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La verdadera Iglesia de Dios...

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lunes, 12 de octubre de 2015

Misas de la Virgen XLV (Tiempo Ordinario XXVII): "La Virgen María, Reina de la paz"

Imagen venerada en la Basílica de Santa María la Mayor


Misal: Textos bíblicos y eucológicos (en negro); rúbricas: rojo.
Guion: marrón.
Comentario del blog: azul.

A causa de su íntima y estrecha relación con el Hijo, «Príncipe de la paz» (cf. Antífona de entrada, Is 9, 6; 1ª Lectura, Is 9, 1-6), la Santísima Virgen ha sido venerada cada día más como «Reina de la paz»: en algunos Calendarios de Iglesias particulares y de Institutos religiosos se halla la memoria de la Santísima Virgen, «Reina de la paz». En Argentina, por ejemplo, se celebra como memoria facultativa a la de San Francisco de Sales, obispo y doctor de la Iglesia, el 24 de enero. Conviene recordar que Benedicto XV, en el año 1917, en plena guerra europea, mandó añadir a las Letanías lauretanas la invocación «Reina de la paz» (Regina pacis).
En esta Misa se conmemora la cooperación de la Virgen en la reconciliación o «paz» entre Dios y los hombres realizada por Cristo:
- en el misterio de la Encarnación, ya que la humilde Esclava del Señor, «al recibir el anuncio del arcángel Gabriel, / concibió en su seno virginal al Príncipe de la paz» (Prefacio, cf. Evangelio, Lc 1,26-38), el cual «nos devolvió la paz, reconciliando consigo el Cielo y la Tierra» (Antífona de comunión);
- en el misterio de la Pasión, ya que «ella es la Madre fiel/que se mantuvo intrépida, en pie, junto a la Cruz / donde el Hijo, para salvarnos, / pacificó con su Sangre el universo» (Prefacio);
- en el misterio de Pentecostés, ya que la Santísima Virgen es la «alumna de la paz, (apelativo novedoso y de exquisito alcance teológico) / que, orando con los apóstoles, / esperó... el Espíritu de la paz, de la unidad, / de la caridad y del gozo» (Prefacio).
Al celebrar la memoria de la Virgen María, Reina de la paz, la asamblea de los fieles pide a Dios que, por su intercesión, conceda a la Iglesia y a la familia humana:
- el Espíritu de caridad: «Permanezcamos unidos en el amor fraterno» (Oración colecta); «Concédenos, Señor, tu Espíritu de caridad» (Oración después de la comunión);
- los dones de la unidad y de la paz: «Pedimos para tu familia los dones / de la unidad y de la paz» (Oración sobre las ofrendas); «formemos una sola familia en la paz» (Oración colecta); «cultivemos eficazmente entre nosotros / la paz que (Cristo) nos dio» (Oración después de la comunión);
- la tranquilidad en nuestro tiempo: «Concede a nuestro tiempo la tranquilidad deseada» (Oración colecta).
Los textos eucológicos de esta Misa, a excepción del Prefacio, se han tomado del fascículo Proprio delle messe per le diocesi di Savona e Noli, Tipografía Priamar, Savona 1978, p. 17.


Introducción

“Tú eres la fidelísima paloma que, interponiéndote ante Dios, has obtenido al mundo perdido la paz y la salvación".

Con estas palabras, el eximio doctor San Buenaventura se refiere a la Santísima Virgen María, prefigurada en la paloma que, portando un ramo de olivo, anunció la paz y la salvación al pueblo de Dios, que había sido víctima del diluvio.
María es, en efecto, Reina de la Paz porque engendró admirablemente al Mesías, "Príncipe de la paz". 
En honor de la Reina Madre, celebremos pues, el Sacrificio del Hijo bendito, que es, Él mismo "nuestra Paz" (Cf. Ef. 2, 14).


Antífona de entrada Cf. Is 9, 6

Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado, y es su nombre: «Príncipe de la paz».


Oración colecta

Oh, Dios, que por medio de tu Hijo Unigénito otorgas la paz a los hombres, por intercesión de la siempre Virgen María, concede a nuestro tiempo la tranquilidad deseada, para que formemos una sola familia en la paz y permanezcamos unidos en el amor fraterno. Por nuestro Señor Jesucristo.


Liturgia de la Palabra

Se ha elegido la primera lectura de la Misa de Nochebuena, que se refiere al Mesías que ha nacido, y que Le aplica, entre otros, el título sugestivo de "Príncipe de la paz" que trae "una paz sin límites":

Primera lectura

En medio de la densa oscuridad de la noche del mundo, aparece el Salvador, Luz reconciliadora que anuncia la paz.

Su principado será dilatado, con una paz sin límites

Lectura del Profeta Isaías 9, 1-3. 5-6

El pueblo que caminaba en tinieblas
vio una luz grande;
habitaban tierras de sombras,
y una luz les brilló.
Acreciste la alegría,
aumentaste el gozo:
se gozan en tu presencia,
como gozan al segar,
como se alegran
al repartirse el botín.
Porque la vara del opresor,
el yugo de su carga,
el bastón de su hombro,
los quebrantaste como el día de Madián.
Porque un niño nos ha nacido,
un hijo se nos ha dado:
lleva al hombro el principado,
y es su nombre:
Maravilla de Consejero,
Dios guerrero,
Padre perpetuo,
Príncipe de la paz.
Para dilatar el principado
con una paz sin límites,
sobre el trono de David
y sobre su reino.
Para sostenerlo y consolidarlo
con la justicia y el derecho,
desde ahora y por siempre.
El celo del Señor de los ejércitos lo realizará.

Palabra de Dios.


Salmo responsorial Sal 84, 9ab‑10. 11-12. 13-14 (R.: Is 35, 4d)

R. El Señor anuncia la paz a su pueblo.

Voy a escuchar lo que dice el Señor:
«Dios anuncia la paz
a su pueblo y a sus amigos.»
La salvación está ya cerca de sus fieles,
y la gloria habitará en nuestra tierra. R.

La misericordia y la fidelidad se encuentran,
la justicia y la paz se besan;
la fidelidad brota de la tierra,
y la justicia mira desde el cielo. R.

El Señor nos dará la lluvia,
y nuestra tierra dará su fruto.
La justicia marchará ante él,
la salvación seguirá sus pasos. R.


Aleluya Cf Lc 1, 28

Alégrate, María llena de gracia, el Señor está contigo; bendita tú entre las mujeres.

Evangelio

Por medio del celestial Mensajero, Dios se abaja a la pequeñez de María; al abrir ella el Corazón a la voluntad divina, acoge en su seno al Señor de la Vida y es elevada a la más alta dignidad que jamás pueda alcanzar criatura alguna en la Tierra y en los Cielos.

Aquí está la esclava del Señor

+ Lectura del santo Evangelio según san Lucas 1, 26-38

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María.
El ángel, entrando a su presencia, dijo:
— Alégrate, Llena de gracia, el Señor está contigo; bendita tú entre las mujeres.
Ella se turbó ante estas palabras, y se preguntaba qué saludo sería aquél.
El ángel le dijo:
— No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios.
Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.
Y María dijo al ángel:
— ¿Cómo será eso, pues no conozco varón?
El ángel le contestó:
— El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios.
Ahí tienes a tu parienta Isabel que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.
María contestó:
— Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra.
Y la dejó el ángel.

Palabra del Señor.


Oración de los fieles

R. Por los méritos de María, danos tu paz, Señor.

-María es Torre de refugio y fortaleza para los que a ella acuden confiadamente. Que por su celestial protección el Santo Padre N, nuestro obispo N, los demás pastores, religiosos y laicos se vean libres de todo peligro, físico y espiritual. R.

-María es "el arco (iris) de paz eterna" por la que Dios "perdona a los pecadores las ofensas cometidas" (San Bernardino de Siena). Que por su ferviente oración se ponga fin a las guerras y se  ablanden los corazones más endurecidos. R

-María es promesa y garantía de esperanza. Que por su poderoso valimiento los desalentados reciban ánimo; los marginados, acogida; y los enfermos, salud. R.

-María, es la tierra fértil modelada por Dios, en que germinó el Trigo fecundo que sería Alimento de fortaleza y promesa de salvación para el hombre peregrino. Que por su tierna inspiración recibamos con la mejor predisposición y con la máxima devoción a Jesús Eucaristía, Pan de Vida. R.

-María es la Luna llena, anticipo del Sol naciente en el alba de la redención. Que por su maternal intercesión, los difuntos sean plenamente purificados de sus faltas. R.


Ofertorio

El santo Altar será trono del Rey de la Paz que ya sin sufrir se va a inmolar y sin dividirse se va a repartir. Para este Milagro de Dios, solamente son necesarios el pan y el vino de nuestra tierra, más el espíritu de entrega de nuestra vida.


Oración sobre las ofrendas

Te ofrecemos, Señor, este sacrificio de expiación, al celebrar la memoria de la santísima Virgen María, Reina de la paz, . y pedimos para tu familia los dones de la unidad y de la paz. Por Jesucristo, nuestro Señor.


Prefacio

La Madre de Cristo, Discípula y Reina de la paz

V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias, Padre santo,
siempre y en todo lugar,
y proclamar tu grandeza
en esta memoria de la bienaventurada Virgen María.

Ella es tu humilde esclava
que, al recibir el anuncio del ángel Gabriel,
concibió en su seno virginal al Príncipe de la paz,
Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro.
Ella es la madre fiel
que se mantuvo intrépida, en pie, junto a la cruz
donde el Hijo, para salvamos,
pacificó con su sangre el universo.

Ella es la discípula de Cristo, alumna de la paz,
que, orando con los apóstoles,
esperó la Promesa del Padre,
el Espíritu de la paz, de la unidad,
de la caridad y del gozo.

Por eso,
con todos los ángeles y santos
te alabamos proclamando sin cesar:

Santo, Santo, Santo.


Comunión

Eucarístía, Milagro supremo del amor de Dios, en el que Cristo, Paz y Reconciliación nuestra, se nos da enteramente. Que María, que Lo engendró para nosotros, sea la que nos conduzca siempre hacia Él.

Antífona de comunión

La Virgen engendró al Dios y Hombre, Dios nos devolvió la paz, reconciliando consigo el cielo y la tierra.


Oración después de la comunión

Concédenos, Señor, tu Espíritu de caridad, para que, alimentados con el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, en esta conmemoración de la Virgen María, Reina de la paz, cultivemos eficazmente entre nosotros la paz que Él nos dio. Por Jesucristo, nuestro Señor.


Despedida

Si hemos recibido dignamente el Cuerpo y la Sangre del Señor, entonces somos de verdad, a ejemplo de María, artífices de paz y mensajeros de esperanza ante el mundo.


12 de octubre de 2015, memoria litúrgica de "Nuestra Señora del Pilar". Entrada dedicada a ella.


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