cuando se oye cantar al gallo).

Desde sus orígenes, ha tenido un carácter estrictamente nocturno, aun donde -siempre en horas de la noche- se haya adelantado al 24 de diciembre, como también hoy es habitual en muchos lugares, a causa de la gran estima que se tiene a la Cena familiar de Nochebuena.

Para la tarde del 24 de diciembre, existe una Misa propia, la de la "Vigilia de la Natividad del Señor", que muchos confunden con la de la Noche. 

En realidad, la liturgia prevé cuatro Misas para la Navidad, cada una de las cuales con sus textos bíblicos y eucológicos propios. Participando en cualquiera de esas Misas, se puede cumplir con el precepto navideño. 

La primera es la más arriba mencionada "de la Vigilia", considerada la última del 24, y distinta de la Misa matutina de ese día, que no es navideña, sino de una feria privilegiada, la última del tiempo de Adviento (o la del Domingo IV de este tiempo, si coincide con él). La Misa de la Noche, por su parte, se considera la primera del 25 de diciembre, aunque se anticipe a las horas finales del 24. Le siguen la "de la Aurora" (al rayar el alba del 25), y la "del Día", durante el resto de la jornada de Navidad.


La Vigilia Pascual 

A diferencia de lo que sucede con la tarde del 24 de diciembre, no existe una "Misa vespertina del Sábado Santo". Más aún, en este día , como en el Viernes Santo, la Misa no se celebra.

La de la Vigilia Pascual, la más importante y solemne del año litúrgico, se considera la primera Misa del Domingo de Pascua de Resurrección , aunque se celebre en horas nocturnas del Sábado, (lo dice la rúbrica del Misal: Missa Vigiliae, etsi ante mediam noctem celebratur, est Missa paschalis Dominicae Resurrectionis). Por esta razón, la participación en ella debe ser en horas de la noche y satisface el precepto dominical del Día más santo del año, como ocurre con cualquiera de las cuatro Misas de Navidad, de acuerdo con lo ya dicho.

El mismo Misal Romano, en la rúbrica sobre la Vigilia Pascual, no deja dudas al respecto cuando aclara que "esta celebración no debe comenzar antes de que anochezca ni concluir después de que amanezca". (Tota celebratio Vigiliae Paschalis peragi debet noctu, ita ut vel non incipiatur ante initium noctis, vel finiatur ante diluculum diei dominicae).


Tan importante es el tema que, de manera taxativa, también se expidió sobre el particular la Carta Circular Paschalis sollemnitatis, de la arriba mencionada Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos (16/01/1988). 

A continuación, se transcriben dos parágrafos, por lo inapelable de su estipulación. Esta cita retoma y confirma lo dicho antes:

En uno de ellos, la Iglesia lamenta que se haya "llegado a perder la misma noción de 'vigilia', hasta el punto de haber reducido su celebración a una mera Misa vespertina en cuanto al tiempo y el modo como se suele celebrar la Misa del domingo en la tarde del sábado precedente". (Paschalis Sollemnitatis, 3.).

El otro afirma categóricamente:

"Toda la celebración de la Vigilia Pascual debe hacerse durante la noche. Por ello no debe escogerse ni una hora tan temprana que la Vigilia empiece antes del inicio de la noche, ni tan tardía que concluya después del alba del domingo" (S. Congregación de Ritos, Instrucción Eucharisticum mysterium, (25 mayo 1967) n. 28. AAS 59 (1967) 556-557) Esta regla ha de ser interpretada estrictamente. Cualquier abuso o costumbre contrario que, poco a poco se haya introducido y que suponga la celebración de la Vigilia pascual a la hora en la cual, habitualmente, se celebran las Misas vespertinas antes de los domingos, ha de ser reprobado".
(Paschalis Sollemnitatis, n. 78.).


Como se puede advertir en el texto de dicha "Carta", no se trata de una cuestión nueva: ya antiguamente la Vigilia Pascual se celebraba en horario nocturno. Es cierto que en la primera mitad del siglo XX, por razones cuya explicación requeriría de otra entrada, se adelantó a horas del día; incluso, hasta cerca del mediodía. Pero luego, fue restablecido el horario original, lo que se consolidó con la Instrucción Eucharisticum Mysterium, y la reforma del Concilio Vaticano II. Las citas a pie de página en la citada "Carta" refieren a los documentos mencionados.


Por lo expuesto, hay que afirmar que las dos Misas, la de la Vigilia Pascual y la de la Noche de Navidad, deben celebrarse en horario nocturno. La liturgia actual no especifica horas puntuales, pero no hace falta ser astrónomo ni meteorólogo ni liturgo, para saber cuándo ya puede considerarse que es de noche y cuándo todavía no. Esto depende también del hemisferio en que tengan lugar ambas celebraciones, y, en particular, de la fecha en que ocurra la Pascua. Aun así, no hay "razones pastorales" válidas que justifiquen el abuso de "anticiparlas" a horas diurnas (es decir, cuando aún no se haya ocultado el sol) de la tarde del día anterior (Sábado Santo y 24/12 respectivamente). Ni siquiera en residencias de ancianos o enfermos, o en lugares de inseguridad, puesto que en esos casos, según lo dicho, si se trata de Navidad, puede celebrarse la Misa propia de la Vigilia; y si se trata de Pascua, el Sábado Santo por la tarde, en lugar de cometer el abuso litúrgico de celebrar la Misa antes de que anochezca, puede rezarse con los fieles el Oficio de lecturas o las Vísperas de la Liturgia de las Horas. Otra alternativa es optar por celebrar en esos lugares la Misa durante el tiempo pascual, sobre todo durante la Octava, cuyos ocho días constituyen para la liturgia como un único día de fiesta pascual. 

La prohibición de "anticipar" cualquiera de esas dos Misas es, al menos en la normativa actual, indiscutible, y no puede ser objeto de excepciones de ningún tipo, sin rayar el abuso litúrgico. 


A propósito de los horarios de la Misa papal 

Solamente la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, que es el dicasterio competente en materia de liturgia, podría autorizar algún cambio al respecto, con la aprobación del Santo Padre. Podría hacerlo también este último en persona. Es lo que ha ocurrido, por ejemplo, las veces en que san Juan Pablo II o Francisco, por evidentes problemas de salud y de edad, se han visto urgidos a adelantar las referidas celebraciones. En cualquier caso, esto no es justificativo para que nadie más lo haga pues solamente el Sumo Pontífice tiene autoridad para modificar tal o cual norma litúrgica, de manera ocasional o permanente, cuando le parezca necesario. En caso de que él quisiera autorizar un cambio al respecto para toda la Iglesia o para algunas Iglesias particulares, lo haría explícito y sería difundido por la misma Congregación para el Culto Divino.

Quienes aducen que pretenden "imitar" al Sumo Pontífice en el horario del culto sagrado, deberían, en tal caso, realizar en sus comunidades todo lo que se hace en la celebración papal: procesión de entrada, Calenda, Gloria litúrgico cantado, salmo cantado, etc...
En efecto, es objetable la actitud de quienes dicen proceder de tal manera en una celebración litúrgica "porque el Papa lo hace así" pero se niegan injustificadamente a emularlo en todo lo demás que también lleva a cabo.


La antítesis "luz/tinieblas" en la liturgia

En la liturgia de la Misa de la Vigilia Pascual y en la de la Nochebuena, el misterio de Cristo, Luz del mundo, se desarrolla en todo su esplendor. La oscuridad propia de la hora nocturna contrasta con las alusiones a la luz por parte de los textos bíblicos y eucológicos, sobre todo en la Noche de la Pascua, en la que, además, el deslumbrante Cirio, imagen de Cristo Resucitado, irrumpe imponente en el templo a oscuras, y permanecerá encendido en él en cada celebración durante los cincuenta días que dura el tiempo pascual. (Cf. Misal Romano, Primera parte de la Vigilia Pascual: "Lucernario").

Para profundizar sobre los ritos del "Lucernario" en la Vigilia Pascual, puede consultarse un interesante texto de Félix Arocena. Para acceder a él, hacer clic aquí.

La antítesis "luz/tinieblas" de las dos celebraciones que estamos considerando, se manifiesta también claramente en las oraciones colectas de cada Misa -la de la Vigilia Pascual y de la Misa de la Noche de Navidad-. Comienzan exactamente igual en el original en latín, y hacen alusión al Misterio de la Luz que ilumina la "sacratísima Noche", disipando las tinieblas: 

"Deus, qui hanc sacratissimam noctem...". 

Las dos Noches más sagradas del año evocan, cada cual a su manera, la noche temporal y espiritual de nuestra vida y de nuestra historia, de nuestro cuerpo y de nuestra alma, noches que se hacen una sola y que acogen en su seno la gloria de Cristo, Astro refulgente del Padre, Luz verdadera que disipa toda oscuridad y Día sin ocaso que nos rescata del pecado y de la muerte eterna.



18 de abril de 2019, Jueves Santo In Cena Domini. Inicio del Sacro Triduo Pascual.
Entrada dedicada a Jesucristo, Sacerdote, Altar, Víctima, y Maná de la Nueva Alianza.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Ritos finales: Abusos litúrgicos


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(El link de los documentos aquí citados está enlazado en sendos nombres, mencionados en la entrada "Abusos litúrgicos: Introducción").

Luego de la Oración después de la Comunión comienzan los Ritos finales de la Misa.
Según lo ya dicho, es éste y no otro el momento oportuno para los eventuales y comúnmente llamados "avisos parroquiales".

Bendición final:

Luego del saludo litúrgico El Señor esté con ustedes, con su respectiva respuesta, tiene lugar la Bendición final.
El sacerdote puede usar una de las fórmulas de Bendición solemne, de acuerdo con el tiempo o día litúrgico. También puede usar la Oración sobre el Pueblo. Si no, puede impartir directamente la bendición de la forma sencilla: La bendición de Dios todopoderoso...
Lo que debe evitarse es la pretendida improvisación que suelen llevar a cabo algunos sacerdotes, elaborando en el momento sus propias "bendiciones solemnes" u "oraciones sobre el pueblo". Deben, por el contrario, respetarse los formularios establecidos, pertenecientes, en su mayoría, al tesoro eucológico de la Iglesia.

Despedida:

Cuando se halla presente el diácono, es él quien debe despedir al pueblo con la fórmula litúrgica Ite Missa est, una de cuyas traducciones adaptadas y aprobadas es Pueden irse en paz, la cual es a veces legítimamente enriquecida con alguna breve frase, en el mejor de los casos, bíblica.

Se han aprobado, además, otras tres  fórmulas, que son fruto del Sínodo de los Obispos sobre la Eucaristía (2005) y que se incorporaron a la tercera editio typica del Misal Romano:

Ite ad Evangelium nuntiandum ("Pueden ir a anunciar el Evangelio").
Ite in pace, glorificando vita vestra Dominum ("Pueden ir en paz, glorificando con su vida al Señor").
Ite in pace ("Pueden irse en paz", que, como se ve más arriba, es también la traducción no literal de la fórmula Ite Missa est, la única usada hasta la aprobación de estas tres fórmulas nuevas. Sencillamente, a esa traducción no literal, se le ha asignado su correspondiente forma latina, lo que ha dado lugar a esta nueva fórmula. Nótese que también forma parte de la estructura de la segunda fórmula aprobada recientemente). 

Luego de cualquiera de las fórmulas precedentes de despedida, pronunciada por el diácono, o en su defecto, por el mismo sacerdote, la asamblea responde Demos gracias a Dios, y en Tiempo Pascual, añade Alleluia, alleluia.

La asamblea debe disolverse solamente cuando el sacerdote se haya retirado del templo, y no antes.


Otras entradas referidas al tanto:


8 de febrero, memoria litúrgica de San Jerónimo Emiliano, y de Santa Josefina Bakhita, virgen.


domingo, 5 de febrero de 2012

Liturgia de la Eucaristía: Abusos litúrgicos





(El link de los documentos aquí citados está enlazado en sendos nombres, mencionados en la entrada "Abusos litúrgicos: Introducción").

La Liturgia eucarística constituye el corazón de la Santa Misa.

A continuación, consignaré algunos abusos litúrgicos que observo más o menos frecuentemente en los distintos momentos de esta parte de la Misa:

Presentación de ofrendas:

He visto que hay comunidades en las que los fieles, aparte de los dones obligatorios de pan y vino (que siempre deben preceder en la procesión), presentan "simbólicamente" otros dones materiales, que luego cada uno recupera sin dejarlos como donación para la comunidad. Esto atenta contra el sentido de la ofrenda, que debe ser algo verdadera y libremente donado.
Aclaro, de paso, que contra lo que he tenido la oportunidad de ver en muchos casos, sobre el altar se colocan únicamente el pan y el vino, nunca los otros dones (Cf. IGMR, 73, 140).

Incensación:

Hay sacerdotes que en esta parte de la Misa, luego de incensar las ofrendas, la cruz y el altar, que es lo correcto (Cf. IGMR, 75), inciensan  la imagen de la Santísima Virgen o de algún otro santo. Esto es incorrecto. Las imágenes solamente pueden incensarse al comienzo de la Misa (Cf. IGMR, 277; Caeremoniale episcoporum, 95). Puede leerse el artículo sobre el uso del incienso en este mismo blog: 


Oración sobre las ofrendas:

Cuando el sacerdote pronuncia la Oración sobre las ofrendas todos deben estar de pie. Esta oración debe ser siempre una sola (...unica dicitur oratio super oblata...) y finalizar con la conclusión breve (...concluditur conclusione breviore...).
En no pocos lugares he presenciado una costumbre cuasi istriónica, si se me permite la expresión: Los fieles se ponen de pie, como si estuvieran respondiendo a una invitación del sacerdote, luego de que él dice: "Levantemos el corazón" (Sursum corda), palabras con las que se introduce el Prefacio después de la Oración sobre las ofrendas. De más está decir que esta exhortación posee un sentido meramente espiritual, no físico u orgánico.

Prefacio:

Es como el pórtico de la Plegaria Eucarística, con la cual puede o no constituir un todo.
Cuando se trata del Prefacio propio de algunas solemnidades y fiestas del Señor, de ninguna manera puede cambiarse por otro, como se hace a menudo en algunas comunidades. No se consideran Prefacios propios los correspondientes a los tiempos litúrgicos. En efecto, suele afirmarse erróneamente, por ejemplo, que las dos máximas solemnidades del año, Pascua y Navidad, poseen Prefacio propio. No es así. En ambas se utilizan los Prefacios correspondientes a los respectivos tiempos litúrgicos, Prefacios que, por lo mismo, pueden emplearse libremente durante los días de dichos tiempos que no lo tengan propio.
Los Prefacios estrictamente propios, en cambio, solamente se deben utilizar en el día litúrgico de la celebración, y en algunos casos, pueden usarse en otra festividad del mismo santo, y en su Misa votiva, si las hubiere (Por ejemplo, San José, San Juan Bautista). Más propios aun, por decirlo así, pueden considerarse los Prefacios que forzosamente se usan una vez al año, como por ejemplo, el del Domingo de Ramos, o el de la Asunción o de la Inmaculada Concepción.

Sanctus:

Esta triple aclamación seráfica forma parte del Ordinario de la Misa, por lo que su traducción a la lengua vernácula aprobada por la Santa Sede, tanto en el canto como en la recitación, debe respetarse íntegramente. Están muy difundidos otros cánticos semejantes, pero que no respetan este principio. Urge corregir este abuso.

Plegarias Eucarísticas:

Su texto debe respetarse siempre y sin excepciones.
-He escuchado a sacerdotes que añaden, modifican u omiten a su arbitrio tal o cual parte de la Plegaria Eucarística. En los pocos casos en que esto es posible, los libros litúrgicos lo aclaran puntualmente (Por ejemplo, en la Plegaria Eucarística I, el venerable Canon Romano, se puede omitir la mención de algunos santos antes y después de la Consagración, lo cual está explícitamente señalado en el lugar correspondiente).
Cualesquiera otras innovaciones a título personal o comunitario, fomentadas o realizadas por sacerdotes o laicos -y hasta obispos-, están terminantemente prohibidas y constituyen un grave abuso litúrgico. Hay que decir lo mismo para otra reprobable costumbre que observé algunas veces: El sacerdote invita a la asamblea, o a algún laico, o al diácono, a proferir con él algunas partes de la Plegaria, cuando esto es exclusivo de quienes han recibido el sacramento del Orden sacerdotal, a partir de su segundo grado (presbiterado). (Cf. IGMR, 147; RS, 51, 52).

A veces, se utilizan instrumentos musicales o música instrumental durante la recitación de la Plegaria Eucarística. Esto va contra las normas litúrgicas (Cf. IGMR, 32; RS, 53).

-Consagración

En el momento de la elevación he escuchado también diversas aclamaciones que, surgidas en el ámbito de la piedad popular, son proferidas por los fieles. La más conocida es la del apóstol Santo Tomás: Señor mío y Dios mío. Tales aclamaciones y cualesquiera otras pueden ser hechas por los fieles en el silencio orante del corazón, de manera que no distraigan a quienes oran en silencio. Ninguna de ellas es sugerida en el Misal para este momento.

Por otra parte, he visto que sacerdotes, aun siendo teólogos, cometen el serio abuso de realizar la fracción del pan, cuando pronuncian las siguientes palabras de Jesús: "...lo partió...". Esta "teatralización" atenta contra la Tradición de la Iglesia. La Instrucción RS reprueba firmemente esta práctica, y ordena corregirla con urgencia (Cf. n. 55). El rito de la fracción del pan debe realizarse antes de la Comunión, mientras se canta el Agnus Dei, como especificaré más abajo. Para profundizar sobre este abuso, ver aquí.

La nueva traducción oficial de la fórmula de consagración exige las palabras "por muchos" (pro multis) y no "por todos". Quién mejor que el sapientísimo Benedicto XVI para explicárnoslo: http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/letters/2012/documents/hf_ben-xvi_let_20120414_zollitsch_sp.html

-Memento de la Iglesia militante

He escuchado algún sacerdote que, contra la praxis dos veces milenaria de la Iglesia (Cf. RS, 56), omite la mención del Papa o del obispo del lugar.

-Doxología

La doxología con la que concluye toda Plegaria Eucarística, a tenor de lo dicho más arriba, solamente debe ser cantada o recitada por el sacerdote, y no por él conjuntamente con la asamblea.

Padrenuestro:

Es un abuso el reemplazo del Padrenuestro por cualquier otro cántico, aunque se refiera a la paternidad del Señor, y sea bíblico como lo es esta oración dominical.
Hay quienes pronuncian la palabra Amén, como habitualmente se hace, al concluir el Padrenuestro. En la Misa es incorrecto, pues existe el embolismo, una petición que desarrolla la parte conclusiva de esta Oración del Señor: "Líbranos, Señor, de todos los males..."
La elevación de manos por parte de los fieles, como el tomarse de las manos, no están contemplados en los libros litúrgicos.

El Rito de la paz:

De haber diácono, es éste quien invita a los fieles a intercambiarse el saludo de paz. Si no, lo hace el mismo sacerdote.
Este rito debe caracterizarse por la sobriedad. A menudo he observado que se lo considera el momento ideal para -"saludar" a los parientes, amigos y demás conocidos que están presentes en cualquier parte del templo. El Rito de la paz no es una mera manifestación de afecto, o un acto de perdón o reconciliación, sino que es expresión de la comunión eclesial y de la caridad, antes de recibir la santísima Eucaristía (Cf. IGMR, 82; RS, 71).
La paz debe ser ofrecida a los que están más cerca de uno en el templo (Cf. IGMR, ib; RS, 72).
Los sacerdotes se intercambian el saludo de paz entre ellos, y con los demás ministros, pero permaneciendo siempre en el presbiterio (Cf. IGMR, 181; RS, ib), y no desplazándose por las naves de la iglesia para saludar a tales o cuales particulares.
La Carta Circular "El significado ritual del don de la paz en la Misa", de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, con fecha 8 de junio de 2014, puntualiza bien todo esto.

Agnus Dei - Fracción del pan:

Hay comunidades en las que se entonan cánticos relativos a la paz que se integran en el del Agnus Dei. Esto no está contemplado en los libros litúrgicos, y afecta a la integridad de este texto del ordinario de la Misa, el cual, solo e íntegro, debe acompañar el rito de la fracción del pan. Puede, por lo mismo, repetirse tantas veces como sea necesario, siempre y cuando, en cualquier caso, la última invocación sea danos la paz (Cf. IGMR, 83).

En varias comunidades hay sacerdotes que permiten que los acólitos instituidos, y hasta los monaguillos, realicen con ellos la fracción del pan. Esto es incorrecto, pues corresponde solamente a los ministros ordenados (Cf. IGMR, ib).

Comunión:

Otro lamentable abuso que he presenciado, es la "invitación" que suele hacer el sacerdote a que todos los fieles comulguen el Cuerpo y la Sangre del Señor de forma indiscriminada, con el compromiso de una ulterior confesión sacramental. Peor aun, suelen realizar una previa "absolución general" en ese momento., lo cual está prohibido por la Iglesia, que ha regulado claramente esta práctica excepcional (Cf.   Carta Apostólica Misericordia Dei, de San Juan Pablo II, 7 de abril de 2002).
Proceder contra las normas establecidas, atenta contra uno de los requisitos que requiere la digna recepción del más augusto de los sacramentos: el estado de gracia que, de haberse perdido, solamente puede recuperarse luego de la confesión sacramental, obligatoriamente previa a la comunión eucarística.
En donde las normas de la Iglesia lo permitan, la Comunión puede recibirse en la mano (Cf. IGMR, 161). Pero no debe olvidarse que el modo ordinario de recibir la Sagrada Forma es en la boca. Sobre este tema, los invito a leer el siguiente artículo de este blog: "La Comunión: ¿En la boca o en la mano?":

http://veritasl.blogspot.com/2012/01/la-en-la-boca-o-en-la-mano-el-problema.html

Cuando se recibe en la mano, hay que esperar que el ministro deposite en ella la Hostia, y no tomarla con los dedos, ni mucho menos, extraerla uno mismo de los vasos sagrados. La Eucaristía es un Don de Dios, el más excelente de todos, y nadie por sí mismo tiene derecho a tomarla. Debemos recibirla de la Iglesia, que es la única que, por medio de sus sacerdotes, puede confeccionarla.

Hay otro abuso que quisiera consignar aquí:
Algunos sacerdotes, envían a otros a distribuir la Comunión. eximiéndose ellos de hacerlo. El que ha presidido la Santa Misa y todos los sacerdotes que hubiere presentes, de ser necesario, tienen la obligación de distribuir la Comunión. Los ministros extraordinarios de la Sagrada Comunión, u otros fieles, de forma ocasional, solamente pueden ejercer este ministerio cuando haya una gran afluencia de fieles y uno o pocos sacerdotes (Cf. IGMR, 162; RS, 154-160).
El canto de Comunión ha de ser preferentemente eucarístico. Si no se canta nada, un cantor, el coro, el pueblo, o incluso, el mismo sacerdote, luego de comulgar él, y antes de que comience a distribuir la Eucaristía, puede recitar la antífona de Comunión (Cf. IGMR, 86, 87).


Acción de gracias después de la Comunión:

El que sigue a la Comunión es un momento personal de oración y acción de gracias. Puede entonarse algún cántico que favorezca la meditación, o guardarse sagrado silencio (Cf. IGMR, 45, 88). Atenta seriamente contra la importancia de este momento la práctica cada vez más difundida, de realizar los "avisos parroquiales", los cuales, pueden encontrar un instante apropiado luego de la oración después de la Comunión.

Oración después de la Comunión:

La debe recitar el sacerdote luego del momento de acción de gracias. Su objetivo es implorar los frutos del misterio celebrado, concluir la súplica del pueblo de Dios y el Rito de la Comunión (Cf. IGMR, 89).  No debe omitirse ni reemplazarse por ninguna otra oraciòn de estilo diferente.

Otras entradas dedicadas al tema:


5 de febrero de 2012, domingo V "durante el año".
(Última actualización de la entrada: 3/2/23).
 

domingo, 29 de enero de 2012

Liturgia de la Palabra: Abusos litúrgicos




(El link de los documentos aquí citados está enlazado en sendos nombres, mencionados en la entrada "Abusos litúrgicos: Introducción").
Llama demasiado la atención la violación de rúbricas y normas en la Liturgia de la Palabra, por ser ésta, junto con la Liturgia eucarística, una de las dos partes centrales de la Misa. Por lo mismo, urge que tal violación sea advertida y corregida.
Ante todo, es necesario aclarar que en la Misa, el ambón es el lugar propio para la proclamación de las lecturas "...semper ex ambone proferuntur" (IGMR, 58; Cf. OLM, 16). 

Las lecturas: (para profundizar, puede consultarse también la "Introducción al Leccionario de la Misa")

He sabido de sacerdotes que en los domingos, sin causa alguna omiten la primera o la segunda lectura, o bien las reducen, o las reemplazan por otras lecturas bíblicas. Hay pocos casos, perfectamente estipulados, en que esto se puede tolerar, como es el de las Misas con niños (Cf. Directorio para las Misas con niños, 42, 43, 44); o como ocurre en la Vigilia Pascual, en que pueden, no sin causa razonable, omitirse algunas de las nueve lecturas prescriptas. Fuera de estos casos, estamos en presencia de un serio abuso litúrgico (Cf. RS, 62).
La reducción de la extensión de las lecturas bíblicas, en los pocos casos en que se permite, siempre se especifica puntualmente en el Leccionario, ofreciendo la versión aprobada del texto breve a continuación de la forma larga. Cuando las rúbricas no lo aclaran textualmente, es un abuso realizar esa simplificación. En el citado caso de las Misas con niños puede optarse por perícopas más breves, siempre tomadas de las Sagradas Escrituras.
Asimismo, el reemplazo de las lecturas bíblicas por otras que no lo sean, constituye un abuso más grave aun, y no debe aceptarse jamás (Cf. OLM, 12).
Por otra parte, he escuchado a muchos lectores, instituidos o no, que, en la Misa, antes de leer las páginas bíblicas correspondientes, dicen: "Primera lectura", "Salmo responsorial" o "Segunda lectura". Aunque no constituya propiamente un abuso, no deja de ser una incorrección que se debe erradicar. Lo mismo hay que decir para la costumbre de anteponer el verbo "ser" conjugado, y peor aun, cualquier tipo de frases u oraciones, a la expresión litúrgica "Palabra de Dios" (que es lo único que deben decir los lectores), o a la que es exclusiva del diácono, o en su defecto, del sacerdote, cuando se concluye la proclamación del Evangelio: "Palabra del Señor". Así, se pronuncian oraciones tales como "Queridos hermanos, esto es Palabra de Dios". Es incorrecto. La Sagrada Escritura, leída en la Santa Misa y en otras celebraciones no necesita más presentaciones que las demasiado sobrias, breves y precisas que la misma liturgia bimilenaria de la Iglesia ha acuñado a lo largo del tiempo.
La disposición tipográfica de los libros litúrgicos vigentes contribuye a orientar a los fieles para que tengan en cuenta qué debe ser proclamado y qué no.
Debe evitarse también la elección al azar e improvisada de lectores, poco antes de comenzar la Misa.

El salmo:

La omisión del salmo o su reemplazo por otros cánticos no bíblicos, es otro abuso que sigue extendiéndose.
Hay casos concretos en los que se acepta, como la celebración de las Misas con niños, que permite excepcionalmente la ejecución de otro canto "a la manera del salmo" (Op. cit, 46). También está el caso de la Vigilia Pascual, en la cual puede reemplazarse el salmo de las lecturas del Antiguo Testamento, por un silencio meditativo. Nótese que no se fomenta la omisión sino el reemplazo por el silencio, el cual en estos casos es considerado verdaderamente litúrgico (Cf. IGMR, 45; OLM, 28).
Hay veces en que, cuando va a ser cantado, se permite el reemplazo del salmo del día por otro salmo. Esto ocurre en la celebración de Misas de las diversas categorías de santos, o de los diferentes tiempos litúrgicos  (Cf. OLM, 89). 
Pareciera ser que la única forma que se conoce para la proclamación del salmo es la responsorial, es aquella en la que el pueblo responde con una antífona luego de que el salmista canta o recita cada una de las estrofas del salmo. Hay otra forma que es la directa, en la que el salmista canta o recita todo el salmo, y el pueblo participa con su escucha atenta y en silencio meditativo (Cf. OLM, 20).

La secuencia:

A veces, aduciendo las más variadas pero siempre discutibles razones, se han obviado las secuencias de Pascua y Pentecostés, ambas obligatorias, la primera, para las Misas del día de Pascua, y la segunda, para las Misas de la Vigilia y del día de Pentecostés. Se trata de un abuso porque en estas dos grandes solemnidades ambos textos líricos forman parte de la estructura de la Liturgia de la Palabra.
La omisión solamente se permite en los dos casos en que las secuencias son facultativas: Corpus Christi y Nuestra Señora de los Dolores. 
Todos los miembros de la asamblea, contrariamente a como ocurría en el pasado, han de estar sentados mientras se canta o se recita cualquier secuencia.

El Aleluya:

Esta aclamación está prohibida solamente para el tiempo cuaresmal -sin excepciones- (Cf. IGMR, 62 a). Me he percatado de que hay quienes la omiten en Adviento. Es incorrecto, como lo es también la costumbre de cantar el Aleluya en las fiestas y solemnidades que suelen ocurrir en Cuaresma (Cátedra de San Pedro, San José, Anunciación del Señor). Si bien es cierto que en estos casos sí se prescriben el Gloria y el Credo, esto no vale para el Aleluya, por lo dicho más arriba. Lo mismo debe decirse de las "celebraciones más solemnes" de las que hablan los números 53 y 68 de la IGMR: Aun en tiempo cuaresmal, en ellas pueden cantarse o recitarse el Gloria y el Credo, pero el Aleluya no.
Hay veces en que el coro o un cantor entonan solos el Aleluya, sin que lo haga el pueblo. Es incorrecto. Todos, unánimemente deben cantar el Aleluya (Cf. OLM, 23).

La proclamación del Evangelio:

El Leccionario posee todas las lecturas bíblicas necesarias para la Misa, y el Evangeliario, como su nombre lo indica, solamente las lecturas del Evangelio, y es este último libro (y no aquél -ya lo dije en el artículo anterior-) el que el diácono, o en su defecto, un lector, lleva en procesión al comienzo de la Misa, y deposita sobre el altar (Cf. IGMR, 120, 172, 173, 194). El Leccionario debe estar en el ambón ya desde antes del comienzo de la Misa (Cf. IGMR, 128).
Solamente un ministro ordenado puede proclamar el Evangelio (Cf. RS, 63). Es una función ministerial, propia del diácono, o en su defecto, del sacerdote. El Evangeliario se toma del altar y se lleva solemnemente, precedido por incienso, y entre cirios -salvo en la Vigilia Pascual- hasta el ambón, desde donde se anuncia, se inciensa, se proclama, y se concluye. Luego el diácono lo lleva al sacerdote, y en ausencia de aquél, si está el obispo, el mismo sacerdote se lo acerca a éste para que realice la bendición (Véase a modo ilustrativo en el vídeo de arriba, la procesión y proclamación del Evangelio en una Misa de Pentecostés presidida por el Papa).

Bendición del pueblo con el Evangeliario:

Esta bendición, que se realiza en las celebraciones más solemnes, corresponde únicamente al obispo. (Véase en la foto de abajo a nuestro Santo Padre Benedicto XVI, Obispo de Roma, impartiendo la bendición con el Evangeliario).
He participado de Misas en las que los mismos sacerdotes realizan tal bendición, contrariamente a lo que establecen las normas (Cf. IGMR, 175).

Homilía:

La homilía no se puede omitir sin causa grave (Cf. IGMR, 66; OLM, 25), y la debe realizar un ministro ordenado; jamás un laico (Cf. RS, 64, 65, 66). He participado de Misas en las que el sacerdote, en el momento de la homilía, eximiéndose de su obligación de realizarla, invita a algún laico a "dar testimonio" sobre determinado tema. Esta "protestantización" de la homilía es inadmisible.
En otro orden de cosas, he escuchado homilías que nada tienen que ver con las lecturas proclamadas, sino que tratan sobre anécdotas personales, de carácter más o menos moralista. En el otro extremo, he escuchado también, más que homilías, "ponencias", complejas exposiciones teológicas que para nada tienen en cuenta ni la razón de ser de esta parte de la Misa, ni mucho menos a los destinatarios. Ambos extremos son incorrectos, y atentan contra el verdadero sentido de la homilía.
En la homilía puede haber un abuso litúrgico serio cuando el sacerdote hace suyas tales o cuales ideologías o temáticas profanas, pretendiendo sustentarlas en la Palabra de Dios, contra el Magisterio de la Iglesia, o cuando manifiesta implícita o explícitamente su adhesión o su rechazo personal por éste o por aquel posicionamiento político (Cf. RS, 67).
Lo que sí puede y debe hacer es aclarar, si es necesario, por qué y en qué sentido determinado proceder o cierta idea, impulsados por cualquier particular o por grupos sociales influyentes, se oponen al Evangelio de Cristo y a las enseñanzas de la Iglesia.
Otro abuso litúrgico es la forma "dialógica" que algunos sacerdotes adoptan para su homilía, con lo cual este importante momento de la Liturgia de la Palabra se convierte en un intercambio de pareceres, que en el peor de los casos, es rayano en la polémica, atentando contra el más sagrado Acto de culto, que es la Misa. No faltan quienes sostengan que esto no está literalmente prohibido. A ellos hay que responderles que nunca serían suficientes los libros para expresar lo que no debe hacerse en una celebración litúrgica; se necesitaría una cantidad innumerable de volúmenes. Creo que cuestionamientos de esta naturaleza se originan en una severa crisis de sentido común y en una negación a aceptar que lo sagrado nos es dado para custodiarlo, y no para manipularlo a nuestro arbitrio.
El 29 de junio de 2014, solemnidad de los santos Apóstoles Pedro y Pablo, la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, publicó un documento que ofrece importantes orientaciones a los ministros sagrados respecto de cómo preparar las homilías. Es el Directorio homilético, cuyo texto completo se puede descargar hacienddo clic aquí.

La Profesión de fe:

Hay Misas en las que se omite el rezo del Credo, aunque esté prescripto. Es el caso de los domingos y solemnidades. Esto constituye un abuso, a no ser que en la misma Misa, por prescripción o sugerencia de los libros litúrgicos, se realice el rito de la Renovación de las promesas bautismales, como ocurre en la Vigilia Pascual, por ejemplo.
En cualquiera de las dos fórmulas aprobadas (Credo de Nicea o Símbolo apostólico), aunque no llegue a ser un abuso litúrgico, la omisión de la inclinación profunda a las palabras referidas a la Encarnación y al Nacimiento del Señor, no deja de influir en la importancia de la Profesión de fe que llevamos a cabo en esta parte de la Misa (cf. IGMR, 275 b). Véase además en este blog el artículo "Liturgia e inclinaciones":


La Oración de los fieles:

Hay objetivos y un modelo típico de petición, que no siempre se respetan en la redacción de la Oración de los fieles (Cf. IGMR, 69, 70, 71; OLM, 30, 31).
La "sabia libertad" de la que hablan los documentos citados, debe tener en cuenta la brevedad y la claridad y respetar el sentido y la razón de ser de esta Oración en que el pueblo de Dios ejerce su sacerdocio común.
Sería bueno contemplar la posibilidad que ofrecen la IGMR y la OLM de alternar la invocación de los fieles luego de cada intención (que es lo que comúnmente se hace), con la otra opción de la súplica silenciosa de cada uno de ellos, luego de la formulación de la intención (Cf. nn. 71; 31, respectivamente).

He dedicado una entrada de este blog a las opciones para la correcta redacción de la Oración de los fieles. Consultar aquí.

Otras entradas dedicadas al tema:



29 de enero de 2012, domingo IV "durante el año".
(Última actualización de la entrada: 13/06/17).




miércoles, 25 de enero de 2012

Ritos iniciales: Abusos litúrgicos


 


Los siguientes son algunos abusos litúrgicos que he observado en los Ritos iniciales de la Misa: (El link de los documentos aquí citados está enlazado en sendos nombres, mencionados en la entrada "Abusos litúrgicos: Introducción").

En primer lugar, y no es un dato menor, la llegada tarde a Misa -sin justa causa- por parte de los fieles, que observo muy frecuentemente en varias parroquias, no deja de influir negativamente en la celebración.

De hecho, la "asamblea constituida" (Cf. IGMR, 47, 50, 120) -de ahí la palabra ekklesia-, es un requisito fundamental para la celebración eucarística. Tal es así que, aun habiendo un solo fiel, o incluso, únicamente el sacerdote, en la Santa Misa se hace presente la única Iglesia de Dios, extendida por toda la Tierra.

La procesión de entrada

Preocupa ver cómo se desvirtúa el sentido y la importancia de la procesión de entrada cuando en ella son llevados elementos litúrgicos distintos de aquellos específicamente estipulados. He visto procesiones de entrada de la Misa en que se portan imágenes de la Santísima Virgen y de otros santos; banderas (no sólo la papal, sino también la nacional, regional, o de algún grupo o asociación).
Remarquemos algunos detalles, a partir de las dos fotos que acompañan este escrito:



Los elementos litúrgicos de una procesión de entrada tipo son: el turíbulo con el incensario humeante (thuriferarius cum thuribulo fumigante: IGMR, 120 a) -lo cual no siempre se respeta-, los cirios, la cruz procesional con la efigie de Cristo (crux efigie Christi crucifixi: IGMR, 117). (Véase en la foto anterior al joven acólito cruciferario, -así se llama a quien porta la Cruz procesional- encabezando la procesión de entrada: Su mano derecha empuña la Cruz en la parte superior, y la izquierda, en la inferior opuesta. Es el modo correcto de llevarla. Detrás de él, no habiendo diácono, otro acólito lleva el Evangeliario.
En la foto de abajo vemos al acólito que porta la Cruz de la procesión de entrada de la Misa de beatificación de Juan Pablo II. Obsérvese además, que las banderas, en su mayoría polacas, no son llevadas en la procesión, sino que las hacen flamear los peregrinos que participan de la celebración). 
El Evangeliario, (no el Leccionario -he aquí otra irregularidad que he observado-), también puede llevarse en procesión (Cf. IGMR, 117, 172). El diácono, que es quien debe portar el Evangeliario, si lo lleva en procesión, debe sostenerlo un poco elevado (Evangeliarum parum elevatum deferens: IGMR, 172). He observado que hay diáconos que, portando el Evangeliario, realizan la inclinación profunda ante el Altar, y a veces, no lo depositan a aquél sobre éste. Ambas cosas son incorrectas (Evangeliarium laudabiliter super altare deposito: IGMR, 173). 

El canto de entrada:

En no pocas oportunidades he participado de Misas en las que el canto de entrada no cumple con su cometido de abrir la celebración, de fomentar la unidad de los presentes, de introducirlos en el espíritu del tiempo o fiesta, y de acompañar la procesión de entrada.
En este sentido, hay que evitar los cantos en primera persona del singular, más propios de otro tipo de celebraciones, salvo que se trate de salmos, pues en éstos, el "yo" del escritor sagrado se entiende como un "nosotros" que incluye a todo el Pueblo de Dios.

El saludo inicial:

Existen saludos litúrgicos típicos que no siempre son usados. El "buenos días" y "buenas tardes" que a menudo he escuchado, están muy lejos de ser litúrgicos.

El Acto penitencial:

No siempre se usan las tres fórmulas aprobadas, a saber: Yo confieso; Señor, ten misericordia de nosotros; o algún formulario de tropos con el Kyrie.

A propósito, el Kyrie es una invocación cristológica, no trinitaria. He escuchado a muchos sacerdotes que en las tres invocaciones (que podrían ser más), mencionan a cada una de las Tres Divinas Personas.

Alguna vez escuché también a cierto sacerdote que invitaba a los fieles a "participar devotamente" del Acto penitencial, "para poder comulgar después". Gravísimo. Este Acto, si bien puede obtener la remisión de las faltas veniales, "carece de la eficacia del sacramento de la Penitencia" (Cf. IGMR, 51).

También he notado que el Rito dominical de la bendición y aspersión del agua, que suple al Acto penitencial, en la mayoría de las comunidades parroquiales, no se realiza ni siquiera
quandoque, "alguna vez", como lo sugiere la IGMR (Cf. Ib). Se aconseja especialmente para los domingos del Tiempo pascual.

Himno Gloria in excelsis: "...antiquissimus et venerabilis hymnus..." (Cf. IGMR, 53).

Este himno, que cuando las rúbricas lo prescriben, se canta, o en su defecto, se recita y no puede omitirse, no debe ser reemplazado por ningún otro cántico, aunque éste fuere de alabanza. Es un abuso litúrgico que observo con frecuencia. También he escuchado paráfrasis del mismo himno, o traducciones a la lengua vernácula, que no cuentan con la debida aprobación. El texto aprobado siempre debe respetarse íntegramente en el canto y en la recitación. Se mantiene, no obstante, la concesión de una excepción a esto, contemplada en el número 31 del Directorio para las Misas con niños, documento de la Congregación para el Culto Divino.

Oración colecta:

Luego de decir "Oremos" (a excepción del Viernes Santo, en cuya Acción Litúrgica esto no se dice), el sacerdote debe realizar una breve pausa de silencio. Si bien el no efectuarla no constituye en sí un abuso, esto no deja de influir en el sentido de la misma colecta, que tiene por finalidad "reunir" en una sola las oraciones de los presentes.

He notado que en ciertas oportunidades, hay sacerdotes que conservan el antiguo uso de unir a la oración colecta otra u otras más, omitiendo la conclusión de aquélla, y trasladándola a la última colecta recitada. Esto va contra las normas vigentes, que prescriben "In Missa semper unica dicitur collecta" (IGMR, 54).
La oración colecta finaliza siempre con la conclusión trinitaria, es decir, la larga ("longiore") (Ib), contrariamente a lo que he escuchado de algunos sacerdotes.

En la siguiente entrada sobre este tema, nos referiremos a los abusos litúrgicos en la Liturgia de la Palabra.


Otras entradas dedicadas al tema:

ABUSOS LITÚRGICOS EN LAS DIFERENTES PARTES DE LA MISA


1. Introducción general al tema


https://veritasl.blogspot.com/2012/01/abusos-liturgicos-introduccion.html


3. Liturgia de la Palabra

https://veritasl.blogspot.com/2012/01/liturgia-de-la-palabra-abusos.html


4. Liturgia de la Eucaristía

https://veritasl.blogspot.com/2012/02/liturgia-de-la-eucaristia-abusos.html


5. Ritos finales

https://veritasl.blogspot.com/2012/02/ritos-finales-abusos-liturgicos.html



25 de enero de 2012, Fiesta de la Conversión del apóstol San Pablo.