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La verdadera Iglesia de Dios...

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miércoles, 24 de septiembre de 2014

Misas de la Virgen XIV (Cuaresma V): "La Virgen María, Madre de la Reconciliación"



María, "Refugium peccatorum"


Misal: Textos bíblicos y eucológicos (en negro); rúbricas: rojo.
Guion: marrón.
Comentario del blog: azul.

MISA COMPLETA, GUION Y COMENTARIO

El tiempo de Cuaresma tiene un carácter bautismal y penitencial a la vez (cf. SC 109). Por esto ya desde el Miércoles de Ceniza resuena en la liturgia la voz del Apóstol: «En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios» (2 Co 5, 20). Este texto aparece también en esta Misa (1ª Lectura, 2 Co 5, 17-20).
En la reconciliación de los hombres con Dios, la Iglesia ha ido conociendo cada vez más claramente el papel de Santa María Virgen. En los primeros siglos, los santos Padres, al tratar del misterio de la Encarnación del Verbo, afirman con frecuencia que el seno virginal de la Madre del Señor fue el lugar donde se realizó la «paz» entre Dios y los hombres. Con esta doctrina armoniza muy bien el magisterio de los Romanos Pontífices de nuestro tiempo: la Santísima Virgen, enseña san Juan Pablo II, «por su maternidad divina fue hecha colaboradora de Dios en la misma obra de la reconciliación» (Exhortación apostólica postsinodal Reconciliatio et paenitentia, 35: AAS 77 [1985], p. 275).
En la Edad Media, los escritores eclesiásticos, profundizando más y más en la función maternal de la Santísima Virgen, la llaman «camino de reconciliación», «causa general de reconciliación» y también «Madre de la reconciliación», por el hecho de haber nacido de ella Jesucristo, «reconciliación de los pecadores»: «No hay reconciliación -afirma san Anselmo de Cantorbery (+ 1109)- fuera de la que tú castamente engendraste» (H. Barré, Prieres anciennes de l'Occident a la Mere du Sauveur, Ed. P. Lethielieux, París 1963, p. 305). Y así, los fieles se acogen a la Santísima Virgen para conseguir, por su intercesión, «la gracia de la reconciliación» y, por lo menos desde el siglo XII, la veneran piadosamente con el título de «Refugio de pecadores» (título tomado de las letanías lauretanas).
En nuestros tiempos, la Santísima Virgen es venerada en muchos lugares, incluso con culto litúrgico, por obra principalmente de los Misioneros de Nuestra Señora de La Salette, con el título de «Reconciliadora de los pecadores».
Por esto si, en el tiempo de Cuaresma, principalmente en los santuarios donde los fieles frecuentan el sacramento de la penitencia, se celebra Misa de Santa María, resulta oportuno emplear este formulario, que pone de relieve cómo el Señor «es cariñoso con todas sus criaturas» (Antífona de entrada, Sal 144 [145], 9) Y venera el «corazón misericordioso con los pecadores» (Prefacio) de la Santísima Virgen.
Excepto el Prefacio, casi todos los textos se han tomado de la Missa propria beatae Mariae Virginis Reconciliatricis peccatorum, Tipografía Políglota Vaticana 1978, pp. 4-6. 

Introducción

Con un corazón penitente, fieles a las exhortaciones de este tiempo de Cuaresma, celebramos el Sacrificio de Jesús. Lo hacemos en comunión con Santa María, nuestra Señora. Ella es la Madre de la Reconciliación porque ha dado a luz en el tiempo a Aquel que nos reconcilia con el Padre en la eternidad. Es la Madre del Perdón, porque ha engendrado al único que puede perdonar los pecados del mundo, el Cordero degollado, que permanece de pie ante el trono del Altísimo, y que no deja de interceder por nosotros.

Antífona de entrada Sal 144 (145), 8-9

El Señor es clemente y misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad; el Señor es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas.

O bien:

Salve, llena de gracia, eres llamada clementísima por los pecadores, porque contemplas misericordiosa nuestra miseria. 

Oración colecta

Oh, Dios, que por la Sangre preciosa de tu Hijo, reconciliaste el mundo contigo y te dignaste constituir a su Madre, la Virgen María, junto a la cruz, Reconciliadora de los pecadores, concédenos, por su intercesión, alcanzar el perdón de nuestros pecados. Por nuestro Señor Jesucristo. 

Liturgia de la Palabra
 
 Primera lectura

Al exhortarnos a "que nos dejemos reconciliar con Dios", el Apóstol está refiriéndose a la apertura de corazón y a la docilidad a la gracia divina que deben anidar en nuestro corazón, para que avancemos cada día más decididamente hacia la plena comunión con el Señor.

Reconciliaos con Dios

Lectura de la segunda carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 5, 17-21. 

Hermanos:
El que es de Cristo es una criatura nueva: lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado.
Todo esto viene de Dios, que por medio de Cristo nos reconcilió consigo y nos encargó el ministerio de la reconciliación.
Es decir, Dios mismo estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo, sin pedirle cuenta de sus pecados, y a nosotros nos ha confiado el mensaje de la reconciliación.
Por eso, nosotros actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo os exhortara por nuestro medio.
En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios.
Al que no había pecado, Dios lo hizo expiar nuestros pecados, para que nosotros, unidos a él, recibamos la salvación de Dios.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial Sal 102, 1-2. 3-4. 8-9. 13-14. 17-18a (R.: 1a)

R. Bendice, alma mía, al Señor.

Bendice, alma mía, al Señor
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor
y no olvides sus beneficios. R.

Él perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa
y te colma de gracia y de ternura. R.

El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia;
no está siempre acusando
ni guarda rencor perpetuo. R.

Como un padre siente ternura por sus hijos,
siente el Señor ternura por sus fieles;
porque él conoce nuestra masa
se acuerda de que somos barro. R.

Pero la misericordia del Señor dura siempre,
su justicia pasa de hijos a nietos,
para los que guardan la alianza. R.

Versículo antes del evangelio

La cruz de Cristo es la señal del pacto que hago con todo lo que vive en la tierra.

Evangelio 

Después de la Santísima Eucaristía, que es el Don de Sí mismo, la más preciosa herencia que nos ha dejado el Señor, es su Madre bendita.

Ahí tienes a tu hijo. Ahí tienes a tu madre

+ Lectura del santo Evangelio según san Juan 19, 25-27.

En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás, y María la Magdalena. Jesús, al ver a su madre, y cerca al discípulo que tanto quería,
dijo a su madre:
— Mujer, ahí tienes a tu hijo. Luego dijo al discípulo:
— Ahí tienes a tu madre.
Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa. 

Palabra del Señor.

Oración de los fieles

Las siguientes preces están inspiradas en las "nuevas letanías de la Virgen", aprobadas por la Santa Sede:

-Con María, "Imagen purísima de la Iglesia", pidamos a Dios por el Papa N, por los demás obispos, y por el gran rebaño a ellos confiado. R.

-Con María, "Virgen benigna y clemente", pidamos a Dios la conversión de los hermanos que, con un corazón endurecido, se obstinan en el pecado. R.

-Con María, "Dispensadora de la piedad", pidamos a Dios que, para tributarle el culto que Le debemos, los lugares sagrados sean respetados y que las normas litúrgicas sean acogidas con espíritu de humildad y obediencia. R.

-Con María, "Señora nuestra", Madre de Reconciliación, con San Pablo, Santa María Magdalena, San Agustín, y todos los santos penitentes, pidamos a Dios la gracia de poder abandonar todo aquello que obstaculiza nuestra conversión. R.

-Con María, "Reina de la caridad", pidamos a Dios la eterna bienaventuranza de nuestros difuntos. R.


Ofertorio

Porque sabemos que el Sacrificio de Reconciliación y alabanza es la única garantía de salvación para la humanidad, presentamos el pan y el vino, que dan cuenta de la sed que el hombre tiene de Dios.

Oración sobre las ofrendas

Te ofrecemos, Señor, este sacrificio de reconciliación y alabanza y te pedimos, por intercesión de la Virgen María, Refugio de los pecadores, que perdones nuestros pecados y dirijas tú nuestros corazones vacilantes. Por Jesucristo, nuestro Señor. 

Prefacio

La Bienaventurada Virgen María, Refugio de los pecadores y Madre de Reconciliación

V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario,
Dios todopoderoso y eterno,
darte gracias
y proclamar tus maravillas
en todo y por todas las cosas.

Por tu inmensa bondad,
no abandonas a los que andan extraviados,
sino que los llamas
para que puedan volver a tu amor:
tú diste a la Virgen María,
que no conoció el pecado,
un corazón misericordioso con los pecadores.

Éstos, percibiendo su amor de madre,
se refugian en ella implorando tu perdón;
al contemplar su espiritual belleza,
se esfuerzan por librarse de la fealdad del pecado,
y, al meditar sus palabras y ejemplos,
se sienten llamados a cumplir los mandatos de tu Hijo.

Por él,
los ángeles te cantan con júbilo eterno,
y nosotros nos unimos a sus voces
cantando humildemente tu alabanza:

Santo, Santo, Santo.


Comunión

La Iglesia nos ofrece ahora el Pan del perdón, "horneado"en el seno purísimo de María, Madre de la Reconciliación. Recibámoslo con ánimo gozoso y con espíritu penitente.

Antífona de comunión

¡Qué pregón tan glorioso para ti, María! De ti salió el Sol de justicia, Cristo, nuestro Señor. 

Oración después de la comunión 

Hemos recibido, Señor, el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, sacramento de nuestra reconciliación contigo; concédenos, por intercesión de la Santísima Virgen María, los dones de tu misericordia y el premio de la redención eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Despedida

Reconciliados con Dios por este Sacrificio de alabanza, vayamos a anunciar a nuestros hermanos el Evangelio del perdón y la misericordia.

24 de septiembre, memoria litúrgica de Nuestra Señora de la Merced, Redentora de los cautivos.



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