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La verdadera Iglesia de Dios...

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miércoles, 16 de agosto de 2017

Guion: Domingo XX del Tiempo Ordinario


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Ciclo A

Introducción

Hermanos, el "misterio del día del Señor" nos encuentra nuevamente unidos.
En una alocución del último año de su vida terrena, san Juan Pablo II se refiere a este tema conafirma sobre  las siguientes palabras:

"No ha sido la Iglesia la que ha elegido este día, sino el mismo Cristo Resucitado, y por ello, los fieles deben acogerlo con gratitud, haciendo del domingo el signo de su fidelidad al Señor y un elemento irrenunciable de la vida cristiana". (Alocución a los participantes de la Sesión Plenaria de la Pontificia Comisión para América Latina, 21/01/05).

Por tanto, queridos hermanos, al celebrar la Eucaristía de este Domingo XX del Tiempo Ordinario, pidamos a Dios comprender en profundida y vivir con fervor lo que esas palabras significan.
 

Liturgia de la Palabra

Primera lectura: Is. 56, 1. 6-7

Grandes son las promesas que el Señor a quienes perseveran en el fiel cumplimiento de sus mandatos. 

Segunda lectura: Rom. 11, 13-15. 29-32

El Apóstol nos habla del misterio de la Misericordia de Dios, que alcanza a todos los hombres; aún a los más duros de corazón. Demos gracias por ser destinatarios privilegiados de esa Misericordia.

Evangelio: Mt. 15, 21-28

El Evangelio de hoy nos presenta la súplica insistente de una mujer cananea que parece no ser escuchada por el Señor.

"Su insistencia en invocar la intervención de Cristo es para nosotros un estímulo a no desalentarnos jamás y a no desesperar ni siquiera en medio de las pruebas más duras de la vida". (S.S. Benedicto XVI, Ángelus, 14/08/05).


Oración de los fieles

Las siguientes preces (salvo la primera monición introductoria), están tomadas de la Santa Misa de la Vigilia Pascual del año 2017, presidida por el Santo Padre Francisco en la Basílica Vaticana el 16 de abril de ese año:

Acudamos a nuestro Padre del Cielo, en nombre de "los innumerables ´cananeos´ de todo tiempo, país, color y condición social, que tienden su mano para pedir comprensión y ayuda en sus necesidades": (San Juan Pablo II, Audiencia General, 16/12/87).

R. Señor, socórrenos.

O bien:

Queridos hermanos, renacidos a la gracia por el bautismo, elevemos jubilosos nuestra oración al Padre:

R. Señor, ten piedad.

-Reaviva la fe de la Iglesia. R.

-Inflama de tu caridad el corazón de los obispos y los sacerdotes. R.

-Haz luminosa y alegre la donación de las personas consagradas. R.

-Renueva el amor y la fidelidad de los esposos. R.

-Colma con tu gracia a cuantos reciben el sacramento del bautismo. R.

-Protege a los pequeños de toda forma de escándalo. R.

-Vence la dureza de corazón de los pecadores y de los violentos. R.

-Libera de la oscuridad y la tristeza a las personas angustiadas. R.

-Reaviva la esperanza de las víctimas de la maldad y la indiferencia. R.

-Admite en tu presencia a los fieles difuntos. R.

Oración conclusiva

"Oh, Padre, que por el Misterio pascual de Jesús nos has hecho hijos tuyos, escucha nuestra oración y haznos partícipes de la vida eterna. Por el mismo Jesucristo, nuestro Señor. Amén".

A continuación, se propone como otra oración conclusiva de las preces, una colecta alternativa a la de este domingo, tomada de la edición italiana del Misal Romano y traducida al castellano. Se reemplaza la conclusión trinitaria larga, propia de toda colecta, por la breve, típica de las demás oraciones litúrgicas:

"Oh, Padre, que en el anonadamiento de tu Hijo, manso y humilde de corazón, has cumplido el designio universal de salvación, revístenos de sus sentimientos, para que con palabras y obras, demos continuo testimonio de tu amor eterno y fiel. Por el mismo Jesucristo, nuestro Señor. Amén".


Ofertorio

En este instante del ofertorio, imitando los sentimientos de confianza y humildad de la mujer cananea del Evangelio de hoy, ponemos nuestra vida a disposición del Señor y aceptamos su santísima Voluntad, cualquiera ella sea. Todo esto se hace ofrenda con el pan y con el vino.


Comunión

El Eterno Padre, por el Sacrificio de su Hijo, nos invita a la Mesa santa del Altar, para que no vayamos por el mundo mendigando las migajas que sobran a los poderosos, sino que nos nutramos con el Cuerpo y la Sangre del mismo Jesucristo, Manjar de Vida inextinguible.


Despedida

Como frutos de esta Eucaristía que concluye, pidamos al Señor el don de la santa perseverancia en la fe y el de la confiada insistencia en la oración.


!6 de agosto de 2017, memoria litúrgica de los santos Esteban de Hungría y Roque, en el VII centenario de la muerte terrena de este último. Entrada dedicada a ellos.
 

Imagen relacionada
San Roque

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