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La verdadera Iglesia de Dios...

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domingo, 23 de marzo de 2014

Guión: Anunciación del Señor*




Conviene organizar una procesión de entrada, de acuerdo con las normas litúrgicas.
Incluso si esta solemnidad ocurre en Cuaresma está permitido ejecutar melodías con el órgano durante las celebraciones litúrgicas, y se pueden adornar con flores el Altar y el ambón.
Lo que está entre paréntesis del presente guión, puede omitirse, si pareciera oportuno.


Ritos iniciales

Introducción

“Et Verbum caro factum est, et habitavit in nobis”  (1).
“Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros”.

Celebramos hoy la solemnidad de la Encarnación del Hijo de Dios en las purísimas entrañas de María.
¿Puede haber un modo más patente para que Dios manifieste su Amor por la humanidad, que haciéndose hombre Él mismo?
Verdaderamente “se hizo hombre”, pero no dejó de ser Dios. Así, haciéndose semejante en todo a nosotros, excepto en el pecado, unió en místico desposorio la humanidad pecadora y la divinidad redentora.
(¿Cómo el Padre Dios no va a compadecerse del hombre cuando su propio Hijo, Dios verdadero, se ha hecho hombre, para salvar a la humanidad? ¿Cómo no va a tener misericordia del Cuerpo Místico, si el mismo Cristo, como Cabeza, Fuente de toda santidad, está unido a dicho Cuerpo?).
Celebremos el misterio del Amor Divino, el cual, se nos hace “tangible” en la Persona adorable del Verbo encarnado, que viene a nosotros como Palabra de Vida y Pan de esperanza.

(Oremos en esta celebración por todas las iniciativas en favor de la vida, especialmente en este "Día del niño por nacer").

Se canta o recita el himno Gloria in excelsis.


Liturgia de la Palabra

Primera lectura: Is. 7, 10-14

Dios cercano a nosotros y hecho hombre en el seno de una humilde doncella, es el gran Signo de salvación del que nos va a hablar el Libro de Isaías.

Segunda lectura: Heb. 10, 4-10

La Ofrenda de Cristo, Dios y Hombre, es el único Sacrificio plenamente agradable al Padre.

En Tiempo de Cuaresma se omite el Aleluya.

Evangelio: Lc. 1, 26-38

“Concebirás y darás a luz un Hijo”  (2), dice Gabriel a María. Es el anuncio condicionado a la respuesta de ella, que no se hace esperar, pues dice: “Hágase en mí según tu palabra”  (3).
(Este asentimiento de la Virgen señala el momento exacto de la Encarnación del Verbo, es decir, de su “ingreso” como Hombre en nuestra historia).

Se canta o recita el Credo. Desde las palabras se encarnó y hasta las palabras se hizo hombre, del Credo de Nicea, y desde fue concebido hasta nació de Santa María Virgen, del Símbolo, todos se arrodillan, con una sola rodilla si se reza, y con las dos si se canta (Genuflectitur dice la rúbrica del Missale Romanum).


Oración de los fieles

R. Por tu Verbo encarnado, socórrenos

-“La joven dará a luz un Hijo al que llamará Emmanuel”  (4).

+Para que la Iglesia, por el testimonio de sus pastores y fieles, haga presente ante los pueblos el misterio de “Dios con nosotros”. R.

-“Tu ley está en mi corazón”  (5).

+Para que los representantes de las naciones actúen siempre de acuerdo con la ley de Dios, que está escrita en sus corazones. R.

-“Aquí estoy. Yo vengo para hacer tu voluntad”  (6).

+Para que los cristianos de diferentes denominaciones nos esforcemos por cumplir siempre y ante todo, la voluntad del Señor. R.

-“No, no mantuve cerrados mis labios; Tú lo sabes, Señor”  (7).

+Para que los católicos no callemos ante los atropellos a la vida y a la dignidad de todo hombre, desde su concepción hasta la muerte natural. R.


Liturgia de la Eucaristía


Ofertorio

Por la sublime Encarnación del Verbo, es posible que estos dones que vamos a presentar, lleguen a ser la Carne y la Sangre de Cristo. Dios no quiere otro sacrificio que no esté unido a Éste (8).

Se canta o recita el Prefacio propio: De mysterio Incarnationis.

Comunión

En el seno cálido e impecable de María, Nuestra Señora del Sí, se “ha horneado” un Pan de sabor incomparable. Jamás existirá un alimento que pueda superar a Éste. (Su origen divino, se halla en la eternidad de Dios; su origen humano, en la Virgen nazarena; y su origen eucarístico,  en la Iglesia Católica).


Ritos finales

Antes de concluir la celebración, puede rezarse la siguiente oración mariana, compuesta por san Juan Pablo II, defensor incansable de toda vida:

Oh, María,
aurora del mundo nuevo,
Madre de los vivientes,
a Ti confiamos la causa de la vida:
mira, Madre, el número inmenso
de niños a quienes se impide nacer,
de pobres a quienes se hace difícil vivir,
de hombres y mujeres víctimas
de violencia inhumana,
de ancianos y enfermos muertos
a causa de la indiferencia
o de una presunta piedad.
Haz que quienes creen en tu Hijo
sepan anunciar con firmeza y amor
a los hombres de nuestro tiempo
el Evangelio de la vida.
Alcánzales la gracia de acogerlo
como don siempre nuevo,
la alegría de celebrarlo con gratitud
durante toda su existencia
y la valentía de testimoniarlo
con solícita constancia, para construir,
junto con todos los hombres de buena voluntad,
la civilización de la verdad y del amor,
para alabanza y gloria de Dios Creador
y amante de la vida.

(Evangelium vitae, 105). 

El sacerdote puede impartir la Bendición solemne de la Santísima Virgen María.
 

Despedida

Dios se ha hecho uno de nosotros, camina a nuestro lado, y nos alimenta con su Ser. En esto se funda la alegría de los católicos.
 
Notas

1. Jn. 1, 14ab.
2. Lc. 1, 31.
3. Lc. 1, 38.
4. Cf. Is. 7, 14.
5. Sal. 40 (39), 9c.
6. Heb. 10, 9a.
7. Sal. 40 (39), 10b.
8. Cf. Sal. 40 (39), 7; Heb. 10, 5-6.

23 de marzo de 2014, Domingo III de Cuaresma.
*De la obra "Jesucristo, y el Don de Sí mismo II". Editorial Guadalupe. 
(Última actualización de la entrada: 23/03/17).

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