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La verdadera Iglesia de Dios...

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viernes, 13 de enero de 2012

La Comunión: ¿En la boca o en la mano?



                            
El problema

En muchos países, la Santa Sede, ha permitido que los católicos reciban la Comunión en la mano. Esta "concesión" suele escandalizar a los fieles por diversos motivos:

En primer lugar, porque perciben cierta divergencia en el seno de la misma Iglesia. Es decir, por un lado se ha permitido, pero por el otro, pareciera que se discute, aun en ámbitos de la Curia Romana.
En efecto, personalidades de la talla del Cardenal Antonio Cañizares Llovera, actual prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, en una entrevista concedida a la Agencia Católica de noticias ACI  Prensa, sostiene públicamente que es preferible recibir la Comunión en la boca y de rodillas. Más aun, el Santo Padre Benedicto solamente distribuye la Comunión en la boca, y a los laicos arrodillados.

Incluso hay fieles que aseguran que recientes apariciones marianas y otras revelaciones privadas (cuya autenticidad no nos corresponde abordar ahora), promueven esta práctica de la recepción de la Comunión de rodillas, y en la boca. En algunos casos, hasta se trata de "sacrílegos" a quienes reciben la Comunión en la mano.

La realidad

Lo cierto es que actualmente en muchos países existen dos formas de recibir la Comunión eucarística, aprobadas ambas por la Iglesia, a saber:

1- La Comunión en la boca, que es el modo ordinario de recibir al Señor Sacramentado;  2- La Comunión en la mano, que es una concesión hecha por la Santa Sede a determinados países que lo han solicitado. Ver: http://www.mercaba.org/CONGREGACIONES/CULTO/notificacion_acerca_de_la_comuni.htm

Como hijos fieles que debemos ser de la Iglesia, siempre obedientes a ella, hoy, donde y mientras esta concesión exista, podemos optar por la primera o la segunda formas, dejando de lado aquellas afirmaciones que sostienen que es un sacrilegio recibir al Señor Eucaristía en la mano. El verdadero sacrilegio es recibirlo sin estar en gracia, o con fines ajenos o contrarios a la doctrina de este admirable Sacramento. Y esto, puede ocurrir en ambas formas de comulgar. Después de todo, las actitudes exteriores que pretenden expresar respeto y devoción, sólo son genuinas en la medida en que reflejen fielmente la predisposición interior. Y solamente Dios conoce nuestra alma. Nadie más.

La opinión de un simple laico

A mi humilde criterio, y por muchos motivos, el modo más adecuado de recibir la Comunión es en la boca, y de rodillas. El primero de estos motivos es la "preferencia" de la Iglesia por esta forma, manifestada claramente por la gran mayoría de sus Pastores, en particular, por el proceder del mismo Sucesor de Pedro. 

Entre varios otros, los siguientes son motivos que deben tenerse en cuenta, a la hora de preferir la primera forma de comulgar:

La posibilidad de sacrilegio, mediante la no consumición inmediata y el hurto de la Sagrada Hostia, o la, si no dolosa, al menos negligente falta de dejar caer alguna partícula del Cuerpo del Señor por el suelo (lo cual, teológicamente, sería arrojar todo y el único Cuerpo del Señor).

El proceder de la Iglesia, que es Madre y Maestra 

Sin embargo, debemos tener en cuenta que la Iglesia, siempre asistida por el Espíritu Santo, es muy clara a la hora de usar verbos tales como permitir, deber, prohibir, convenir, preferir, establecer, prescribir, aconsejar... (Bastaría leer, por ejemplo, entre numerosos otros textos normativos y rúbricas, el Caeremoniale Episcoporum, para apreciar cuán clara y profusamente hace uso de estos verbos).

De hecho, si el mismo Benedicto XVI, que prefiere distribuir la Comunión de rodillas y en la boca, permite, por medio de los dicasterios competentes, que otros ministros sagrados la ofrezcan en la mano; y si el Cardenal antes mencionado, prefecto de la Congregación a la que compete tratar este tema, considera "aconsejable" la primera forma, sin oponerse a la segunda, de todo esto se deduce que ni una ni la otra forma son incorrectas, al menos hasta que se establezca lo contrario (Cf. Instrucción Redemptionis Sacramentum, 92). El beato Juan Pablo II, por su parte, distribuía la Comunión a los fieles que estaban de pie, en la boca o en la mano.

La humildad, antídoto contra toda división

De este tipo de cuestiones siempre se ha valido el Maligno para crear división en el seno de la Iglesia. 
Los santos nos enseñan que, con obediente y filial humildad, se superan todas estas controversias. La humildad, en este caso, de no valerme del pretexto de una innegable y elocuente opción de un legítimo Sucesor de Pedro como Benedicto (dar la comunión en la boca a los fieles arrodillados), para criticar una concesión a la que, por lo menos hasta hoy, él mismo, investido de la Suprema Autoridad, todavía no se ha opuesto (recibirla en la mano).

Los cristianos católicos no debemos ensoberbecernos a tal punto, que nos adelantemos al juicio del mismo Magisterio de la Iglesia, arremetiendo contra quienes optan por una u otra forma de comulgar. 

El proceder del cristiano católico

Lo que sí nos compete, sin agravios, sin descalificaciones, es dar las razones por las cuales nos parece preferible una u otra forma. La caridad debe primar ante todo. 
Los sacerdotes no deben imponer sin más ni una ni otra forma exclusivamente, mientras no lo haga la Suprema Autoridad de la Iglesia. Por su parte, los fieles deben considerar objetivamente la razón pastoral por la cual algunos sacerdotes, en determinadas circunstancias, pudieren optar por cualquiera de las dos formas de comulgar, respetando siempre su decisión de ministros sagrados, ya que, aun errando, no dejan de ser tales.
Y todos, sacerdotes y fieles, debemos someternos a lo que decida el obispo Ordinario del lugar, de acuerdo con los lineamientos de la Sede Apostólica.

En definitiva, mientras nuestra Santa Madre la Iglesia nos ofrezca la posibilidad de elegir, optaremos por una u otra forma. 
Los que prefieren la segunda, darán sus razones. Los que adherimos firmemente a la primera, haremos lo propio. Pero todo en un clima de respeto fraterno, como debe ser propio de los católicos que somos miembros del mismo Cuerpo Místico, precisamente porque nos alimentamos de un único Cuerpo Sacramental: la Carne y la Sangre del Hijo de Dios, "Sacramento de piedad, signo de unidad, vínculo de caridad" (San Agustín, In Joannis Evangelium, 26, 13).

En la siguiente página de Internet hallé un artículo que puede servir para profundizar y enriquecer el tema: http://www.nuestrasnoticias.org/Criterios12.htm

Conclusión

En la túnica incosútil (sin costura) de la que los soldados despojaron al Señor Jesús, pero que no pudieron destruir (Jn. 19, 23), algunos santos como Agustín, vieron un signo de la unidad de la Iglesia.

Que no seamos nosotros los que, arrogándonos una autoridad que no tenemos, pretendamos rasgar el velo profético de dicha unidad.

Que María, Mater Ecclesiae, y Mulier eucharistica, como la llamó el beato Juan Pablo II, sostenga y acreciente la comunión entre nosotros, y con nuestros pastores.


13 de enero, memoria litúrgica de San Hilario, obispo y doctor de la Iglesia.

1 comentario:

  1. "Que todos sean uno..." fueron las palabras de Jesùs y deberìan ser el nutricio alimento de nuestros corazones todos los dìas. Unidad en lo esencial... De èsto se trata este blog. Hermoso su contenido, riquìsimas sus enseñanzas que no son sino recordatorios de todo lo que como catòlicos amamos. Y nadie ama lo que no conoce. ¡Dios inspirara una oraciòn por el autor de este blog y por todos los que buscamos al Señor con sincero corazòn! Viviana

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