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La verdadera Iglesia de Dios...

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martes, 1 de agosto de 2017

San Alfonso M. de Ligorio, obispo y doctor de la Iglesia: himnos litúrgicos



La Congregación del Santísimo Redentor celebra la "solemnidad" de su santo fundador cada 1° de agosto, el mismo día en que figura como "memoria obligatoria" en el Calendario universal. Estos son los himnos propios de la Liturgia de las Horas de la Orden:


I Vísperas

Al que un santo cantara 
como futuro obispo,  
que ardiente esparciría 
de la fe la semilla,  
hoy nosotros en fiesta 
por santo veneramos  
y ensalzamos a coro 
con devoción alegre.

Tierno aún en años, 
Alfonso ya vislumbra  
de la divina virtud 
el rostro bello;  
la quiere hacer suya, 
y su piedad florece, 
cual las plantas junto 
a un cauce limpio y fresco.

Su corazón se aleja 
de la ilusión mundana, 
y aspira generoso 
a los valores más altos;  
confuso ante la mera sombra 
de un leve error,  
dice por siempre adiós 
a los triunfos del foro.

Detestando de Satán 
las artes vanas,  
rechaza un día 
del mundo los halagos,  
y con paso resuelto 
su espada cuelga  
a los pies de la Virgen, 
su Madre amada.

Desde entonces, 
ceñida simple túnica negra,  
su sola ambición tiene puesta 
en dar gloria a Cristo:  
por sitios escarpados, 
por lejanas aldeas  
pasea enarbolando 
el signo de la Cruz.

Como un serafín 
se inflama ante el altar,  
se mortifica, enemigo de sí mismo;  
para ser ofrenda grata a la Deidad,  
su cuerpo somete a ascéticas fatigas. 

A Ti, Trinidad Santa, a Ti,  
la eterna gloria; 
Tu que riges del mundo 
y de los hombres las suertes; 
florezca por doquier la piedad, 
la más sincera,  con Alfonso 
como guía y valedor gracioso. Amén. 


Oficio de lectura

Ardiendo en celo y con piedad sincera,  
proclama Alfonso el mensaje de Cristo;  
amor le impulsa y le acompaña augusta  
la gracia salvadora.

Chicos y ancianos, jóvenes y esposos, 
al Santo acuden en tropel gozoso,  
y sacian ávidos la sed del bien  
con su sabia palabra.

Ya dibujando del infierno triste  las nieblas, 
gana a los alejados,  y —buen pastor— 
conduce a los desviados  al seguro redil.

Doquier la planta pone el misionero,  
se aleja al punto del error la nube,  
renacen las costumbres evangélicas  
y revive la fe.

Mientras canta las glorias de María,  
su rostro irradia luminosos rayos;  
entre gozoso y estremecido el pueblo,  
prenda ve de altos bienes.

A  Ti, loores, a Ti,  honor excelso,  
oh, Trinidad, de sumo culto digna:  
haz que el fervor de Alfonso emulando,  
lleguemos hasta Ti. Amén.


Laudes 

Pueblos de Salerno, 
alegraos por tener un tan genial prelado: 
del universo de los pueblos 
todos proclamándolo feliz y modelo.

Él, cual celoso pastor, se entrega, 
llama con voz amiga a las ovejas, 
mostrándoles sendas salvadoras 
y los pastos seguros y sanos.

En vano de lobos la fiereza acecha 
a las puertas del redil; 
noche y día en vela se mantiene 
el pastor vigilante a la puerta.

A los que oprime indigencia infausta, 
sostiene con mano generosa; 
su amor no se desdeña de inclinarse  
ante el enfermo, el huérfano o el triste.

Émulo de la Sión celeste, 
ofrece a Dios la sagrada Ofrenda; 
para que el culto se ofrezca auténco, 
selecciona ministros sin tacha.

Porque ama del templo el esplendor,  
atesora joyas y valores; 
para que a Cristo honor no Le falte, 
se priva él gustoso del sustento.

A la Augusta Trinidad 
la gloria y alabanza sean por siempre: 
por su divino favor Alfonso 
alcanzó las celestes Mansiones. Amén.


II Vísperas

Quien al Cielo subir 
quiera por senda segura y firme, 
que los escritos, Alfonso, 
que tú nos dejaste, lea.

Ellos, de sabor celeste llenos, 
maduran las mentes, 
y al corazón comunican  
el fuego del amor santo.

¿Quién pintó nunca tan vivo 
las llagas de Cristo en cruz? 
¿Quién habló con más elogio 
de las glorias de María?

Aquí se ofrece alimento 
a todo fiel de la Iglesia,
en esta mesa nutrido,
cada cual saldrá más justo.

Por él floreció el pudor, 
la moral se afirmó pura;  
Jesús Redentor lo hizo 
sostén de un caduco mundo.  

Al Padre y a la vez al Hijo,
y a Ti, su Espíritu Santo, 
sea dada perenne gloria, 
cual lo fue, también ahora. Amén


1° de agosto de 2017, "memoria obligatoria" (para los redentoristas, "solemnidad") de san Alfonso María de Ligorio, presbítero y Doctor de la Iglesia. Entrada dedicada a él, a 230 años de su muerte terrena.


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