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La verdadera Iglesia de Dios...

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martes, 16 de septiembre de 2014

Misas de la Virgen XII (Cuaresma III): "La Virgen María junto a la Cruz del Señor II"



Misal: Textos bíblicos y eucológicos (en negro); rúbricas: rojo.
Guion: marrón.
Comentario del blog: azul.

MISA COMPLETA, GUION Y COMENTARIO

Esta Misa, al celebrar la Pasión salvadora de Cristo, recuerda también la parte que tuvo la Santísima Virgen en la consecución de la salvación de los hombres. María, en efecto, por el hecho de ser Madre de Cristo «por obra del Espíritu Santo» (Prefacio), compartió la Pasión (cf. Prefacio) de su Hijo y fue asociada a ella (cf. Oración colecta 1, Oración colecta 2).
Al principio de la Misa resuena la voz de Simeón, que, resumiendo en unas mismas palabras la suerte del Hijo y de la Madre, anuncia que Cristo será como una bandera discutida y que una espada de dolor traspasará el alma de la Virgen (Antífona de entrada, Lc 2, 34-35).
En los textos eucológicos se recuerda el designio de salvación, por el que Dios ha «asociado los dolores de la Madre a la Pasión de (su) Hijo» (Oración colecta 1, cf. Oración colecta 2) y ha querido que «la nueva Eva estuviera junto a la Cruz del nuevo Adán» (Prefacio).
Con razón se celebra a la Santísima Virgen por sus sufrimientos compartidos, ya que ella estuvo junto a la Cruz del Señor (Evangelio, Jn 19, 25-27), «firme en la fe, confortada por la esperanza, abrasada por el fuego de la caridad» (Versículo antes del Evangelio); allí no dudó en exponer su vida, ante la humillación de su pueblo (1ª Lectura, Jdt 13, 17-20), Y los dolores que no sufrió al dar a luz al Hijo, los padeció, inmensos, al hacemos renacer para Dios (cf. Prefacio); por esto los fieles la glorifican, diciendo: «Dichosa tú, Virgen María, que, sin morir, mereciste la corona del martirio junto a la cruz del Señor» (Antífona de comunión 1).
(Aunque no sea un dogma de fe, los fieles siempre han creído que aquella que fue preservada de todo pecado desde el instante de su Concepción, no padeció dolores de parto cuando dio a luz al Hijo del Eterno Padre. Es que los dolores de parto son consecuencia del pecado que vino a remediar el Redentor, el Cual quiso que su Madre nunca fuera presa del Maligno y de sus instigaciones).
Lo que en la Pasión de Cristo tuvo lugar de una manera real ahora se celebra en el misterio, y por esto pedimos que «por el Sacrificio del altar, / al que se asocia la Santísima Virgen, / se borre el pecado del mundo / y se nos abran las puertas del cielo» (Oración sobre las ofrendas). Los fieles han de estar alegres cuando comparten «los padecimientos de Cristo, para que, cuando se manifieste su gloria», rebosen de gozo (Antífona de comunión 2, 1P 4, 13), y, «llevando la cruz de cada día», puedan «participar de la Resurrección de Cristo» (Oración después de la comunión).
El formulario proviene del Proprium missarum Ordinis Fratrum Servorum beatae Mariae Virginis, Curia General OSI\I, Roma 1972, pp. 57-60.

Introducción

La Santísima Virgen María, íntimamente asociada a la Pasión de su Hijo, se hace presente cada vez que se renueva el Sacrificio de su Hijo en el Altar. Por más que ya ni Él ni ella sufran, María sabe bien que, aunque incruento, éste es el mismo Sacrificio del que participó en aquella oscura tarde del primer Viernes Santo. Por eso, cada vez que celebramos la Misa, aprendemos de nuestra querida Madre del Cielo: Ella es la Virgen de la escucha orante y perseverante; es el modelo de la perfecta adoración al Cordero inmolado; es la Madre de todos los hombres, que quiere reunir a sus hijos en un solo rebaño que marche seguro hacia la vida que no tiene fin.


Antífona de entrada Lc 2, 34-35

Simeón dijo a María: «Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma».

Oración colecta

Señor, Dios nuestro, que para redimir al género humano, caído por el engaño del demonio, has asociado los dolores de la Madre a la Pasión de tu Hijo, concede a tu pueblo que, despojándose de la triste herencia del pecado, se revista de la luminosa novedad de Cristo. Que vive y reina contigo.

O bien:

Dios nuestro, que quisiste que al pie de la Cruz de tu Hijo estuviera también su Madre, compartiendo la Pasión, guarda en tu familia los frutos de la redención y haz que crezcan cada día más. Por nuestro Señor Jesucristo.

Liturgia de la Palabra

Primera lectura

La heroína bíblica Judit, considerada santa por la Iglesia (1), es figura de María, Virgen poderosa, intrépida y fiel. 

Vengaste nuestra ruina, en presencia de nuestro Dios


Lectura del libro de Judit 13, 17-20

En aquellos días, todos se quedaron asombrados y, postrándose en adoración a Dios, dijeron a una voz:
-«Bendito eres, Dios nuestro, que has aniquilado hoy a los enemigos de tu pueblo.»
Y Ozías dijo a Judit:
-«Que el Altísimo te bendiga, hija, más que a todas las mujeres de la tierra. Bendito el Señor, creador del cielo y tierra, que enderezó tu golpe contra la cabeza del general enemigo. Los que recuerden esta hazaña de Dios jamás perderán la confianza que tú inspiras. Que el Señor te engrandezca siempre y te dé prosperidad, porque no dudaste en exponer tu vida, ante la humillación de nuestra raza, sino que vengaste nuestra ruina, procediendo con rectitud en presencia de nuestro Dios.»
Todos aclamaron:
-« ¡Así sea, así sea!»

Palabra de Dios.


Salmo responsorial Sal 144, 1-2. 4-6. 8-9 (R.: 9b)


R. El Señor es cariñoso con todas sus criaturas.

Te ensalzaré, Dios mío, mi rey;
bendeciré tu nombre por siempre jamás.
Día tras día, te bendeciré
y alabaré tu nombre por siempre jamás. R.

Una generación pondera tus obras a la otra,
y le cuenta tus hazañas.
Alaban ellos la gloria de tu majestad,
y yo repito tus maravillas;
encarecen ellos tus temibles proezas,
y yo narro tus grandes acciones. R.

El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas. R.


En lugar de esta lectura con su salmo, puede utilizarse la que figura en el Apéndice (del Misal de la Virgen), núm. 1 o núm. 16

Sería oportuno cantar o recitar aquí la célebre secuencia Stabat Mater, optativa para la memoria litúrgica de Nuestra Señora de los Dolores, el 15 de septiembre.

Versículo antes del evangelio

Junto a la cruz de Jesús estaba su madre, firme en la fe, confortada por la esperanza, abrasada por el fuego de la caridad.


Evangelio

Muchos teólogos no han dudado en llamar a María "Corredentora de la humanidad", no porque ella la haya redimido puesto que el único Salvador es Jesucristo, sino porque la Madre Dolorosa es la que más plenamente unida estuvo al Sacrificio del Hijo y la principal colaboradora en la obra de la redención de los hombres.

Junto a la cruz de Jesús estaba su madre

+ Lectura del santo Evangelio según san Juan 19, 25-27.

En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás, y María la Magdalena. Jesús, al ver a su madre, y cerca al discípulo que tanto quería,
dijo a su madre:
— Mujer, ahí tienes a tu hijo. Luego dijo al discípulo:
— Ahí tienes a tu madre.
Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa.

Palabra del Señor.

Oración de los fieles

Aplicando a María los elogios que sobre santa Judit hemos escuchado en la primera lectura, elevemos nuestra oración al Creador del mundo.

A cada petición, respondan: R. Míranos con bondad, Señor

-María fue bendecida y exaltada por el Altísimo más que todas las mujeres de la Tierra.
+Por ella, pidamos a Dios la abundancia de bendiciones para la Iglesia Católica y en particular para el Santo Padre N. Oremos.

-María, la Llena de gracia, ha asestado al eterno Enemigo, el golpe mortal.
+Por ella, pidamos a Dios que proteja a sus hijos de las asechanzas del Maligno. Oremos.

-María es la Virgen de la Confianza, la Mujer de quien el mismo Dios se fió, y a la que acuden todos los hombres llamándola "Madre".
+Por ella, pidamos a Dios el auxilio para los que se encuentran solos o desamparados. Oremos.

-María, Reina de los mártires, con su fidelidad y entrega, no dudó en ofrecer la vida, junto a la de su Hijo, por la redención de la humanidad.
+Por ella, pidamos a Dios el consuelo y la fortaleza para los que aun hoy, incluso más que en otros tiempos, son perseguidos a causa de su fe. Oremos.

-María, a quien la liturgia aplica con razón el título de "Espejo de Justicia", procedió con rectitud ante Dios.
+Por ella, pidamos a Dios el espíritu de justicia para quienes, respecto de sus hermanos, ejercen alguna responsabilidad en la vida pública. Oremos.

Ofertorio

María aceptó estar plenamente asociada a la Vida, Muerte y Resurrección de su Hijo; nosotros suplicamos a esta Madre del dolor y de la gloria, que nuestra vida entera sea ofrenda agradable a Dios, como el Cordero que se hará presente bajo las apariencias de los dones que a continuación presentamos.

Oración sobre las ofrendas

Transforma, Señor, estos dones con la acción del Espíritu Santo, para que, por el sacrificio del altar, al que se asocia la Santísima Virgen, se borre el pecado del mundo y se nos abran las puertas del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio

La Santísima Virgen, por la bondad divina, fue asociada a la Pasión

V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.
En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias
siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno,
por Cristo, Señor nuestro.
Porque, para reformar al género humano
has querido, con sabiduría infinita,
que la nueva Eva estuviera junto a la cruz del nuevo Adán,
a fin de que ella,
que por obra del Espíritu Santo fue su Madre,
por un nuevo don de tu bondad,
comparta su pasión;
y los dolores que no sufrió al haber dado a luz,
los padeciera, inmensos, al hacemos renacer para ti.

Por eso,
con los ángeles y arcángeles
y con todos los coros celestiales,
cantamos sin cesar
el himno de tu gloria:

                                                      Santo, Santo, Santo.

Comunión

No existe mayor participación en el Sacrificio de Cristo que la comunión con su Cuerpo y su Sangre, Sacramento Vital. Con la actitud orante y oferente, amante y perseverante de María, acerquémonos a la Mesa de los elegidos.

Antífona de comunión

Dichosa tú, Virgen María, que, sin morir, mereciste la corona del martirio junto a la Cruz del Señor.

O bien:

Estad alegres cuando compartís los padecimientos de Cristo, para que, cuando se manifieste su gloria, reboséis, de gozo.

Oración después de la comunión

Míranos, Señor, a tus siervos que hemos recordado los dolores de la Virgen, y a quienes has alimentado con el sacramento pascual, concédeles, llevando la cruz de cada día, participar de la resurrección de Cristo. Que vive y reina por los siglos de los siglos. 

Despedida

Imitando la actitud de entrega de María, que sin derramar su sangre mereció la más gloriosa palma del martirio, seamos en medio de las persecuciones del mundo, los testigos fieles que con espíritu de fortaleza, anuncian que Cristo es el único Salvador del mundo.

Notas

1. El Martyrologium Romanum vigente, incluye entre sus santos a Judit, y la inscribe el 30 de diciembre. 

15 de septiembre, memoria litúrgica de Nuestra Señora de los Dolores.


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