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La verdadera Iglesia de Dios...

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sábado, 9 de junio de 2018

Liturgia y misterios del santo Rosario


 


Desde hace siglos, el santo Rosario se ha contado entre las oraciones más queridas por los fieles. Afortunadamente, no solo ha encontrado un lugar privilegiado en la devoción privada. De hecho, en las mismas iglesias, se ha difundido la costumbre de rezarlo incluso como preparación a la Santa Misa.


Los días

Tradicionalmente, eran quince los misterios que se meditaban en el santo Rosario: cinco gozosos, cinco dolorosos y cinco gloriosos.  Ellos se distribuían en los días de la semana de la siguiente manera:

mysteria gaudii (misterios de gozo): lunes y jueves.
mysteria doloris (misterios de dolor): martes y viernes.
mysteria gloriae (misterios de gloria): domingos, miércoles y sábados.

Desde el 16 de octubre de 2002, con la preciosa Carta Apostólica Rosarium Virginis Mariae, de san Juan Pablo II, el Rosario ha sido enriquecido con cinco misterios más, llamados "de luz" (mysteria lucis), referidos a la Vida pública de Jesús. Consecuentemente, se ha modificado parcialmente la distribución semanal, que ha quedado así:

mysteria gaudii: lunes y sábados.
mysteria doloris: martes y viernes, como siempre.
mysteria lucis: jueves.
mysteria gloriae: domingos y miércoles.


La modificación ocasional de los días propios de cada misterio

El santo Rosario, oración mariana por excelencia, es uno de los más entrañables ejercicios piadosos. Como todos ellos, ha de ordenarse a la liturgia de manera que esté en consonancia con ella. Nos lo dice el Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los sacramentos:


Con algunos ejemplos concretos, ilustremos lo dicho:

-El Domingo en que se celebra la fiesta del Bautismo del Jesús, (o el lunes, cuando esta ha sido desplazada por la solemnidad de la Epifanía del Señor, trasladada a dicho domingo por no ser de precepto), es pertinente elegir los misterios luminosos frente a los gloriosos, por celebrarse el primero de aquellos.

-Un domingo II del Tiempo Ordinario del Ciclo C, en el que se proclama el Evangelio de las Bodas de Caná, pueden preferirse los mysteria lucis, el segundo de los cuales contempla tal milagro. No puedo dejar de decir que en algún punto pueda ser discutible esto, en el sentido de que no hay una "fiesta litúrgica" de las Bodas de Caná sino una Misa dominical en un solo Ciclo del Tiempo Ordinario, en la que se proclama el Evangelio de ese misterio luminoso.

-Un jueves 2 de febrero, fiesta de la Presentación del Señor, es aconsejable escoger los misterios gozosos antes que los luminosos, por celebrarse el cuarto de aquellos.
-Un lunes 6 de agosto, fiesta de la Transfiguración del Señor, han de preferirse los misterios luminosos antes que los gozosos, por celebrarse el cuarto de aquellos.

-Un martes 15 de agosto, son más oportunos los misterios gloriosos que los dolorosos, por celebrarse  el cuarto de aquellos.

-Y un viernes 22 de agosto, memoria litúrgica de la Realeza de María, conviene decidirse por los misterios gloriosos en lugar de los dolorosos, por celebrarse el último de aquellos.

-Asimismo, durante los días de la Semana Santa, (y acaso también el Miércoles de Ceniza, debido a su carácter penitencial),  es conveniente meditar los mysteria doloris del Santo Rosario, salvo el Jueves Santo, en que son más propios los luminosos, no solo porque es el día semanal que se les ha asignado sino sobre todo porque cada Jueves Santo hace memoria anual del quinto de ellos: "La Institución de la Santísima Eucaristía".

-Según el mismo criterio, en los días de la Octava de Pascua, que constituyen litúrgicamente "un único día de fiesta", es aconsejable optar por los mysteria gloriae. Por igual razón, para los días de la Octava de Navidad, son preferibles los mysteria gaudii.

-Cuando la solemnidad del Cuerpo y la Sangre del Señor, por no ser de precepto, se traslada al domingo siguiente, es aconsejable optar por los mysteria lucis antes que por los mysteria gloriae dominicales porque, al igual que en el Jueves Santo -aunque sin las restricciones litúrgicas propias de la Semana Santa-,  se está haciendo memoria del quinto de aquellos: "La Institución de la Santísima Eucaristía".

-Cuando la solemnidad de la Ascensión del Señor, por ser de precepto, permanece en el día que le es propio (jueves de la semana VI del Tiempo de Pascua) y por ser de precepto, no se traslada al domingo siguiente, conviene que los mysteria gloriae primen frente a los mysteria lucis propios del jueves, por celebrarse el segundo de aquellos.


La modificación interna de la enunciación de los misterios:

Aunque engendrados por la fe de todo un pueblo, los veinte misterios del Rosario no son una fórmula sacramental que deba permanecer inalterable. Es por ello por lo que el arriba citado Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, autoriza a realizar oportunas sustituciones de los misterios tradicionales, siempre con el objetivo de mantener la necesaria sintonía con la liturgia. Este documento propone un ejemplo muy concreto al respecto, al dar a entender claramente que nada impide que en la solemnidad de la Epifanía del Señor, habiendo elegido los mysteria gaudii, se sustituya el último de ellos ("La pérdida y el hallazgo del Niño Jesús en el Templo") por otro tal como: "La Adoración de los Magos". (Cf. n. 200). Como se puede advertir, no estamos hablando solamente de eventuales modificaciones hechas en los días habituales de cada misterio, como más arriba, sino del elenco y la enunciación de los mismos misterios.

En todo caso, siempre hay que tener en cuenta que, como dice el mismo texto citado, "este tipo de sustituciones se debe realizar con ponderación, fidelidad a la Escritura y corrección litúrgica". (Cf. ídem).

Consideremos otros casos en que podría ser pertinentes estas modificaciones::

El 8 de diciembre, solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María, al meditar el Rosario con los mysteria gaudii, para no omitir el primero debido a su importancia, puede obviarse el último ("La pérdida y hallazgo de Jesús en el Templo"), enunciando como primero el siguiente: "La Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen". "La Anunciación del Señor" sería el segundo, sin modificar los tres que siguen hasta completar el número de cinco, contemplando "La Presentación del Señor en el Templo".

-El 3 de enero, memoria litúrgica del Santísimo Nombre de Jesús, sobre todo allí donde se celebre con un rango litúrgico superior, puede reemplazarse el segundo misterio gozoso ("La Visitación de la Virgen a su prima santa Isabel") por otro que se enuncie con estas u otras palabras semejantes: "La Circuncisión y la imposición del Santísimo Nombre a Jesús".


-El 8 de septiembre, fiesta de la Natividad de la Santísima Virgen María, se puede proceder como en el 8 de diciembre (v. supra), anteponiendo igualmente al tradicional primer misterio gozoso ("La Anunciación del Señor"), otro que se enuncie así o de otra manera similar: "La Natividad de nuestra Señora". Lo mismo vale para las memorias litúrgicas del Santísimo Nombre (12/09) y de la Presentación de María en el Templo (21/11), sobre todo allí donde se celebren con un rango litúrgico superior. Los misterios gozosos añadidos  pueden expresarse así, respectivamente (siempre antes de la Anunciación): "La imposición del Santísimo Nombre de María"; "La Presentación de la Santísima Virgen en el Templo".

El 14 de septiembre, fiesta de la Exaltación de la santa Cruz, puede optarse por los mysteria doloris, que contemplan más directamente la Pasión del Señor. En este caso, el quinto misterio puede enunciarse así:  "La Crucifixión, Muerte y Exaltación de nuestro Señor Jesucristo en la Cruz". Aunque tampoco sería desatinado elegir los mysteria gloriae, pues esta fiesta de la Cruz nos invita a meditar sobre los frutos de la Pasión de Aquel que habiendo sido crucificado y muerto, ha resucitado y vive para siempre en la gloria, siendo dicha Cruz, signo de triunfo y gloria, y ancla de salvación. El primer misterio de gloria puede enunciarse con la siguiente expresión o con alguna otra que se le parezca: "La Resurrección de Aquel que ya en la Cruz triunfó y fue exaltado".


Festividades de santos enunciadas en los misterios del Rosario

La introducción de nombres de otros santos en la enunciación de misterios del santo Rosario ha de realizarse con toda prudencia, habida cuenta de que estamos en presencia de una plegaria mariana de carácter cristológico. Esto quiere decir que en tal enunciación es necesario que sea explícita la relación del santo con los misterios de Jesús y María, en orden a los cuales debe realizarse la redacción, evitando cualquier riesgo de oscurecimiento o tergiversación de estos.

Veamos unos pocos ejemplos, considerando las festividades de los santos que se hallan más íntimamente ligados al misterio de la Redención:

El 19 de marzo, solemnidad de san José, Esposo de la Santísima Virgen María, puede ser factible optar por los mysteria gaudii, debido a que son aquellos que el santo Carpintero vivió con Jesús y María. A este respecto, se puede "completar", por ejemplo, la enunciación del primero, de la siguiente manera: "El Anuncio de la Encarnación del Señor a María y la revelación de este gran Misterio a José". O más sencillo, aunque menos preciso: "La Anunciación angélica del Misterio de la Encarnación a María y a José".

El 24 de junio, solemnidad de la Natividad de san Juan Bautista, es aconsejable elegir los mysteria gaudii por la íntima conexión entre estos y la venida del santo Precursor al mundo. El segundo de esos misterios gozosos, que nos sitúa en el tiempo cronológico  de los hechos, puede "completarse" de la siguiente manera: "La Visitación de la Virgen María a los esposos Zacarías e Isabel, y el Nacimiento de Juan, el Precursor". (Nótese la pretendida mención de los padres del santísimo Profeta, hecha con el objetivo de "enriquecer" la expresión del misterio). El tercer misterio gozoso puede enunciarse así: "El Nacimiento de Jesucristo, a Quien Juan precedió".

El 29 de agosto, memoria litúrgica del martirio del mismo san Juan Bautista, sin desplazar ni relegar ninguno de los mysteria doloris, el último de ellos puede expresarse así: "La Crucifixión y Muerte de Jesús, el Cordero de Dios al que Juan anunció y precedió en el martirio".

De la misma manera, cualesquiera otros santos pueden, con la debida prudencia, ser mencionados en los mysteria del santo Rosario pero sin desvirtuar la naturaleza de estos. Por ejemplo, el 29 de junio, solemnidad del martirio de los santos Apóstoles Pedro y Pablo, si se escogen los mysteria doloris, el último de ellos puede mencionarse así: "La Crucifixión y Muerte de nuestro Señor Jesucristo, a la que se asociaron Pedro y Pablo con su vida y martirio". Si se trata de otros santos, se los puede nombrar de la misma manera, según el caso: "...a la que N se asoció con su vida (y/o) martirio". De idéntica manera, si los elegidos son los mysteria gloriae, con Pedro y Pablo, el primero de dichos misterios puede expresarse de este modo: "La Resurrección de nuestro Señor Jesucristo, que produjo fruto abundante en (la Pascua de) Pedro y Pablo". (O en la de N). Si se han preferido los mysteria gaudii, el primero de ellos para cualquier santo puede redactarse así: "La Anunciación del ángel a María, cuyo sí incondicional imitó N", o "La Encarnación del Hijo de Dios en el seno de María y su obra santificadora en N". Y si los seleccionados son los mysteria lucis, el texto adaptado del último de ellos puede ser este: "La Institución de la Santísima Eucaristía, de la que se alimentó N" o "Germen de Vida eterna en N".

Las precedentes son solamente algunas sugerencias realizadas a la luz de lo sugerido en el número 200 del mencionado "Directorio". Nótese que en ninguna de ellas dejan de ser  Jesús y María los protagonistas de la meditación que ilumina el santo Rosario, y que toda modificación, lejos de ser azarosa, se realiza a la luz de los misterios tradicionales o a partir de otros de singular importancia, con sustento bíblico, teológico, dogmático y magisterial.


Ojalá la presente entrada nos ayude a revalorizar este amado ejercicio de piedad a la luz del tesoro precioso de la liturgia de la Iglesia. Nos lo conceda María, Regina Sacratissimi Rosarii.


9 de junio de 2018, memoria litúrgica del Inmaculado Corazón de María. Entrada dedicada a Nuestra Señora.

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