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La verdadera Iglesia de Dios...

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lunes, 8 de septiembre de 2014

Misas de la Virgen IX (Navidad VI): "La Virgen María en Caná"




Misal: Textos bíblicos y eucológicos (en negro); rúbricas: rojo.
Guion: marrón.
Comentario del blog: azul.

MISA COMPLETA, GUION Y COMENTARIO

El «signo de Caná», según la narración evangélica (Jn 2, 1-12), pertenece al misterio de la manifestación del Señor. Por esto la liturgia romana lo conmemora cada año en la solemnidad de la Epifanía del Señor: «Veneremos este día santo, honrado con tres prodigios: hoy, la estrella condujo a los magos al pesebre; hoy, el agua se convirtió en vino en las bodas de Caná; hoy, Cristo fue bautizado por Juan en el Jordán, para salvamos. Aleluya» (LH 6 enero II Vísperas antífona del Magnificat); pero también en el Tiempo Ordinario, en el domingo II del año C, celebra atentamente este «comienzo de los signos». En esta manifestación del Señor la Santísima Virgen estuvo presente y activa, y por esto la liturgia la recuerda junto al Hijo, al cantar: «por ti realizó tu Hijo el primero de sus signos; por ti el Esposo preparó el vino nuevo para su Esposa; por ti los discípulos creyeron en el Maestro» (Antífona de comunión). 
Aunque la liturgia -como acabamos de leer- haya reservado el relato evangélico de las Bodas de Caná para el segundo domingo del Tiempo Ordinario del ciclo C, se entiende que esta Misa de la Virgen, en que también se proclama, se haya incluido entre las del Tiempo de Navidad, pues, como se ha dicho, este primer milagro de Jesús se considera una de las tres manifestaciones -arriba mencionadas- a que se refiere el misterio navideño de la Epifanía.
En esta Misa, por tanto, se celebra conjuntamente a Jesús, el Señor, a la Iglesia, que se reúne a partir del signo de Caná, y a Santa María Virgen:
- en primer lugar, a Cristo, el Señor, que en Caná, con el signo admirable, manifestó su gloria y se mostró a sí mismo: como el Mesías prometido por Dios (cf. Prefacio); como el Maestro, al que los discípulos se adhieren por la fe (cf. Antífona de entrada, Evangelio, Antífona de comunión); como el Señor, cuyos mandatos cumplen los sirvientes (cf. Prefacio); como el nuevo Moisés (cf. 1ª Lectura., Ex 19, 3-8a), Autor de la alianza nueva y eterna; como el Esposo, que por su esposa la Iglesia, en la hora designada, «entregó su vida en la cruz» (Prefacio), donde de su lado abierto manó sangre y agua, símbolos de la redención;
- luego a la Iglesia o comunidad de los discípulos, que se unen a Cristo por la fe (cf. Oración después de la comunión), obedecen sus preceptos (cf. Oración colecta, Prefacio), comparten las necesidades de la Iglesia y preparan la llegada del Reino «por la concordia de los espíritus» (cf. Oración después de la comunión); la Esposa amada, para quien el Esposo ofrece a diario el Banquete nupcial (cf. Prefacio);
- finalmente a la Madre de Jesús, que «por disposición admirable» estuvo presente «en los misterios de nuestra salvación» (Oración colecta). La Santísima Virgen María, la misma función salvadora que desempeñó en Caná, en los días de su vida mortal, a favor de los esposos y de los discípulos, la ejerce ahora desde el cielo, donde reina gloriosa, en favor de toda la Iglesia: preocupándose por el bien de los hombres, intercede ante el Hijo para que atienda a sus necesidades (cf. Prefacio); manda a los hombres que hagan «aquello que el Hijo nos ha mandado hacer en el Evangelio» (Oración colecta). Más aun, según el sentido de la liturgia, hemos de estar convencidos de lo siguiente: la Madre de Jesús, que estuvo presente en el banquete de bodas de Caná, está presente en el Banquete nupcial eucarístico de la Iglesia. Por esto la comunidad de los fieles celebra todos los días la Eucaristía, reunidos en comunión ante todo con la gloriosa Virgen María. 

Introducción

El 16 de octubre de 2002, Juan Pablo II, al iniciar los festejos por el 25° aniversario de su elección como Vicario de Cristo, que habría de celebrar solemnemente el mismo día del siguiente año, quiso convocar al "Año del Santo Rosario" y legarnos la encíclica Rosarium Virginis Mariae. En este texto precioso, el santo Papa polaco añadía cinco más a los hasta entonces quince misterios del Rosario: los mysteria lucis (misterios de la luz). Justamente el segundo de ellos es "La autorrevelación de Jesús en su primer milagro de las Bodas de Caná". Sobre este signo nos dice San Juan Pablo II en la encíclica: "Misterio de luz es el comienzo de los signos en Caná (cf. Jn 2, 1-12), cuando Cristo, transformando el agua en vino, abre el corazón de los discípulos a la fe gracias a la intervención de María, la primera creyente". (n. 21).
Hermanos, hoy, en la Misa que estamos por celebrar, queremos dirigir nuestra mirada a esta "primera creyente", la Santísima Virgen, presente en las Bodas de Caná, para que nos enseñe a hacer lo que el Señor nos pide, como a los sirvientes en aquella fiesta.

Antífona de entrada Jn 2, 1. 11

Había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. Cristo manifestó su gloria, y creció la fe de sus discípulos en él. 

Oración colecta

Adviértase cómo la presencia de María, que en esta Misa contemplamos en el signo de Caná, en la siguiente colecta, es aludida de modo genérico, más abarcativo:

Señor, Padre santo, que quisiste, por disposición admirable, que la bienaventurada Virgen María estuviese presente en los misterios de nuestra salvación, concédenos, atendiendo a las palabras de la Madre de Cristo, hacer aquello que tu Hijo nos ha mandado en el Evangelio. Por nuestro Señor Jesucristo. 

Liturgia de la Palabra

Primera lectura

En la fidelidad de Moisés al mandato del Señor y su voluntad de "hacer lo que Él le diga", reconocemos la humildad de una muchedumbre de elegidos, entre los que se destaca la Virgen Madre de Dios.

Lectura del libro del Éxodo 19, 2-8a

En aquellos días, Moisés subió hacia Dios. El Señor lo llamó desde el monte, diciendo:
–«Así dirás a la casa de Jacob, y esto anunciarás a los israelitas: "Ya habéis visto lo que he hecho con los egipcios, y cómo a vosotros os he llevado sobre alas de águila y os he traído a mí. Ahora, pues, si de veras escucháis mi voz y guardáis mi alianza, vosotros seréis mi propiedad personal entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra; seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa." Estas son las palabras que has de decir a los israelitas.»
Moisés convocó a los ancianos del pueblo y les expuso todo lo que el Señor le había mandado.
Todo el pueblo, a una, respondió:
–«Haremos todo cuanto ha dicho el Señor.»

Palabra de Dios.

Salmo responsorial Sal 118, 12. 45. 78 (R.: cf. 4)

R. Tú promulgas tus decretos para que se observen exactamente.

Dichoso el que, con vida intachable,
camina en la voluntad del Señor;
dichoso el que, guardando sus preceptos,
lo busca de todo corazón. R.

Te busco de todo corazón,
no consientas que me desvíe de tus mandamientos.
En mi corazón escondo tus consignas,
así no pecaré contra ti. R.

Bendito eres, Señor,
enséñame tus leyes.
Mis labios van enumerando
los mandamientos de tu boca;
mi alegría es el camino de tus preceptos,
más que todas las riquezas. R.

Medito tus decretos,
y me fijo en tus sendas;
tu voluntad es mi delicia. R.

Versículo antes del Evangelio Cf. Lc 11, 27

Dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen; dichosa santa María, que cumplió totalmente la voluntad de Dios.

Evangelio

"Haced lo que Él diga".
Estas palabras de la Madre del Señor, siguen resonando hoy -y lo harán hasta el final de los tiempos- en los corazones de los hombres de buena voluntad. ¿Cómo la mejor de las madres iba a desentenderse de sus hijos?

Haced lo que él diga

+ Lectura del santo Evangelio según san Juan 2, 1-11. 

En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea y la madre de Jesús estaba allí; Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda.
Faltó el vino y la madre de Jesús le dijo:
— No les queda vino.
Jesús le contestó:
— Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora. Su madre dijo a los sirvientes:
— Haced lo que él diga.
Había allí colocadas, seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una.
Jesús les dijo:
— Llenad las tinajas de agua.
Y las llenaron hasta arriba.
Entonces les mandó:
— Sacad ahora, y llevádselo al mayordomo.
Ellos se lo llevaron.
El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), entonces llamó al novio y le dijo:
— Todo el mundo pone primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el peor; tú en cambio has guardado el vino bueno hasta ahora.
Así, en Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria y creció la fe de sus discípulos en él. 

Palabra del Señor.

Oración de los fieles

 R. Que hagamos lo que Tú nos dices

-Porque la Santa Iglesia, con el Papa a la cabeza, quiere crecer en el amor y la humildad, con Santa María de Caná, te pedimos...R.

-Porque a los esposos cristianos se les hace difícil vivir los compromisos asumidos en un mundo descreído, con todos los santos esposos te pedimos...R.

-Porque hay hogares en los que falta lo indispensable para vivir, con los santos Apóstoles, los primeros dispensadores de tus dones, te pedimos ...R.

-Porque queremos que los hermanos del pueblo de la primera alianza alcancen la plenitud de las promesas, con el santo profeta Moisés te pedimos...R. 

(El actual Martyrologium Romanum incluye a Moisés en el catálogo de los santos, oficializando así su culto litúrgico. Por esta razón, quise incluirlo en la súplica anterior).

Ofertorio

¡Salve, Virgen y Esposa! Así canta a María el himno oriental Akathistós, la más célebre de las composiciones en su honor.
También nosotros la aclamamos, y con ella, la Esposa del Banquete de la Nueva Alianza, presentamos los dones eucarísticos a la vez que hacemos ofrenda de nuestra propia vida.

Oración sobre las ofrendas 

Señor, los dones que te presentamos con alegría transfórmalos en el Cuerpo y Sangre de Jesucristo, tu Hijo, que, a ruegos de su Madre, cambió el agua en vino realizando un signo que anunció de antemano la hora de su pasión gloriosa. Por Jesucristo, nuestro Señor. 

El siguiente Prefacio puede utilizarse en el domingo II del Tiempo Ordinario del ciclo C:

Prefacio

La Bienaventurada Virgen manda a los sirvientes que cumplan las órdenes de Cristo

V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.

En verdad es justo darte gracias,
y deber nuestro glorificarte, Padre santo,
en esta celebración de la gloriosa Virgen María.

Ella, atenta con los nuevos esposos, rogó a su Hijo
y mandó a los sirvientes cumplir sus mandatos:
las tinajas de agua enrojecieron,
los comensales se alegraron,
y aquel banquete nupcial simbolizó
el que Cristo ofrece a diario a su Iglesia.

Este signo maravilloso
anunció la llegada del tiempo mesiánico,
predijo la efusión del Espíritu de santidad,
y señaló de antemano la hora misteriosa
en la que Cristo se adornó a sí mismo
con la púrpura de la pasión
y entregó su vida en la cruz por su esposa, la Iglesia.

Por él, los ángeles y los arcángeles
te adoran eternamente,
gozosos en tu presencia.
Permítenos unimos a sus voces
cantando tu alabanza:

Santo, Santo, Santo.

Comunión

El agua transformada en vino, que se consumió definitivamente en Caná, era profecía de otro Milagro muy superior: El del vino que se transforma en la Sangre de Jesús, junto con el pan que llega a ser su Cuerpo. He aquí el Alimento que nos ofrece la Iglesia Esposa: jamás se acaba y anticipa las Bodas definitivas del Cordero.

Antífona de comunión

Dichosa eres, Virgen María: por ti realizó tu Hijo el primero de sus signos; por ti el Esposo preparó el vino para su Esposa; por ti los discípulos creyeron en el Maestro. 

Oración después de la comunión 

Alimentados por el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, te pedimos, Señor, que, siguiendo el ejemplo de la Virgen María, nos unamos a Cristo por la fe y, compartiendo las necesidades de la Iglesia, preparemos la llegada de tu Reino por la concordia de los espíritus. Por Jesucristo, nuestro Señor. 

Despedida

Hemos saciado nuestra hambre con el Pan y el Vino que no perecen.
Invitemos, pues, a los hermanos, a este Banquete de los redimidos.

8 de septiembre, fiesta de la Natividad de María.





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