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La verdadera Iglesia de Dios...

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sábado, 10 de febrero de 2018

Guion: Domingo VIII del Tiempo Ordinario





Ciclo B

Introducción

Queridos hermanos:

La Misa es Acción divina, trinitaria, no humana. El sacerdote que preside sirve al designio del Señor, prestando su cuerpo y su voz; pero no obra por sí mismo sino en el Nombre y la Persona de Cristo. (Cf. Es Cristo que pasa, 86. San Josemaría Escrivá de Balaguer).

Con estas palabras, Josemaría Escrivá de Balaguer, "el santo de lo cotidiano", nos sitúa ante la grandeza del Sacrificio del Altar en el que estamos por participar.

Ojalá nunca la rutina nos empuje a banalizar la grandeza de estos Santos Misterios que celebramos.


Liturgia de la Palabra

Primera lectura: Os. 2, 16b-17. 21-22

La profecía de Oseas se refiere a la íntima unión entre nuestras almas y el Creador, unión querida por Él, y que requiere de nuestra libre aceptación.

Segunda lectura: II Cor. 3, 1b-6

El apóstol Pablo, con la metáfora de la "carta", pretende explicar de qué manera nosotros, con nuestra vida, somos el "primer anuncio" de Jesucristo que los demás pueden recibir.

Evangelio: Mc. 2, 18-22

El auténtico sentido de toda práctica religiosa es el amor a Dios y a los hermanos.


Oración de los fieles 

Las siguientes preces, están tomadas de la Misa votiva "Santa María, Puerta del Cielo", presidida por el Papa Francisco el 19 de enero 2018 en Trujillo, Perú

 Queridos hermanos, el Señor es fiel y atiende benigno nuestra oración. Presentemos humilde y confiadamente nuestras súplicas.

R. Que aprendamos a amar de verdad.

-Para que nuestra Iglesia, guiada por el Espíritu Santo, anuncie con valentía a Jesucristo, único Salvador, a fin de que los hombres descubramos en Él la Puerta de la salvación y de la vida. R.

-Para que los gobernantes, buscando siempre el bien común, atiendan a las necesidades básicas de todos, especialmente las de aquellos hermanos nuestros menos favorecidos. R.

-Por todos los que sufren por diversas circunstancias, en especial por quienes aún padecen las consecuencias de las lluvias e inundaciones, para que, avivando su esperanza y encontrando apoyo en la caridad fraterna, puedan superar la adversidad. R.

-Por los jóvenes, para que, siguiendo el modelo de la joven de Nazaret, busquen y realicen la voluntad divina y se esfuercen por vivir en pureza y en caridad. R.

-Por quienes estamos reunidos en esta asamblea eucarística, para que, confiando en la intercesión de la Virgen María (se puede especificar la advocación), vivamos como ella en fidelidad a la voluntad de Dios, esforzándonos por la unidad y el amor. R.


Oración conclusiva


"Escucha, Padre de bondad, la oración de tu Iglesia y concédenos un corazón libre de toda aflicción para servirte con gozo y fidelidad. Por Jesucristo, nuestro Señor".
Am
A continuación, se propone como otra oración conclusiva de las preces, una colecta alternativa a la de este domingo, tomada de la edición italiana del Misal Romano y traducida al castellano. Se reemplaza la conclusión trinitaria larga, propia de toda colecta, por la breve, típica de las demás oraciones litúrgicas:

"Oh, Padre, que en Cristo, Esposo y Señor, llamas a la entera humanidad a la alianza nueva y eterna, haz que en tu Iglesia, reunida para la celebración del Banquete nupcial, todos los hombres puedan conocer y gustar la gozosa novedad del Evangelio. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén".


Ofertorio

En el Ofertorio de cada Misa se produce una interesante realidad: damos lo que se nos dio para que se nos dé el Que nos lo dio. Es decir, presentamos el pan y el vino que recibimos del Creador para que sean el Sacramento en el que se nos da el mismo Creador, hecho hombre como nosotros.


Comunión

"Lo que nosotros no podemos, lo puede el Señor. Jesucristo, perfecto Dios y perfecto Hombre no nos deja un símbolo, sino la realidad: se queda Él mismo" -en la Eucaristía que ahora nos ofrece la Iglesia-. (Cf. ídem supra, 83). Con el canto expresemos el gozo por el Supremo Don que vamos a recibir.


Despedida

"Con Cristo en el alma, termina la Misa. La bendición trinitaria nos acompañará (...) en nuestra tarea sencilla y normal de santificar todas las nobles actividades humanas". (Cf. ídem supra, 91).


10 de febrero de 2018,  I vísperas del VI domingo del Tiempo Ordinario.
En el nonagésimo aniversario del martirio del niño san José Luis Sánchez del Río. Entrada dedicada a él.

 

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