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La verdadera Iglesia de Dios...

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jueves, 20 de julio de 2017

San Elías, profeta: himnos litúrgicos




La Orden carmelita cada 20 de julio celebra la "fiesta" del santo profeta Elías, al que llama con razón "padre suyo". En ese mismo día el elogio del santo figura en el Martirologio Romano. Estos son los himnos propios de la Liturgia de las Horas:


Oficio de lectura

Era un incendio rojo la cumbre del Carmelo
cuando Elías lanzaba su voz hacia la altura.
Por sus ojos de llama se derrumbaba el cielo,
y el celo del Señor se hizo quemadura.

Profetas de Baal han rezado al Profeta,
y el fuego de Yahvé ha acudido a su grito.
Su espíritu vibraba con brillo de saeta
y aprisionó el torrente del poder infinito.

Y vino el fuego hiriente y abrasó piedra y agua,
holocausto y altar. Precipitó los vientos
del celo y de la ira. Era una ardiente fragua
el pecho del Profeta de encendidos alientos.

La espada vengadora tomó vigor de arquero.
Una pasión de sangre empurpuró la cumbre.
El torrente Cisón era un ascua de acero
y su suelo manaba una fuente de lumbre.

Batió sus alas negras en vuelo la venganza
y se cernió su sombra de muerte en el desierto.
Inmensos arenales de odio, en donde avanza
un Profeta sin alma por un camino incierto.

Y descendió el consuelo. La angélica presencia
le confortó en su ruta hasta Horeb. Tembloroso,
supo de Dios que se hizo gozosa transparencia
en un silbo del aire delgado y amoroso. Amén.


Laudes

Profeta de la llama y de la altura,
testigo del Dios vivo y transparente,
que hace brotar una agua de ternura
y un huracán de fuego incandescente.

Sobre la cima del Carmelo, ilesa
sube en brisa y cristal la nubecilla.
se abre una lluvia fértil de promesa
y se esboza una Rosa sin mancilla.

Y adora Elías el azul vestigio
de una Virgen y Madre. De la bruma
del poderoso mar subió el prodigio
hecho maternidad desde la espuma.

Por el rostro de fuego del Profeta
cruzó un viento de sueño y profecía.
La llanura del mar, amarga y quieta,
alumbró el limpio gozo de María. Amén.


Vísperas

El Tabor y el Carmelo. Dos cimas de blancura
Para el hombre de Dios, temblor contemplativo
Que congregó en la noche abismal de su altura
La presencia encendida, gozosa del Dios vivo.
La cima del Carmelo supo su fuego ardiente,
Su palabra de llama, su voz de lejanía.
La esperanza cruzaba su aire levemente
En un azul milagro de nube y profecía.

Testigo de la gloria y el amor inefable,
En triunfal estallido de hermosura y de nieve.
El Tabor atesora toda la luz amable
De un cielo desbordado que sobre el suelo llueve.

Y atónito contempla Elías la belleza
De un Dios que transfigura su carne redentora.
Ciego de luz y nieve, él tuvo la certeza
De un sol esplendoroso que vislumbró en
La Aurora. Amén.


20 de julio de 2017, para los carmelitas, "fiesta" de san Elías, profeta. Entrada dedicada a él.


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