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La verdadera Iglesia de Dios...

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jueves, 2 de noviembre de 2017

Guion: Domingo XXXI del Tiempo Ordinario


 



Ciclo A

Introducción

Hermanos, dejemos que las palabras de un antiguo cántico católico nos introduzcan en el misterio del domingo:

Este es el día del Señor,
este es el tiempo de la misericordia.

 

Delante de tus ojos ya no enrojeceremos
a causa del antiguo pecado de tu pueblo.
Arrancarás de cuajo el corazón soberbio
y harás un pueblo humilde de corazón sincero.


En medio de los pueblos nos guardas como un resto
para cantar tus obras y adelantar tu Reino.
Seremos raza nueva para los Cielos nuevos,
sacerdotal estirpe, según tu Primogénito.


Caerán los opresores y exultarán los siervos,
los hijos del oprobio serán tus herederos.
Señalarás entonces el día del regreso
para los que comían su pan en el destierro.


¡Exulten mis entrañas, alégrese mi pueblo!
porque el Señor que es justo revoca sus decretos;
la Salvación se anuncia donde acechó el infierno,
porque el Señor habita en medio de su pueblo.


 

Liturgia de la Palabra

Primera lectura: Mal. 1, 14_2, 2b. 8-10

Nuestro Dios reivindica para Sí la gloria y la alabanza que solo a Él Le son debidas, y nos exhorta al cumplimiento de sus preceptos.

Segunda lectura: I Tes. 2, 7b-9. 13

La dócil y humilde acogida de la Palabra de Dios es el primer paso para una conversión profunda y decidida.

Evangelio: Mt. 23, 1-12

El Señor Jesús, Supremo Maestro, nos invita a cumplir los Mandamientos, despojándonos de toda hipocresía. Solo a Dios debemos agradar con nuestros actos.


Oración de los fieles

Las siguientes preces, con las necesarias adaptaciones, están tomadas de la Santa Misa presidida por el Papa Francisco en Bogotá, Colombia, el 7 de septiembre de 2017:

Invoquemos, queridos hermanos, a Dios Padre todopoderoso y pidámosle que venga en ayuda de su pueblo y lo socorra en sus necesidades.
R. Oh, Señor, escucha y ten piedad

-Para que el Señor, que prometió estar con nosotros hasta el final de los tiempos, otorgue al mundo tiempos de paz, y así la Iglesia crezca constantemente, se extienda por toda la tierra y persevere con alegría en la fidelidad al Evangelio. R.

-Para que el Señor, que con amor cuida de su pueblo, conceda al Papa Francisco, a nuestro obispo N y a todos los pastores y fieles de la Iglesia, inteligencia para ahondar en su Palabra y valentía para ser mensajeros y testigos del Reino de Dios en todo el mundo. R.

-Para que el Señor, que quiere que todos los hombres se salven, conceda a nuestros gobernantes el espíritu de sabiduría y de prudencia, a fin de que rijan nuestra patria pensando en la verdadera justicia, y disfrutemos así de auténtica paz. R.

-Para que el Señor, que no se cansa de perdonar, nos conceda acoger la gracia de la reconciliación, para ser también nosotros artesanos de la paz; y que Él libere a nuestra patria de toda injusticia y de cualquier forma de violencia. R.

-Para que el Señor, que es Padre de todos los hombres, ilumine con su luz a quienes Lo buscan con sinceridad de corazón, anime la esperanza de los empobrecidos de nuestra sociedad y nos conduzca a reconocer la dignidad de cada persona. R.

-Para que el Señor, que en su amor nos congrega para hacer el memorial de la entrega de su vida, haga que cada uno de los que participamos en esta Eucaristía, animados por su gracia, nos comprometamos en la construcción de una sociedad más justa, incluyente y tolerante. R.

Oración conclusiva

"Dios nuestro, que a los humildes los colmas de bienes, escucha nuestras oraciones, atiende el grito de los pobres y oprimidos que se eleva a Ti desde todas las regiones del mundo, rompe el yugo de la violencia y del egoísmo, que nos hace enemigos unos de otros, y haz que, acogiéndonos mutuamente como hermanos, seamos signo de una humanidad nueva, reunida y unificada en el amor. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén".

A continuación, se propone como otra oración conclusiva de las preces, una colecta alternativa a la de este domingo, tomada de la edición italiana del Misal Romano y traducida al castellano. Se reemplaza la conclusión trinitaria larga, propia de toda colecta, por la breve, típica de las demás oraciones litúrgicas:  

"Oh, Dios, Creador y Padre de todos, danos la luz de tu Espíritu Santo, para que ninguno de nosotros ose usurpar tu gloria sino que reconociendo en todo hombre la dignidad de hijo tuyo, no solo de palabras sino con las obras, seamos de veras discípulos del único Maestro que se ha hecho hombre por amor. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén".


Ofertorio

Presentemos los dones de nuestro suelo y dispongámonos a celebrar el Sacrificio gracias al cual tiene cumplimiento el anhelo del salmo de hoy: "El Señor guarda nuestra alma en la paz junto a Sí".


Comunión

Nuestro único Señor y Maestro nos invita a esta Mesa en la que Él mismo es Comida del alma. Pidámosle la fuerza y la sabiduría para ser fermentos de paz y concordia en medio de la sociedad.


Despedida

El sacerdote nos ha invitado a "irnos en paz". Esta paz es un don del Señor Resucitado. Sepamos llevarla y ofrecerla a todos los hermanos, en especial, a los más necesitados.


2 de noviembre de 2017, Conmemoración de los Fieles Difuntos.
Entrada redactada y publicada en sufragio de las Almas del Purgatorio.


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