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| "Nox sicut dies illuminabitur" (Sal. 139, 12) |
1. Orígenes: Lucernaria (Siglos II - IV)
El Exsultet tiene su raíz en el rito de la Lucernaria, una tradición judía y paleocristiana que consistía en encender las lámparas al anochecer mientras se daba gracias a Dios por la luz.
En la Vigilia Pascual, este encendido cobró un significado especial: el triunfo de Cristo sobre las tinieblas. Originalmente, los diáconos improvisaban estas oraciones de alabanza sobre el Cirio, lo que dio lugar a una gran variedad de textos regionales.
La autoría del Pregón pascual o Exsultet es uno de los enigmas más fascinantes de la himnografía latina. Aunque lo usamos hoy como un texto unificado, su estructura actual es el resultado de siglos de evolución, con raíces que se hunden en los primeros siglos del cristianismo.
Atribución a san Agustín
Durante mucho tiempo, la tradición atribuyó el núcleo del Pregón a san Agustín de Hipona (siglo V).
En su obra La Ciudad de Dios (Libro 15, cap. 22), Agustín menciona haber escrito un breve elogio al Cirio en verso.
Si bien el estilo teológico de Agustín (especialmente la idea de la felix culpa) impregna el texto, los expertos modernos creen que el Exsultet romano que conocemos hoy es posterior o una síntesis de varias fuentes.
2. La influencia de san Jerónimo
Existe una famosa Carta de san Jerónimo (Carta 18, a Presidio) donde se excusa por no querer escribir un Pregón para el Cirio, argumentando que no era una tradición romana original, sino más bien de las iglesias de las Galias e Italia del Norte. Esto nos da una pista temporal: a finales del siglo IV, el Pregón ya era una pieza importante en algunas regiones, pero aún generaba debate en otras.
3. San Ambrosio y la tradición milanesa
Muchos estudiosos ven la mano de san Ambrosio, o al menos, de su círculo en Milán.
El estilo poético, el uso de la métrica y, sobre todo, el elogio de la abeja (de opéribus apum) son muy típicos del ambiente ambrosiano.
Ambrosio tenía una profunda fascinación por el simbolismo de la naturaleza como reflejo de la virginidad y la pureza, lo que encaja perfectamente con la descripción de la "madre abeja".
4. La evolución del texto: De Galia a Roma
El Exsultet no nació en Roma. Se cree que su camino fue el siguiente:
Origen galicano/ambrosiano (Siglos IV-V): Textos poéticos muy floridos y extensos que celebraban la luz.
Fusión en los Misales (Siglos VII-VIII): El texto comienza a aparecer en los antiguos Sacramentarios Gelasianos. Es entonces cuando se empieza a fijar la estructura que analizamos.
Uno de los hitos históricos más curiosos, especialmente en el sur de Italia, fue el uso de los Rollos del Exsultet.
Eran pergaminos larguísimos que el diácono iba desenrollando desde el ambón mientras cantaba.
Las ilustraciones del pergamino estaban pintadas al revés con respecto al texto. Así, a medida que el diácono leía y el papel caía sobre el borde del ambón, los fieles (que solían ser analfabetos) podían ver las imágenes de la historia de la salvación en la orientación correcta.
Adopción romana (Siglo IX): Roma, que siempre fue más sobria en su liturgia, terminó adoptando estas versiones más poéticas provenientes del norte de Europa (el área franca).
A lo largo de la Edad Media, el texto sufrió ligeras variaciones hasta que el Papa san Pío V, tras el Concilio de Trento, unificó la liturgia. En su Misal de 1570, el Exsultet quedó fijado prácticamente como lo rezamos hoy, manteniendo su estructura de Præconium (anuncio) y Eucharistia (acción de gracias).
Posteriormente, las reformas de mediados del siglo XX, impulsadas por el Papa Pío XII y culminadas tras el Concilio Vaticano II, restauraron el carácter nocturno de la Vigilia, devolviéndole al Pregón su contexto original: el misterio de la Noche engalanada por la luz del Rey victorioso.
5. Hipótesis actual de la autoría
La mayoría de los liturgistas actuales prefiere hablar de un "autor anónimo del siglo V", probablemente un diácono o un obispo del norte de Italia, con una formación retórica excepcional.
Variantes perdidas: Antes del Papa san Pío V y su reforma en el siglo XVI, existían docenas de variantes del Pregón. Algunas tenían elogios a las abejas mucho más largos y detallados que el que leemos hoy.
El Papa san León Magno: Algunos estudios antiguos lo mencionaban como posible revisor del texto, para darle esa cadencia majestuosa y rítmica (el cursus leoninus) que lo hace tan fácil de cantar. Independientemente de quién puso la pluma sobre el pergamino, el autor era un maestro del cursus latino. Esto significa que las frases terminan con una acentuación rítmica específica que genera una sensación de equilibrio y elevación.
6. Versiones en latín y español
(Se conservan en la primera las tildes que incluyen los Misales para facilitar su correcta pronunciación):
Versión en español
Exulten por fin los coros de los ángeles,
exulten las jerarquías del cielo,
y por la victoria de rey tan poderoso
que las trompetas anuncien la salvación.
Goce también la tierra,
inundada de tanta claridad,
y que, radiante con el fulgor del rey eterno,
se sienta libre de la tiniebla
que cubría el orbe entero.
Alégrese también nuestra madre la Iglesia,
revestida de luz tan brillante;
resuene este templo con las aclamaciones del pueblo.
(Por eso, queridos hermanos,
que asistís a la admirable claridad de esta luz santa,
invocad conmigo la misericordia de Dios omnipotente,
para que aquel que, sin mérito mío,
me agregó al número de sus ministros (diáconos),
infundiendo el resplandor de su luz,
me ayude a cantar las alabanzas de este cirio.)
(V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.)
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.
En verdad es justo y necesario
aclamar con nuestras voces
y con todo el afecto del corazón
a Dios invisible, el Padre todopoderoso,
y a su único Hijo, nuestro Señor Jesucristo.
Porque él ha pagado por nosotros al eterno Padre
la deuda de Adán
y, derramando su sangre,
canceló el recibo del antiguo pecado.
Porque éstas son las fiestas de Pascua
en las que se inmola el verdadero Cordero,
cuya sangre consagra las puertas de los fieles.
Esta es la noche en que sacaste de Egipto,
a los israelitas, nuestros padres,
y los hiciste pasar a pie el mar Rojo.
Esta es la noche en que la columna de fuego
esclareció las tinieblas del pecado.
Esta es la noche
en la que, por toda la tierra,
los que confiesan su fe en Cristo
son arrancados de los vicios del mundo
y de la oscuridad del pecado,
son restituidos a la gracia
y son agregados a los santos.
Esta es la noche en que,
rotas las cadenas de la muerte,
Cristo asciende victorioso del abismo.
¿De qué nos serviría haber nacido
si no hubiéramos sido rescatados?
¡Qué asombroso beneficio de tu amor por nosotros!
¡Qué incomparable ternura y caridad!
Para rescatar al esclavo, entregaste al Hijo!
Necesario fue el pecado de Adán,
que ha sido borrado por la muerte de Cristo.
¡Feliz la culpa que mereció tal Redentor!
¡Qué noche tan dichosa!
Sólo ella conoció el momento
en que Cristo resucitó de entre los muertos.
Esta es la noche de que estaba escrito:
«Será la noche clara como el día,
la noche iluminada por mi gozo.»
Y así, esta noche santa
ahuyenta los pecados,
lava las culpas,
devuelve la inocencia a los caídos,
la alegría a los tristes,
expulsa el odio,
trae la concordia,
doblega a los poderosos.
En esta noche de gracia,
acepta, Padre Santo,
el sacrificio vespertino de esta llama,
que la santa Iglesia te ofrece
en la solemne ofrenda de este cirio,
obra de las abejas.
Sabemos ya lo que anuncia esta columna de fuego,
ardiendo en llama viva para gloria de Dios.
Y aunque distribuye su luz,
no mengua al repartirla,
porque se alimenta de esta cera fundida,
que elaboró la abeja fecunda
para hacer esta lámpara preciosa.
¡Qué noche tan dichosa
en que se une el cielo con la tierra,
lo humano y lo divino!
Te rogamos, Señor, que este cirio,
consagrado a tu nombre,
arda sin apagarse
para destruir la oscuridad de esta noche,
y, como ofrenda agradable,
se asocie a las lumbreras del cielo.
Que el lucero matinal lo encuentre ardiendo,
ese lucero que no conoce ocaso
y es Cristo, tu Hijo resucitado,
que, al salir del sepulcro,
brilla sereno para el linaje humano,
y vive y reina glorioso por los siglos de los siglos.
R. Amén.
Versión en latín
Exsúltet iam angélica turba cælórum:
exsúltent divína mystéria:
et pro tanti Regis victória tuba ínsonet salutáris.
Gáudeat et tellus, tantis irradiáta fulgóribus:
et ætérni Regis splendóre illustráta,
totíus orbis se séntiat amisísse calíginem.
Lætétur et mater Ecclésia,
tanti lúminis adornáta fulgóribus:
et magnis populórum vócibus hæc aula resúltet.
Quaprópter astántes vos, fratres caríssimi,
ad tam miram huius sancti lúminis claritátem,
una mecum, quæso, Dei omnipoténtis misericórdiam invocáte.
Ut, qui me non meis méritis
intra Levitárum númerum dignátus est aggregáre,
lúminis sui claritatem infúndens,
cérei huius laudem implére perfíciat,
V/ Dóminus vobíscum
R/ Et cum spíritu tuo.
V/ Sursum corda.
R/ Habémus ad Dóminum.
V/ Grátias agámus Dómino Deo nostro.
R/ Dignum et iustum est.
Vere dignum et iustum est,
invisíbilem Deum Patrem omnipoténtem
Filiúmque eius Unigénitum, Dóminum nostrum Iesum Christum,
toto cordis ac mentis afféctu et vocis ministério personáre.
Qui pro nobis ætérno Patri Adæ débitum solvit,
et véteris piáculi cautiónem pio cruóre detérsit.
Hæc sunt enim festa paschália,
in quibus verus ille Agnus occíditur,
cuius sánguine postes fidélium consecrántur.
Hæc nox est,
in qua primum patres nostros, fílios Israel
edúctos de Ægýpto,
mare Rubrum sicco vestígio transíre fecísti.
Hæc ígitur nox est,
quæ peccatórum ténebras colúmnæ illuminatióne purgávit.
Hæc nox est, quæ hódie per univérsum mundum in Christo credentes,
a vítiis sǽculi et calígine peccatórum segregátos,
reddit grátiæ, sóciat sanctitáti.
Hæc nox est,
in qua, destrúctis vínculis mortis,
Christus ab ínferis victor ascéndit.
Nihil enim nobis nasci prófuit,
nisi rédimi profuísset.
O mira circa nos tuæ pietátis dignátio!
O inæstimábilis diléctio caritátis:
ut servum redímeres, Fílium tradidísti!
O certe necéssarium Adæ peccátum,
quod Christi morte delétum est!
O felix culpa, quæ talem ac tantum
méruit habére Redemptórem!
O vere beáta nox,
quæ sola méruit scire tempus et horam,
in qua Christus ab ínferis resurréxit!
Hæc nox est, de qua scriptum est:
Et nox sicut dies illuminábitur:
et nox illuminátio mea in delíciis meis.
Huius ígitur sanctificátio noctis fugat scélera, culpas lavat:
et reddit innocéntiam lapsis
et mæstis lætítiam.
Fugat ódia, concórdiam parat
et curvat impéria.
In huius ígitur noctis grátia, súscipe, sancte Pater,
laudis huius sacrifícium vespertínum,
quod tibi in hac cérei oblatióne solémni,
per ministrórum manus de opéribus apum, sacrosáncta reddit Ecclésia.
Sed iam colúmnæ huius præcónia nóvimus,
quam in honórem Dei rútilans ignis accéndit.
Qui, lícet sit divísus in partes,
mutuáti tamen lúminis detriménta non novit.
Alítur enim liquántibus ceris,
quas in substántiam pretiósæ huius lámpadis
apis mater edúxit.
O vere beáta nox,
in qua terrénis cæléstia, humánis divína iungúntur!
Orámus ergo te, Dómine,
ut céreus iste in honórem tui nóminis consecrátus,
ad noctis huius calíginem destruéndam,
indefíciens persevéret.
Et in odórem suavitátis accéptus,
supérnis lumináribus misceátur.
Flammas eius Lúcifer matutínus invéniat:
ille, inquam, Lúcifer, qui nescit occásum.
Christus Fílius tuus,
qui, regréssus ab ínferis, humáno géneri serénus illúxit,
et tecum vivit et regnat in sǽcula sæculórum.
R/ Amen.
Explicación por partes
Exsúltet iam angélica turba cælórum
exsúltent divína mystéria
et pro tanti Regis victória tuba ínsonet salutáris
El sujeto del gozo: Angélica turba cælórum
La palabra "turba" en latín no tiene la connotación negativa de "gentío desordenado" que a veces le damos hoy. Se refiere a una multitud organizada, un ejército o coro. Al decir angélica turba cælórum, el Pregón sitúa el inicio de la alegría en el plano invisible y celestial. Es el universo entero el que rompe en júbilo, no solo la asamblea presente.
La acción sagrada: Exsultent divína mysteria
Aquí ocurre algo fascinante. El verbo exsultent (exulten) no se aplica solo a seres vivos, sino a los divina mysteria. Se personifican los ritos mismos.
Significa que la liturgia no es una representación estática, sino una realidad viva que "salta de gozo" porque el Misterio que celebra (la Resurrección) se ha cumplido.
El instrumento del anuncio: Tuba ínsonet salutáris
La tuba ínsonet salutáris es una referencia directa a la tradición bíblica y romana.
Tuba: En la antigüedad, la trompeta anunciaba la llegada del emperador o el inicio de una batalla. Aquí, anuncia la victoria definitiva.
Salutáris: No es cualquier sonido; es una trompeta "de salvación" o "saludable". Su sonido restaura y sana la creación.
Pro tanti Regis victória: El motivo del estruendo es la victoria de un "Rey tan grande". El adjetivo tanti (tan grande) subraya que la magnitud del Triunfo de Cristo supera cualquier expectativa humana.
Gaudeat et tellus, tantis irradiáta fulgóribus:
et ætérni Regis splendóre illustráta,
totíus orbis se séntiat amisísse calíginem.
El paso de lo celestial a lo terrenal
Si en la primera estrofa el júbilo nacía en el Cielo, aquí el autor del texto hace que la alegría "descienda" a la Tierra. Es un movimiento litúrgico de gran belleza.
La Tierra como protagonista: Gaudeat et tellus
El verbo gaudeat (alégrese) se dirige ahora a la tellus (la tierra, el suelo, el mundo material).
Es una personificación de la naturaleza.
La creación no es una espectadora pasiva, sino que participa activamente en el triunfo de Cristo.
La luz que transforma: Tantis irradiáta fulgóribus
Aquí el latín es muy preciso con el término fulgóribus (resplandores/relámpagos).
No es una luz tenue, sino una iluminación súbita y poderosa.
La Tierra está irradiáta (atravesada por rayos de luz). El texto sugiere que la gloria de la Resurrección ha penetrado la materia misma del mundo.
El fin de la oscuridad: Amisísse calíginem
Este es, quizás, el punto teológico más fuerte de la sección:
Se séntiat amisísse: "Sienta [la Tierra] que ha perdido...". Es un sentimiento de alivio profundo.
Calíginem: En latín, caligo no es solo "oscuridad" (tenebræ), sino una niebla espesa, una oscuridad que ciega y confunde.
Al decir que el mundo "ha perdido su tiniebla", el Pregón proclama que el pecado y la muerte ya no tienen poder para ocultar la verdad del ætérni Regis (el Rey eterno).
Lætétur et mater Ecclésia,
tanti lúminis adornáta fulgóribus:
et magnis populórum vócibus hæc aula resúltet.
Aquí, el Pregón pascual personifica a la Iglesia y la sitúa en el centro de la escena litúrgica.
La Iglesia como madre: Lætétur et mater Ecclésia
El término mater (madre) no es un adorno. En la tradición latina, la Iglesia es la madre que engendra a los nuevos cristianos en la Noche de Pascua a través del bautismo.
El verbo repetido lætétur (alégrese / salte de júbilo) es un imperativo que invita al gozo profundo y espiritual.
Es la respuesta humana al gozo de los ángeles y de la Tierra que vimos antes.
La Esposa adornada: Tanti lúminis adornáta fulgóribus
Esta frase es de una belleza poética inefable:
Adornáta: La Iglesia no solo está iluminada, sino "adornada" o "engalanada". Sugiere una imagen nupcial; la Iglesia es la Esposa que se embellece con la luz de su Esposo, el Rey Resucitado.
Tanti lúminis: Se refiere a una luz de tal magnitud que transforma la apariencia de quien la recibe.
El eco del pueblo: Magnis populórum vócibus
Aquí el texto deja de ser descriptivo para volverse sonoro.
Hæc aula resúltet: Aula es el recinto sagrado, el templo. De ahí que el adjetivo "áulico" de nuestra lengua, se refiera a lo relacionado con los ambientes palaciegos. El templo es el palacio del Rey victorioso, imagen y anticipo del Aula celeste. Por su parte, el verbo resúltet (retumbe / resuene) indica que hasta el edificio mismo debe vibrar, haciéndose eco de las melodías celestiales.
Magnis vócibus: No es un murmullo, sino un clamor potente de "las voces de los pueblos" (en plural, populórum), representando a toda la humanidad redimida.
Este inicio del Exsultet sigue una estructura jerárquica perfecta:
Cielo: Angélica turba (los ángeles).
Mundo: Tellus (la naturaleza creada).
Iglesia: Mater Ecclésia (los fieles y la liturgia).
Tras la invitación al gozo cósmico, el diácono (o el cantor) se dirige directamente a la asamblea con una petición de intercesión. Es un momento de humildad antes de la gran proclamación:
Quaprópter astántes vos, fratres caríssimi,
ad tam miram huius sancti lúminis claritátem,
una mecum, quæso, Dei omnipoténtis misericórdiam invocáte.
Ut, qui me non meis méritis
intra Levitárum númerum dignátus est aggregáre,
lúminis sui claritatem infúndens,
cérei huius laudem implére perfíciat,
La apelación a la comunidad: Quaprópter astántes vos
El término quaprópter (por lo cual) actúa como un puente lógico: dado que el Cielo, la Tierra y la Iglesia ya están de fiesta, ahora nos toca a nosotros.
Astántes: No son simplemente "espectadores", sino "los que están de pie" (ad-stantes). Estar de pie en la liturgia es la posición del resucitado y del que está alerta.
Fratres caríssimi: El uso de "hermanos carísimos" establece una unidad familiar en la fe.
La luz como asombro: Ad tam miram huius sancti lúminis claritátem
Aquí el latín subraya la cualidad de la luz del Cirio pascual.
Miram: Es un adjetivo que significa"admirable", "asombroso".
Claritátem: No es solo "claridad" física, sino la gloria radiante que emana de la santidad. Es una luz que purifica la visión.
La súplica compartida: Una mecum, quæso
El cantor reconoce su pequeñez ante la magnitud del Misterio que va a proclamar.
Una mecum: "Juntamente conmigo". Es un llamado a la acción colectiva; el Pregón no es una recitación individual, sino una voz que representa a todos.
Quæso: "Os ruego". Es una fórmula de cortesía y humildad clerical muy tradicional.
Dei omnipoténtis misericórdiam invocáte: El objetivo de la oración es invocar la "misericordia del Dios omnipotente". Se reconoce que, solo por gracia divina, se puede cantar dignamente la victoria de la Vida sobre la muerte, temática que retomará la Secuencia de Pascua en la Misa del Día.
Inmediatamente después de estas palabras, comienza el diálogo litúrgico más solemne de todo el año: el Sursum Corda (Dóminus vobíscum... Sursum corda... Grátias agámus...):
V/ Dóminus vobíscum
R/ Et cum spíritu tuo.
V/ Sursum corda.
R/ Habémus ad Dóminum.
V/ Grátias agámus Dómino Deo nostro.
R/ Dignum et iustum est.
Este diálogo es el que "abre las puertas" del Prefacio pascual I, que se entonará más adelante. En efecto, precede al cuerpo del Exsultet y es idéntico al que inicia cualquier Prefacio de la Misa, pero en esta Noche uno y otro textos adquieren una solemnidad única. Es el "umbral" que separa la exhortación inicial de la acción de gracias eucarística y narrativa.
Analicemos su estructura y por qué es el corazón del rito:
1. El saludo: Dóminus vobíscum
Significado: "El Señor esté con vosotros".
No es una mera salutación. Es una declaración de la Presencia real de Cristo Resucitado en medio de la asamblea. En el contexto del Pregón, establece que lo que se va a cantar no es un relato histórico lejano, sino una realidad presente aquí y ahora.
2. El ascenso: Sursum corda
Significado: "Levantemos el corazón" (literalmente: "Hacia arriba los corazones").
El uso de Sursum (hacia lo alto) es un imperativo de movimiento. Tras haber visto a la Iglesia y a la Tierra iluminadas, el fiel es llamado a elevarse por encima de lo terrenal.
En la Vigilia Pascual, este grito rompe definitivamente con el luto del Viernes y Sábado Santos. Es la orden de entrar en la dimensión celestial donde Cristo ya reina.
3. La acción de gracias: Grátias agámus Dómino Deo nostro
Significado: "Demos gracias al Señor, nuestro Dios".
El verbo agámus (hagamos/demos) implica una acción activa. La respuesta del pueblo, Dignum et iustum est (Es digno y justo), es la ratificación jurídica y espiritual de que la criatura reconoce la grandeza de su Creador.
¿Por qué es vital en el Pregón pascual?
Este diálogo cambia el interlocutor del cantor. Ya no está hablando a la asamblea (exhortación), sino que empieza a hablar a Dios en nombre de la asamblea (anáfora/acción de gracias). De ahí que se omita cuando no lo cante un ministro ordenado. Al usar las mismas palabras introductorias que en el Prefacio, se vincula la luz del Cirio con el Sacrificio de la Eucaristía. La victoria de la que habla el Pregón es la misma que se hace presente en el Altar.
Preparación para el Vere Dignum: Sin este consentimiento del pueblo, el cantor no "podría" proceder a relatar las maravillas de la Noche santa. Es el "permiso" de la comunidad para que el ministro actúe como su voz.
Una vez que el pueblo confirma que "es digno y justo", el cantor rompe con la melodía del Prefacio para decir: Vere dignum et iustum est... Es el comienzo de la narración de la historia de la salvación (Adán, el Éxodo, el Cordero):
Vere dignum et iustum est,
invisíbilem Deum Patrem omnipoténtem
Filiúmque eius Unigénitum, Dóminum nostrum Iesum Christum,
toto cordis ac mentis afféctu et vocis ministério personáre.
Qui pro nobis ætérno Patri Adæ débitum solvit,
et véteris piáculi cautiónem pio cruóre detérsit.
La unidad del ser y el hacer: Toto cordis ac mentis afféctu
Este pasaje es una joya de la antropología cristiana. El cantor no alaba solo con la voz, sino con:
Cordis afféctu: El afecto del corazón (la voluntad y el amor).
Mentis afféctu: El afecto de la mente (el intelecto y la comprensión).
Vocis ministério: El servicio de la voz.
Es una entrega total del ser humano (cor, mens, vox) para personáre (hacer resonar) la gloria de Dios.
El misterio de la Redención: La conexión de las Alianzas
A partir de aquí, el Pregón explica por qué es justo dar gracias. Lo hace uniendo el Antiguo y el Nuevo Testamentos en una sola narrativa de libertad:
A. La deuda de Adán: Qui pro nobis ætérno Patri Adæ débitum solvit
Concepto: Cristo paga la "deuda" (débitum) de Adán.
El latín usa términos cuasijurídicos para explicar que la caída original dejó una cuenta pendiente que solo el "Hijo Unigénito" podía saldar ante el Padre Eterno.
B. El Cordero verdadero: Et veteris piáculi cautiónem pio cruóre detérsit
Piáculi cautiónem: Se refiere a la "fianza" o el documento del pecado antiguo.
Detérsit: Significa "limpiar" o "borrar". Con su pio cruóre (Sangre piadosa/santa), Cristo borra físicamente la sentencia que pesaba sobre la humanidad.
A continuación, la Pascua como paso (Pésaj): Hæc sunt enim festa paschália
Hæc sunt enim festa paschália,
in quibus verus ille Agnus occíditur,
cuius sánguine postes fidélium consecrántur.
El texto define qué estamos celebrando Hoy:
In quibus verus ille Agnus occíditur: "En las cuales es inmolado aquel verdadero Cordero".
Cuius sánguine postes fidélium consecrántur:
Aquí hay una referencia directa al Éxodo. Así como la sangre del cordero en los postes de las casas salvó a los israelitas en Egipto, ahora la Sangre de Cristo "consagra" los postes (el corazón y la vida) de los fieles, protegiéndolos de Satanás y de sus huestes.
El pasaje que sigue es fundamental, porque establece que la Pascua no es una fiesta aislada, sino el cumplimiento de todas las promesas hechas desde el inicio de los tiempos. Es el momento en que la historia humana se encuentra con la eternidad.
Entramos en el tramo más épico y visual del Exsultet. Aquí, el texto deja de ser una explicación teológica para convertirse en un relato de victoria, conectando la libertad física de Israel con la libertad espiritual de la humanidad.
Este bloque se caracteriza por la anáfora retórica del demostrativo Hæc (Esta), enfatizando que los sucesos del pasado ocurren místicamente Hoy.
El paso del Mar Rojo: Hæc nox est
Hæc nox est, in qua primum patres nostros, fílios Israel edúctos de Ægýpto, mare Rubrum sicco vestígio transíre fecísti.
Sicco vestígio: Literalmente, "con huella seca". El latín subraya el milagro: el pueblo no solo cruza, sino que lo hace sin mojarse los pies.
Primum: Significa "por primera vez". Establece que la salida de Egipto fue el inicio de un camino que culmina en esta Noche.
La esclavitud de Egipto es figura de la esclavitud del pecado. El Mar Rojo es figura del bautismo, por el que las aguas destruyen al Enemigo (el mal) y dan paso a la vida.
2. La Columna de Fuego: Hæc ígitur nox est
Hæc ígitur nox est, quæ peccatórum ténebras colúmnæ illuminatióne purgávit.
Colúmnæ illuminatióne: En el Éxodo, una columna de fuego guiaba a Israel por el desierto, durante la noche.
Purgávit: El latín dice que la luz "purgó" o "limpió" las tinieblas de los pecadores. No es solo que la luz brille, es que la luz elimina activamente la oscuridad del alma.
El Cirio Pascual que preside la celebración representa a Cristo, esa Columna de Fuego que guía a la Iglesia a través del desierto del mundo.
3. El Retorno a la gracia: Hæc nox est
Hæc nox est, quæ hódie per univérsum mundum
in Christo credentes a vítiis sǽculi
et calígine peccatórum segregátos,
reddit grátiæ, sóciat sanctitáti.
A sæculi vítiis: "De los vicios del siglo (mundo)".
Calígine peccatórum: De nuevo aparece la palabra caligo (niebla/oscuridad densa) para describir el pecado.
Ségreget: "Segrega" o "separa". La Noche de Pascua separa al creyente de los delitos del mundo.
Sóciat sanctitáti: "Los asocia a la santidad". Es una unión mística con la pureza de Dios.
Hæc nox est,
in qua, destrúctis vínculis mortis,
Christus ab ínferis victor ascéndit.
La antítesis entre el lugar de los muertos (ab ínferis) y la Vida verdadera a la que Cristo asciende victorioso (victor ascéndit), muestra la tensión entre cuatro realidades, dos temporales y dos espirituales: la muerte terrenal y la Vida eterna, entre las cuales se encuentra la vida terrenal. Esta, a su vez, es el don que tenemos, o bien para alcanzar esa Vida eterna, o bien, para precipitarnos a la muerte eterna,
Nihil enim nobis nasci prófuit,
nisi rédimi profuísset.
O mira circa nos tuæ pietátis dignátio!
O inæstimábilis diléctio caritátis:
ut servum redímeres, Fílium tradidísti!
Esta estrofa expresa, con una oración condicional, seguida de dos exclamativas, que el don de la vida adquiere la plenitud de su valor cuando es coronado por la Redención obrada por Cristo, admirable designio del Creador, que alcanza lo inaudito con la antítesis servum redimere, Fílium tradídisti: entregar al Hijo a cambio del siervo, para que este adquiera la dignidad de aquel.
A continuación, llegamos al corazón lírico y teológico del Exsultet. Es el momento donde el cantor, arrobado por la luz del Cirio, pronuncia las paradojas más audaces de la liturgia romana.
O certe necéssarium Adæ peccátum,
quod Christi morte delétum est!
O felix culpa, quæ talem ac tantum
méruit habére Redemptórem!
Necéssarium Adæ peccátum: "Oh, ciertamente necesario pecado de Adán". Es una afirmación audaz: el pecado se llama "necesario" porque, en el plan divino, permitió una manifestación de amor aún mayor.
O felix culpa: "¡Oh, feliz culpa!". Es la paradoja central. La caída de Adán se llama "feliz" (felix) porque, gracias a ella, la humanidad recibió a un Redentor tan grande (talem ac tantum).
No es que el pecado sea bueno en sí mismo, sino que la Redención ha superado de tal manera al pecado original que la situación final del hombre es más gloriosa que la inicial.
Y el siguiente pasaje es un himno a la Noche como testigo privilegiado de la Resurrección:
O vere beáta nox, quæ sola méruit scire tempus
et horam, in qua Christus ab ínferis resurréxit!
Hæc nox est, de qua scriptum est:
Et nox sicut dies illuminábitur:
et nox illuminátio mea in delíciis meis.
La Noche como testigo único: Quæ sola méruit scire
Sola méruit: "La única que mereció". El texto personifica a la Noche, otorgándole la dignidad de ser la única "testigo" del momento exacto del paso de Cristo de la muerte a la vida.
Ab ínferis: "De los infiernos" o "del lugar de los muertos". No se refiere al infierno de los condenados, sino al Sheol, de donde Cristo rescata a los justos.
La Noche profetizada desde antiguo: Hæc nox est, de qua scriptum est. Nox sicut dies illuminabitur: "Esta es la Noche de la que está escrito: 'La Noche resplandecerá como el día'". Es la profecía sobre la santidad inefable de esta Noche de gracia, portal de la eternidad.
Huius ígitur sanctificátio noctis fugat scélera, culpas lavat:
et reddit innocéntiam lapsis
et mæstis lætítiam.
Fugat ódia, concórdiam parat
et curvat impéria.
El Cirio encendido como imagen de Cristo Resucitado es un sacrificio de alabanza que se ofrece y que anticipa el del Altar, que en esta bendita Noche adquiere su máxima expresión.
Esta es una de las partes más singulares y bellas del Exsultet, pues el lenguaje litúrgico se vuelve casi "ecológico" y artesanal. Aquí, la Iglesia ofrece a Dios el fruto del trabajo de la creación y de las manos del hombre.
Vespertínum: "vespertino". Conecta esta Noche con el sacrificio de la tarde en el Templo de Jerusalén y, sobre todo, con la hora de la Muerte de Cristo en la Cruz.
Súscipe: Es el verbo de la ofrenda. "Recibe, Padre Santo".
El Pregón hace una pausa para agradecer a la criatura que hizo posible la materia del Cirio: la abeja.
Opéribus apum: "Del trabajo de las abejas".
La pureza de la cera: Tradicionalmente, la cera de abeja simbolizaba la Carne purísima de Cristo (nacido de la Virgen), mientras que la mecha era su Alma y la llama, su Divinidad (San Anselmo).
Sacrosáncta Ecclésia: Es la Iglesia "sacrosanta" la que, por manos de sus ministros, hace esta devolución (reddit) a Dios.
Ahora, el texto describe el misterio de la llama de fuego:
Sed iam colúmnæ huius præcónia nóvimus,
quam in honórem Dei rútilans ignis accéndit.
Qui, lícet sit divísus in partes,
mutuáti tamen lúminis detriménta non novit.
Alitur enim liquántibus ceris,
quas in substántiam pretiósæ huius lámpadis
apis mater edúxit.
Columnæ: sigue latente el símil del Cirio como la columna de fuego que Dios interpuso entre los israelitas y los egipcios.
Liquántibus ceris: "Por la cera que se derrite". El Sacrificio de Cristo es una entrega que se consume por amor.
Apis mater: "La madre abeja". Es una expresión llena de ternura litúrgica. La abeja no solo trabaja, sino que "engendra" la sustancia de esta Lámpara preciosa.
El fuego que no se apaga: Qui, lícet sit divísus en partes...
El cantor explica un milagro físico que es metáfora de la fe: la luz del Cirio se reparte entre las velas de todos los fieles, pero el Cirio original no pierde su fuerza.
Mutuáti lúminis detriménta non novit: "No conoce detrimento (pérdida) por la luz prestada".
Cristo se da a todos, pero permanece íntegro y glorioso, ahora, como Luz; en instantes, como Pan del Cielo.
O vere beáta nox,
in qua terrénis cæléstia, humánis divína iungúntur!
Dos antítesis devienen en oxímoron en esta aclamación, que expresa el resultado de lo acaecido en la Noche prodigiosa: la unión entre lo terreno y lo celestial, lo humano y lo divino.
La siguiente sección es el preludio al final del Pregón, donde se pide que este Cirio se encuentre encendido cuando regrese el "Lucero de la mañana" (Lucifer matutínus).
Tras haber recorrido la historia de la salvación y el simbolismo de la abeja, el Exsultet se convierte en una súplica ferviente, para que la luz de Cristo permanezca encendida en el mundo hasta su Retorno final.
Este cierre es de una solemnidad poética y espiritual admirable:
Orámus ergo te, Dómine, ut céreus iste
in honórem tui nóminis consecrátus,
ad noctis huius calíginem destruéndam,
indefíciens persevéret.
Et in odórem suavitátis accéptus,
supérnis lumináribus misceátur.
La permanencia de la luz: Indefíciens persevéret
Indefíciens: "Que no desfallezca" o "que no se agote". Se pide que el Cirio, dedicado al Nombre de Dios, siga ardiendo con fuerza.
Calíginem destruéndam: De nuevo, la misión de esta luz es "destruir la tiniebla". El latín usa un gerundivo de finalidad: la razón de ser del Cirio es el combate contra la oscuridad del error y el pecado.
La restitución de la luz a la humanidad por medio de Jesucristo, el Viviente:
Flammas eius Lúcifer matutínus invéniat:
ille, inquam, Lúcifer, qui nescit occásum.
Christus Fílius tuus,
qui, regréssus ab ínferis, humáno géneri serénus illúxit,
et tecum vivit et regnat in sǽcula sæculórum.
R/ Amen.
Lúcifer matutínus: Significa literalmente "el portador de la luz de la mañana" (el lucero del alba). En la liturgia, este título pertenece exclusivamente a Cristo Resucitado.
Nescit occásum: "Que no conoce el ocaso". A diferencia del sol físico o de las estrellas que se ponen, Cristo es el sol eterno.
Invéniat: Se pide que, cuando amanezca el Día de la Resurrección (y el día del Juicio Final), encuentre este Cirio todavía encendido. Es una imagen de la fe que espera vigilante.
El Lucero que no conoce ocaso: Lucifer matutínus
Aquí aparece un término que a veces sorprende, pero que en latín es de una pureza cristalina. En esta Noche, el nombre "Lucifer", habitualmente atribuido al Enemigo infernal, se adjudica al mismo Cristo, restituyendo así al término el esplendor de su etimología opacada: el verdadero Portador de la luz, "Dios de Dios, Luz de Luz", es el Rey, Hijo del Padre de las luces y vencedor del padre de las tinieblas. La Noche resplandeciente reconoce al Sol que nace de lo alto y que viene a iluminar a todo hombre, el Lucero que no conoce ocaso, a Quien sea la gloria por toda la eternidad.


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