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La verdadera Iglesia de Dios...

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sábado, 10 de febrero de 2018

Guion: Domingo VII Del Tiempo Ordinario





Ciclo B

Introducción

¿Por qué ir a Misa el domingo? No es suficiente responder que es un precepto de la Iglesia; esto ayuda a preservar su valor, pero solo, no es suficiente. Nosotros cristianos tenemos necesidad de participar en la Misa dominical porque únicamente con la gracia de Jesús, con su Presencia viva en nosotros y entre nosotros, podemos poner en práctica su mandamiento y así ser sus testigos creíbles. (S.S. Francisco, Audiencia 20/12/17).

Demos gracias por el don de esta asamblea fraterna.


Liturgia de la Palabra

Primera lectura: Is, 43, 18-19. 21-22. 24b-25

El amor y la misericordia de Dios se manifiestan ante todo en querer hacer de nosotros nuevas criaturas.

Segunda lectura: II Cor. 11, 18-22

Jesucristo es el gran Sí, la respuesta más amorosa de Dios a los anhelos de paz, justicia y salvación de todas las generaciones.

Evangelio: Mc. 2, 1-12

En el Evangelio de hoy, Jesús cura integralmente a un paralítico "para manifestar que ha venido como salvador del mundo, que tiene como misión principal librar al hombre del mal espiritual, el mal que separa al hombre de Dios e impide la salvación en Dios". (San Juan Pablo II, Audiencia, 25/11/87).

O bien:

"...las curaciones corporales -que realiza Jesús- forman parte de su obra de salvación y, al mismo tiempo, son signos de la gran curación espiritual que brinda a la humanidad". (Cf. ídem, 15/06/94).

 
Oración de los fieles

Las siguientes preces están tomadas de la Santa Misa votiva de "Nuestra Señora del Carmen, Madre y Reina de Chile", presidida por el Papa Francisco en Iquique, sito en el mencionado país trasandino, el 18 de enero de 2018:

Hermanos, dirijamos nuestra oración a Dios, Padre todopoderoso, que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad:

R. Escúchanos Señor, te rogamos.

-Por la Santa Iglesia, extendida sobre la faz de la Tierra para que, congregada en la unidad deseada por Jesucristo y guiada por el Papa Francisco, sea siempre fiel al mandato divino y anuncie sin cesar el Evangelio a todos los hombres. R.

-Por nuestra Patria para que, por la prudencia de sus gobernantes y la honestidad de todos los ciudadanos, se afiancen la concordia y la justicia, y podamos gozar de prosperidad y de una paz sólida y verdadera. R.

-Por las vocaciones a la vida consagrada, para que siempre haya corazones que estén dispuestos a seguir la llamada de Dios y a dedicar su vida al servicio de sus hermanos, siendo testigos de esperanza. R.

-Por los que sufren en su cuerpo y en su espíritu, para que sea alimentado el que tiene hambre sea redimido; el encarcelado, liberado; el oprimido, sanado; el enfermo y encuentre trabajo el que lo busca. R.

-Por quienes se han visto obligados a dejar su lugar de origen, para que sean bien acogidos y ayudados, respetando y favoreciendo la identidad cultural de cada persona. R.

-Por los pueblos originarios, que con su danza y con tantas otras muestras de piedad manifiestan su amor a Dios, para que descubran que la riqueza de sus actos brota de una fe verdadera y se vean respetadas sus legítimas tradiciones. R.

Oración conclusiva

"Señor Dios, refugio y fortaleza nuestra, escucha las oraciones de tu Iglesia, y concédenos por tu bondad lo que pedimos con fe. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén".

A continuación, se propone como otra oración conclusiva de las preces, una colecta alternativa a la de este domingo, tomada de la edición italiana del Misal Romano y traducida al castellano. Se reemplaza la conclusión trinitaria larga, propia de toda colecta, por la breve, típica de las demás oraciones litúrgicas:

"Dios de la libertad y de la paz, que en el perdón de los pecados nos das el signo de la creación nueva, haz que toda nuestra vida reconciliada en tu amor, alabe y anuncie tu misericordia. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén".


Ofertorio

Los mismos dones que el Señor nos ha concedido para revitalizar nuestros cuerpos, son los que ahora presentamos con la fe de que curarán nuestra parálisis espiritual y serán causa de salvación para nosotros.


Comunión

El mismo Jesús que curó al paralítico es el que viene ahora en nuestro auxilio como Pan de sanación y esperanza.


Despedida

Al despedirnos, escuchemos con esperanza las palabras de san Agustín, referidas al Evangelio de hoy:

¡Ánimo, tú que interiormente estás paralizado! Juntos abramos el techo de las Escrituras para bajar y colocarnos a los pies del Señor. (Comentario al salmo 36).


10 de febrero de 2018,  I vísperas del VI domingo del Tiempo Ordinario.
En el nonagésimo aniversario del martirio del niño san José Luis Sánchez del Río. Entrada dedicada a él.


 


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