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domingo, 29 de mayo de 2016

Bendición del cáliz y la patena




El capítulo XXXV del Bendicional, en la parte referida a la "bendición de las cosas destinadas a la liturgia y a la devoción", comienza por los objetos litúrgicos, y ofrece en primer lugar una importante bendición de los dos principales "vasos sagrados" (Cf. infra, 1186). Comparto con los lectores la introducción general a la mencionada parte, seguida del rito de la bendición del cáliz y la patena:

1180. Entre las cosas pertenecientes al culto, las hay que por su naturaleza merecen una atención especial. Por eso es aconsejable bendecirlas antes de empezar a hacer uso de ellas.

1181. El cáliz y la patena se bendicen según el rito descrito en el Pontifical Romano (30). De lo que se deduce que, en cuanto sea posible, conviene que el mismo obispo -por ejemplo, cuando realice la visita pastoral a alguna parroquia-, sea el que bendiga el cáliz y la patena con los que, en comunión con él, con sus hermanos en el episcopado, y con el Papa, los sacerdotes celebrarán el único Sacrificio del Señor junto a la porción de la grey de Cristo que dicho obispo les haya encomendado. No obstante lo dicho, como especifica más abajo el ritual, cualquier ministro ordenado puede bendecir los objetos sagrados. Por razones de utilidad práctica, dicho rito se incluye también en este capítulo.

1182. Conviene asimismo bendecir el copón o píxide, la custodia, los ornamentos sagrados, así como los lienzos, es decir, los corporales y los manteles, que normalmente se usan en las celebraciones litúrgicas. Y esto, por la razón aducida en el anterior parágrafo 1180.

1183. Los objetos que se han de bendecir para los oficios litúrgicos deben responder a las normas establecidas por la autoridad legítima; o sea, que han de ser bellos y confeccionados con exquisita elegancia, aunque evitando siempre la mera suntuosidad. Adviértase que el sabio equilibrio entre estos requisitos asegura la dignidad requerida por los objetos sagrados para su uso litúrgico permanente.

1184. Es recomendable bendecir varios objetos con un solo rito, ya sea dentro de la Misa ya sea en alguna celebración en la que los fieles participen oportunamente. Si se trata de bendecir un solo objeto, puede entonces emplearse el Rito breve fuera de la Misa.

1185. El Rito breve fuera de la Misa puede utilizarlo también el diácono.

I. BENDICIÓN DEL CÁLIZ Y DE LA PATENA

1186. El cáliz y la patena, en los cuales se ofrecen, se consagran y se reciben el vino y el pan, por estar destinados de manera exclusiva y estable a la celebración de la Eucaristía, llegan a ser «vasos sagrados».

1187. El propósito de reservar estos vasos únicamente para la Eucaristía se manifiesta ante la comunidad de los fieles mediante una bendición especial que es aconsejable hacer dentro de la Misa.

1188. Cualquier sacerdote puede bendecir el cáliz y la patena con tal de que estén fabricados según las normas indicadas en los núms. 290-295 de la Ordenación general del Misal romano.

1189. Si sólo se bendice el cáliz o sólo la patena se adaptarán los textos.

A. RITO DE LA BENDICIÓN DENTRO DE LA MISA

1190. En la Liturgia de la Palabra, salvo en los días inscritos en los números 1-9 de la Lista de días litúrgicos, puede leerse una o dos lecturas de los textos propuestos a continuación:

PRIMERA LECTURA

1191. El lector, uno de los presentes o el mismo sacerdote (si ninguno de los fieles presentes fuera idóneo para esta proclamación), lee un texto de la Sagrada Escritura:

I Co 10, 14-22: El cáliz de la bendición que bendecimos, ¿no es comunión con la Sangre de Cristo?

Amigos míos: No tengáis que ver con la idolatría. Os hablo como a gente sensata, formaos vuestro juicio sobre lo que digo. El cáliz de la bendición que bendecimos, ¿no es comunión con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo? El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan. Considerad al Israel según la carne: los que comen de las víctimas se unen al altar, ¿qué quiero decir? ¿Que las víctimas son algo o que los ídolos son algo? No, sino que los gentiles ofrecen sus sacrificios a los demonios, no a Dios, y no quiero que os unáis a los demonios. No podéis beber de los dos cálices, del cáliz del Señor y del de los demonios. No podéis participar de las dos mesas, de la del Señor y de la de los demonios. ¿Vamos a provocar al Señor? ¿Es que somos más fuertes que él?

Palabra de Dios.

1192. Puede también leerse: I Co 11, 23-26.

SALMO RESPONSORIAL

1193. A continuación se dice o se canta un salmo responsorial.

Salmo responsorial

Sal 22 (23), l-3a. 3b-4. 5. 6 (R.: 5a. d)

R. Preparas una mesa ante mí, y mi copa rebosa.

El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar; R.

me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas;
me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre. R.

Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan. R.

Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa. R

Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término. R.

1194. O bien:

Sal 15 (16), 5 y 8. 9-10. 11

R. (5a) El Señor es el lote de mi heredad y mi copa.

EVANGELIO

1195.

La siguiente página evangélica es la misma de la liturgia de la solemnidad del Cuerpo y la Sangre del Señor, en el Ciclo C:

Cogiendo una copa, pronunció la acción de gracias, se la dio, y todos bebieron

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 14, 12-16. 22-26

El primer día de los Ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron a Jesús sus discípulos:
—«¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?»
Él envió a dos discípulos, diciéndoles:
—«Id a la ciudad, encontraréis un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo y, en la casa en que entre, decidle al dueño: "El Maestro pregunta: ¿Dónde está la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?"
Os enseñará una sala grande en el piso de arriba, arreglada con divanes. Preparadnos allí la cena.»
Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la cena de Pascua.
Mientras comían, Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio, diciendo:
—«Tomad, esto es mi cuerpo.»
Cogiendo una copa, pronunció la acción de gracias, se la dio, y todos bebieron. Y les dijo:
—«Ésta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos. Os aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el reino de Dios.»
Después de cantar el salmo, salieron para el monte de los Olivos.

Palabra del Señor.

1196. O bien:

Mt. 20, 20-28: Mi cáliz lo beberéis.

En aquel tiempo, se acercó a Jesús la madre de los Zebedeos...

1197. Después de la lectura de la palabra de Dios, el sacerdote hace la homilía, en la cual explica las lecturas bíblicas y el sentido de la bendición del cáliz y de la patena que se usan en la celebración de la Cena del Señor.

1198. Terminada la oración de los fieles, los ministros, o los delegados de la comunidad que ofrece el cáliz y la patena, los colocan sobre el altar. (Es sugestivo que se proponga aquí la alternativa de que "los delegados de la comunidad" puedan "ofrecer" el cáliz y la patena, y "colocarlos sobre el altar". La expresión disyuntiva "ministros o delegados" da a entender aquí que, dado el caso, los segundos no se desempeñan como ministros en la Misa, sino que solamente se limitan a depositar sobre el altar los vasos sagrados que han ofrecido, con lo que se pone de relieve esta actitud oferente en la comunidad que celebra el Sacrificio del que todos son partícipes). Luego, el sacerdote se dirige al altar. Mientras tanto, se canta la antífona siguiente u otro canto adecuado:

Alzaré la copa de la salvación, invocando el nombre del Señor.

1199. Terminado el canto, el sacerdote dice:

Oremos.

Todos oran, por unos instantes, en silencio. Luego, el sacerdote dice:

Sobre tu altar, Señor Dios, colocamos, alegres, este cáliz y esta patena,  para celebrar el Sacrificio de la nueva alianza (1); que el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, que en ellos se ofrecen y se reciben, santifiquen estos vasos (2). Concédenos, Señor Dios nuestro, que, al celebrar el Sacrificio de tu Hijo, nos fortalezcamos con tus sacramentos y seamos penetrados por tu Espíritu (3), hasta que podamos gozar con tus santos del banquete del reino celestial (4). A ti la gloria y el honor, Señor Dios nuestro.

Todos responden:

Bendito seas por siempre, Señor.

(1) La bendición de los vasos sagrados restringe su uso y lo hace exclusivo del Santo Sacrificio de la Misa.
(2) Dicha bendición es un sacramental que recibe su validez y queda confirmado en el mismo contacto con el Cuerpo y la Sangre del Señor, los Cuales, ofrecidos en Sacrificio, son los que realizan en plenitud la consagración de los vasos sagrados.
(3) La mención general de todos los sacramentos quiere expresar la realidad de la Suprema Excelencia de la Eucaristía. De hecho, en la actualización del Sacrificio Pascual de Cristo mediante la Ofrenda del Cuerpo glorioso y de la Preciosísima Sangre, reciben su eficacia todos los otros sacramentos. Más aun, la existencia misma de la Iglesia en tanto mística Esposa del Cordero y dispensadora de las divinas gracias, depende absolutamente del Sacramento eucarístico.
(4) La oración se concluye con la alusión a la meta final que asegura nuestra participación en el Santo Sacrificio: el Convite de la Pascua eterna.
1200. Luego, los ministros extienden el corporal sobre el altar. (El corporal sobre el mantel -blancos ambos- jamás debe faltar cuando se deban depositar en el Altar la Custodia, el copón o la patena con las Sagradas Formas, o el Cáliz con la Preciosísima Sangre). Algunos fieles traen el pan, el vino y el agua para la Eucaristía. El sacerdote coloca los dones sobre la patena y el cáliz recién bendecidos, y los presenta como de costumbre. Mientras tanto, se canta la antífona siguiente:

R- Alzaré la copa de la salvación, y te ofreceré un sacrificio de alabanza.

Con el salmo 115 (116), u otro canto adecuado:

Salmo 115 (116)

Tenía fe, aun cuando dije:
«¡Qué desgraciado soy!»
Yo decía en mi apuro:
«Los hombres son unos mentirosos.» R.

¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando su nombre.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo. R.

Mucho le cuesta al Señor
la muerte de sus fieles.
Señor, yo soy tu servidor,
servidor tuyo, hijo de tu esclava;
rompiste mis cadenas. R.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo,
en el atrio de la casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén. R.

1201. Después de la oración de bendición: In spíritu humilitatis, conviene que el sacerdote inciense los dones y el altar. Conviene que también los fieles reciban la Sangre de Cristo del cáliz recién bendecido, si las circunstancias lo permiten.

Detengámonos en cada "conviene que". Del primero se infiere que el uso del incienso es optativo aunque aconsejable. Del segundo se deduce que es oportuno dar la Comunión bajo las dos especies; se menciona solamente la Sangre porque se supone que en toda Misa los fieles comulgan con el Cuerpo del Señor.

B. RITO DE LA BENDICIÓN FUERA DE LA MISA

1202. Reunido el pueblo, el sacerdote, revestido de alba o sobrepelliz y con estola, se dirige a la sede. Mientras, se puede cantar la antífona siguiente u otro canto adecuado:

Alzaré la copa de la salvación, y te ofreceré un sacrificio de alabanza.

Con el salmo 115 (116), como en el formulario anterior, p. 539 (es la cita de la página del Bendicional en su edición en papel) u otro canto adecuado.

1203. El sacerdote saluda al pueblo con estas palabras u otras tomadas preferentemente de la Sagrada Escritura:

La gracia de nuestro Señor Jesucristo, que ofreció su Cuerpo y su Sangre por nuestra salvación, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén con todos vosotros. (La oración gramatical de relativo que acabo de remarcar es un añadido a uno de los saludos litúrgicos, de origen paulino, del Misal Romano).

El pueblo contesta:

Y con tu espíritu.

O bien, otras palabras adecuadas.

1204. Luego, el sacerdote habla brevemente a los fieles a fin de prepararlos para la celebración e ilustrar sobre el sentido de la misma.

1205. Después, se lee uno o varios textos de la Sagrada Escritura, seleccionados de preferencia entre los propuestos anteriormente (núms. 1191-1196) intercalando un salmo responsorial apropiado, o un espacio de silencio.

1206. Después de la lectura de la Palabra de Dios, el sacerdote hace la homilía, en la cual explica las lecturas bíblicas y el sentido de la bendición del cáliz y de la patena que se usan en la celebración de la Cena del Señor.

1207. Terminada la homilía, los ministros, o los delegados de la comunidad que ofrece el cáliz y la patena, los colocan sobre el altar. (Adviértase que, para este rito, aun fuera de la Misa, los vasos sagrados se colocan sobre el altar puesto que solamente allí serán usados cuando se celebre la Misa. Es el único caso en que se permite que el objeto sobre el que se impetra la bendición divina sea depositado en el altar. En efecto, el altar es el ara del Sacrificio del Señor, por lo que ni en la Misa ni fuera de ella puede colocarse sobre él nada que sea ajeno a la celebración de este Sacrificio. Así, fuera del Misal y los vasos sagrados se puede depositar sobre el altar una Cruz con la efigie del Señor Crucificado, y eventualmente cirios y flores -aunque es preferible que estos dos últimos se coloquen cerca del altar). Luego, el sacerdote se dirige al altar. Mientras, se puede cantar la antífona siguiente u otro canto adecuado:

Alzaré la copa de la salvación, invocando el nombre del Señor.

1208. Entonces, el sacerdote dice:

Oremos.

Todos oran, por unos instantes, en silencio. Luego, el sacerdote continúa:

Dirige, Padre, tu mirada bondadosa sobre estos hijos tuyos que han colocado sobre tu altar, llenos de gozo, este cáliz y esta patena; santifica con tu bendición + estos recipientes, ya que tu pueblo, con unánime consenso, ha determinado destinarlos a la celebración del Sacrificio de la nueva alianza. Haz también que nosotros que, al celebrar los sagrados Misterios, nos fortalecemos con tus sacramentos, seamos penetrados de tu Espíritu, hasta que podamos gozar con tus santos del banquete del reino celestial. A ti la gloria y el honor, Señor Dios nuestro.

Nótese que en la oración de bendición "dentro de la Misa" (Cf. supra, 1199), se pide que el Cuerpo y la Sangre del Señor "ofrecidos y recibidos" sean los que "santifiquen" en ese acto los vasos sagrados. Aquí, en cambio, son bendecidos del modo acostumbrado.

Todos responden:

Bendito seas por siempre, Señor.

1209. Después, se hace la oración de los fieles, en la forma acostumbrada en la celebración de la Misa o bien en la forma que aquí se propone.

Invoquemos a Jesús, el Señor, que se entrega sin cesar a la Iglesia como Pan de vida y Copa de la salvación, y digámosle confiadamente: (si bien los términos "copa" y "cáliz" suelen usarse como sinónimos, es mucho más propio el segundo vocablo, cuando aludimos a la Pasión del Señor, pues transmite con mayor claridad la idea bíblica de sufrimiento)

R. Cristo, Pan celestial, danos la vida eterna.

Salvador nuestro, que sometiéndote a la voluntad del Padre, bebiste, por nuestra salvación, el cáliz de la pasión,
— concédenos que, uniéndonos al misterio de tu muerte, alcancemos el reino de los cielos. R.

Sacerdote del Altísimo, que estás presente, aunque oculto, en el Sacramento del altar,
— haz que los ojos de nuestra fe vean lo que se esconde a nuestra mirada corporal. R.

Buen Pastor, que te das a los discípulos como comida y bebida,
— haz que, saciándonos de ti, en ti nos transformemos. R.

Cordero de Dios, que mandaste a la Iglesia celebrar el misterio pascual con los signos del pan y el vino,
— haz que el memorial de tu muerte y resurrección sea para todos los creyentes fuente y culminación de toda su vida espiritual. R.

Hijo de Dios, que con el Pan de vida y la Bebida de salvación sacias de modo admirable el hambre y sed de ti,
— haz que en el misterio de la Eucaristía nos llenemos de caridad hacia ti y hacia todos los hombres. R.

De profunda riqueza teológica son las preces "eucarísticas" precedentes, que bien podrían emplearse en alguna otra celebración, como por ejemplo, en la Misa In Cena Domini o en la solemnidad del Cuerpo y la Sangre del Señor.

1210. Luego, el sacerdote puede introducir la oración del Señor con estas palabras u otras semejantes:

Como culminación de nuestras peticiones, digamos ahora la oración de Cristo mismo, el cual, clavado en la cruz, fue mediador de nuestra salvación y, por su obediencia perfecta a la voluntad del Padre, fue Maestro excelente de oración.

Todos recitan la oración del Señor.

El sacerdote añade a continuación:

Señor Dios, que por la muerte y resurrección de tu Hijo redimiste a todos los hombres, conserva en nosotros la obra de tu amor, para que, venerando constantemente el misterio de Cristo, consigamos el fruto de nuestra salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

1211. Finalmente, el sacerdote bendice al pueblo en la forma acostumbrada y lo despide, diciendo:

Podéis ir en paz.

Todos:

Demos gracias a Dios.


30 Cf. Ritual de la Dedicación de iglesias y de altares, Bendición del cáliz y de la patena.


29 de mayo de 2016, (en muchos países), solemnidad del Cuerpo y la Sangre del Señor, (trasladada del jueves 26). Entrada dedicada a Jesús Eucaristía.

Icono de Cristo, "Cáliz inagotable"

domingo, 22 de mayo de 2016

Bendición para diversas ocasiones


 


Texto comentado

Bendicional:
en negro; (oración de bendición: negrita cursiva).

 
(Se conservan los números de secciones y parágrafos tal y como se hallan en el Bendicional: negrita. También en negrita me permito realzar algunas cuestiones litúrgicas del texto del Bendicional, incisos que, a mi criterio, merecen especial consideración).
Comentarios del blog: azul.
 
El capítulo XLVlll del Bendicional presenta el siguiente rito de "bendición para diversas ocasiones", que puede emplearse, a criterio del ministro sagrado, para aquellas bendiciones que carezcan de formulario propio en este libro litúrgico:


1437. Se ofrece aquí un rito de celebración destinado a santificar con una bendición especial todas aquellas circunstancias de la vida que en los ritos precedentes no se indican de manera expresa (por ejemplo, una reunión de los miembros de alguna familia o grupo para celebrar un acontecimiento determinado, o un conjunto de cosas destinadas a los pobres, etc.). De modo que, cualquier reunión de personas, u objeto, aunque no revistan carácter estrictamente religioso, pueden ser bendecidos, siempre que, por supuesto, no exista una contradicción entre aquello que se va a bendecir y los valores cristianos (Cf. infra, 1438). Este rito, al proponer varios textos de libre elección, puede acomodarse fácilmente a las diversas circunstancias.

1438.
Este rito no pretende en absoluto invalidar los principios. No es conveniente, en efecto, pretextar cualquier motivo (por ejemplo, la erección de un monumento cualquiera, la inauguración de unos instrumentos bélicos recién construidos u otras motivaciones similares) para celebrar una bendición. Cada celebración debe siempre someterse a un ecuánime criterio pastoral, sobre todo si se prevé el riesgo de que tal celebración pudiera causar extrañeza en los fieles o en los demás asistentes.

 Significativa es esta última disyunción, puesto que da cuenta de que no todos los asistentes a estas celebraciones son fieles que asiduamente vivan su fe. Por el contrario, muchos, a veces ni son creyentes. En todo caso, siempre han de ser fraternalmente acogidos.

1439. El rito que aquí se describe pueden utilizarlo el sacerdote, el diácono, o un laico, con los ritos y preces previstos para el laico; todos éstos, respetando la estructura y sus principales elementos, adaptarán cada una de sus partes a las circunstancias de las personas y del lugar.
RITO DE LA BENDICIÓN

RITOS INICIALES

1440. Reunida la comunidad, el ministro dice:

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Todos se santiguan y responden:

Amén.

1441. Luego el ministro, si es sacerdote o diácono, saluda a los presentes diciendo:

Dios, fuente de todo bien, esté con todos vosotros.

U otras palabras adecuadas, tomadas preferentemente de la sagrada Escritura.

Todos responden:

Y con tu espíritu.

O de otro modo adecuado.

1442. Si el ministro es laico, saluda a los presentes, diciendo:

Bendigamos, hermanos, a Dios, fuente de todo bien.

Todos responden:

Amén.

Adviértase en este saludo como en todas las fórmulas litúrgicas, el tradicional empleo de la segunda persona del plural gramatical por parte de los ministros ordenados, y de la primera del mismo plural cuando se trata de los laicos.

1443. El ministro dispone a los presentes a recibir la bendición, con estas palabras u otras semejantes:

Todo lo que Dios ha creado y sustenta, todos los acontecimientos que él dirige con su providencia, así como las buenas obras de los hombres que induzcan al bien, son motivo para que los fieles bendigan, de corazón y de palabra, a Dios, origen y fuente de todo bien. Con esta celebración, nosotros profesamos nuestra fe en el hecho de que a los que temen y aman a Dios todo les sirve para el bien, así como nuestra convicción de que siempre y en toda situación debemos buscar la ayuda divina para que, uniéndonos a la voluntad de nuestro Padre, podamos hacerlo todo para gloria de Dios en Cristo.

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS

1444.
Luego el lector, uno de los presentes o el mismo ministro lee un texto de la Sagrada Escritura.

Col 1, 9b-14: Fructificad en toda clase de obras buenas

Escuchad ahora, hermanos, las palabras del apóstol san Pablo a los Colosenses.

No dejamos de rezar a Dios por vosotros y de pedir que consigáis un conocimiento perfecto de su voluntad, con toda sabiduría e inteligencia espiritual. De esta manera, vuestra conducta será digna del Señor, agradándole en todo; fructificaréis en toda clase de obras buenas y aumentará vuestro conocimiento de Dios. El poder de su gloria os dará fuerza para soportar todo con paciencia y magnanimidad, con alegría, dando gracias al Padre, que os ha hecho capaces de compartir la herencia del pueblo santo en la luz. Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas, y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido, por cuya sangre hemos recibido la redención, el perdón de los pecados.

Palabra de Dios.

1445. O bien:

Rm 8, 24-28: El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad

Escuchad ahora, hermanos, las palabras del apóstol san Pablo a los Romanos.

En esperanza fuimos salvados. Y una esperanza que se ve ya no es esperanza. ¿Cómo seguirá esperando uno aquello que se ve? Cuando esperamos lo que no vemos, aguardamos con perseverancia. Pero además el Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad, porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables. Y el que escudriña los corazones sabe cuál es el deseo del Espíritu, y que su intercesión por los santos es según Dios.

Palabra de Dios.

1446. O bien:

l Tm 4, 4-5: Todo lo que Dios ha creado es bueno

Escuchad ahora, hermanos, las palabras del apóstol san Pablo a Timoteo.

Todo lo que Dios ha creado es bueno; no hay que désechar nada, basta tomarlo con agradecimiento, pues la palabra de Dios y nuestra oración lo consagran.

Palabra de Dios.

1447. Pueden también leerse: Nm 6, 22-27; Dt 33, 1. 13b-16a; Sb 13, 1-7; Si 18, 1-9.

1448. Según las circunstancias, se puede decir o cantar un salmo responsorial u otro canto adecuado.

Salmo responsorial

Sal 104 (105), 1-2. 3-4. 5 y 7. 8-9 (R.: 43)

R. El Señor sacó a su pueblo con alegría.

Dad gracias al Señor, invocad su nombre,
dad a conocer sus hazañas a los pueblos.
Cantadle al son de instrumentos,
hablad de sus maravillas; R.

gloriaos de su nombre santo,
que se alegren los que buscan al Señor.
Recurrid al Señor y a su poder,
buscad continuamente su rostro. R.

Recordad las maravillas que hizo,
sus prodigios, las sentencias de su boca.
El Señor es nuestro Dios,
él gobierna toda la tierra. R.

Se acuerda de su alianza eternamente,
de la palabra dada, por mil generaciones;
de la alianza sellada con Abrahán,
del juramento hecho a Isaac. R.

1449. O bien:

Sal 105 (106), 2-3. 4-5. 45-46. 47. 48

R. (1) Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia.

Sal 106 (107), 2-3. 8-9. 31-32. 42-43

R. (6) Gritaron al Señor en su angustia, y los arrancó de la tribulación.

1450. El ministro, según las circunstancias, exhorta brevemente a los presentes, explicándoles la lectura bíblica, para que perciban por la fe el significado de la celebración.

PRECES

1451. Si se estima oportuno, antes de la oración de bendición puede hacerse la plegaria común. Entre las invocaciones que aquí se proponen, el ministro puede seleccionar las que le parezcan más adecuadas o añadir otras más directamente relacionadas con las circunstancias del momento.

Dios ama todo lo que ha creado y lo conserva con su bendición. Pidámosle ahora que nos imparta su bendición y su consuelo, diciendo:

R. Descienda sobre nosotros, Señor, tu bendición.

Dios eterno, que nos das un sentido más profundo de esta vida, cuando nos sometemos de corazón a tu voluntad,
— dígnate llenarnos de tu espíritu de santidad. R.

Tú que deseas que tus dones se devuelvan multiplicados a ti y a los hermanos,
— acepta el ofrecimiento de nuestra sumisión y de nuestro amor. R.

Tú que nos miras siempre con ojos de piedad,
— escucha la voz de los que esperamos en ti, Señor. R.

Tú que enviaste tu Hijo al mundo para que destruyera la maldición del pecado y nos trajera tu bendición,
— dígnate bendecirnos en su persona con toda clase de bienes celestiales. R.

Tú que enviaste a nuestros corazones el Espíritu de tu Hijo, que nos hace gritar: «Abbá», Padre,
— escúchanos a nosotros, tus hijos, que reconocemos y ensalzamos tu bondad de Padre. R.

Tú que por la muerte y resurrección de tu Hijo nos has escogido para ser tu pueblo y tu heredad,
— acuérdate de nosotros en nuestras necesidades y bendice tu heredad. R.

El celebrante dice la oración de bendición, como se indica más adelante.

1452. Cuando no se dicen las preces, antes de la oración de bendición el celebrante dice:

Oremos.

Y todos oran durante algún tiempo en silencio. Luego el ministro dice la oración de bendición.

ORACIÓN DE BENDICIÓN

Se distinguen a continuación tres "destinatarios" de la bendición: las "cosas creadas", es decir aquellas que forman parte de la naturaleza tal y como Dios nos las ha entregado; las "hechas por mano del hombre", esto es, las que el ser humano ha elaborado a partir de las creadas; y las "determinadas circunstancias de la vida", o sea, los diferentes acontecimientos sobre los que los creyentes pueden impetrar la bendición de Dios:

1453.
El ministro, si es sacerdote o diácono, con las manos extendidas, si es laico, con las manos juntas, dice:

1454. a) Para las cosas creadas

Bendito seas, oh Dios, Creador del universo, que hiciste buenas todas las cosas y confiaste la tierra al hombre para que la cultivase; haz que usemos siempre con agradecimiento de las cosas que tú has creado y que, conscientes de que son un don tuyo, sepamos compartirlas con los necesitados, en la caridad de Cristo, nuestro Señor, que vive y reina por los siglos de los siglos.

R. Amén.


1455. O bien:

Te bendecimos, Señor, Padre santo, por cuya palabra y poder fue hecho todo, y por cuya donación recibimos todo lo necesario para nuestra subsistencia, te pedimos que nosotros, tus fieles, obedeciendo de buen grado a tu voluntad, usemos siempre con agradecimiento de estas criaturas. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.


1456. O bien:

Dios todopoderoso y eterno, que creaste al hombre adecuadamente provisto de los bienes de esta vida, para que pudiera aspirar a los dones eternos, atiende nuestras súplicas y concédenos que, fortalecidos con el consuelo de los bienes terrenales, dispongamos de lo suficiente para nuestra subsistencia y alcancemos finalmente la herencia que tú nos prometes. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.


1457. b) Para las cosas hechas por mano de hombre

Dios todopoderoso y eterno, que sometiste al hombre el mundo creado para que nos ayudáramos mutuamente por la caridad, dígnate atender a nuestras súplicas, con las cuales imploramos tu bendición sobre los que usarán de estas cosas según su necesidad, para que siempre te reconozcan a ti como el bien supremo y amen a sus hermanos con sincero corazón. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R, Amén.


1458. c) Para determinadas circunstancias de la vida

Concede, Señor, a tus fieles encontrar seguridad y riqueza en la abundancia de tus misericordias y haz que, protegidos por tu bendición, se mantengan en continua acción de gracias y te bendigan rebosantes de alegría. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.


1459. O bien:

Concede, Señor, que tus fieles, por la fuerza de tu bendición, se dispongan interiormente al bien, para que realicen todas sus obras fortalecidos y movidos por tu amor. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.


1460. O bien:

Conforta, Señor, a tus fieles con la bendición que imploramos de ti, para que nunca nos apartemos de tu voluntad y siempre podamos agradecer tus beneficios. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.


1461. O bien:

Señor, bendice a tu pueblo que espera siempre en tu misericordia y concédele recibir de tu mano generosa todo lo que tú mismo le impulsas a pedir. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R - Amén.


1462. O bien:

Señor, que tu pueblo reciba los frutos de tu generosa bendición para que, libre de todo pecado, logre alcanzar los bienes que desea. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.


CONCLUSIÓN DEL RITO

La fórmula precedente de bendición realiza un interesante uso del pronombre "todo", a partir de las diferentes funciones gramaticales: como término del complemento preposicional
1463. El ministro, si es sacerdote o diácono, concluye el rito diciendo:

Dios, bendito a través de todo, os bendiga por Cristo en todo, para que todo os sirva para el bien.

R. Amén.

Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo + y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.

R- Amén.

1464. Si el ministro es laico, concluye el rito santiguándose y diciendo:

Dios, bendito a través de todo, nos bendiga por Cristo en todo, para que todo nos sirva para el bien.

R- Amén.

1465. Es aconsejable terminar el rito con un canto adecuado.


22 de mayo de 2016, solemnidad de la Santísima Trinidad. Entrada dedicada a Dios Uno y Trino.


 
 

domingo, 8 de mayo de 2016

Bendición de los locales destinados a los medios de comunicación social







Texto comentado

Bendicional:
en negro; (oración de bendición: negrita cursiva).

 
(Se conservan los números de secciones y parágrafos tal y como se hallan en el Bendicional: negrita. También en negrita me permito realzar algunas cuestiones litúrgicas del texto del Bendicional, incisos que, a mi criterio, merecen especial consideración).
Comentarios del blog: azul.
 
 El capítulo XVII del Bendicional, dentro de la parte referida a las "bendiciones de construcciones y actividades",  ofrece la siguiente "bendición de locales destinados a los medios de comunicación social". Me complace compartirla con los lectores en esta solemnidad de la Ascensión del Señor del Año Santo de la Misericordia, solemnidad en que se celebra precisamente la "Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales":

BENDICIÓN DE LOCALES DESTINADOS A LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN SOCIAL

684. La madre Iglesia acepta y secunda con especial solicitud aquellos inventos de la técnica que miran principalmente al desenvolvimiento del espíritu humano. Entre estos inventos, destacan aquellos mecanismos que pueden influir, no sólo en las personas individualmente consideradas, sino también en las multitudes y en la totalidad de la sociedad humana, como son la prensa, el cine, la radío, la televisión y otros semejantes (hoy debemos incluir en primer lugar el ciberespacio), que con razón se llaman medios de comunicación social. La bendición de locales y medios destinados a este tipo de comunicación es una forma de patentizar el interés y la preocupación de la Iglesia por su recta utilización.

He querido resaltar en negrita, del párrafo que antecede, la especificación de la razón de ser de esta bendición.

685. Esta celebración afecta tanto a la comunidad en cuyo beneficio se construyen estos locales e instrumentos, como principalmente a todos los que de algún modo, en ellos y por medio de ellos, difundirán entre los hombres noticias, pensamientos y comunicados de diversa índole. De ahí que en la celebración de la bendición se requiera la presencia de la comunidad o, por lo menos, de algunos delegados suyos que la representen, y de algunos de los que dirigen o trabajan en dichos establecimientos o medios.

El párrafo anterior precisa los destinatarios de la bendición, precisión que hace necesaria en en la celebración del rito la presencia de al menos algunos de ellos.

686. Este rito puede emplearlo el sacerdote o el diácono, los cuales, respetando la estructura del rito y sus elementos principales, pueden siempre adaptar algunas de sus partes para que la celebración se acomode mejor a las circunstancias del lugar y de las personas.

Nótese que, a diferencia de otras bendiciones, que también puede llevarlas a cabo un laico, a esta bendición únicamente puede impartirla un ministro ordenado.

687. En aquellas regiones donde cada año, durante el tiempo pascual o en cualquier otro tiempo, parece oportuno impartir también la bendición en dichos locales, se dispondrá una adecuada celebración, empleando de manera conveniente los principales elementos que se indican en esta Bendición.

RITO DE LA BENDICIÓN

RITOS INICIALES

688. Reunida la comunidad, puede entonarse un canto adecuado, terminado el cual, el celebrante dice:

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Todos se santiguan y responden:

Amén.

689. Luego el celebrante saluda a los presentes, diciendo: 
Dios, que nos envió a su Hijo como Mensajero de la salvación, y que continuamente derrama en nuestros corazones el Espíritu de la verdad, esté con todos vosotros.

El título de "Mensajero de salvación", atribuido al Señor Jesucristo en el saludo litúrgico que precede, remite a su condición de Palabra eterna del Padre, de Verbo encarnado, de Soberano y omnipotente Comunicador a la luz de cuyas enseñanzas debe llevarse a cabo toda comunicación humana.

U otras palabras adecuadas, tomadas preferentemente de la Sagrada Escritura.

Todos responden:

Y con tu espíritu.

O de otro modo adecuado.

690. El celebrante dispone a los presentes a recibir la bendición, con estas palabras u otras semejantes:

Dios, cuya sabiduría no tiene límites y cuya bondad es un tesoro inagotable, ilumina sin cesar la mente de los hombres, para que descubran nuevos medios que les permitan comunicarse entre sí y transmitir todo tipo de noticias. Estos hallazgos de la técnica, debidamente empleados, son de gran ayuda para la humanidad, ya que contribuyen en gran medida a que pueda acudirse en socorro de las personas cuando se presenta alguna necesidad, y ayudan también a cultivar y distraer el espíritu y, llegada la ocasión, a propagar y consolidar el Reino de Dios.

La monición introductoria anterior da cuenta de los diversos fines legítimos para los que pueden emplearse los medios de comunicación.

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS

691. Luego el lector, uno de los presentes o el mismo celebrante, lee un texto de la Sagrada Escritura.

Mc 16, 14a. 15-20: Proclamad el Evangelio a toda la creación

Adviértase que la página evangélica que sigue se corresponde con la de la Misa de la solemnidad de la Ascensión del Señor en la que tiene lugar la "Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales".

Escuchad ahora, hermanos, las palabras del santo Evangelio según san Marcos.

Se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les dijo:
—«Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y se bautice se salvará; el que se resista a creer será condenado. A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi Nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos.»
Después de hablarles, el Señor Jesús subió al cielo y se sentó a la derecha de Dios. Ellos se fueron a pregonar el Evangelio por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban.

Palabra del Señor.

692. Pueden también leerse: Ba 3, 29-36; Flp 4, 8-9; Hb 4, 12-16; Mt 5, Jb. 2. 13-16.

693. Según las circunstancias, se puede decir o cantar un salmo responsorial u otro canto adecuado.

Salmo responsorial Sal 8, 4-5. 6-7a. 7b-9 (R.: 2ab)

R. Señor, dueño nuestro, ¡qué admirable es tu Nombre en toda la tierra!

Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos,
la luna y las estrellas que has creado,
¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él,
el ser humano, para darle poder? R.

Lo hiciste poco inferior a los ángeles,
lo coronaste de gloria y dignidad,
le diste el mando sobre las obras de tus manos. R.

Todo lo sometiste bajo sus pies:
rebaños de ovejas y toros,
y hasta las. bestias del campo,
las aves del cielo, los peces del mar,
que trazan sendas por el mar. R.

694. O bien:

Sal 18A (19A), 2-3. 4-5

R. (5) A toda la tierra alcanza su pregón y hasta los límites del orbe su lenguaje.

Sal 103 (104), 24. 31-32. 33-34

R. (24c) La tierra está llena de tus criaturas, Señor.

695. El celebrante, según las circunstancias, exhorta brevemente a los presentes, explicándoles la lectura bíblica, para que perciban por la fe el significado de la celebración.

PRECES

696. Si se estima oportuno, antes de la oración de bendición puede hacerse la plegaria común. Entre las invocaciones que aquí se proponen, el celebrante puede seleccionar las que le parezcan más adecuadas o añadir otras más directamente relacionadas con las circunstancias del momento.

La facilidad de comunicación entre los hombres, si se emplea debidamente, ayuda en gran medida al progreso de la familia humana y es conforme a la intención de Dios, ya que desea ver a los hombres unidos en la verdad y la libertad.

Proclamemos, pues, las maravillas de Dios, diciendo:

R. ¡Qué admirables son tus obras, Señor!

A continuación, el rito ofrece un conjunto de expresiones de bendición, las dos últimas de las cuales nos señalan que todas están dirigidas al Padre Celestial. Por otra parte, cada una de ellas se refiere de modo implícito a las realidades que pueden -y deben- ser objeto de interés de los medios de comunicación social:

Bendito seas, Señor, Sabiduría eterna, que iluminas la mente de los hombres y, con tu bendición, haces progresar sus iniciativas. R.

Bendito seas, Señor, que a través de las realidades visibles nos animas a escrutar las invisibles. R.

Bendito seas, Señor, que descubres siempre los secretos de tu omnipotencia a los que te buscan de verdad. R.

Bendito seas, Señor, que nos mueves a investigar los misterios de la naturaleza y a reconocerte y alabarte como su Autor. R

Bendito seas, Señor, que has querido reunir en Cristo a tus hijos dispersos a causa del pecado, para que formen todos una sola familia. R.

Bendito seas, Señor, que quieres que el Evangelio del Reino sea anunciado a todos los hombres, para que te reconozcan a ti como único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro. R.

Sigue la oración de bendición, como se indica más adelante.

697. Cuando no se dicen las preces, antes de la oración de bendición el celebrante dice:

Oremos.

Y todos oran durante algún tiempo en silencio. Luego el celebrante dice la oración de bendición.

ORACIÓN DE BENDICIÓN

698. El celebrante, con las manos extendidas, dice la oración de bendición: (resalto con subrayado la puntualización de los objetivos centrales que ha de buscar y promover todo medio de comunicación, objetivos a los que, por otra parte, se ha ido aludiendo en el desarrollo de este rito)

Humildemente te bendecimos, Señor, Dios todopoderoso, que nos iluminas y nos animas a descubrir los misterios de la naturaleza, creada por ti, y a esforzarnos en perfeccionar tu obra; mira con bondad a tus servidores, Señor, que usarán estos instrumentos de la técnica, fruto de un largo y cuidadoso esfuerzo; haz que comuniquen la verdad, defiendan la justicia, fomenten la caridad, extiendan la alegría y hagan crecer entre todos la paz que nos trajo del cielo Cristo, el Señor, que vive y reina contigo por los siglos de los siglos.

R. Amén.


699.
Después de la oración de bendición, según las circunstancias, el celebrante rocía con agua bendita a los presentes y el local, mientras se interpreta un canto adecuado.

CONCLUSIÓN DEL RITO

700. El celebrante concluye el rito, diciendo, con las manos extendidas sobre los presentes:

Dios, creador de todo, que realiza constantemente sus maravillas, ilumine nuestras mentes, para que lo conozcamos mejor y trabajemos con firmeza por el progreso de la verdad y de la paz.

R. Amén.

Luego dice:

Y a todos vosotros, que estáis aquí presentes, os bendiga Dios todopoderoso, Padre, Hijo + y Espíritu Santo.

R. Amén.

701. Es aconsejable terminar el rito con un canto adecuado.


8 de mayo de 2016, solemnidad de la Ascensión del Señor, (en muchos países trasladada del jueves 6). Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. Entrada dedicada a nuestro Señor Jesucristo, Supremo Comunicador, sentado a la derecha del Padre.


 

martes, 3 de mayo de 2016

Guion: Domingo VII de Pascua



Los cristianos, orando en las Catacumbas, presididos por el Papa


Ciclo C

El siguiente guion se emplea allí donde la solemnidad de la Ascensión no se traslada a este domingo.


Introducción

Hermanos, este tiempo festivo de la Pascua sigue siendo motivo de gozo para nosotros. Pero también de compromiso. Hoy escucharemos en el Evangelio la exhortación de Jesús a la unidad de los creyentes; más aun, de toda la familia humana.
"¿Cómo anunciar el Evangelio de la reconciliación sin comprometerse al mismo tiempo en la obra de la reconciliación de los cristianos? Si es cierto que la Iglesia, movida por el Espíritu Santo y con la promesa de la indefectibilidad, ha predicado y predica el Evangelio a todas las naciones, es también cierto que ella debe afrontar las dificultades que se derivan de las divisiones". (Cf. Carta encíclica Ut unum sint, sobre el empeño ecuménico, 98).

Son palabras de San Juan Pablo II que nos hacen tomar conciencia de nuestra responsabilidad en el imperativo de la unidad querida por el Señor.

En esta Eucaristía pascual roguemos, pues, al Señor, que todos -en particular, los cristianos- seamos uno, como Él y su Padre lo son en unidad del Espíritu Santo.

En lugar del Acto penitencial puede hacerse la bendición y aspersión del agua en memoria del bautismo. (Cf. Institutio Generalis Missali Romani, 51).


Liturgia de la Palabra

Primera lectura: Hech. 7, 55-60

La sangre de Esteban, el primer mártir cristiano, asociada al  Sacrificio del Redentor, fecunda prodigiosamente los cimientos espirituales de la Iglesia naciente.

Segunda lectura: Apoc. 22, 22-14. 16-17. 20

"Yo Soy el Alfa y la Omega", dice el Señor Resucitado al discípulo amado. De hecho, Jesús es el Principio y el fin de todo lo que existe. Asi lo ha proclamado la Iglesia desde la Vigilia pascual con la sugestiva elocuencia de este Cirio que preside la asamblea hasta Pentecostés.

Evangelio: Jn. 17, 1b-20-26

"Que sean uno". Es el ardiente anhelo de Jesús, hecho oración a su Padre amado, anhelo que interpela a todos los que creemos de verdad que Él ha resucitado y que "nos ha abierto las puertas de la eternidad" (Cf. Colecta de la Misa del Día santo de Pascua).


Oración de los fieles

Las siguientes preces, con algunas adaptaciones, corresponden a la Misa que el Sumo Pontífice Benedicto XVI presidió el 5 de junio de 2011, Domingo VII de Pascua, en su Viaje Apostólico a Croacia:

Reunidos en Cristo y animados por el Espíritu Santo, elevemos al Padre nuestra confiada oración:

R. Escucha, Padre, nuestra oración y danos tu Espíritu Santo.

-La Iglesia, familia de los hijos de Dios engendrada en el Misterio Pascual, anuncie al mundo el Nombre de Jesús, el único por el cual podemos obtener la salvación. R.

-Nuestro Santo Padre N, protegido y fortalecido por la Presencia del Resucitado, pueda siempre confirmar a todos en la verdad y en la caridad. R.

-Los esposos cristianos vivan su vocación a colaborar en la obra de la creación y de la redención, acogiendo con alegría la vida y educando a sus hijos en las verdades del Evangelio. R.

-Los jóvenes prometidos, que se disponen al sacramento del matrimonio, crezcan en la luz de tu amor, y las familias probadas por la fatiga y el sufrimiento se abran a la esperanza pascual. R.

-Los legisladores, científicos y hombres de cultura se dejen interpelar por la verdad del Evangelio, y pongan sus talentos al servicio de la dignidad de toda persona humana, desde la concepción hasta la muerte natural. R.

-Todos nuestros hermanos difuntos puedan contemplar para siempre la Belleza del Rostro de Cristo Resucitado, al que han buscado durante su peregrinación terrena. R.

Oración conclusiva

"Dios, Padre de la vida y del amor, confiamos a tu infinita bondad nuestras súplicas. Acompaña con tu bendición a nuestras familias, para que puedan glorificarte siempre en tu Iglesia, testimoniando alegremente la caridad. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén".
 
A continuación, se propone como otra oración conclusiva de las preces, una colecta alternativa a la de este domingo, tomada de la edición italiana del Misal Romano y traducida al castellano. Se reemplaza la conclusión trinitaria larga, propia de toda colecta, por la breve, típica de las demás oraciones litúrgicas:

"Padre Justo y Santo, del que procede el Verbo de la Vida en la comunión de tu Espíritu, haz que el pueblo redimido por Ti, forme una perfecta unidad en el vínculo de tu amor, para que el mundo crea en Aquel que Tú has enviaado, Jesucristo, Principio y Término de toda la creación. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén".



Ofertorio (Cf. Colecta de esta Misa)


El Salvador del mundo, que resucitado, goza de la gloria de su Padre Celestial, por ser Dios como Él, permanece a la vez con nosotros hasta el fin del mundo. gracias al Sacramento de la Eucaristía que instituyó, eligiendo como materia el pan y el vino que estamos por presentar.


Comunión

"Ahí lo tienes: es Rey de Reyes y Señor de Señores. Está escondido en el Pan. Se humilló hasta esos extremos por amor a ti".


Estas palabras de San Josemaría Escrivá de Balaguer, son una invitación a reconocer a Cristo presente en la Eucaristía, y a alimentarnos de Él para participar de su gloria.

Conviene que el sacerdote emplee la Bendición Solemne de Pascua.


Despedida

Como discípulos del Resucitado, siempre sedientos de su Espíritu, nos lanzamos al mundo para anunciar que Él vive entre nosotros y que por ello, todo tiene sentido.

Es oportuno cantar la antífona mariana Regina Caeli.


3 de mayo de 2016, fiesta de los santos apóstoles Felipe y Santiago el Menor. Entrada dedicada a ellos.


domingo, 1 de mayo de 2016

Bendición de los instrumentos de trabajo


Cristo Obrero


Texto comentado

Bendicional:
en negro; (oración de bendición: negrita cursiva).

(Se conservan los números de secciones y parágrafos tal y como se hallan en el Bendicional: negrita. También en negrita me permito realzar algunas cuestiones litúrgicas del texto del Bendicional, incisos que, a mi criterio, merecen especial consideración).
Comentarios del blog: azul.

El capítulo XXI del Bendicional, en la parte dedicada a las "bendiciones de construcciones y actividades", ofrece la siguiente bendición de los instrumentos de trabajo, que trascribo a continuación glosada con breves comentarios:

BENDICIÓN DE LOS INSTRUMENTOS DE TRABAJO

769. Es posible y conveniente bendecir los instrumentos de cualquier clase, incluso los de gran tamaño, que utilizan los hombres para su trabajo, como son, por ejemplo, los motores, las barcas de pesca y otras cosas semejantes. Esta bendición ayudará a que ellos se mentalicen de que con su trabajo personal se unen a sus hermanos, les sirven, demuestran una auténtica caridad y pueden colaborar con el perfeccionamiento de la creación divina. Esta bendición puede hacerse en determinadas circunstancias, por ejemplo, en la celebración de san José, obrero, o de algún santo patrón, o también a raíz de algún encuentro de obreros en que éstos se reúnan llevando sus instrumentos de trabajo.

La memoria litúrgica de San José Obrero en que he querido publicar esta entrada, es ideal para llevar a cabo este rito, aun en los casos en que una celebración de mayor rango, como un Domingo de Pascua, impide la Misa propia de la memoria. En efecto, esta eventualidad no desplaza la realidad de que se trata del Día Internacional del Trabajo ni tiene por qué evitar la el recuerdo y la invocación del santo Carpintero en la Misa dominical.

770. Puesto que esta celebración concierne, no a los instrumentos en sí mismos, sino a las personas que los utilizan, se requiere la presencia de los obreros o, por lo menos, de algunos representantes suyos. Dicho de otra manera, este rito no puede ser presidido por el ministro sagrado sin la presencia de las personas que eventualmente usarán los instrumentos, o de algunos representantes de ellos.

771. Este rito pueden utilizarlo el sacerdote, el diácono, y también el laico, con los ritos y fórmulas previstos para él.

772. Con el fin de acomodar la celebración a las circunstancias del lugar y de las personas, pueden adaptarse algunos de los elementos de este rito, respetando siempre la estructura de la celebración y sus elementos principales.

773. Cuando se trata de bendecir algún instrumento, en particular, puede emplearse el Rito breve que se indica más adelante, núms. 790-792.

I. RITO DE LA BENDICIÓN

RITOS INICIALES

774. Reunida la comunidad, puede entonarse un canto adecuado, terminado el cual, el ministro dice:

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Todos se santiguan y responden:

Amén.

775. Luego el ministro, si es sacerdote o diácono, saluda a los presentes, diciendo:

Cristo, el Hijo de Dios, que quiso ser tenido como el hijo del carpintero, esté con todos vosotros.

U otras palabras adecuadas, tomadas preferentemente de la Sagrada Escritura.

Todos responden:

Y con tu espíritu.

O de otro modo adecuado.

776. Si el ministro es laico, saluda a los presentes, diciendo:

Alabemos devotamente a Cristo, el Hijo de Dios, que quiso ser tenido como el hijo del carpintero.

Todos responden:

Amén.

777. El ministro dispone a los presentes con estas palabras u otras semejantes:

Dios encargó al hombre que poseyera y sometiera la tierra, hasta que llegara el momento de la instauración de un nuevo cielo y una tierra nueva, de acuerdo con aquellas palabras del Apóstol: «Todo es vuestro, vosotros de Cristo, y Cristo de Dios» (I Co 3, 23). Con este fin, el hombre utiliza los instrumentos adecuados, con los cuales de algún modo coopera y participa de los beneficios de la redención. Bendigamos, pues, a Dios, de todo corazón, por esta admirable disposición, y pidámosle que con su ayuda nos proteja y nos preste apoyo en nuestro trabajo.

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS

778. Luego, el lector, uno de los presentes o el mismo ministro, lee un texto de la Sagrada Escritura.

I Te 4, 9. 10b-12: Trabajad con vuestras propias manos

Escuchad ahora, hermanos, las palabras del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses:

Acerca del amor fraterno no hace falta que os escriba, porque Dios mismo os ha enseñado a amaros los unos a los otros. Os exhortamos a seguir progresando: esforzaos por mantener la calma, ocupándoos de vuestros propios asuntos y trabajando con vuestras propias manos, como os lo tenemos mandado. Así vuestro proceder será correcto ante los de afuera y no tendréis necesidad de nadie.

Palabra de Dios

779. Pueden también leerse: Ex 35, 30—36, 1; Jb 28, 1-28; Pr 31, 10-31; Si 38, 24-34; Is 28, 23-29; Hch 18, 1-5; Mt 13, 1-9; Lc 5, 3-11.

780. Según las circunstancias, se puede decir o cantar un salmo responsorial u otro canto adecuado.

Salmo responsorial

Sal 89 (90), 2. 3-4. 12-13. 14 y 16 (R.: cf. 17)

R. Haz prósperas, Señor, las obras de nuestras manos.

Antes que naciesen los montes
o fuera engendrado el orbe de la tierra,
desde siempre y por siempre tú eres Dios. R.

Tú reduces el hombre a polvo,
diciendo: «Retornad, hijos de Adán.»
Mil años en tu presencia
son un ayer, que pasó;
una vela nocturna. R.

Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un corazón sensato.
Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?
Ten compasión de tus siervos. R.

Por la mañana sácianos de tu misericordia,
y toda nuestra vida será alegría y júbilo.
Que tus siervos vean tu acción,
y sus hijos tu gloria. R.

781. O bien:

Sal 64 (65), 10. 11-12. 13-14

R. (6) Nos respondes, Dios, salvador nuestro.

Sal 106 (107), 35-36. 37-38. 41-42

R. (Ib) Dad gracias al Señor porque es bueno.

Sal 126 (127), 1. 2.

R. (cf. 1) El Señor nos construya la casa y nos guarde la ciudad.

782. El ministro, según las circunstancias, exhorta brevemente a los presentes, explicándoles la lectura bíblica, para que perciban por la fe el significado de la celebración.

PRECES

783. Si se estima oportuno, antes de la oración de bendición puede hacerse la plegaria común. Entre las invocaciones que aquí se proponen, el ministro puede seleccionar las que le parezcan más adecuadas o añadir otras más directamente relacionadas con las circunstancias del momento.

Dios, que colocó al hombre en el mundo para que lo guardara y lo cultivara, continúa estimulando la mente humana, para que con su ingenio y su trabajo coopere en el perfeccionamiento de la creación. Alabémoslo, diciendo:

R. Bendito seas, Señor, creador del universo.

Tú que invitas al hombre al trabajo y le encomiendas perfeccionar el mundo creado por ti. R.

Tú que, al otorgar al hombre la dignidad del trabajo, lo haces colaborador de tu obra en el mundo. R.

Tú que con sabiduría iluminas al hombre para que emprenda constantemente nuevas realizaciones, tu Nombre sea glorificado y tu alabanza resuene en toda la tierra. R.

Tú que enviaste a tu Hijo al mundo para que, santificando y dignificando el trabajo con el sudor de su frente, fuera para nosotros ejemplo de laboriosidad incansable. R.

Tú que con tu gracia inspiras, sostienes y acompañas al hombre en toda obra buena. R.

(Nótese que la estructura gramatical de cada una de las preces anteriores, es incompleta. De hecho, halla su plena realización solamente mediante la añadidura de la respuesta requerida).

Sigue la oración de bendición, como se indica más adelante.

784. Cuando no se dicen las preces, antes de la oración de bendición el ministro dice:

Oremos.

Y, según las circunstancias, todos oran durante algún tiempo en silencio.

Luego dice la oración de bendición.

ORACIÓN DE BENDICIÓN

785. El ministro, si es sacerdote o diácono, con las manos extendidas, si es laico, con las manos juntas, dice la oración de bendición:

Oh, Dios, de quien desciende la plenitud de la bendición, y hacia quien sube la oración del que te bendice, protege con amor a tus servidores, que confiadamente presentan ante ti sus instrumentos de trabajo, y concédeles que con actividad infatigable colaboren en el perfeccionamiento de la creación, ganen su sustento y el de los suyos, ayuden al progreso de la sociedad humana y alaben sin cesar la gloria de tu Nombre. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

La precedente oración de bendición, aparte de solicitar lo que se espera obtener de Dios con este rito, deja en claro lo arriba dicho: que tal bendición atañe a las personas más que a los instrumentos de trabajo. Por otra parte, en esta oración y en la alternaativa que le sigue, campea la idea de la "colaboración" del hombre con Dios.

786. O bien:

Oh, Dios, que has querido someter al trabajo del hombre las fuerzas de la naturaleza, concédenos, te pedimos, que, dedicados plenamente a nuestras actividades, cooperemos con amor al perfeccionamiento de tu creación. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

787. Según las circunstancias, el ministro rocía con agua bendita a los presentes y los instrumentos de trabajo.

CONCLUSIÓN DEL RITO

788. El ministro concluye el rito, diciendo:

Cristo, el Señor, que, para realizar su obra salvadora, asumió la ley del trabajo, nos alivie con su consuelo y nos conceda su paz.

R. Amén.

789. Es aconsejable terminar el rito con un canto adecuado.

II. RITO BREVE

790. El ministro, al comenzar la celebración, dice:

Nuestro auxilio es el nombre del Señor.

Todos responden:

Que hizo el cielo y la tierra.

791. Uno de los presentes, o el mismo ministro, lee un breve texto de la Sagrada Escritura, por ejemplo:

Si 38, 31. 34: Todos los artesanos se fían de su destreza y son expertos en su oficio. Mantienen la vieja creación, ocupados en su trabajo artesano.

2 Ts 3, 7-8: Imitad nuestro ejemplo: nadie nos dio de balde el pan que comimos, sino que trabajamos y nos cansamos día y noche, a fin de no ser carga para nadie.

792. Luego el ministro dice, con las manos juntas, la oración de bendición, terminada la cual, según las circunstancias, rocía con agua bendita a los presentes y los instrumentos de trabajo. (Adviértase que se trata de la segunda de las oraciones propuestas más arriba).

Oh, Dios, que has querido someter al trabajo del hombre las fuerzas de la naturaleza, concédenos, te pedimos, que, dedicados plenamente a nuestras actividades, cooperemos con amor al perfeccionamiento de tu creación. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.


1° de mayo de 2016, Domingo VI de Pascua.
Evocación de San José Obrero. Entrada dedicada a él.
Día del Trabajador.


 

sábado, 30 de abril de 2016

Bendición de un hábito



San Luis María G. de Montfort
 

Texto comentado

Bendicional:
en negro; (oración de bendición: negrita cursiva).

 

(Se conservan los números de secciones y parágrafos tal y como se hallan en el Bendicional: negrita. También en negrita me permito realzar algunas cuestiones litúrgicas del texto del Bendicional, incisos que, a mi criterio, merecen especial consideración).
Comentarios del blog: azul. 

El capítulo XLVI del Bendicional, en la parte referida a la "bendición de objetos de devoción", ofrece el breve rito de "bendición de un hábito", que me permito compartir con ustedes, añadiendo algunos comentarios:


BENDICIÓN DE UN HÁBITO

El siguiente parágrafo da cuenta de la razón de ser del hábito religioso y del rito de su bendición:

1411. El pueblo cristiano, en muchos lugares, expresa su particular devoción al Señor, a la Virgen y a los Santos mediante el signo externo de un hábito. El hábito significa el propósito renovado de cumplir más fielmente los compromisos bautismales como consecuencia de un voto o de una promesa. Con el rito de bendición, la Iglesia ayuda con su plegaria a los fieles en su propósito, para que esta práctica piadosa sirva de alabanza a Dios.

1412. Este rito se usa para bendecir el vestido o hábito que se lleva en honor de Jesucristo (v. gr.: el Señor de los Milagros), de la Santísima Virgen (v. gr.: Nuestra Señora del Carmen) o de un santo (v. gr.: san Francisco, san Antonio, etc.). Se entiende, hábito de religiosos de Congregaciones que cuenten con aprobación canónica.

RITO DE LA BENDICIÓN

1413. El celebrante, al comenzar la celebración, dice:

Nuestro auxilio es el nombre del Señor.

Todos responden:

Que hizo el cielo y la tierra.

1414. Uno de los presentes, o el mismo celebrante, lee un breve texto de la Sagrada Escritura, por ejemplo:

Ef 4, 23-24: Renovaos en la mente y en el espíritu y vestíos de la nueva condición humana, creada a imagen de Dios: justicia y santidad verdaderas.

La lectura anterior como las oraciones de bendición de más abajo, hablan explícita o  implícitamente del "revestimiento interior" del cual es signo la prenda exterior del hábito.

1415. Luego el celebrante, con las manos extendidas, dice la oración de bendición:

Oremos.

Dios todopoderoso y eterno, que en el bautismo nos has despojado del pecado y nos has revestido de la dignidad de hijos tuyos; te pedimos que bendigas este hábito de penitencia y a quien lo va a llevar por amor a tu Hijo (v. gr.: el Señor de los Milagros),


O bien:

por amor a la Santísima Virgen (v. gr.: del Carmen),

O bien:

por amor a san N. (v. gr.: Francisco, Antonio),

y concédele que, recordando su compromiso de cristiano, rechace todo pecado y cumpla tus mandamientos, y alcance la plenitud de los méritos de la muerte y resurrección de tu Hijo Jesucristo. Que vive y reina por los siglos de los siglos.

R. Amén.


1416. Según las circunstancias, (es decir que no es obligatorio), el celebrante rocía con agua bendita el hábito a los presentes.

28 de abril de 2016, memoria litúrgica de San Luis María Grignon de Montfort, presbítero. (Entrada dedicada a él en este día del III Centenario de su muerte terrena). (Última actualización de la entrada: 30/04/16).


 

Cambio de denominación: Domingo II de Pascua




Comparto con los lectores el breve Decreto con el que la Santa Sede, por decisión del Papa San Juan Pablo II, modifica la denominación del Domingo II de Pascua. Data del Año Santo 2000, y no creo osado afirmar que es otro de los frutos preciosos del Magno Jubileo de la Encarnación:

Decreto Misericors et miserator, de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos

Sobre el cambio de denominación del II Domingo de Pascua

El Señor piadoso y clemente (Sal 111, 4), por el gran amor con que nos amó (Ef 2, 4), nos dio con inefable bondad a su Hijo unigénito como Redentor, para que mediante su Muerte y Resurrección quedara abierto a la Humanidad el camino a la vida eterna y, acogiendo su misericordia en medio de su templo, sus hijos de adopción elevaran su alabanza hasta los confines de la tierra.

En nuestros tiempos, muchos son los fieles cristianos de todo el mundo que desean exaltar esa Misericordia Divina en el culto sagrado, y de manera especial en la celebración del Misterio pascual, en el que resplandece de manera sublime la bondad de Dios para con todos los hombres.

Acogiendo, pues, tales deseos, el Sumo Pontífice Juan Pablo II se ha dignado disponer que en el Misal Romano, tras el título del Segundo Domingo de Pascua, se añada la denominación "o de la Divina Misericordia", prescribiendo igualmente que por lo que respecta a la celebración litúrgica de dicho Domingo se empleen siempre los textos que para dicho día disponen el Misal Romano y la Liturgia de las Horas del Rito Romano.

Es decir, no deja de denominarse oficialmente Domingo II de Pascua. La disyunción que sigue a esa denominación explicita que también puede ser llamado "Domingo de la Divina Misericordia". Sigue siendo, por otra parte, el día de la Octava de Pascua. 
Pero no son las únicas denominaciones con que se conoce. (Hacer clic aquí).

La Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos hace pública esta decisión del Sumo Pontifice para que surta efecto.

Queda abrogada cualquier disposición contraria a la presente.

En la Sede de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, el 5 de mayo de 2000.

Cardenal Jorge A. Medina Estévez.
Prefecto.

Francesco Pio Tamburrino.
Arzobispo Secretario.


3 de abril de 2016, Domingo de la Divina Misericordia en el Año Jubilar de la Misericordia. Entrada dedicada a Jesús Misericordioso. (Última actualización de la entrada: 30/04/16).