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sábado, 4 de abril de 2026

Pregón pascual: origen y análisis

 

"Nox sicut dies illuminabitur" (Sal. 139, 12)



1. Orígenes:  Lucernaria (Siglos II - IV)


​El Exsultet tiene su raíz en el rito de la Lucernaria, una tradición judía y paleocristiana que consistía en encender las lámparas al anochecer mientras se daba gracias a Dios por la luz.


​En la Vigilia Pascual, este encendido cobró un significado especial: el triunfo de Cristo sobre las tinieblas. Originalmente, los diáconos improvisaban estas oraciones de alabanza sobre el Cirio, lo que dio lugar a una gran variedad de textos regionales.


La autoría del Pregón pascual o Exsultet es uno de los enigmas más fascinantes de la himnografía latina. Aunque lo usamos hoy como un texto unificado, su estructura actual es el resultado de siglos de evolución, con raíces que se hunden en los primeros siglos del cristianismo.


​Atribución a san Agustín


​Durante mucho tiempo, la tradición atribuyó el núcleo del Pregón a san Agustín de Hipona (siglo V).


​En su obra La Ciudad de Dios (Libro 15, cap. 22), Agustín menciona haber escrito un breve elogio al Cirio en verso.


​Si bien el estilo teológico de Agustín (especialmente la idea de la felix culpa) impregna el texto, los expertos modernos creen que el Exsultet romano que conocemos hoy es posterior o una síntesis de varias fuentes.


​2. La influencia de san Jerónimo


​Existe una famosa Carta de san Jerónimo (Carta 18, a Presidio) donde se excusa por no querer escribir un Pregón para el Cirio, argumentando que no era una tradición romana original, sino más bien de las iglesias de las Galias e Italia del Norte. Esto nos da una pista temporal: a finales del siglo IV, el Pregón ya era una pieza importante en algunas regiones, pero aún generaba debate en otras.


​3. San Ambrosio y la tradición milanesa


​Muchos estudiosos ven la mano de san Ambrosio, o al menos, de su círculo en Milán.


​El estilo poético, el uso de la métrica y, sobre todo, el elogio de la abeja (de opéribus apum) son muy típicos del ambiente ambrosiano.


​Ambrosio tenía una profunda fascinación por el simbolismo de la naturaleza como reflejo de la virginidad y la pureza, lo que encaja perfectamente con la descripción de la "madre abeja".


​4. La evolución del texto: De Galia a Roma

El Exsultet no nació en Roma. Se cree que su camino fue el siguiente:


​Origen galicano/ambrosiano (Siglos IV-V): Textos poéticos muy floridos y extensos que celebraban la luz.


​Fusión en los Misales (Siglos VII-VIII): El texto comienza a aparecer en los antiguos Sacramentarios Gelasianos. Es entonces cuando se empieza a fijar la estructura que analizamos.


Uno de los hitos históricos más curiosos, especialmente en el sur de Italia, fue el uso de los Rollos del Exsultet.


​Eran pergaminos larguísimos que el diácono iba desenrollando desde el ambón mientras cantaba.


​Las ilustraciones del pergamino estaban pintadas al revés con respecto al texto. Así, a medida que el diácono leía y el papel caía sobre el borde del ambón, los fieles (que solían ser analfabetos) podían ver las imágenes de la historia de la salvación en la orientación correcta.


​Adopción romana (Siglo IX): Roma, que siempre fue más sobria en su liturgia, terminó adoptando estas versiones más poéticas provenientes del norte de Europa (el área franca).


A lo largo de la Edad Media, el texto sufrió ligeras variaciones hasta que el Papa san Pío V, tras el Concilio de Trento, unificó la liturgia. En su Misal de 1570, el Exsultet quedó fijado prácticamente como lo rezamos hoy, manteniendo su estructura de Præconium (anuncio) y Eucharistia (acción de gracias).


​Posteriormente, las reformas de mediados del siglo XX, impulsadas por el Papa Pío XII y culminadas tras el Concilio Vaticano II, restauraron el carácter nocturno de la Vigilia, devolviéndole al Pregón su contexto original: el misterio de la Noche engalanada por la luz del Rey victorioso.


​5. Hipótesis actual de la autoría


​La mayoría de los liturgistas actuales prefiere hablar de un "autor anónimo del siglo V", probablemente un diácono o un obispo del norte de Italia, con una formación retórica excepcional.


​Variantes perdidas: Antes del Papa san Pío V y su reforma en el siglo XVI, existían docenas de variantes del Pregón. Algunas tenían elogios a las abejas mucho más largos y detallados que el que leemos hoy.


El Papa san León Magno: Algunos estudios antiguos lo mencionaban como posible revisor del texto, para darle esa cadencia majestuosa y rítmica (el cursus leoninus) que lo hace tan fácil de cantar. Independientemente de quién puso la pluma sobre el pergamino, el autor era un maestro del cursus latino. Esto significa que las frases terminan con una acentuación rítmica específica que genera una sensación de equilibrio y elevación. 


6. Versiones en latín y español 


(Se conservan en la primera las tildes que incluyen los Misales para facilitar su correcta pronunciación):





Versión en español 


Exulten por fin los coros de los ángeles, 

exulten las jerarquías del cielo, 

y por la victoria de rey tan poderoso 

que las trompetas anuncien la salvación. 


Goce también la tierra, 

inundada de tanta claridad, 

y que, radiante con el fulgor del rey eterno, 

se sienta libre de la tiniebla 

que cubría el orbe entero. 


Alégrese también nuestra madre la Iglesia, 

revestida de luz tan brillante; 

resuene este templo con las aclamaciones del pueblo. 


(Por eso, queridos hermanos, 

que asistís a la admirable claridad de esta luz santa, 

invocad conmigo la misericordia de Dios omnipotente, 

para que aquel que, sin mérito mío, 

me agregó al número de sus ministros (diáconos), 

infundiendo el resplandor de su luz, 

me ayude a cantar las alabanzas de este cirio.) 


(V. El Señor esté con vosotros. 

R. Y con tu espíritu.) 

V. Levantemos el corazón. 

R. Lo tenemos levantado hacia el Señor. 

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios. 

R. Es justo y necesario. 


En verdad es justo y necesario 

aclamar con nuestras voces 

y con todo el afecto del corazón 

a Dios invisible, el Padre todopoderoso, 

y a su único Hijo, nuestro Señor Jesucristo. 

Porque él ha pagado por nosotros al eterno Padre 

la deuda de Adán 

y, derramando su sangre, 

canceló el recibo del antiguo pecado. 


Porque éstas son las fiestas de Pascua 

en las que se inmola el verdadero Cordero, 

cuya sangre consagra las puertas de los fieles. 


Esta es la noche en que sacaste de Egipto, 

a los israelitas, nuestros padres, 

y los hiciste pasar a pie el mar Rojo. 


Esta es la noche en que la columna de fuego 

esclareció las tinieblas del pecado. 


Esta es la noche 

en la que, por toda la tierra, 

los que confiesan su fe en Cristo 

son arrancados de los vicios del mundo 

y de la oscuridad del pecado, 

son restituidos a la gracia 

y son agregados a los santos. 


Esta es la noche en que, 

rotas las cadenas de la muerte, 

Cristo asciende victorioso del abismo. 

¿De qué nos serviría haber nacido 

si no hubiéramos sido rescatados? 


¡Qué asombroso beneficio de tu amor por nosotros! 

¡Qué incomparable ternura y caridad! 

Para rescatar al esclavo, entregaste al Hijo! 


Necesario fue el pecado de Adán, 

que ha sido borrado por la muerte de Cristo. 

¡Feliz la culpa que mereció tal Redentor! 


¡Qué noche tan dichosa! 

Sólo ella conoció el momento 

en que Cristo resucitó de entre los muertos. 


Esta es la noche de que estaba escrito: 

«Será la noche clara como el día, 

la noche iluminada por mi gozo.» 

Y así, esta noche santa 

ahuyenta los pecados, 

lava las culpas, 

devuelve la inocencia a los caídos, 

la alegría a los tristes, 

expulsa el odio, 

trae la concordia, 

doblega a los poderosos. 


En esta noche de gracia, 

acepta, Padre Santo, 

el sacrificio vespertino de esta llama, 

que la santa Iglesia te ofrece

en la solemne ofrenda de este cirio, 

obra de las abejas. 


Sabemos ya lo que anuncia esta columna de fuego, 

ardiendo en llama viva para gloria de Dios. 

Y aunque distribuye su luz, 

no mengua al repartirla, 

porque se alimenta de esta cera fundida, 

que elaboró la abeja fecunda 

para hacer esta lámpara preciosa. 


¡Qué noche tan dichosa 

en que se une el cielo con la tierra, 

lo humano y lo divino! 


Te rogamos, Señor, que este cirio, 

consagrado a tu nombre, 

arda sin apagarse 

para destruir la oscuridad de esta noche, 

y, como ofrenda agradable, 

se asocie a las lumbreras del cielo. 

Que el lucero matinal lo encuentre ardiendo, 

ese lucero que no conoce ocaso 

y es Cristo, tu Hijo resucitado, 

que, al salir del sepulcro, 

brilla sereno para el linaje humano, 

y vive y reina glorioso por los siglos de los siglos. 


R. Amén. 



Versión en latín 





Exsúltet iam angélica turba cælórum:

exsúltent divína mystéria: 

et pro tanti Regis victória tuba ínsonet salutáris.


​Gáudeat et tellus, tantis irradiáta fulgóribus:

et ætérni Regis splendóre illustráta,

totíus orbis se séntiat amisísse calíginem.


​Lætétur et mater Ecclésia,

tanti lúminis adornáta fulgóribus:

et magnis populórum vócibus hæc aula resúltet.


​Quaprópter astántes vos, fratres caríssimi,

ad tam miram huius sancti lúminis claritátem,

una mecum, quæso, Dei omnipoténtis misericórdiam invocáte.

​Ut, qui me non meis méritis

intra Levitárum númerum dignátus est aggregáre,

lúminis sui claritatem infúndens,

cérei huius laudem implére perfíciat,


​V/ Dóminus vobíscum

R/ Et cum spíritu tuo.

V/ Sursum corda.

R/ Habémus ad Dóminum.

V/ Grátias agámus Dómino Deo nostro.

R/ Dignum et iustum est.


​Vere dignum et iustum est,

invisíbilem Deum Patrem omnipoténtem

Filiúmque eius Unigénitum, Dóminum nostrum Iesum Christum,

toto cordis ac mentis afféctu et vocis ministério personáre.

​Qui pro nobis ætérno Patri Adæ débitum solvit,

et véteris piáculi cautiónem pio cruóre detérsit.


​Hæc sunt enim festa paschália,

in quibus verus ille Agnus occíditur,

cuius sánguine postes fidélium consecrántur.


​Hæc nox est,

in qua primum patres nostros, fílios Israel

edúctos de Ægýpto,

mare Rubrum sicco vestígio transíre fecísti.


​Hæc ígitur nox est,

quæ peccatórum ténebras colúmnæ illuminatióne purgávit.


​Hæc nox est, quæ hódie per univérsum mundum in Christo credentes,

a vítiis sǽculi et calígine peccatórum segregátos,

reddit grátiæ, sóciat sanctitáti.


​Hæc nox est,

in qua, destrúctis vínculis mortis,

Christus ab ínferis victor ascéndit.


​Nihil enim nobis nasci prófuit,

nisi rédimi profuísset.

O mira circa nos tuæ pietátis dignátio!


O inæstimábilis diléctio caritátis:

ut servum redímeres, Fílium tradidísti!


​O certe necéssarium Adæ peccátum,

quod Christi morte delétum est!


O felix culpa, quæ talem ac tantum 

méruit habére Redemptórem!

O vere beáta nox,

quæ sola méruit scire tempus et horam,

in qua Christus ab ínferis resurréxit!


​Hæc nox est, de qua scriptum est:

Et nox sicut dies illuminábitur:

et nox illuminátio mea in delíciis meis.


​Huius ígitur sanctificátio noctis fugat scélera, culpas lavat:

et reddit innocéntiam lapsis

et mæstis lætítiam.

Fugat ódia, concórdiam parat

et curvat impéria.


​In huius ígitur noctis grátia, súscipe, sancte Pater,

laudis huius sacrifícium vespertínum,

quod tibi in hac cérei oblatióne solémni,

per ministrórum manus de opéribus apum, sacrosáncta reddit Ecclésia.


​Sed iam colúmnæ huius præcónia nóvimus,

quam in honórem Dei rútilans ignis accéndit.


Qui, lícet sit divísus in partes,

mutuáti tamen lúminis detriménta non novit.

​Alítur enim liquántibus ceris,

quas in substántiam pretiósæ huius lámpadis

apis mater edúxit.


​O vere beáta nox,

in qua terrénis cæléstia, humánis divína iungúntur!

Orámus ergo te, Dómine, 

ut céreus iste in honórem tui nóminis consecrátus,

ad noctis huius calíginem destruéndam,

indefíciens persevéret.

​Et in odórem suavitátis accéptus,

supérnis lumináribus misceátur.

Flammas eius Lúcifer matutínus invéniat:

ille, inquam, Lúcifer, qui nescit occásum.

​Christus Fílius tuus,

qui, regréssus ab ínferis, humáno géneri serénus illúxit,

et tecum vivit et regnat in sǽcula sæculórum.


​R/ Amen.


Explicación por partes


Exsúltet iam angélica turba cælórum

exsúltent divína mystéria

et pro tanti Regis victória tuba ínsonet salutáris


​El sujeto del gozo: Angélica turba cælórum


​La palabra "turba" en latín no tiene la connotación negativa de "gentío desordenado" que a veces le damos hoy. Se refiere a una multitud organizada, un ejército o coro. Al decir angélica turba cælórum, el Pregón sitúa el inicio de la alegría en el plano invisible y celestial. Es el universo entero el que rompe en júbilo, no solo la asamblea presente.


​La acción sagrada: Exsultent divína mysteria


​Aquí ocurre algo fascinante. El verbo exsultent (exulten) no se aplica solo a seres vivos, sino a los divina mysteria. Se personifican los ritos mismos.


​Significa que la liturgia no es una representación estática, sino una realidad viva que "salta de gozo" porque el Misterio que celebra (la Resurrección) se ha cumplido.


El instrumento del anuncio: Tuba ínsonet salutáris


​La tuba ínsonet salutáris es una referencia directa a la tradición bíblica y romana.


Tuba: En la antigüedad, la trompeta anunciaba la llegada del emperador o el inicio de una batalla. Aquí, anuncia la victoria definitiva.


Salutáris: No es cualquier sonido; es una trompeta "de salvación" o "saludable". Su sonido restaura y sana la creación.


​Pro tanti Regis victória: El motivo del estruendo es la victoria de un "Rey tan grande". El adjetivo tanti (tan grande) subraya que la magnitud del Triunfo de Cristo supera cualquier expectativa humana.



Gaudeat et tellus, tantis irradiáta fulgóribus:

et ætérni Regis splendóre illustráta,

totíus orbis se séntiat amisísse calíginem.


​El paso de lo celestial a lo terrenal


​Si en la primera estrofa el júbilo nacía en el Cielo, aquí el autor del texto hace que la alegría "descienda" a la Tierra. Es un movimiento litúrgico de gran belleza.


​La Tierra como protagonista: Gaudeat et tellus


​El verbo gaudeat (alégrese) se dirige ahora a la tellus (la tierra, el suelo, el mundo material).


​Es una personificación de la naturaleza.


​La creación no es una espectadora pasiva, sino que participa activamente en el triunfo de Cristo.


​La luz que transforma: Tantis irradiáta fulgóribus


​Aquí el latín es muy preciso con el término fulgóribus (resplandores/relámpagos).


​No es una luz tenue, sino una iluminación súbita y poderosa.


​La Tierra está irradiáta (atravesada por rayos de luz). El texto sugiere que la gloria de la Resurrección ha penetrado la materia misma del mundo.


​El fin de la oscuridad: Amisísse calíginem


​Este es, quizás, el punto teológico más fuerte de la sección:


​Se séntiat amisísse: "Sienta [la Tierra] que ha perdido...". Es un sentimiento de alivio profundo.


​Calíginem: En latín, caligo no es solo "oscuridad" (tenebræ), sino una niebla espesa, una oscuridad que ciega y confunde.


​Al decir que el mundo "ha perdido su tiniebla", el Pregón proclama que el pecado y la muerte ya no tienen poder para ocultar la verdad del ætérni Regis (el Rey eterno).



Lætétur et mater Ecclésia,

tanti lúminis adornáta fulgóribus:

et magnis populórum vócibus hæc aula resúltet.


​Aquí, el Pregón pascual personifica a la Iglesia y la sitúa en el centro de la escena litúrgica.


​La Iglesia como madre: Lætétur et mater Ecclésia


​El término mater (madre) no es un adorno. En la tradición latina, la Iglesia es la madre que engendra a los nuevos cristianos en la Noche de Pascua a través del bautismo.


​El verbo repetido lætétur (alégrese / salte de júbilo) es un imperativo que invita al gozo profundo y espiritual.


​Es la respuesta humana al gozo de los ángeles y de la Tierra que vimos antes.


​La Esposa adornada: Tanti lúminis adornáta fulgóribus


​Esta frase es de una belleza poética inefable:


Adornáta: La Iglesia no solo está iluminada, sino "adornada" o "engalanada". Sugiere una imagen nupcial; la Iglesia es la Esposa que se embellece con la luz de su Esposo, el Rey Resucitado.


​Tanti lúminis: Se refiere a una luz de tal magnitud que transforma la apariencia de quien la recibe.


​El eco del pueblo: Magnis populórum vócibus


​Aquí el texto deja de ser descriptivo para volverse sonoro.


​Hæc aula resúltet: Aula es el recinto sagrado, el templo. De ahí que el adjetivo "áulico" de nuestra lengua, se refiera a lo relacionado con los ambientes palaciegos. El templo es el palacio del Rey victorioso, imagen y anticipo del Aula celeste. Por su parte, el verbo resúltet (retumbe / resuene) indica que hasta el edificio mismo debe vibrar, haciéndose eco de las melodías celestiales.


​Magnis vócibus: No es un murmullo, sino un clamor potente de "las voces de los pueblos" (en plural, populórum), representando a toda la humanidad redimida.


Este inicio del Exsultet sigue una estructura jerárquica perfecta:


​Cielo: Angélica turba (los ángeles).


​Mundo: Tellus (la naturaleza creada).


​Iglesia: Mater Ecclésia (los fieles y la liturgia).


Tras la invitación al gozo cósmico, el diácono (o el cantor) se dirige directamente a la asamblea con una petición de intercesión. Es un momento de humildad antes de la gran proclamación:



​Quaprópter astántes vos, fratres caríssimi,

ad tam miram huius sancti lúminis claritátem,

una mecum, quæso, Dei omnipoténtis misericórdiam invocáte.

Ut, qui me non meis méritis

intra Levitárum númerum dignátus est aggregáre,

lúminis sui claritatem infúndens,

cérei huius laudem implére perfíciat,


La apelación a la comunidad: Quaprópter astántes vos


​El término quaprópter (por lo cual) actúa como un puente lógico: dado que el Cielo, la Tierra y la Iglesia ya están de fiesta, ahora nos toca a nosotros.


Astántes: No son simplemente "espectadores", sino "los que están de pie" (ad-stantes). Estar de pie en la liturgia es la posición del resucitado y del que está alerta.


​Fratres caríssimi: El uso de "hermanos carísimos" establece una unidad familiar en la fe.


​La luz como asombro: Ad tam miram huius sancti lúminis claritátem


​Aquí el latín subraya la cualidad de la luz del Cirio pascual.


Miram: Es un adjetivo que significa"admirable", "asombroso".


Claritátem: No es solo "claridad" física, sino la gloria radiante que emana de la santidad. Es una luz que purifica la visión.


​La súplica compartida: Una mecum, quæso

El cantor reconoce su pequeñez ante la magnitud del Misterio que va a proclamar.


​Una mecum: "Juntamente conmigo". Es un llamado a la acción colectiva; el Pregón no es una recitación individual, sino una voz que representa a todos.


Quæso: "Os ruego". Es una fórmula de cortesía y humildad clerical muy tradicional.

Dei omnipoténtis misericórdiam invocáte: El objetivo de la oración es invocar la "misericordia del Dios omnipotente". Se reconoce que, solo por gracia divina, se puede cantar dignamente la victoria de la Vida sobre la muerte, temática que retomará la Secuencia de Pascua en la Misa del Día. 


Inmediatamente después de estas palabras, comienza el diálogo litúrgico más solemne de todo el año: el Sursum Corda (Dóminus vobíscum... Sursum corda... Grátias agámus...):


V/ Dóminus vobíscum

R/ Et cum spíritu tuo.

V/ Sursum corda.

R/ Habémus ad Dóminum.

V/ Grátias agámus Dómino Deo nostro.

R/ Dignum et iustum est.


​Este diálogo es el que "abre las puertas" del Prefacio pascual I, que se entonará más adelante. En efecto, precede al cuerpo del Exsultet y es idéntico al que inicia cualquier Prefacio de la Misa, pero en esta Noche uno y otro textos adquieren una solemnidad única. Es el "umbral" que separa la exhortación inicial de la acción de gracias eucarística y narrativa.


​Analicemos su estructura y por qué es el corazón del rito:


​1. El saludo: Dóminus vobíscum


​Significado: "El Señor esté con vosotros".


​No es una mera salutación. Es una declaración de la Presencia real de Cristo Resucitado en medio de la asamblea. En el contexto del Pregón, establece que lo que se va a cantar no es un relato histórico lejano, sino una realidad presente aquí y ahora.


​2. El ascenso: Sursum corda


​Significado: "Levantemos el corazón" (literalmente: "Hacia arriba los corazones").


​El uso de Sursum (hacia lo alto) es un imperativo de movimiento. Tras haber visto a la Iglesia y a la Tierra iluminadas, el fiel es llamado a elevarse por encima  de lo terrenal.


​En la Vigilia Pascual, este grito rompe definitivamente con el luto del Viernes y Sábado Santos. Es la orden de entrar en la dimensión celestial donde Cristo ya reina.


​3. La acción de gracias: Grátias agámus Dómino Deo nostro


​Significado: "Demos gracias al Señor, nuestro Dios".


​El verbo agámus (hagamos/demos) implica una acción activa. La respuesta del pueblo, Dignum et iustum est (Es digno y justo), es la ratificación jurídica y espiritual de que la criatura reconoce la grandeza de su Creador.


​¿Por qué es vital en el Pregón pascual?


​Este diálogo cambia el interlocutor del cantor. Ya no está hablando a la asamblea (exhortación), sino que empieza a hablar a Dios en nombre de la asamblea (anáfora/acción de gracias). De ahí que se omita cuando no lo cante un ministro ordenado. Al usar las mismas palabras introductorias que en el Prefacio, se vincula la luz del Cirio con el Sacrificio de la Eucaristía. La victoria de la que habla el Pregón es la misma que se hace presente en el Altar.


​Preparación para el Vere Dignum: Sin este consentimiento del pueblo, el cantor no "podría" proceder a relatar las maravillas de la Noche santa. Es el "permiso" de la comunidad para que el ministro actúe como su voz.


Una vez que el pueblo confirma que "es digno y justo", el cantor rompe con la melodía del Prefacio para decir: Vere dignum et iustum est... Es el comienzo de la narración de la historia de la salvación (Adán, el Éxodo, el Cordero):



Vere dignum et iustum est,

invisíbilem Deum Patrem omnipoténtem

Filiúmque eius Unigénitum, Dóminum nostrum Iesum Christum,

toto cordis ac mentis afféctu et vocis ministério personáre.

Qui pro nobis ætérno Patri Adæ débitum solvit,

et véteris piáculi cautiónem pio cruóre detérsit.


​La unidad del ser y el hacer: Toto cordis ac mentis afféctu


​Este pasaje es una joya de la antropología cristiana. El cantor no alaba solo con la voz, sino con:


​Cordis afféctu: El afecto del corazón (la voluntad y el amor).


​Mentis afféctu: El afecto de la mente (el intelecto y la comprensión).


​Vocis ministério: El servicio de la voz.


Es una entrega total del ser humano (cor, mens, vox) para personáre (hacer resonar) la gloria de Dios.


​El misterio de la Redención: La conexión de las Alianzas


​A partir de aquí, el Pregón explica por qué es justo dar gracias. Lo hace uniendo el Antiguo y el Nuevo Testamentos en una sola narrativa de libertad:


​A. La deuda de Adán: Qui pro nobis ætérno Patri Adæ débitum solvit


​Concepto: Cristo paga la "deuda" (débitum) de Adán.


​El latín usa términos cuasijurídicos para explicar que la caída original dejó una cuenta pendiente que solo el "Hijo Unigénito" podía saldar ante el Padre Eterno.

B. El Cordero verdadero: Et veteris piáculi cautiónem pio cruóre detérsit


​Piáculi cautiónem: Se refiere a la "fianza" o el documento del pecado antiguo.


Detérsit: Significa "limpiar" o "borrar". Con su pio cruóre (Sangre piadosa/santa), Cristo borra físicamente la sentencia que pesaba sobre la humanidad.


​A continuación, la Pascua como paso (Pésaj): Hæc sunt enim festa paschália


Hæc sunt enim festa paschália,

in quibus verus ille Agnus occíditur,

cuius sánguine postes fidélium consecrántur.


​El texto define qué estamos celebrando Hoy:


​In quibus verus ille Agnus occíditur: "En las cuales es inmolado aquel verdadero Cordero".


​Cuius sánguine postes fidélium consecrántur: 


Aquí hay una referencia directa al Éxodo. Así como la sangre del cordero en los postes de las casas salvó a los israelitas en Egipto, ahora la Sangre de Cristo "consagra" los postes (el corazón y la vida) de los fieles, protegiéndolos de Satanás y de sus huestes.


El pasaje que sigue es fundamental, porque establece que la Pascua no es una fiesta aislada, sino el cumplimiento de todas las promesas hechas desde el inicio de los tiempos. Es el momento en que la historia humana se encuentra con la eternidad.


Entramos en el tramo más épico y visual del Exsultet. Aquí, el texto deja de ser una explicación teológica para convertirse en un relato de victoria, conectando la libertad física de Israel con la libertad espiritual de la humanidad.


​Este bloque se caracteriza por la anáfora retórica del demostrativo Hæc (Esta), enfatizando que los sucesos del pasado ocurren místicamente Hoy.


​El paso del Mar Rojo: Hæc nox est


​Hæc nox est, in qua primum patres nostros, fílios Israel edúctos de Ægýpto, mare Rubrum sicco vestígio transíre fecísti.


​Sicco vestígio: Literalmente, "con huella seca". El latín subraya el milagro: el pueblo no solo cruza, sino que lo hace sin mojarse los pies.


​Primum: Significa "por primera vez". Establece que la salida de Egipto fue el inicio de un camino que culmina en esta Noche.


​La esclavitud de Egipto es figura de la esclavitud del pecado. El Mar Rojo es figura del bautismo, por el que las aguas destruyen al Enemigo (el mal) y dan paso a la vida.


​2. La Columna de Fuego: Hæc ígitur nox est


​Hæc ígitur nox est, quæ peccatórum ténebras colúmnæ illuminatióne purgávit.


​Colúmnæ illuminatióne: En el Éxodo, una columna de fuego guiaba a Israel por el desierto, durante la noche.


Purgávit: El latín dice que la luz "purgó" o "limpió" las tinieblas de los pecadores. No es solo que la luz brille, es que la luz elimina activamente la oscuridad del alma.


​El Cirio Pascual que preside la celebración representa a Cristo, esa Columna de Fuego que guía a la Iglesia a través del desierto del mundo.


​3. El Retorno a la gracia: Hæc nox est


​Hæc nox est, quæ hódie per univérsum mundum 

in Christo credentes a vítiis sǽculi 

et calígine peccatórum segregátos,

reddit grátiæ, sóciat sanctitáti.


​A sæculi vítiis: "De los vicios del siglo (mundo)".


​Calígine peccatórum: De nuevo aparece la palabra caligo (niebla/oscuridad densa) para describir el pecado.


​Ségreget: "Segrega" o "separa". La Noche de Pascua separa al creyente de los delitos del mundo.


​Sóciat sanctitáti: "Los asocia a la santidad". Es una unión mística con la pureza de Dios.


​Hæc nox est,

in qua, destrúctis vínculis mortis,

Christus ab ínferis victor ascéndit.


La antítesis entre el lugar de los muertos (ab ínferis) y la Vida verdadera a la que Cristo asciende victorioso (victor ascéndit), muestra la tensión entre cuatro realidades, dos temporales y dos espirituales: la muerte terrenal y la Vida eterna, entre las cuales se encuentra la vida terrenal. Esta, a su vez, es el don que tenemos, o bien para alcanzar esa Vida eterna, o bien, para precipitarnos a la muerte eterna, 


​Nihil enim nobis nasci prófuit,

nisi rédimi profuísset.

O mira circa nos tuæ pietátis dignátio!

O inæstimábilis diléctio caritátis:

ut servum redímeres, Fílium tradidísti!


Esta estrofa expresa, con una oración condicional, seguida de dos exclamativas, que el don de la vida adquiere la plenitud de su valor cuando es coronado por la Redención obrada por Cristo, admirable designio del Creador, que alcanza lo inaudito con la antítesis servum redimere, Fílium tradídisti: entregar al Hijo a cambio del siervo, para que este adquiera la dignidad de aquel.


A continuación, llegamos al corazón lírico y teológico del Exsultet. Es el momento donde el cantor, arrobado por la luz del Cirio, pronuncia las paradojas más audaces de la liturgia romana.


O certe necéssarium Adæ peccátum,

quod Christi morte delétum est!

O felix culpa, quæ talem ac tantum 

méruit habére Redemptórem!


Necéssarium Adæ peccátum: "Oh, ciertamente necesario pecado de Adán". Es una afirmación audaz: el pecado se llama "necesario" porque, en el plan divino, permitió una manifestación de amor aún mayor.


O felix culpa: "¡Oh, feliz culpa!". Es la paradoja central. La caída de Adán se llama "feliz" (felix) porque, gracias a ella, la humanidad recibió a un Redentor tan grande (talem ac tantum).


No es que el pecado sea bueno en sí mismo, sino que la Redención ha superado de tal manera al pecado original que la situación final del hombre es más gloriosa que la inicial.


​Y el siguiente pasaje es un himno a la Noche como testigo privilegiado de la Resurrección:


​O vere beáta nox, quæ sola méruit scire tempus 

et horam, in qua Christus ab ínferis resurréxit!

Hæc nox est, de qua scriptum est:

Et nox sicut dies illuminábitur:

et nox illuminátio mea in delíciis meis.


​La Noche como testigo único: Quæ sola méruit scire


​Sola méruit: "La única que mereció". El texto personifica a la Noche, otorgándole la dignidad de ser la única "testigo" del momento exacto del paso de Cristo de la muerte a la vida.


​Ab ínferis: "De los infiernos" o "del lugar de los muertos". No se refiere al infierno de los condenados, sino al Sheol, de donde Cristo rescata a los justos.


La Noche profetizada desde antiguo: Hæc nox est, de qua scriptum est. Nox sicut dies illuminabitur: "Esta es la Noche de la que está escrito: 'La Noche resplandecerá como el día'". Es la profecía sobre la santidad inefable de esta Noche de gracia, portal de la eternidad.



​Huius ígitur sanctificátio noctis fugat scélera, culpas lavat:

et reddit innocéntiam lapsis

et mæstis lætítiam.

Fugat ódia, concórdiam parat

et curvat impéria.


El Misterio insondable que brota del corazón de esta Noche celestial purifica a los hombres de todo aquello que no venga de Dios, restituyendo la unidad y la concordia.



In huius ígitur noctis grátia, súscipe, sancte Pater,

laudis huius sacrifícium vespertínum,

quod tibi in hac cérei oblatióne solémni,

per ministrórum manus de opéribus apum, sacrosáncta reddit Ecclésia.


El Cirio encendido como imagen de Cristo Resucitado es un sacrificio de alabanza que se ofrece y que anticipa el del Altar, que en esta bendita Noche adquiere su máxima expresión.


Esta es una de las partes más singulares y bellas del Exsultet, pues el lenguaje litúrgico se vuelve casi "ecológico" y artesanal. Aquí, la Iglesia ofrece a Dios el fruto del trabajo de la creación y de las manos del hombre.


El Cirio, imagen de Cristo Resucitado, se hace sacrificio de alabanza que el ministro de la Iglesia ofrece al Padre Celestial, en nombre propio y de los fieles.


​Vespertínum: "vespertino". Conecta esta Noche con el sacrificio de la tarde en el Templo de Jerusalén y, sobre todo, con la hora de la Muerte de Cristo en la Cruz.


Súscipe: Es el verbo de la ofrenda. "Recibe, Padre Santo".


​El Pregón hace una pausa para agradecer a la criatura que hizo posible la materia del Cirio: la abeja.


​Opéribus apum: "Del trabajo de las abejas".


​La pureza de la cera: Tradicionalmente, la cera de abeja simbolizaba la Carne purísima de Cristo (nacido de la Virgen), mientras que la mecha era su Alma y la llama, su Divinidad (San Anselmo).


​Sacrosáncta Ecclésia: Es la Iglesia "sacrosanta" la que, por manos de sus ministros, hace esta devolución (reddit) a Dios.


​Ahora, el texto describe el misterio de la llama de fuego:


​Sed iam colúmnæ huius præcónia nóvimus,

quam in honórem Dei rútilans ignis accéndit.

Qui, lícet sit divísus in partes,

mutuáti tamen lúminis detriménta non novit.

​Alitur enim liquántibus ceris,

quas in substántiam pretiósæ huius lámpadis

apis mater edúxit.


Columnæ: sigue latente el símil del Cirio como la columna de fuego que Dios interpuso entre los israelitas y los egipcios.


​Liquántibus ceris: "Por la cera que se derrite". El Sacrificio de Cristo es una entrega que se consume por amor.


​Apis mater: "La madre abeja". Es una expresión llena de ternura litúrgica. La abeja no solo trabaja, sino que "engendra" la sustancia de esta Lámpara preciosa.


El fuego que no se apaga: Qui, lícet sit divísus en partes...


​El cantor explica un milagro físico que es metáfora de la fe: la luz del Cirio se reparte entre las velas de todos los fieles, pero el Cirio original no pierde su fuerza.


​Mutuáti lúminis detriménta non novit: "No conoce detrimento (pérdida) por la luz prestada".


​Cristo se da a todos, pero permanece íntegro y glorioso, ahora, como Luz; en instantes, como Pan del Cielo.


​O vere beáta nox,

in qua terrénis cæléstia, humánis divína iungúntur!


​Dos antítesis devienen en oxímoron en esta aclamación, que expresa el resultado de lo acaecido en la Noche prodigiosa: la unión entre lo terreno y lo celestial, lo humano y lo divino.


​La siguiente sección es el preludio al final del Pregón, donde se pide que este Cirio se encuentre encendido cuando regrese el "Lucero de la mañana" (Lucifer matutínus).


Tras haber recorrido la historia de la salvación y el simbolismo de la abeja, el Exsultet se convierte en una súplica ferviente, para que la luz de Cristo permanezca encendida en el mundo hasta su Retorno final.


​Este cierre es de una solemnidad poética y espiritual admirable:


​Orámus ergo te, Dómine, ut céreus iste 

in honórem tui nóminis consecrátus, 

ad noctis huius calíginem destruéndam, 

indefíciens persevéret.

​Et in odórem suavitátis accéptus,

supérnis lumináribus misceátur.


​La permanencia de la luz: Indefíciens persevéret


​Indefíciens: "Que no desfallezca" o "que no se agote". Se pide que el Cirio, dedicado al Nombre de Dios, siga ardiendo con fuerza.


​Calíginem destruéndam: De nuevo, la misión de esta luz es "destruir la tiniebla". El latín usa un gerundivo de finalidad: la razón de ser del Cirio es el combate contra la oscuridad del error y el pecado.


La restitución de la luz a la humanidad por medio de Jesucristo, el Viviente:


​Flammas eius Lúcifer matutínus invéniat:

ille, inquam, Lúcifer, qui nescit occásum.

​Christus Fílius tuus,

qui, regréssus ab ínferis, humáno géneri serénus illúxit,

et tecum vivit et regnat in sǽcula sæculórum.


​R/ Amen.


Lúcifer matutínus: Significa literalmente "el portador de la luz de la mañana" (el lucero del alba). En la liturgia, este título pertenece exclusivamente a Cristo Resucitado.


​Nescit occásum: "Que no conoce el ocaso". A diferencia del sol físico o de las estrellas que se ponen, Cristo es el sol eterno.


​Invéniat: Se pide que, cuando amanezca el Día de la Resurrección (y el día del Juicio Final), encuentre este Cirio todavía encendido. Es una imagen de la fe que espera vigilante.


​El Lucero que no conoce ocaso: Lucifer matutínus


​Aquí aparece un término que a veces sorprende, pero que en latín es de una pureza cristalina. En esta Noche, el nombre "Lucifer", habitualmente atribuido al Enemigo infernal, se adjudica al mismo Cristo, restituyendo así al término el esplendor de su etimología opacada: el verdadero Portador de la luz, "Dios de Dios, Luz de Luz", es el Rey, Hijo del Padre de las luces y vencedor del padre de las tinieblas. La Noche resplandeciente reconoce al Sol que nace de lo alto y que viene a iluminar a todo hombre, el Lucero que no conoce ocaso, a Quien sea la gloria por toda la eternidad.



4 de abril de 2026, Sábado santo.
Entrada dedicada a Jesús en el misterio de su Sepultura y encuentro con las almas de los justos que lo precedieron.


miércoles, 5 de abril de 2023

"Minivigilias pascuales" (Por el p. Javier Sánchez Martínez)

 

S. Juan Pablo II (Vigilia Pascual)



Ha llegado a mí el siguiente texto que trata sobre el "empobrecimiento" de la Vigilia Pascual que, desde hace tiempo, desafortunadamente ha comenzado a difundirse en varias comunidades.

Lo he querido publicar aquí por la riqueza de su contenido y en homenaje al ya fallecido padre Javier Sánchez Martínez*.

Ojalá las siguientes palabras nos ayuden a revalorizar la Solemne Vigilia Pascual de la Noche santa, que es la celebración más importante de todo el Año litúrgico.

A continuación, el texto íntegro:

La gran celebración anual de la Iglesia es la santa Pascua de su Señor; una Vigilia nocturna que transcurre en su honor, y que recuerda e imita a las vírgenes que, con las lámparas encendidas, aguardaban la vuelta del Esposo (Mt 25). Este oficio anual requiere, por su propia naturaleza, todo el despliegue de solemnidad y de amor de la Iglesia. La Vigilia pascual es un tesoro de fuerza espiritual, litúrgica y pastoral.

El Misal Romano, en las rúbricas iniciales de la Vigilia pascual (n. 3), ofrece un resumen hermoso del sentido de esta santísima liturgia:

“Según antiquísima tradición, ésta es una noche de vela en honor del Señor, y la Vigilia que en ella se celebra para conmemorar la noche santa de la resurrección del Señor, es considerada como la madre de todas las santas vigilias. En ella la Iglesia velando espera la Resurrección del Señor y la celebra con los sacramentos de la Iniciación cristiana”.

Hay que ser muy cuidadoso, y tener un gran celo pastoral, para que la Vigilia se celebre correctamente, desplegando la fuerza de su simbolismo, la grandeza de sus ritos, sin minimizarlos, permitiendo que esta liturgia toque el alma y sea vivida por todos con unción y gozo espiritual.

Pero se ve, por aquí y por allá, de una forma o de otra, que la Vigila pascual se está reduciendo, empobreciendo paulatinamente. Se convierten muchas de ellas en mini-vigilias, y esto hay que afrontarlo, corregirlo, porque está en juego el bien de las almas: ¿acaso la pastoral no es buscar este bien?

Veamos algunos elementos, de distinta y desigual importancia, a veces incluso detalles, que hacen que la Vigilia se esté reduciendo en su belleza.

1. El carácter nocturno

La Vigilia pascual es un oficio nocturno, se desarrolla cuando no hay luz del día, cuando es de noche. No es un oficio vespertino, al atardecer, sino nocturno, como otros muchos momentos de la vida de la Iglesia, por ejemplo, la Misa de medianoche de Navidad, o la fidelidad de la Adoración Nocturna.

Adelantarlo a la tarde es empobrecer la Vigilia, vaciarla de su sentido y reducir el Sábado Santo robándole horas a un día de oración y espera junto al sepulcro. Convertir la Vigilia pascual en una Misa vespertina más de sábado por la tarde le quita fuerza a su excepcionalidad, a su carácter único.

“Esta regla [la nocturnidad] ha de ser interpretada estrictamente. Cualquier abuso o costumbre contrario que poco a poco se haya introducido, y que suponga la celebración de la Vigilia pascual a la hora en que habitualmente se celebran las misas vespertinas antes de los domingos, han de ser reprobados” (Cong. Culto divino, Carta sobre la preparación y celebración de las fiestas pascuales, n. 78).

Incluso el Episcopado español, en 1988, por medio de su Comisión permanente, sacó una nota sobre “El horario y otros aspectos de la Vigilia pascual”, en que señalaba:

“La Vigilia pascual debe celebrarse en las horas nocturnas también por su carácter extraordinario. La tendencia actual, que parece extenderse en algunos lugares, de convertir la Vigilia pascual en una misa vespertina, constituye una desvirtuación de aquélla. Hay que reconocer que en algunos lugares se va prescindiendo del simbolismo de la noche y se hace caso omiso de la clara normativa del Misal. En no pocos lugares, en efecto la Vigilia pascual se adelanta tanto y se celebra tan abreviadamente que pierde el carácter de velada de espera y de celebración extraordinaria”.

Es verdad, y es comprensible, que muchos sacerdotes tienen que celebrar en dos sitios diferentes, y una de las Vigilias ha de comenzarla antes sin más remedio, pero esto debería ser la absoluta excepción, no lo generalizado. Además, en muchas ocasiones, se celebran Vigilias adelantadas a la tarde del sábado para dar abasto en muchos pueblos y aldeas y que cada una tenga su propia celebración pascual, la cual, por muy buena intención que se tiene, resulta pobre: carece de canto, de suficientes lectores y acólitos, etc., cuando lo mejor sería juntar en una iglesia más principal a distintas parroquias pequeñas, disfrutando todos de una Vigilia pascual con mayor despliegue litúrgico.

La Carta de la Congregación para el Culto divino sobre las fiestas pascuales advertía: “Es de desear que, según las circunstancias, se plantee la posibilidad de reunir en una misma iglesia diversas comunidades, cuando, por razón de la cercanía de las iglesias o del reducido número de participantes no es posible asegurar para cada una separadamente una celebración plena y festiva” (n. 94).

2. La reducción dramática

Tradicionalmente, también en la liturgia romana, las lecturas bíblicas eran muy abundantes, doce, y en el estadio más antiguo de la liturgia, cada una de ellas leída en latín y en griego (pensando en los fieles presentes de distinta lengua). Es un desarrollo amplísimo de la liturgia de la Palabra.

Actualmente, siete son las lecturas del AT, y dos del NT, la del Apóstol y el Evangelio, con los correspondientes salmos cantados. No es algo excesivo. Sin embargo, también en este aspecto, estamos viviendo mini-vigilias pascuales. Se da por hecho en todas partes que es mejor reducir lecturas y se ha convertido en el uso habitual en muchas parroquias, en conventos… y hasta en la misma Basílica vaticana de San Pedro.

Tal vez en algunas parroquias con menor asistencia de fieles, o más pobre espiritualmente, se podrían reducir las lecturas, pero debe ser lo excepcional, no lo normal. En conventos de monjas contemplativas sería un sinsentido: las monjas de clausura disfrutan de la liturgia, y es raro que las monjas mismas quieran quitar lecturas. En las parroquias es cuestión de ir educando y habituando a todos al esplendor de la liturgia y a la escucha orante de la Palabra.

A veces, con mal criterio “pastoral”, deducimos o imaginamos que la gente se cansa, se aburre, no entiende nada… y decidimos recortar. Tal vez nos sorprenderíamos de lo que los fieles llegan a gustar y entender, más de lo que los “pastoralistas” se imaginan, si la liturgia se hace bien. Pero es que además, aunque volvamos sobre ello más adelante, para eso está la catequesis de adultos, las predicaciones cuaresmales, retiros espirituales, formación, etc., para preparar espiritualmente estos momentos y ofrecer una explicación litúrgica y espiritual.

Al final, con tanto recorte, la liturgia de la Palabra de la Vigilia no es una meditación de la historia de la salvación con 9 lecturas, sino una liturgia de la Palabra más parecida a la de cualquier Misa dominical (con tres lecturas). ¡Sea abundante la Palabra proclamada y dejemos que el Espíritu Santo con su voz resuene en los corazones!

El Misal mismo nos ofrece la clave de cómo vivir esta liturgia de la Palabra con la monición obligatoria que dirige el sacerdote (o el obispo), sentado en su sede:

“Hermanos: Con el pregón solemne de la Pascua, hemos entrado ya en la noche santa de la resurrección del Señor. Escuchemos, en silencio meditativo, la palabra de Dios. Recordemos las maravillas que Dios ha realizado para salvar al primer Israel, y cómo en el avance continuo de la Historia de la salvación, al llegar los últimos tiempos, envió al mundo a su Hijo, para que, con su muerte y resurrección, salvara a todos los hombres. Mientras contemplamosla gran trayectoria de esta Historia santa, oremos intensamente, para que el designio de salvación universal, que Dios inició con Israel, llegue a su plenitud y alcance a toda la humanidadpor el misterio de la resurrección de Jesucristo”.

3. La novedad y el cirio pascual

Resucitando el Señor, todo es nuevo. “He aquí que todo lo hago nuevo” (Ap 21,5) dice Cristo. Aquí y ahora se renueva la faz de la tierra. Esta novedad se plasma en la liturgia de varias formas, una de ellas es el fuego nuevo que se enciende, se bendice y del que se alumbra el cirio pascual. También lo será el agua bautismal que se bendecirá solemnemente en esta noche.

Pero sobre todo es el cirio el que señala la novedad, la renovación de todo por la santa Pascua. Una mini-vigilia pascual tiende a reducirlo todo, también el simbolismo del cirio. En vez de ser un cirio nuevo, de cera, que va a arder y consumirse en honor del Señor, en algunos lugares se aprovecha cicateramente el cirio pascual del año anterior, raspando sólo el año; en otros lugares, se emplea un cirio falso, de plástico, con el sistema de cera líquida… No parece entonces que el cirio pascual resplandezca con su centralidad y valor litúrgico y espiritual.

Con estas claves podemos comprender lo que determinan las rúbricas:

“Prepárese el cirio pascual que, para la veracidad del signo, ha de ser de cera, nuevo cada año, único relativamente grande, nunca ficticio, para que pueda evocar realmente que Cristo es la luz del mundo” (Carta, n. 82).

Destacando la cruz, el alfa y la omega, el año en curso (y los granos de incienso clavados, que son optativos), el cirio se puede adornar y pintar pero sin que lo central (la cruz y lo demás) se pierdan o se oculten o se disimulen. Algunos son obras preciosas, y conozco incluso un Monasterio que en el coro alto han conservado dignamente los cirios pascuales de un año y otro.

4. La música callada

Pérdida y pobreza en la Vigilia pascual, es reducir o minimizar el canto. El canto litúrgico da solemnidad, favorece la contemplación, eleva el espíritu, aúna a los fieles en un mismo corazón, logra una mejor participación, interior y exterior, activa y fructuosa.

Pero también, aquí, hallamos mini-vigilias, o vigilias empobrecidas, que teniendo coro parroquial, se limitan al mínimo, y de un año para otro no tienen voluntad de enriquecerse, aprender más para celebrar mejor.

La procesión inicial es muy sugerente: en la noche, sólo el cirio pascual ilumina y avanza desde el atrio al altar por el pasillo central. Pero si el recorrido es largo, entre las distintas aclamaciones “Lumen Christi- Deo gratias”, se hace un silencio que en este caso resulta casi pesado cuando es una procesión de alegría y alabanza. Mejor sería cantar: “Nada impide que a las respuestas: “Demos gracias a Dios” se añada alguna aclamación dirigida a Cristo” (Carta, n. 83). Podría ser, perfectamente, el antiguo himno griego: “Oh, luz gozosa” de forma que la procesión se convierta en algo festivo aclamando a Cristo Luz.

Si ya es habitual reducir el número de lecturas, no digamos nada del modo de realización de los salmos. A algunos ya les parece un grandísimo esfuerzo y todo un logro cantar la respuesta de cada salmo. Pero eso es claramente insuficiente. El canto del salmo responsorial de cada lectura ayuda a la meditación de la historia de la salvación. Lo normal, no lo excepcional, es que un salmista cante cada estrofa. Para eso, de una Vigilia a otra hay un año, donde se puede ensayar y avanzar, máxime si tenemos en cuenta que los salmos son fijos, los mismos en cada Vigilia. Y por supuesto “evítese con todo cuidado que los salmos responsoriales sean sustituidos por cancioncillas populares” (Carta, n. 86).

Cuestión distinta es el órgano. En Cuaresma sólo puede sonar para sostener el canto, a excepción del IV domingo, Laetare que puede resonar anticipando la alegría de la Pascua; el Viernes Santo no suena las campanas ni suena el órgano; así, en el Jueves Santo “terminado el “Gloria” y hasta la Vigilia pascual, es antigua costumbre prescindir totalmente del órgano e instrumentos. El organista dejaba el órgano y se unía a los cantores” (Directorio Canto y música en la celebración, n. 217). Pero ninguna rúbrica hoy prohíbe el órgano en la Vigilia pascual ni determina que esté mudo hasta el “Gloria”. Por tanto, los salmos pueden muy bien ser acompañados con el órgano en una noche tan festiva.

5. Efectos teatrales

Se ha introducido una distorsión, el jugar con las luces eléctricas, exagerando el canto del “Gloria” en el paso de las lecturas del AT al NT. En el tercer “Luz de Cristo” han encendido algunas luces de la iglesia…, pero no todas; ahora, con el canto del “Gloria”, suenan las campanas, encienden los cirios del altar y encienden por fin todas las luces de la iglesia. Pero no es éste el momento.

El primer rito de la Vigilia pascual es el lucernario, rito con el cual se bendecía a Dios por la luz al encender la basílica para el oficio litúrgico. Este lucernario tan habitual en los primeros siglos –y que hoy permanece en algunos ritos como, por ejemplo, el ambrosiano- en nuestro rito romano ha quedado sólo para la Vigilia pascual. Al tercer “Lumen Christi”, dice el Misal, “se encienden las luces de la iglesia”. Todo queda así ya iluminado desde el principio con este rito y no hay que esperar al canto del “Gloria”.

¿Entonces qué hay que hacer durante el canto del “Gloria”? Según las costumbres del lugar, se pueden tocar las campanas –mudas desde el Jueves Santo- anunciando la gloria del Resucitado. Esto es propio del Triduo pascual, que toca las campanas en el “Gloria” del Jueves Santo, y quedan silenciadas hasta el “Gloria” de la Vigilia pascual; imitando esto, como un nuevo abuso, algunos tocan las campanas en la Misa de medianoche de Navidad… Mientras suenan las campanas y todos cantan el himno “Gloria a Dios”, se encienden los cirios del altar (cf. Caeremoniale episcoporum, n. 349).

6. La parte bautismal para todos

Sabemos bien cómo la Cuaresma es un ejercicio mortificado de renovación interior, de penitencia y expiación para ser renovados en la santa Pascua, haciendo memoria de nuestro bautismo. Llega el momento de hacerlo tras la liturgia de la Palabra. Pero también aquí, en ocasiones, es todo minimizado.

Si hay bautismos, sea de niños, sea de adultos, una vez cantada la letanía de los santos y bendecida el agua bautismal, se les pide a ellos, sólo a los catecúmenos, la profesión de fe y luego se les bautiza, se les reviste con la vestidura blanca, se les entrega el cirio encendido y, finalmente, se les crisma en la frente recibiendo el sacramento de la Confirmación. Entonces es cuando se procede a la renovación del bautismo de todos los fieles presentes. Pero ocurre que a veces se confunden los momentos y a la vez que a los catecúmenos, se les pide a los fieles su renovación. Son dos momentos distintos (cf. Caeremoniale episcoporum, n. 368).

Entonces se realiza la aspersión de los fieles mientras se entona un canto apropiado. Sería empobrecedor omitir la aspersión con el agua bautismal a los fieles por las naves del templo (tampoco pasar al otro extremo: que se convierta casi en un recreo festivo, asperjando y saludando…). En la iglesia catedral, por ejemplo, las rúbricas ofrecen la posibilidad de que junto al obispo asperjando, se le unan otros presbíteros que vayan también realizando la aspersión (Caeremoniale, n. 369) de modo que sea un rito ágil y se pueda llegar a todos los fieles.

7. El rito eucarístico, ¿solemne o precipitado?

Aquí, cuando llega la última parte de la Vigilia pascual, suelen entrar las prisas y el deseo de acelerar, suprimiendo la solemnidad propia de la Eucaristía pascual.

Para empezar, todo lo que es cantable sería conveniente cantarlo: el prefacio, las palabras de la consagración, la aclamación, la doxología final con el solemne “Amén”; también es triste ver en esta noche santísima que se emplee la plegaria eucarística II por ser la más breve, como un día ferial cualquiera, cuando, con diferencia, sería el Canon romano (o Plegaria eucarística I) y sus embolismos propios lo más apropiado.

Finalmente, la santa comunión, donde recibimos al Señor mismo resucitado en las especies consagradas. Es sumamente apropiado en esta noche recibir la comunión con las dos especies. Sin embargo, por ahorrar tiempo, es frecuente que no se haga. Sigamos el consejo de la Carta sobre la preparación y celebración de las fiestas pascuales:

“Es muy conveniente que en la comunión de la Vigilia pascual se alcance la plenitud del signo eucarístico, es decir, que se administre el sacramento bajo las especies del pan y del vino” (n. 92).

Y en general, atender a este principio:

“Hay que poner mucho cuidado para que la liturgia eucarística no se haga con prisa; es muy conveniente que todos los ritos y las palabras que la acompañan alcancen toda su fuerza” (n. 91).

8. La enseñanza y preparación

Para vivir fructuosamente estos ritos del Triduo pascual y, muy especialmente, de la Vigilia pascual, es necesaria una previa preparación catequética y espiritual. Ya se nos advierte:

“Para poder celebrar la Vigilia pascual con el máximo provecho, conviene que los mismos pastores hagan lo posible para comprender mejor tanto los textos como los ritos, a fin de poder dar una mistagogia que sea auténtica” (Carta, n. 96).

El tiempo de Cuaresma debe estar pendiente y volcado en vivir con fruto el santísimo Triduo pascual. Los tesoros de la liturgia son tesoros de vida espiritual, de vida cristiana, y deben desgranarse, explicarse paso a paso, para que todos y cada uno puedan vivirlo con gozo del alma.

La preparación del Triduo pascual, y especialmente de la Vigilia pascual, no puede reducirse a la elección de lectores y revisar con el coro los cantos, a las flores y tener velas suficientes para los asistentes, sino que debe incluir, para todos, una preparación mistagógica.

El hecho mismo de estas mini-vigilias pascuales, sea en el horario, sea en la forma de celebrarla, muestran claramente la insuficiente comprensión de la liturgia:

“Sin duda, estas dificultades derivan de la formación todavía insuficiente, tanto del clero como de los fieles, sobre el misterio pascual en su realidad de centro del año litúrgico y de la vida cristiana” (Carta, n. 3).

La Cuaresma es el gran tiempo de catequesis: para los catecúmenos, para los bautizados que no han completado la Iniciación cristiana, para todos los bautizados. Durante la Cuaresma se ofrece la preparación a los grandes sacramentos:

“Debe darse, sobre todo en las homilías del domingo, la catequesis del misterio pascual y de los sacramentos, explicando con mayor profundidad los textos del Leccionario y, de modo especial, las perícopas evangélicas, que aclaran los diversos aspectos del bautismo y de los demás sacramentos, así como la misericordia de Dios” (Carta, n. 12).

Los sacerdotes predicarán más y con más frecuencia, con mayor empeño (cf. Carta, n. 13). Además, “los pastores no dejen de explicar a los fieles, del mejor modo posible, el significado y la estructura de las celebraciones [del Triduo pascual], preparándoles a una participación activa y fructuosa” (Carta, n. 41). Esta tarea parece que está pendiente… Sin embargo, ¡cuánta predicación cuaresmal! Hay que saber aprovecharla: homilías, charlas cuaresmales, predicaciones en quinarios, retiros, etc., así como la catequesis semanal de adultos, sesiones de formación de los grupos, o la catequesis de confirmación y jóvenes, la escuela de catequistas, etc.

Explicar cada celebración paso a paso, mistagógicamente: su estructura y sus partes, el sentido que tienen, su origen, viendo también cada una de las lecturas bíblicas… y la incidencia espiritual en la vida de cada rito, su significado espiritual. ¡Esto es mistagogia de los ritos! Cuando se hace, son los fieles los que rechazan de plano las mini-vigilias pascuales, y quieren una liturgia válida, amplia, que la puedan vivir y disfrutar, dando gloria a Dios.

Hagámoslo. Demos estos pasos. Descubriremos cómo la liturgia es verdadera pastoral y conduce a fuentes de Agua viva.


Fuente:  «Liturgia, fuente y culmen», por el Rev. Padre Javier Sánchez Martínez*, presbítero diócesis de Córdoba (España), Licenciado en Teología. Especialidad: liturgia, por la Universidad Eclesiástica San Dámaso (Madrid). Profesor para la formación permanente de religiosas y vida consagrada, y miembro del Equipo diocesano de Liturgia. Falleció a los 48 años el 11 de septiembre de 2021. 


5 de abril de 2023, Miércoles santo.
Entrada dedicada al padre Javier Sánchez Martínez. In memoriam.

martes, 1 de noviembre de 2022

El acto de signar y signarse antes de la proclamación del Evangelio en la Misa





El Diccionario de la Lengua Española recoge acepciones del verbo "signar". En el ámbito de la liturgia nos interesan la cuarta y la quinta, que se transcriben a continuación:


4°. En el cristianismo, hacer la señal de la cruz sobre alguien o algo.

5°. En el cristianismo, hacer con los dedos índice y pulgar de la mano derecha cruzados, o solo con el pulgar, tres cruces, la primera en la frente, la segunda en la boca y la tercera en el pecho.

Para entender el significado litúrgico de este gesto, se puede consultar haciendo clic aquí.

En la Instrucción General del Misal Romano (IGMR), el capítulo IV, que trata sobre las "Diversas formas de celebrar la Misa", cuando se refiere a las Misas con participación del pueblo y sin diácono, en el n. 134 establece que el sacerdote, mientras anuncia el Evangelio que va a proclamarse, debe signar con el dedo pulgar el libro y a sí mismo en la frente, la boca y el pecho, y que cada uno de los presentes ha de hacer lo propio consigo mismo. Literalmente:

134. Ya en el ambón, el sacerdote abre el libro y, con las manos juntas, dice: 'El Señor esté con ustedes'; y el pueblo responde: 'Y con tu espíritu'; y en seguida: 'Lectura del Santo Evangelio...', signando con el pulgar el libro y a sí mismo en la frente, en la boca y en el pecho, lo cual hacen también todos los demás. El pueblo aclama diciendo: 'Gloria a Ti, Señor'. Si se usa incienso, el sacerdote inciensa el libro.

Esto mismo afirma la Introducción al Evangeliario (Cf. n. 32):


32. En el ambón el diácono abre el libro y, con las manos juntas, dice: 'El Señor esté con vosotros', a lo que el pueblo responde: 'Y con tu espíritu', y sigue: 'Lectura del santo Evangelio', al mismo tiempo que traza la señal de la cruz con el pulgar primero sobre la página del Evangelio que va a leer y después sobre sí mismo en la frente, boca y pecho, lo que hacen también todos los demás (...).
 


 


Ahora bien, la IGMR, en el mismo capítulo IV recién mencionado, cuando se refiere a la "Misa con diácono", omite la aclaración que arriba he resaltado en negrita. (Cf. n. 175) por el hecho de que este punto se refiere exclusivamente a lo que compete al diácono. Huelga pues, reiterar lo que ya se dijo antes acerca del gesto que corresponde a la asamblea. (Por eso, hay que evitar la errónea interpretación de que en la Misa con diácono únicamente este se signa).

175. (...) Allí saluda al pueblo, diciendo con las manos juntas: 'El Señor esté con ustedes', después a las palabras 'Lectura del santo Evangelio...', signa con el pulgar el libro y después a sí mismo en la frente, en la boca y en el pecho, inciensa el libro y proclama el Evangelio (...).


Calla igualmente sobre el particular el número 17 de la Ordenación de las lecturas de la Misa, que parafrasea al n. 175 de la IGMR:


17. En el ambón, el que proclama el Evangelio saluda al pueblo, que está de pie, anuncia el título de la lectura, haciendo la señal de la cruz en la frente, en la boca y en el pecho; luego, si se usa incienso, inciensa el libro y, finalmente, lee el Evangelio (...).

La versión original, en latín, de los dos números citados de la IGMR, dice:

134. In ambone sacerdos aperit librum et, manibus iunctis, dicit: Dóminus vobíscum, populo respondente: Et cum spíritu tuo, et deinde Léctio sancti Evangélii, pollice signans librum et seipsum in fronte, ore et pectore, quod faciunt et ceteri omnes […].


175. […] Ibi populum salutat dicens, manibus iunctis: Dóminus vobíscum, dein ad verba Léctio sancti Evangélii, pollice signat librum et postea seipsum in fronte, ore et pectore, librum incensat et proclamat Evangelium […].


La versión de la Conferencia Episcopal Italiana, es la siguiente:


134. All’ambone il sacerdote apre il libro e, a mani giunte, dice: Il Signore sia con voi, mentre il popolo risponde: E con il tuo spirito; quindi: Dal Vangelo secondo N., tracciando con il pollice il segno di croce sul libro e sulla propria persona, in fronte, sulla bocca e sul petto, gesto che compiono anche tutti i presenti […].


175. […] Qui saluta il popolo dicendo, a mani giunte, Il Signore sia con voi, quindi, alle parole Dal Vangelo secondo N., con il pollice segna il libro e poi se stesso sulla fronte, sulla bocca e sul petto, incensa il libro e proclama il Vangelo […]




Esto de que algunas rúbricas especifican que la asamblea toda debe signarse junto con el ministro ordenado que va a proclamar el Evangelio mientras otras no hacen alusión a ello, no debe hacernos pensar que los fieles laicos no tengan que hacerlo. De hecho, si en algunos puntos se afirma y en otros nada se dice, es evidente que en ninguno se niega sino que, como se ha dicho más arriba, la especificidad de determinados puntos hace innecesario reiterar lo que ya claramente se ha afirmado antes.


Es cierto que hubo liturgistas que han sostenido que el signarse en la frente, la boca y el pecho corresponden únicamente a quien va a proclamar el Evangelio. Es lo que dice, por ejemplo, Andrés Azcárate en la edición posconciliar de su obra de hace décadas: La flor de la liturgia reformada. Él también afirmaba en dicha obra que los fieles tampoco deben hacer la señal de la cruz en la bendición final de la Misa mientras reciben la bendición final sino solo inclinarse para recibirla.

Se trata de posiciones que ya no tienen muchos adeptos pues carecen de fundamento en los libros litúrgicos vigentes y en las Misas presididas por los Romanos Pontífices, que siempre han sido el modelo de toda celebración.


1° de noviembre de 2022, solemnidad de Todos los Santos.
Entrada dedicada a ellos.