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La verdadera Iglesia de Dios...

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lunes, 2 de enero de 2017

Bendición en la presentación de los nuevos frutos


 


Texto comentado

Bendicional:
en negro; (oración de bendición: negrita cursiva).

 
(Se conservan los números de secciones y parágrafos tal y como se hallan en el Bendicional: negrita. También en negrita me permito realzar algunas cuestiones litúrgicas del texto del Bendicional, incisos que, a mi criterio, merecen especial consideración).
Comentarios del blog: azul.

El capítulo XXVI del Bendicional, entre las bendiciones que se refieren a las construcciones y actividades, ofrece la siguiente, que se remonta a la antigüedad, y que ha querido conservar adaptándola a las actuales circunstancias:


BENDICIÓN EN LA PRESENTACIÓN DE LOS NUEVOS FRUTOS

865. Es digna de conservarse, por lo que tiene de significativa, la costumbre de presentar los nuevos frutos, con el fin de bendecir a Dios por ellos. En efecto, dicha costumbre, no sólo nos recuerda la obligación de dar gracias a Dios por todos sus beneficios, sino que también perpetúa una tradición de la que nos habla ya el antiguo Testamento.

866. Este rito pueden utilizarlo el sacerdote, el diácono, y también el laico, con los ritos y fórmulas previstos para él.

867. Con el fin de acomodar la celebración a las circunstancias del lugar y de las personas, pueden adaptarse algunos de los elementos de este rito, respetando siempre la estructura de la celebración y sus elementos principales.

RITO DE LA BENDICIÓN

RITOS INICIALES

868. Reunida la comunidad, puede entonar un canto adecuado, terminado el cual, el ministro dice:

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Todos se santiguan y responden:

Amén.

869. Luego el ministro, si es sacerdote o diácono, saluda a los presentes, diciendo:

El Dios Altísimo, que creó el cielo y la tierra, esté con todos vosotros.

U otras palabras adecuadas, tomadas preferentemente de la Sagrada Escritura.

Todos responden:

Y con tu espíritu.

O de otro modo adecuado.

Adviértase que se ofrece cierta libertad a la hora de escoger los saludos y respuestas del rito pero se sugiere que sean bíblicos o, al menos, que estén inspirados en palabras de las Sagradas Escrituras.

870. Si el ministro es laico, saluda a los presentes, diciendo:

Ensalcemos con himnos por los siglos al Dios providentísimo que nos da el alimento sacado de la tierra.

Todos responden:

Amén.

871. El ministro dispone a los presentes a recibir la bendición, con estas palabras u otras semejantes:

(La Iglesia no se cansa de aclarar que toda acción de gracias y de alabanza halla su razón de ser en el Sacificio eucarístico, por lo que a él debe ordenarse, y sin él, carece de pleno sentido):

La Iglesia ofrece el sacrificio eucarístico principalmente para dar gracias por los beneficios recibidos de Dios, y prolonga también a las diversas horas del día las alabanzas tributadas en la celebración de la Eucaristía, enseñándonos así que hemos de permanecer siempre en una continua acción de gracias. Bendigamos, pues, al Señor, que una vez más nos concede en estos nuevos frutos los bienes de la tierra. Y, así como Abel ofrecía a Dios las primicias de la tierra, así también nosotros hemos de aprender a compartir los dones de Dios con los hermanos necesitados, para comportarnos como verdaderos hijos del Padre de quien proceden todos los bienes en beneficio de todos.

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS

872. Luego el lector, uno de los presentes o el mismo ministro, lee un texto de la Sagrada Escritura.

Hch 14, 15b-17: Dios os da comida y alegría en abundancia

Escuchad ahora, hermanos, las palabras del libro de los Hechos de los apóstoles:

Dios hizo el cielo, la tierra y el mar y todo lo que contienen. En el pasado, dejó que cada pueblo siguiera su camino; aunque siempre se dio a conocer por sus beneficios, mandándoos desde el cielo la lluvia y las cosechas a sus tiempos, dándoos comida y alegría en abundancia.

Palabra de Dios.

873. Pueden también leerse: Dt 27, la; 28, l-12b; Jl 2, 21-24. 26-27; lTm 6, 6-11. 17-19; Lc 12, 15-21.

874. Según las circunstancias, se puede decir o cantar un salmo responsorial u otro canto adecuado.

Salmo responsorial Sal 66 (67), 2-3. 5. 7-8 (R.: 7)

R. La tierra ha dado su fruto, nos bendice el Señor, nuestro Dios.

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación. R.

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra. R.

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe. R.

875. O bien:

Sal 125 (126), 4-5. 6

R. (3) El Señor ha estado grande con nosotros.

Sal 146 (147), 7. 8-9. 10-11

R. (5) Nuestro Señor es grande y poderoso, su sabiduría no tiene medida.

876. El ministro, según las circunstancias, exhorta brevemente a los presentes, explicándoles la lectura bíblica, para que perciban por la fe el significado de la celebración.

PRECES

877. Si se estima oportuno, antes de la oración de bendición puede hacerse la plegaria común. Entre las invocaciones que aquí se proponen, el ministro puede seleccionar las que le parezcan más adecuadas o añadir otras más directamente relacionadas con las circunstancias del momento.

Al pedir al Señor su bendición, con acción de gracias (he aquí bien especificado el objetivo del presente rito), por el trabajo de nuestras manos, no olvidemos que en nuestra vida hemos de dar frutos de justicia. Presentemos, pues, a Dios nuestras súplicas, diciendo:

Las siguientes preces emplean los diferentes significados de la palabra "frutos", y a partir de ese significativo empleo, invocan al Dios de toda providencia:

R. Mira, Señor, el fruto de nuestro trabajo.

Dios providentísimo, que con paternal precisión nos das el alimento cosechado de la tierra,
—haz que estos frutos que hemos recolectado con el sudor de nuestra frente sirvan para sustento de nuestra vida y para el desarrollo de nuestra persona. R,

Tú que por medio de Jesucristo, tu Hijo, nos has llenado de frutos de justicia,
—concédenos que, permaneciendo en él, participemos de su plenitud de vida y demos fruto abundante. R.

Tú que, en la Eucaristía, te sirves del pan y del vino, fruto de nuestro trabajo, como signos del Sacramento de nuestra fe, concédenos que estos dones que en la mesa de tu Hijo separamos para ti alimenten la vida de la Iglesia. R.

Tú que deseas que tus hijos participen por igual de todos los bienes,
—haz que los necesitados puedan gozar de una vida sin angustias ni preocupaciones y vivan entregados a tu alabanza. R.

Sigue la oración de bendición, como se indica más adelante.

878. Cuando no se dicen las preces, antes de la oración de bendición, el ministro dice:

Oremos.

Y, según las circunstancias, todos oran durante algún tiempo en silencio.

Luego dice la oración de bendición.

ORACIÓN DE BENDICIÓN

879. El ministro, si es sacerdote o diácono, con las manos extendidas; si es laico, con las manos juntas, dice la oración de bendición:
(En la primera oración se establece la tensión semántica entre el  disfrute de los bienes temporales -concretamente, estos frutos-, y los celestiales, que son los eternos. En la segunda se destaca la idea de que los más necesitados han de ser considerados los principales destinatarios de los frutos que la fecundidad de la tierra ofrece, lo cual redundará en gratitud y alabanza de todos hacia el Dios de toda generosidad):


Dios y Señor nuestro, Creador de todas las cosas, que, con el rocío del cielo y la fertilidad de la tierra, nos concedes cosechas abundantes, te damos gracias por los frutos que hemos recolectado, y, ya que por estos dones, recibidos de tu generosidad, has cumplido los deseos de tus fieles, concédenos alabarte sin cesar por tu misericordia, y que el disfrute de estos bienes temporales nos anime a buscar con más interés los eternos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.


880. O bien:

Imploramos tu bondad, Dios todopoderoso, para que multipliques tus bendiciones sobre los frutos de la tierra, distribuyendo oportunamente los vientos y las lluvias; que tu pueblo pueda darte gracias siempre por tus dones, los hambrientos se sacien de tus bienes y los pobres y necesitados, gracias a la fertilidad de la tierra, puedan alabar la gloria de tu Nombre. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.


CONCLUSIÓN DEL RITO

881. El ministro concluye el rito, diciendo, de cara a los presentes:

Bendigamos al Padre y al Hijo con el Espíritu Santo, ensalcémoslo con himnos por los siglos.

R. Amén.

882. Es aconsejable terminar el rito con un canto adecuado.


1° de enero de 2017, solemnidad de Santa María, Madre de Dios.
L Jornada Mundial de la Paz.
Entrada dedicada a la Madre de Dios.

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