Latín
Deus, qui nobis sub sacraménto mirábili passiónis tuæ memóriam reliquísti, tríbue, quǽsumus, ita nos Córporis et Sánguinis tui sacra mystéria venerári, ut redemptiónis tuæ fructum in nobis iúgiter sentiámus. Qui vivis et regnas cum Deo Patre in unitáte Spíritus Sancti, Deus, per ómnia sǽcula sæculórum.
Español
"Dios, que nos dejaste, en este admirable Sacramento, el memorial de tu Pasión, haz que veneremos de tal manera los sagrados Misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que podamos experimentar siempre en nosotros el fruto de tu redención. Tú, que vives y reinas con Dios Padre, en unidad del Espíritu Santo, y eres Dios, por los siglos de los siglos".
1. Origen y contexto litúrgico
La oración aparece en el contexto de la institución de la fiesta por parte del Papa Urbano IV, en el siglo XIII. Es el "sello" de la devoción eucarística. Su estructura es una sola frase larga, un periodus latino perfecto, que va desde la anamnesis (el recuerdo) hasta la petición de los frutos de la gracia.
2. Análisis filológico
Sacraménto mirábili: la palabra mirábili (admirable, asombroso) no es un simple adjetivo. En la teología de santo Tomás, indica aquello que suscita admiración porque sus causas están ocultas a los sentidos.
Memóriam: En latín litúrgico, memória no es un recuerdo subjetivo de algo pasado. Es la traducción del término griego anámnesis: un hacer presente hoy el Sacrificio de la Pasión.
Venerári: distinto de adoráre en este contexto sintáctico, aunque en este caso implica adoración. Sugiere un culto lleno de reverencia y asombro sagrado ante los sagrados Misterios.
Iúgiter: este adverbio indica constancia, una corriente que no se interrumpe. El fruto de la redención debe sentirse "siempre".
3. Análisis exegético: la Pasión y el Sacramento
El texto establece una identidad teológica entre el Sacramento y la Pasión:
Reliquísti (nos dejaste): exegéticamente, conecta con la Última Cena (Lucas 22, 19). El Santísimo Sacramento es el testamento de Cristo. No es algo que la Iglesia inventó, sino algo "dejado" por Él.
Córporis et Sánguinis: la mención explícita de ambos elementos subraya la realidad de la inmolación. En la Cruz, el Cuerpo y la Sangre se separaron; en este Sacramento, se presentan bajo signos distintos para recordar la Muerte, aunque Cristo esté vivo y entero en ambos.
Redemptiónis fructum: alude a los efectos de la salvación (gracia, perdón, vida eterna). La Eucaristía no es un fin en sí misma, sino el vehículo para que el "fruto" de la Cruz llegue al creyente.
4. Análisis hermenéutico: El sentir de la gracia
A. La percepción (sentiámus)
Es muy significativo el uso del verbo sentiámus (que sintamos/experimentemos). La hermenéutica tomista no es solo intelectual; pide que la redención tenga un impacto en la sensibilidad y la conciencia del fiel. No basta con que la redención "esté" ahí; el fiel pide tener la experiencia vital de sus efectos.
B. El Sacramento como "espejo" de la Pasión
La oración propone que la forma de venerar los misterios (ita... venerári) debe ser tal que produzca el fruto. Hay una relación de proporcionalidad: la calidad de nuestra veneración está ligada a la percepción de la gracia. Es una hermenéutica de la disposición: el Sacramento actúa ex opere operato, pero su fruto se percibe según la apertura del sujeto.
C. La unidad trinitaria
La conclusión (Qui vivis et regnas...) es la fórmula larga, que sitúa el culto eucarístico en el seno de la Trinidad. Adorar el Cuerpo de Cristo es entrar en la unidad del Padre y del Espíritu Santo.
5. Conclusión: el misterio del tiempo
Esta oración resuelve el problema del tiempo:
Pasado: Reliquísti (lo que Cristo hizo).
Presente: Venerári / Sentiámus (lo que hacemos y recibimos ahora).
Eternidad: per ómnia sǽcula sæculórum (El horizonte final).
Es la oración perfecta para el viátor (caminante) que, mientras vive en el tiempo, se alimenta de lo eterno bajo el "Sacramento admirable".
6 de junio de 2026, I Vísperas de la solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo.
Entrada dedicada a Jesús Sacramentado y a uno de sus más fervientes y verdaderos adoradores en la historia: santo Tomás de Aquino.

Gracias por este análisis... Santísimo Jesús Sacramentado bendícenos hoy y siempre. Saludos.
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