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La verdadera Iglesia de Dios...

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martes, 18 de julio de 2017

Guion: Domingo XVI del Tiempo Ordinario


                                        


Ciclo A

Introducción

Desde que Cristo aseguró que estaría con  nosotros hasta el final de los tiempos, ha cumplido esta promesa en cada etapa de la historia de la humanidad y en la de cada ser humano en particular. Y nunca la presencia suya es más manifiesta que en el marco de la celebración de la Misa, sobre todo la dominical, en la que recibimos las gracias necesarias para vivir nuestra fe.


Liturgia de la Palabra

Primera lectura: Sab. 12, 13. 16-19

El poder y la fuerza del Señor se manifiestan, ante todo, en el amor y la fidelidad a sus hijos, que por ello, somos depositarios de una "feliz esperanza".

Segunda lectura: Rom. 8, 26-27

El Espíritu Santo es el Divino Artífice de la oración que realizamos los creyentes. Él es Dios mismo, y a la vez, Eterno Diálogo de Amor entre el Padre y el Hijo.

Evangelio: Mt.13, 24-43

El trigo y la cizaña; el grano de mostaza y la levadura. Por medio de sencillas parábolas Jesús nos instruye acerca del misterio del Reino de Dios y de la responsabilidad que cada cristiano tiene de contribuir a su plena realización.


Oración de los fieles

Las siguientes preces están tomadas del Misal agustiniano (formulario general II):

A Dios, nuestro Padre, Dador de todos los bienes, pidamos humildemente por nuestras necesidades y las de todos los hombres.

Respondemos: Señor, escucha y ten piedad.

-Por la Iglesia de Dios, Cuerpo Místico de Cristo, para que sea para todos los hombres del mundo sacramento de salvación. Roguemos al Señor.

Señor, escucha y ten piedad.

-Para que cesen las guerras, se apague el odio, se acabe el terrorismo y todo genero de violencia, y los pueblos puedan vivir en concordia y paz. Roguemos al Señor.

Señor, escucha y ten piedad.

-Por los enfermos y por cuantos sufren por cualquier causa, para que el Señor les conceda lo que más les convenga y sean testimonio del Cristo amor que se entregó por nosotros en la Cruz. Roguemos al Señor.

Señor, escucha y ten piedad.

-Por cuantos estamos reunidos celebrando la fe, para que la Eucaristía que compartimos nos una cada día más y seamos testimonio de la unidad que Cristo quiso. Roguemos al Señor.

Señor, escucha y ten piedad.

-Por cuantos han sido llamados a la Casa del Padre, para que gocen por siempre, junto con los santos, de su presencia permanente. Roguemos al Señor.

Señor, escucha y ten piedad.

A continuación, se propone como otra oración conclusiva de las preces, una colecta alternativa a la de este domingo, tomada de la edición italiana del Misal Romano y traducida al castellano. Se reemplaza la conclusión trinitaria larga, propia de toda colecta, por la breve, típica de las demás oraciones litúrgicas:


"Nos sontengan siempre, oh, Padre, la fuerza y la paciencia de tu amor, y que fructifique en nosotros tu Palabra, semilla y levadura de la Iglesia, para que se reavive la esperanza de ver crecer a la humanidad nueva que el Señor a su Retorno hará resplandecer como el sol en tu Reino. Él que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén".


Ofertorio

El Banquete eucarístico, que los hermanos reunidos preparamos con el pan y el vino, es anticipo de la profecía que hemos escuchado en el salmo de hoy:

"Todas las naciones que has creado vendrán a postrarse ante Ti y glorificarán tu Nombre, Señor".

O bien:

El Señor nos revela su Rostro en cada acontecimiento de nuestra vida, pero más cuando se hace Eucaristía del pan y el vino que son fruto del trabajo humano.

 
Comunión

El Alimento euarístico de la Carne y la Sangre del Señor, nutre nuestra alma, nos protege de todo peligro, nos fortalece para que podamos obtener el sustento para nuestros cuerpos, y nos compromete a proveer a las necesidades de los hermanos. Estos son los efectos de la auténtica comunión sacramental.


Despedida

Dios "es el único que hace maravillas", nos recordaba el salmista. 
Pidamos al Señor que realice en nosotros la maravilla de una conversión radical para que actuemos como verdaderos hijos suyos.


18 de julio de 2017, martes de la semana XV del Tiempo Ordinario.

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