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La verdadera Iglesia de Dios...

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domingo, 11 de febrero de 2018

Letanías por los enfermos




Un antiguo libro de oraciones, el Fasciculus Sacrarum Orationum et Litaniarum ad usum quotidianum Christiani hominis, ex sanctis Scripturis et Patribus collectus, de 1612, contiene el siguiente formulario de letanías por los enfermos (pp. 426-439), que he querido transcribir, en un deseo de rescatar del olvido algunas piezas preciosas de la liturgia y de la piedad católicas:


LITANIAE PRO INFIRMIS

Señor, ten piedad

Cristo, ten piedad

Señor, ten piedad



Dios Padre Celestial, ten misericordia de nosotros (en las siguientes invocaciones a las Divinas Personas, se responde igual)

Dios Hijo, Redentor del mundo, 

Dios Espíritu Santo, 

Santa Trinidad, un solo Dios,

Tú que sanas a los de corazón contrito,
Tú que hieres y curas,
Tú que das la muerte y la vida,
Tú que no privas del infierno a los que libremente lo eligen pero ayudas a todos para que no caigan en él,
Tú que sanas a los que oran en su enfermedad,
Tú que por tu misericordia salvas a los que en Ti esperan,
Tú que sanaste las heridas a Job, (Cf. Job. 5, 18)
Tú que liberaste de su enfermedad a Ezequías que a Ti clamaba, (Cf. II Rey. 20).
Tú que expulsaste de Sara al demonio, (Cf. Tob. 3, 1-17)
Tú que hiciste ver la luz del Cielo a Tobit, (Cf. Tob. 11, 13)
Tú que escuchaste a la mujer cananea que clamaba por su hija (Cf. Mt. 15, 21-28)
Tú que liberaste de la fiebre a la suegra de Pedro, (Cf. Mc. 1, 29-39)
Tú que erguiste a la mujer encorvada, (Cf. Lc. 13, 10-13)
Tú que salvaste de la fiebre mortal al hijo del oficial del rey, (Cf. Jn. 4, 43-54)
Tú que curaste con tu Palabra al siervo del centurión, (Cf. Mt. 8, 5-13; Lc. 7, 1-10)
Tú que sanaste y purificaste a los paralíticos y leprosos, (Cf. Mt. 9, 1-6; Lc, 5, 17-26; Mt. 8, 1-4; Mc. 1, 40-45; Lc. 5, 12-16)
Tú que libraste de los espíritus inmundos a los poseídos y atormentados, (Cf. Mt. 8, 28-34; Mc. 5, 1-20; Lc. 8, 26-39)
Tú que sanaste a la hemorroísa por el contacto con tu túnica, (Cf. Mt. 9, 20-22; Mc. 5, 21-43; Lc. 8, 40-48)
Tú que hiciste oír a los sordos, (Cf. Mc. 7, 31-37)
Tú que hiciste caminar a los inválidos, (Cf. Mt. 9, 1-8; Lc. 5, 17-26)
Tú que desataste los labios de los mudos, (Cf. Mc. 7, 31-37)
Tú que iluminaste los ojos de los ciegos, (Cf. Jn. 9, 6-7)
Tú que devolviste la salud a enfermos y discapacitados, (Cf. Mt. 4, 23-25)
Tú que reconfortas a los trabajadores fatigados, (Cf. Mt. 11. 28)
Tú que llevaste sobre Ti nuestras cargas, (Cf. Sal. 55, 22)
Tú que hiciste revivir al hijo muerto de la viuda, (Cf. Lc. 7, 11-17)
Tú que devolviste la vida a la hija de Jairo, (Cf. Mc. 5, 21-43)
Tú que resucitaste de la muerte de cuatro días a Lázaro, (Cf. Jn. 11, 1-57)
Tú que visitaste a los enfermos y prometiste los premios eternos a los que los visitaran, (Cf. Mt. 25, 36. 40).
Tú que liberaste a muchos de sus enfermedades por la sombra de Pedro, (Cf. Hech. 5, 15)
Tú que sanaste a muchos enfermos con pañuelos y delantales de Pablo, (Cf. Hech. 19, 11-12)
Tú que levantaste de la muerte a un hombre por el contacto con los huesos de Eliseo, (II Rey. 13, 21)
Dios, ayuda y protección nuestra,
Sustentador y liberador nuestro,
Refugio nuestro y prenda de nuestra salud,
Fortaleza y paciencia nuestra,
Salvador y Redentor nuestro,

Senos propicio, perdónanos, Señor
Senos propicio, escúchanos, Señor,
Senos propicio, líbranos, Señor

De todo mal, líbranos, Señor
De todo pecado,
De toda enfermedad y desgracia,
De la peste y de todo contagio,
De toda impaciencia y pusilanimidad,
De las insidias del Diablo,
De los peligros de la muerte,
De los padecimientos del infierno,
De la muerte súbita e imprevista,
De la condenación eterna,
Por tus tentaciones (en el desierto),
Por tus lágrimas y aflicciones,
Por tus trabajos y fatigas,
Por tu tedio y tristezas,
Por tu temor y angustias,
Por tu hambre y sed,
Por tu agonía y sudor de sangre,
Por tus sacrosantas Llagas,
Por tu preciosísima Sangre,
Por tu Cruz y Pasión,
Por tu Muerte y Sepultura,
Por tu gloriosa Resurrección,
Por tu admirable Ascensión,
En el Día del Juicio,

Nosotros, que somos pecadores, te rogamos, óyenos
Para que nos perdones,
Para que seas indulgente con nosotros,
Para que nos concedas la oportunidad de la verdadera penitencia,
Para que nos des compunción de corazón y abundantes lágrimas (de arrepentimiento),
Para que te dignes visitarnos y consolarnos,
Para que nos concedas tiempos propicios y salud de alma y cuerpo,
Para que te dignes concedernos el perdón y la purificación de todos nuestros pecados,
Para que te dignes infundir en nuestros corazones la gracia y el consuelo del Espíritu Santo,
Para que nos socorras y nos hagas pacientes en toda tribulación,
Para que en la hora de la muerte nos protejas de los asaltos del Diablo,
Para que nos concedas perseverar hasta el fin y morir en tu gracia,
Para que te dignes bendecir y santificar nuestra última hora,
Para que te dignes recibir nuestro espíritu en tus manos,
Para que después de la muerte nos concedas atravesar felizmente las puertas del Paraíso,
Para que te dignes escucharnos,
Hijo de Dios, te rogamos, óyenos

-Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
-Perdónanos, Señor.
-Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
-Escúchanos, Señor.
-Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo,
-Ten misericordia de nosotros.
-Cristo, óyenos.
-Cristo, escúchanos.
-Señor, ten piedad.
-Cristo, ten piedad.
-Señor, ten piedad.

V. Salva a tus siervos, Señor.
R. Que confían en Ti.

V. Conviértenos, Señor.
R. Ten compasión de tus siervos.

V. Sé para nosotros, Señor, torre de fortaleza.
R. Frente a nuestros enemigos.

V. Que no tengan poder sobre nosotros.
R. Y que el hijo de la iniquidad no pueda dañarnos.

V. Sé nuestra ayuda, Señor, y no nos abandones.
R. No te apartes de nosotros, Dios de salud.

V. Ayúdanos, Salvador nuestro.
R. Y líbranos, por la gloria de tu Nombre.

V. Señor, escucha mi oración.
R. Y llegue a Ti mi clamor.

Oraciones

Dios, fortaleza en la enfermedad humana, auxilia con tu poder clementísimo a tus siervos enfermos, para que ayudados por esta obra de tu misericordia, merezcan servir incólumes a tu Iglesia.

Dios, cuyo Unigénito con su paciencia, derrotó la soberbia del antiguo Enemigo, concédenos que, siguiendo su mismo ejemplo, podamos tolerar con santa aceptación toda adversidad.

Dios, benignísimo Creador y misericordiosísimo Reformador del género humano, que redimiste con la preciosa Sangre de tu Unigénito, al hombre privado de su eterna felicidad por la envidia del Diablo, vivifica a estos siervos tuyos con la gracia de tu poder y da abundante salud a los que yacen; cólmanos de todo gozo y alegría espiritual; aleja de nosotros las insidias del Maligno; envíanos al médico de la salud y Ángel de la paz; que los angustiados recibamos tu consuelo, seamos auxiliados en el presente, y en el futuro recibamos los premios eternos.
Rogamos humildemente tu misericordia, Dios Omnipotente, para que tu gracia benéfica nos reconcilie, a fin de que siempre y en todo lugar, llenos de paciencia, seamos protegidos por tu bondad.

Dios, bajo cuya providencia transcurre nuestra vida, escucha las preces de los que a Ti claman humildemente, para que, libres de toda adversidad y enfermedad, te alabemos con perpetua acción de gracias. Por nuestro Señor Jesucristo...



-Señor, escucha mi oración.
-Y llegue a Ti mi clamor.
-Bendigamos al Señor.
-Demos gracias a Dios.
-Y las almas de los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz.
 -Amén.


11 de febrero de 2018, domingo VI "durante el año".
XXVI Jornada Mundial del Enfermo. Entrada dedicada a Jesús, Médico de las almas y de los cuerpos, y a Nuestra Señora de Lourdes, hoy, a 160 años de su santa Aparición.


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