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La verdadera Iglesia de Dios...

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martes, 5 de septiembre de 2017

Bendición de las asociaciones de ayuda en las necesidades públicas


 


Bendicional: en negro; (oración de bendición: negrita cursiva).
(Se conservan los números de secciones y parágrafos tal y como se hallan en el Bendicional: negrita. También en negrita me permito realzar algunas cuestiones litúrgicas del texto del Bendicional, incisos que, a mi criterio, merecen especial consideración).
Comentarios del blog: azul.

El capítulo VI del Bendicional, en la parte de las "bendiciones que se refieren a las personas", ofrece la siguiente bendición:

BENDICIÓN DE LAS ASOCIACIONES DE AYUDA EN LAS NECESIDADES PÚBLICAS

443. La Iglesia, fiel al Evangelio, fomenta y afianza con su actuación cuanto de bueno existe en la comunidad humana. Aunque es tarea común de todo el pueblo de Dios aliviar las desgracias e infortunios en las necesidades públicas, son muy dignas de encomio aquellas asociaciones que, aunando sus esfuerzos, pueden prestar una ayuda más eficaz y procuran atraer a otros socios con el fin de prestar así en un momento de agobio una ayuda más eficaz.

444. Con el nombre de asociaciones de ayuda en las necesidades públicas se entiende aquí aquel tipo de asociaciones que tienen por objeto trasladar a los enfermos a centros médicos y hospitalarios, extinguir incendios, contener inundaciones, etc., aunque estas asociaciones formen parte de algún organismo establecido en la sociedad civil por la autoridad pública. Se hace manifiesta aquí la misión de la Iglesia de hacer llegar la bendición de Dios más allá de las fronteras de ella misma, de manera que alcancen a toda la familia humana.

445. El rito que aquí se propone pueden utilizarlo el sacerdote o el diácono. Estos, respetando la estructura del rito y sus elementos principales, adaptarán la celebración a las circunstancias de la asociación y del lugar.

RITOS INICIALES

446. Reunidos los miembros de la asociación, se entona, según la oportunidad, un canto adecuado, terminado el cual, el celebrante dice:

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Todos se santiguan y responden:

Amén.

447. Luego el celebrante saluda a los presentes, diciendo:

El Señor, que pasó haciendo el bien, esté con todos vosotros.

U otras palabras adecuadas, tomadas preferentemente de la Sagrada Escritura.

Todos responden:

Y con tu espíritu.

O de otro modo adecuado.

448. El celebrante dispone a los presentes a recibir la bendición, con estas palabras u otras semejantes:

Dios, que es amor, queriendo hacer a los hombres partícipes de su amor, envió su Hijo al mundo para auxiliarlos y ayudar amorosamente a los afectados por la enfermedad, la invalidez o la adversidad; y Cristo mostró un amor tan grande a sus hermanos que consideró como hecho a sí mismo todo lo que se hiciera con ellos, llamó benditas de su Padre a las personas compasivas y les prometió la vida eterna.

Todas aquellas instituciones que se dedican a ayudar a los más necesitados son como la extensión de las Manos santas de Jesucristo, que siguen haciendo el bien entre nosotros.

Imploremos, pues, una abundante bendición del Señor sobre los miembros de esta asociación, que quieren dedicarse a ayudar a los hermanos.

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS

449. Luego el lector, uno de los presentes o el mismo celebrante, lee un texto de la Sagrada Escritura. Se elegirá la lectura que parezca más directamente relacionada con los fines de aquella asociación.

Mt 25, 31-46: Cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis

Escuchad ahora, hermanos, las palabras del santo Evangelio según san Mateo.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
—«Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las naciones. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras. Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda. Entonces dirá el rey a los de su derecha:
"Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestísteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme."
Entonces los justos le contestarán:
"Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?" Y el rey les dirá:
"Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis."
Y entonces dirá a los de su izquierda:
"Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestísteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis."
Entonces también éstos contestarán:
"Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?"
Y él replicará:
"Os aseguro que cada vez que no lo hicisteis con uno de éstos, los humildes, tampoco lo hicisteis conmigo."
Y éstos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.»

Palabra del Señor.

450. O bien:

Is 58, 1ab. 5-11: Parte tu pan con el hambriento

Escuchad ahora, hermanos, las palabras del profeta Isaías.

Grita a plena voz, sin cesar, alza la voz como una trompeta.
¿Es ése el ayuno que el Señor desea, para el día en que el hombre se mortifica?, mover la cabeza como un junco, acostarse sobre saco y ceniza, ¿a eso lo llamáis ayuno, día agradable al Señor? El ayuno que yo quiero es éste: Abrir las prisiones injustas, hacer saltar los cerrojos de los cepos, dejar libres a los oprimidos, romper todos los cepos; partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, vestir al que ves desnudo, y no cerrarte a tu propia carne. Entonces romperá tu luz como la aurora, en seguida te brotará la carne sana; te abrirá camino la justicia, detrás irá la gloria del Señor. Entonces clamarás al Señor, y te responderá; gritarás, y te dirá: «Aquí estoy.» Cuando destierres de ti la opresión, el gesto amenazador y la maledicencia, cuando partas tu pan con el hambriento y sacies el estómago del indigente, brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad se volverá mediodía. El Señor te dará reposo permanente, en el desierto saciará tu hambre, hará fuertes tus huesos, serás un huerto bien regado, un manantial de aguas cuya vena nunca engaña.

Palabra de Dios.

451. Pueden también leerse: Tb 12, 6-13; Si 3, 33—4, 11; Si 7, 36-39; Mc 2, 1-12; Lc 10, 25-37; Jn 13, 12-17.

452. Según las circunstancias, se puede decir o cantar un salmo responsorial u otro canto adecuado.

Salmo responsorial

Sal 33 (34), 2-3. 4-5. 6-7. 10-11. 12-13 (R.: 9a)

R. Gustad y ved qué bueno es el Señor.

Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren. R.

Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulté al Señor, y me respondió,
me libró de todas mis ansias. R.

Contempladlo, y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha
y lo salva de sus angustias. R.

Todos sus santos, temed al Señor,
porque nada les falta a los que le temen;
los ricos empobrecen y pasan hambre,
los que buscan al Señor no carecen de nada. R.

Venid, hijos, escuchadme:
os instruiré en el temor del Señor;
¿hay alguien que ame la vida
y desee días de prosperidad? R.

453.
O bien:

Sal 102 (103), 1-2. 3-4. 11-12. 13-14. 17-18

R. (8) El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia.

454. El celebrante, según las circunstancias, exhorta brevemente a los presentes, explicándoles la lectura bíblica, para que perciban por la fe el significado de la celebración.

PRECES

455.
Si se estima oportuno, antes de la oración de bendición puede hacerse la plegaria común. Entre las intercesiones que aquí se proponen, el celebrante puede seleccionar las que le parezcan más adecuadas o añadir otras más directamente relacionadas con las circunstancias de los socios o del momento.

Cristo, el Señor, aguantando nuestros sufrimientos y aguantando nuestros dolores, pasó haciendo el bien, dejándonos un ejemplo para que sigamos sus huellas. Cimentados en su amor, invoquémoslo diciendo:

R. Enséñanos, Señor, a servir a los hermanos.

Tú que te hiciste pobre por nosotros y viniste, no para que te sirvieran, sino para servir,
—concédenos amar a los hermanos y ayudarlos en sus necesidades. R.

Tú que con tu obra redentora hiciste un mundo nuevo en el que los hombres se sintieran solidarios unos de otros y se amaran entre sí,
—ayúdanos a trabajar con denuedo por la instauración de un modo de vivir auténticamente evangélico. R.

Tú que quieres que todos los hombres se beneficien de tus bienes,
—haz que surjan en tu pueblo personas generosas que, impulsadas por la caridad, se dediquen de buen grado a la asistencia de los pobres y necesitados. R.

Tú que quisiste que María, tu madre, fuera también madre nuestra,
—otórganos su protección para que sintamos continuamente su ayuda desde el cielo. R.

Sigue la oración de bendición, como se indica más adelante.

456. Cuando no se dicen las Preces, antes de la oración de bendición, el celebrante, con estas palabras u otras semejantes, invita a todos a orar, implorando la ayuda divina:

Oremos, queridos hermanos, a Dios, que es amor, para que nos inflame con el fuego de su Espíritu y nos haga fervorosos en el amor recíproco, como Cristo nos ha amado.

Y, según la oportunidad, todos oran durante algún tiempo en silencio.

Se destaca aquí el carácter litúrgico del silencio, que favorece otro modo de oración: el mental.

Sigue la oración de bendición.

ORACIÓN DE BENDICIÓN

457. El celebrante, con las manos extendidas, añade:

Bendito seas, Señor, Dios de misericordia, que en tu Hijo nos has dado un admirable ejemplo de caridad y por él nos has recomendado vivamente el mandato del amor; dígnate colmar de tus bendiciones + a estos servidores tuyos, que quieren dedicarse generosamente a la ayuda de los hermanos; haz que, en las necesidades urgentes, te sirvan fielmente con una entrega total en la persona del prójimo. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.
CONCLUSIÓN DEL RITO

458. Después de la oración de bendición, según las circunstancias, se canta la antífona:

La señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos será que os améis unos a otros.

V. Dijo Jesús a sus discípulos.—La señal.

459. O bien la siguiente (Ubi caritas):

Ant. Donde hay caridad y amor, allí está Dios.

Nos congregó y unió el amor de Cristo.
Regocijémonos y alegrémonos en él.

Temamos y amemos al Dios vivo,
y amémonos con corazón sincero.

Ant. Donde hay caridad y amor, allí está Dios.

Pues estamos en un cuerpo congregados,
cuidemos no se divida nuestro afecto.

Cesen las contiendas malignas, cesen los litigios,
y en medio de nosotros esté Cristo Dios.

Ant. Donde hay caridad y amor, allí está Dios.

Veamos juntamente con los santos,
tu glorioso rostro, ¡oh, Cristo Dios!

Éste será gozo inmenso y puro,
por los siglos de los siglos infinitos. Así sea.

U otro canto adecuado.

5 de septiembre de 2017, festividad de santa Teresa de Calcuta, virgen. Entrada dedicada a ella en el vigésimo aniversario de su muerte terrena.

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