El Misal Romano contiene dos Prefacios para la solemnidad de la Ascensión del Señor y para los días que van desde ella hasta la de Pentecostés, exclusive.
A continuación, el texto más el análisis de ambos:
Latín
Quia Dóminus Iesus, Rex glóriæ,
peccáti triumphátor et mortis,
mirántibus Angelis, ascéndit (hódie) summa cælórum,
Mediátor Dei et hóminum,
Iudex mundi Dominúsque virtútum;
non ut a nostra humilitáte discéderet,
sed ut illuc confiderémus, sua membra, nos súbsequi
quo ipse, caput nostrum principiúmque, præcéssit.
Quaprópter, profúsis paschálibus gáudiis,
totus in orbe terrárum mundus exsúltat.
Sed et supérnæ virtútes atque angélicæ potestátes
hymnum glóriæ tuæ cóncinunt, sine fine dicéntes:
Español
Porque Jesús, el Señor,
el rey de la gloria,
vencedor del pecado y de la muerte,
ha ascendido [hoy],
ante el asombro de los ángeles,
a lo más alto de los cielos,
como Mediador entre Dios y los hombres,
como Juez del mundo y Señor del universo.
No se ha ido para desentenderse de nuestra pobreza,
sino que nos precede
el primero como cabeza nuestra,
para que nosotros, miembros de su Cuerpo,
vivamos con la ardiente esperanza
de seguirlo en su reino.
Por eso,
con esta efusión de gozo pascual,
el mundo entero se desborda de alegría,
y también los coros celestiales,
los ángeles y los arcángeles,
cantan el himno de tu gloria
diciendo sin cesar:
I
Este texto es el Prefacio I de la Ascensión del Señor, una de las piezas más líricas y teológicamente densas del Misal Romano.
Es una composición magistral donde la solemnidad y la precisión técnica del latín eclesiástico alcanzan su cenit.
1. Análisis filológico: el latín de la majestad
El texto utiliza una estructura de participios y títulos que crean una atmósfera de triunfo y soberanía.
Títulos cristológicos: se acumulan cinco títulos que definen la identidad de Cristo en su triunfo: Rex glóriæ (Rey de la gloria), peccáti triumphátor (triunfador del pecado), Mediátor (mediador), Iudex mundi (juez del mundo) y Dominúsque virtútum (Señor de las virtudes/ejércitos).
Mirántibus Angelis: un ablativo absoluto que aporta una dimensión escénica. Los ángeles no solo están presentes, sino que observan con asombro (mirántibus). Se destaca aquí la superioridad de la naturaleza humana de Cristo, que causa estupor incluso en los seres espirituales.
Sua membra: literalmente "sus miembros". Es una aposición a nos (nosotros). El latín refuerza la idea orgánica: no somos seguidores externos, sino partes de su propio cuerpo.
2. Exégesis: la paradoja de la cercanía
La exégesis de este Prefacio se centra en desmantelar la idea de la Ascensión como un "adiós".
Non ut a nostra humilitáte discéderet: esta es la clave exegética. La Ascensión no es un alejamiento de nuestra condición humilde. Cristo no se retira a un lugar remoto, sino que cambia su modo de presencia. Al subir como hombre, eleva la "humildad" del hombre al Trono de Dios.
Caput nostrum principiúmque: basado en la teología paulina, Cristo es el Príncipe (en el sentido de principium, el que da origen y precede). Si el "Principio" ya está en la meta, el resto del camino ya está santificado.
Iudex mundi: remite a la escatología. La Ascensión es el preludio necesario para su regreso glorioso. El que ascendió es el mismo que vendrá a juzgar, lo que vincula el misterio pascual con el juicio final.
3. Hermenéutica: la sinfonía cósmica
Este texto propone una visión del universo como una unidad orante.
La solidaridad de los miembros: la hermenéutica de la esperanza se hace presente en nos súbsequi (que nosotros le sigamos). La Ascensión genera una "confianza" (confiderémus). No es una vaga posibilidad, sino una certeza basada en la unión física entre Cristo Cabeza y los miembros.
Profúsis paschálibus gáudiis: el término profúsis (derramados, abundantes) indica que la alegría de la Pascua no se agota, sino que rebalsa y se desborda en la Ascensión.
La unión de las jerarquías angélicas: el final del texto (supérnæ virtútes atque angélicæ potestátes) es una invitación a la comunión. El hombre, al celebrar la liturgia, une su voz a la de los coros celestiales. Esto significa que la liturgia terrestre es un espejo y una participación real en la liturgia eterna.
Conclusión sobre la estructura
Este Prefacio es el puente perfecto: comienza con el triunfo histórico de Cristo, pasa por la esperanza eclesial de sus miembros y termina en la adoración cósmica. Es la celebración del hombre que, en Cristo, ha dejado de estar confinado a la Tierra para reclamar su lugar entre los ángeles.
II
Qui post resurrectiónem suam
ómnibus discípulis suis maniféstus appáruit,
et ipsis cernéntibus est elevátus in cælum,
ut nos divinitátis suæ tribúeret esse partícipes.
Quaprópter, profúsis paschálibus gáudiis,
totus in orbe terrárum mundus exsúltat.
Sed et supérnæ virtútes atque angélicæ potestátes
hymnum glóriæ tuæ cóncinunt, sine fine dicéntes:
El cual, después de su resurrección,
se apareció visiblemente a todos sus discípulos
y, ante sus ojos, fue elevado al cielo
para hacernos partícipes de su divinidad.
Por eso,
con esta efusión de gozo pascual,
el mundo entero se desborda de alegría
y también los coros celestiales,
los ángeles y los arcángeles,
cantan el himno de tu gloria
diciendo sin cesar:
Este texto corresponde al Prefacio II de la Ascensión del Señor. Si el Prefacio I (que analizamos anteriormente) se centraba en la Soberanía de Cristo como Juez y Mediador, este segundo texto posee un matiz mucho más soteriológico y participativo. Se enfoca en la finalidad última de la Ascensión: la "divinización" del hombre, en el sentido de unión con lo divino:
1. Análisis filológico
La genialidad de este texto reside en su progresión verbal, que va desde la evidencia sensible hasta la transformación invisible.
Maniféstus appáruit: el adjetivo maniféstus refuerza la realidad física de la Resurrección. No es una visión subjetiva; es una aparición tangible, clara y pública ante los testigos.
Ipsis cernéntibus: un ablativo absoluto de gran fuerza visual. El verbo cérnere implica no solo "ver", sino distinguir con claridad, dar fe de un hecho. La Ascensión, en efecto, es un evento testificado, lo que fundamenta la credibilidad del dogma.
Tribúeret: del verbo tribuere. No es solo "dar", es otorgar, asignar o repartir algo que pertenece a la esfera del donante.
2. Exégesis: el intercambio admirable
La clave exegética de este pasaje es la finalidad (el ut consecutivo-final).
Divinitátis suæ... partícipes: esta es una referencia directa a la Segunda Carta de Pedro (1, 4): "para que por ellas llegaseis a ser partícipes de la naturaleza divina". La exégesis patrística llama a esto Theosis o "divinización".
La paradoja del descenso y el ascenso: Cristo bajó para participar de nuestra humanidad, y ahora asciende para que nosotros participemos de su Divinidad. La Ascensión es el cumplimiento del "Intercambio admirable" (admirábile commércium).
Omnibus discípulis: a diferencia de otras apariciones privadas, el Prefacio recalca la dimensión eclesial. Cristo se muestra a la comunidad para que la misión de "hacer discípulos" tenga un fundamento sólido en la experiencia del Resucitado.
3. Hermenéutica: el sentido de la elevación
Este texto transforma un hecho histórico en una vocación humana.
La Ascensión como "transporte": la hermenéutica tradicional ve en la elevación de Cristo un cambio de nivel para la humanidad. Si Él es elevado cernéntibus (mientras ellos miraban), es para que la mirada del hombre ya no quede fija en el suelo, sino que se oriente hacia su destino final.
La alegría cósmica (mundus exsúltat): el texto plantea la idea de la armonía universal. El "mundo" (mundus) y las "potestades" (potestátes). Esto sugiere que la liturgia es el punto donde la creación entera recupera su orden y su sentido.
La participación actual: no seremos partícipes en el futuro, sino que la Ascensión nos otorgó (tribúeret), en subjuntivo de finalidad) ya esa capacidad. La vida del cristiano es, desde ahora, una vida "en Dios".
17 de mayo de 2026, solemnidad de la Ascensión del Señor.
Entrada dedicada al Salvador en el misterio de su admirable Ascensión a los Cielos.

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