En Cartago, África, hubo un grupo de católicos que fueron torturados hasta la muerte por negarse a incumplir el precepto dominical. Su edificante biografía puede consultarse haciendo clic aquí o aquí.
En tiempos en que el derecho y la obligación de participar de la Misa en el día del Señor, son relativizados -cuando no ignorados y hasta rechazados- por muchos cristianos, invoquemos a quienes no dudaron en derramar su sangre para obedecer este sagrado mandato.
Sine dominico, non possumus!, decían, esto es, "Sin el domingo, no podemos (vivir)", confesando la importancia de la práctica irrenunciable de la Misa en el día del Señor, pascua semanal.
Las siguientes son unas letanías a estos cuarenta y nueve gloriosos mártires:
LETANÍAS
Señor ten piedad,
Cristo ten piedad,
Señor ten piedad,
Jesucristo, óyenos,
Jesucristo, escúchanos,
Dios Padre Celestial, ten piedad
Dios Hijo, Redentor del mundo, ten piedad
Dios Espíritu Santo, ten piedad
Santa Trinidad, un solo Dios, ten piedad
Santa María, ruega por nosotros
Madre de la Iglesia de todos los tiempos,
Reina de los mártires.
Santos Apóstoles de Cristo,
San Saturnino y compañeros, mártires, rueguen por nosotros.
Intrépidos testigos de Cristo, Sacerdote, Altar y Víctima,
Candelas para siempre encendidas en el Altar celestial,
Estrellas vivientes que iluminan el día del Señor,
Valientes defensores de los derechos divinos,
Audaces confesores del tercer mandamiento de Dios,
Diligentes observadores del primer precepto de la Iglesia,
Asiduos auditores y fieles cumplidores de la Palabra de Dios,
Santos comensales y verdaderos adoradores del Pan del Cielo,
Cálices escogidos, cuya sangre se unió a la del Cordero,
Perenne alabanza de la liturgia dominical,
Glorioso decoro de las celebraciones eucarísticas,
Ícono de la gran Familia de los católicos, reunida en santa asamblea,
Rutilante eslabón en las generaciones de creyentes,
Víctimas de amor, unidas en holocausto al Varón de dolores
Ofertores y ofrendas del Sacrificio de reconciliación,
Invitados predilectos al Banquete de la eternidad,
Perenne ramillete de palmas que embellecen los tabernáculos del Altísimo,
Todos los santos Mártires de Abitinia,
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, escúchanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros, Señor.
V. Perseveraban unidos en la oración.
R. Y en la Fracción del Pan.
Oración conclusiva

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