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La verdadera Iglesia de Dios...

La verdadera Iglesia de Dios...


martes, 29 de agosto de 2017

Guion: Domingo XXII del Tiempo Ordinario


 



Ciclo A

Introducción

Hermanos:
Nos enseña el glorioso san Juan Pablo II:

"Participar en la Misa dominical no es sólo una obligación importante, como señala claramente el Catecismo de la Iglesia Católica (cf. 1389), sino, ante todo, una exigencia profunda de cada fiel.

No se puede vivir la fe sin participar habitualmente en la Misa dominical, Sacrificio de redención, banquete común de la Palabra de Dios y del Pan eucarístico, corazón de la vida cristiana". (Alocución a los participantes en la Sesión Plenaria de la Pontificia Comunión para América Latina, 21/01/05).

Que las enseñanzas y el ejemplo de vida de los grandes santos, nos iluminen para celebrar y vivir la fe, en espíritu y en verdad.
 

Liturgia de la Palabra

Primera lectura: Jer. 20, 7-9

El santo profeta Jeremías reconoce la fuerza del amor de Dios, que va más allá de todo humano conocimiento.

Segunda lectura: Rom. 12, 1-2

El apóstol Pablo, al hablar a los romanos, hace un llamamiento válido para todos los creyentes:

Que nos dejemos transformar por el Señor, transformando así el mundo. Solo así seremos "hostia viva, santa y agradable a Dios".

Evangelio: Mt. 16, 21-27

El cargar con la propia cruz y abrazar las contrariedades de la vida aceptando la santa Voluntad divina, es nuestra contribución a la salvación de la humanidad.


Oración de los fieles

Las siguientes preces, con las necesarias adaptaciones, están tomadas de la Santa Misa en el Centenario de las Apariciones de Fátima y el rito de la canonización de los pastorcitos Francisco y Jacinta Marto, el 13 de mayo de 2017, presidida en el mismo lugar de las Apariciones por el Sumo Pontífice Francisco:

Elevemos nuestras oraciones a Dios todopoderoso, por intercesión de la Santísima Virgen María:

R. Por María, acoge, Padre, nuestras plegarias.

-Por el Santo Padre y por todos los pastores de la Iglesia, para que iluminados por el Espíritu de Cristo Resucitado, sean ante el mundo señal del amor y la ternura de Dios, que derriba a los poderosos y exalta a los humildes. R.

-Por la humanidad y sus gobernantes, para que el empeño por el cuidado de la casa común, reúna a todos en la construcción de un mundo más fraterno, en el que todos se sientan acogidos y respetados en las propias diferencias culturales y religiosas. R.

-Por todos los niños y sus familias, para que el ejemplo de los santos les inspire a descubrir el sentido de la vida y el valor de la oración y la penitencia, y que sean siempre respetados en sus derechos. R.

-Por los enfermos y por los que cada día experimentan el misterio del sufrimiento, para que la presencia de María al pie de la Cruz los reconforte, infundiéndoles consuelo y esperanza. R.

-Por nosotros aquí reunidos y por aquellos que se han encomendado a nuestras oraciones y a la intercesión de la Santísima Virgen, para que su Corazón Inmaculado sea siempre el refugio y el camino que a todos conduce a Dios. R.

Oración conclusiva

"Dios de bondad infinita, que atiendes las súplicas de tu pueblo, por intercesión de María, Madre de tu Hijo y de la Iglesia, oye nuestra oración y aumenta nuestra fe. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén".

A continuación, se propone como otra oración conclusiva de las preces, una colecta alternativa a la de este domingo, tomada de la edición italiana del Misal Romano y traducida al castellano. Se reemplaza la conclusión trinitaria larga, propia de toda colecta, por la breve, típica de las demás oraciones litúrgicas:
   
"Renuévanos con tu Espíritu de verdad, oh, Padre, para que no nos dejemos llevar por las seducciones del mundo sino que, como verdaderos discípulos, convocados por tu Palabra, sepamos discernir qué es lo bueno y agradable a Ti, para portar cada día la cruz en el nombre de Cristo, nuestra esperanza. Que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén".


Ofertorio

"Cristo se ofrece a Sí mismo y así sustituye todos los demás sacrificios. Y quiere «atraernos» a nosotros mismos a la comunión de su Cuerpo: nuestro cuerpo juntamente con el suyo se convierte en gloria de Dios, se transforma en liturgia". (S.S. Benedicto XVI, Lectio divina en el Pontificio Seminario Romano Mayor, 15/02/12).

A la luz de estas palabras del Papa Emérito Benedicto XVI, llevamos los dones eucarísticos al Altar y nos disponemos a ser también nosotros "hostia agradable al Señor".


Comunión

"Mi alma tiene sed de Ti; mi carne está sedienta de Ti", le decimos al Señor con el salmista.

Y la respuesta del Señor es saciarnos con la Carne y la Sangre de su Hijo, que es Sacramento de Vida eterna.


Despedida

Que nuestra alma esté unida siempre al Señor para que su Diestra nos sostenga. Sea esta nuestra meta en cada momento.


29 de agosto de 2017, memoria litúrgica del Martirio de san Juan Bautista. Entrada dedicada a él.


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