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miércoles, 22 de junio de 2016

Guion: Nacimiento de San Juan Bautista




He aquí el guión* para las Misas de la Vigilia y del día; puede emplearse siempre, pues las lecturas son las mismas en los tres ciclos litúrgicos.


Introducción

Puede organizarse una procesión de entrada al son de algún cántico adecuado. Sugiero las Letanías de San Juan Bautista, que pueden ser cantadas, con algunas adaptaciones necesarias y con cualquier melodía de otras letanías tradicionales. Si hubiera en el templo una imagen de San Juan Bautista (incluso si se trata de la del Bautismo de Jesús), se inciensa al comienzo de la Misa, con dos ductus como la de la Virgen y después de ella. Sobre el modo litúrgico de incensar, puede consultarse aquí.

"Hubo un hombre, enviado por Dios, que se llamaba Juan" (Jn. 1, 6), del cual el mismo Redentor afirmó:
"De entre los nacidos de mujer, nadie es más grande que Juan el Bautista" (Mt. 11, 11; Lc. 7, 28).

Hoy celebramos la (Vigilia de la) solemnidad de la Natividad del más grande de los profetas: El Precursor del Señor en su venida al mundo, en su vida y en su martirio.
Él vino como testigo de la Luz (Cf. Jn. 1, 7), a preparar el camino del Mesías (Cf. Is. 40, 3; Mc. 1, 3).

El mensaje de San Juan Bautista es hoy más actual que nunca. Es un llamado a la conversión, porque el Reino de Dios está cerca (Cf. Mc. 1, 15; Mt. 4, 12-17).

Abramos nuestro corazón a esta exhortación y celebremos el Sacrificio del  Cordero que se inmola por nuestra salvación y la del mundo entero.

Puede reemplazarse el Acto penitencial por el Rito de bendición y aspersión del agua, evocando el bautismo provisorio que administraba Juan, signo de purificación, y el definitivo que instituyó Jesucristo, sacramento de la Nueva y Eterna Alianza.

De emplearse la tercera fórmula del Acto penitencial, el Kyrie puede ser introducido con los siguientes tropos: 



-Tú, que desde el seno de tu Madre santificaste a Juan en el seno de la suya, Kyrie eleison.

-Tú, señalado por Juan como el Cordero de Dios y bautizado por él para que se cumpla la divina voluntad, Christe eleison.

-Tú, precedido por Juan en el nacimiento, en el anuncio del Reino y en el martirio, Kyrie eleison.

Se canta (o en su defecto, se recita) el himno Gloria in excelsis.

Se dice la Oración colecta de la Vigilia o de la solemnidad, según corresponda.

 
Liturgia de la Palabra

Para la Misa de Vigilia: Monición general

Iluminados por el ejemplo y la predicación del Santo Precursor Juan, escuchemos la Palabra de Dios, lámpara perenne que ilumina nuestros pasos hacia la eternidad.

Para la Misa del día:

Primera lectura: Is. 49, 1-6

Juan, santificado desde el vientre materno, es él mismo profecía de los tiempos nuevos, en que el Mesías prometido trae la salvación a su pueblo.

Segunda lectura: Hech. 13, 22-26

La invitación de Juan a la penitencia es una exhortación personal que nos llega hoy a través de la Palabra de Dios.

Evangelio: Lc. 1, 57-66. 80

Prodigioso fue su nacimiento, santa su vida, heroica su muerte, y por todo ello, grandiosa su gloria en el Cielo. En Juan, recibimos de Zacarías e Isabel, al testigo fiel, al amigo del Esposo, que nos anuncia el cumplimiento de las promesas mesiánicas.

Luego de la homilía se dice el Credo.


Oración de los fieles

R. Te lo pedimos por el santo Precursor.

-Para que la Santa Iglesia, con la fidelidad de Juan, presente ante todos los pueblos al Cordero que quita el pecado del mundo. Oremos.

-Para que nuestro Papa Francisco, con la valentía de Juan, siga anunciando al mundo el Evangelio de Jesucristo, sin temer a las ideologías de moda ni a los poderes de turno. Oremos.

-Para que los enfermos, imitando la esperanza de Juan y fortalecidos por su intercesión, experimenten la bendición y el consuelo de lo alto. Oremos.

-Para que los niños que moran en el seno de su madre, reciban, como Juan, la bendición del Mesías, que los eligió incluso desde antes que se formaran en el vientre materno (Cf. Jer. 1, 5). Oremos.

-Para que los catecúmenos de la Iglesia, iluminados por el más grande de los profetas, se preparen adecuadamente para recibir el don de la filiación divina que el Señor va a otorgarles, y que sepan corresponder con su vida a la Bondad incomparable de Dios. Oremos.


Liturgia de la Eucaristía

Ofertorio

El glorioso San Juan Bautista preparó el camino para la Venida del Mesías según la carne. Ahora nosotros, mientras aguardamos la Parusía, preparamos la Mesa del Altar, ara del Sacrificio de la Nueva Alianza, para la Venida sacramental del Salvador.


Esta solemnidad posee Prefacio propio (De missione Praecursoris), el cual debe decirse (o mejor, cantarse) en las Misas de la Vigilia y del día. También puede usarse en la Misa de la memoria litúrgica del Martirio del Bautista (29/8) y en las Misas votivas del santo.
En la PE I o Canon Romano figura el nombre del Precursor.
En las demás puede incluirse después de San José, y siempre antes que los Apóstoles.


Comunión

La Iglesia, haciendo suyas las palabras del Bautista, nos ha señalado nuevamente al Cordero de Dios que, a través de las apariencias del pan y del vino, viene a nosotros como Alimento espiritual. Recibámoslo con un corazón humilde y agradecido.

En la meditación o al final, pueden ejecutarse los tradicionales himnos que la Liturgia de las Horas dedica al santo: Ut queant laxis (de las primeras y segundas vísperas); Antra deserti (del Oficio de lecturas); O nimis felix (de las laudes). Estos y otros textos de la liturgia de este día, pueden encontrarse aquí.


Ritos finales

Se puede impartir la Bendición solemne de un santo, o la del Tiempo Ordinario.


Despedida

Como San Juan Bautista, nos hemos vivido un encuentro personal con el Salvador. Al igual que el santo Profeta, seamos ahora la voz que clama en el desierto del mundo, anunciando que el Reino de Dios ya está entre nosotros porque es el mismo Jesús.
 

21 de junio de 2012, memoria litúrgica de San Luis Gonzaga, religioso.
Inicio del triduo a San Juan Bautista.
*Fuente: Jesucristo y el Don de Sí mismo III. Editorial Guadalupe. (Adaptación).
(Última actualización de la entrada: 22/06/16).



                                                     

lunes, 20 de junio de 2016

Guion: Domingo XIII del Tiempo Ordinario




Ciclo C
 
Introducción

Hermanos, así como en la Antigua Alianza el sábado era el día santo, en la Nueva es el domingo, día de la Resurrección de Cristo. Así lo han vivido los cristianos desde los primeros tiempos. No se trata de anular o menoscabar la antigua ley; lo explica muy bien San Juan Pablo II, que dice:

"Dado que el tercer mandamiento depende esencialmente del recuerdo de las obras salvíficas de Dios, los cristianos, percibiendo la originalidad del tiempo nuevo y definitivo inaugurado por Cristo, han asumido como festivo el primer día después del sábado, porque en él tuvo lugar la Resurrección del Señor. (...) A la luz de este misterio, el sentido del precepto del Antiguo Testamento sobre el día del Señor, es recuperado, integrado y revelado plenamente en la gloria que brilla en el Rostro de Cristo resucitado (cf. 2 Co 4,6)." (Carta Apostólica Dies Domini, 18).

Haciendo memoria de la Resurrección del Salvador, santifiquemos pues, este día del Señor.

Liturgia de la Palabra
 
Primera lectura: I Rey. 19, 16b. 19-21

La sucesión profética, anticipo de la apostólica, manifiesta la amorosa providencia de Dios que guía, ilumina y acompaña a sus hijos a lo largo de las generaciones.

Segunda lectura: Gál. 5, 1. 13-18

"Dejarse conducir por Dios". Es la única garantía de la verdadera libertad. Nos lo asegura Pablo, el Apóstol que sacrificó el prestigio mundano a cambio de la Verdad. Y solamente así, fue plenamente libre.

Evangelio: Lc. 9, 51-62

"No anteponer nada al Evangelio de Jesucristo". En lo que nos quiere enseñar la página bíblica que escucharemos a continuación.

Las siguientes preces están tomadas de la "Vigilia de Oración para secar las lágrimas", presidida por el Sumo Pontífice Francisco en el marco del Jubileo de la Misericordia, el 5 de mayo de 2016 en la Basílica de San Pedro. Adviértase que, en estructura y en número -aunque no en contenido-  son idénticas a la Solemne Oración Universal del Viernes Santo. Un diácono, otro ministro idóneo o el mismo sacerdote realiza cada invitación: "Oremos...". Un laico proclama la petición, y el que preside reza la oración propia de cada petición (oración que, por razones de brevedad, puede omitirse).
Como las preces son numerosas, puede optarse solamente por algunas:

R. Te lo pedimos, Señor.

-Oremos por aquellos que son perseguidos a causa de su fe en Jesucristo.

+El Espíritu Santo Consolador los haga perseverantes en la hora de la prueba y ponga en sus labios la Palabra de verdad para anunciar con franqueza el Evangelio. R.

Dios Omnipotente y eterno, asiste a tus fieles que completan en su carne lo que falta a la Pasión de Cristo, consuélalos en sus penas, y acoge su dolor como un sacrificio a Ti agradable para la salvación del mundo. PJNS.

-Oremos por aquellos que están en inminente peligro de muerte, por los que son sometidos a la tortura, a experimentos médicos en contra de su voluntad o a varias formas de esclavitud.

+En medio de la injusticia humana, sean consolados en la certeza de que ninguna lágrima será perdida ante la mirada de Dios. R.

Dios Omnipotente y eterno, que has enviado a tu Hijo al mundo para proclamar la libertad a los esclavos y la excarcelación de los prisioneros,  sostén a las personas que son víctimas de los poderes del mal. PJNS.

-Oremos por aquellos que son víctimas de la guerra, del terrorismo y de las diversas formas de violencia.

+El Señor, que les ha ofrecido el don pascual de la paz, se acerque con ternura a cada uno de ellos, y reabra el corazón de todos a la esperanza. R.

Dios Omnipotente y eterno, Tú actúas en lo íntimo de los corazones; detén las guerras, convierte los corazones de los momentos, y concede al mundo entero el don de la paz. PJNS.

-Oremos por los niños y los jóvenes no amados, abusados y violados en su dignidad.

+El Señor, que siempre ha sentido predilección por los más pequeños, cure sus llagas y transforme las heridas en nueva alegría de vida. R.

Dios Omnipotente y eterno, que consuelas a los afligidos y conviertes los corazones; que las lágrimas de los inocentes atraigan la dulce caricia del Padre y el arrepentimiento sincero de cuantos han generado escándalo. PJNS.

-Oremos por aquellos que padecen en su cuerpo las limitaciones de la enfermedad y la fragilidad.

+El Señor Jesús acoja estos sufrimientos y los una a los suyos, infundiendo en todos la certeza de que en el misterio de la Cruz, todo dolor coopera para la redención del mundo. R.

Dios Omnipotente y eterno, Tú eres el Médico de los cuerpos y de las almas, alivia a los fieles afligidos por el sufrimiento, sostenlos en el camino de la cruz y hazlos partícipes del Misterio Pascual. PJNS.

-Oremos por aquellos que sufren a causa de la injusticia humana. 

+El Señor Jesús, Cordero inocente, que bien conoce de sufrimiento, ilumine las tinieblas que los envuelven y los consuele con su presencia. R.

Dios Omnipotente y eterno, Tú eres defensor del justo; vence las tinieblas del engaño y de la falsedad que tienen prisioneros a los hombres, y concede a todos vivir en la luz de la verdad. PJNS.

-Oremos por aquellos que viven en el abandono y la soledad, en la desolación y en la desesperanza, en la desconfianza y en la angustia.

+La fraternidad y la comunión que caracterizan la relación con el Señor Jesús, les haga experimentar el consuelo de pertenecer a la Iglesia. R.

Dios Omnipotente y eterno, tu Hijo en la Cruz ha experimentado la amargura del abandono para expresar la comunión de amor Contigo; haz que la Iglesia sea cada vez más auténticamente el cenáculo en el cual se experimente la alegría de la fraternidad. PJNS.

-Oremos por aquellos que sufren a causa de varias dependencias.

+La liberación del hombre, que el Señor Jesús ha obtenido al precio de su Sangre, mueva su corazón y su mente a elegir los caminos del bien y refuerce su voluntad de proseguir por senderos de liberación. R.

Dios Omnipotente y eterno, Tú nos has creado libres para que te buscáramos con corazón sincero; líbranos de caer en la esclavitud y rescata de la miseria a cuantos son víctimas de las nuevas prisiones. PJNS.

-Oremos por aquellos que lloran la muerte de un ser querido.

+El Señor Jesús, que ha llorado la muerte de su amigo Lázaro y siempre se conmueve del dolor humano, enjugue sus lágrimas y reafirme su fe en la resurrección final. R.

Dios Omnipotente y eterno, fuente de toda consolación y de segura esperanza, abre tu Reino a nuestros hermanos difuntos y dales la certeza de que solo en Ti, la vida no es eliminada sino transformada, y que ningún lazo de amor se destruye. PJNS.

-Oremos por aquellos que viven la experiencia de la separación forzada de sus seres queridos, de sus bienes y de su patria. 

+El Espíritu Santo, fuente de comunión y de unidad, reavive en ellos los vínculos de la fraternidad, y sostenga el deseo y la búsqueda de un pronto reencuentro. R.

Dios Omnipotente y eterno, Jesús, tu Hijo, ha experimentado el exilio y la separación a causa del odio humano; reúne a las familias, reconcilia a los pueblos, y suscita en todos los hombres propósitos de acogida y solidaridad. PJNS.

A continuación, se propone como otra oración conclusiva de las preces, una colecta alternativa a la de este domingo, tomada de la edición italiana del Misal Romano y traducida al castellano. Se reemplaza la conclusión trinitaria larga, propia de toda colecta, por la breve, típica de las demás oraciones litúrgicas:

"Oh, Dios, que nos llamas a celebrar tus Santos Misterios, sostén nuestra libertad con la fuerza y la dulzura de tu amor, para que nuestra fidelidad a Cristo se manifieste ante todo en el generoso servicio de los hermanos. Por el mismo Jesucristo, nuestro Señor".


Ofertorio

Junto al pan y al vino, ofrezcamos a Dios todas las formas de esclavitud que nos impiden vivir la libertad que Él quiso para nosotros.


Comunión

Cristo Eucaristía es el Pan de la Vida y la libertad, el Alimento que nos fortalece en el caminar y la Prenda que nos asegura la inmortalidad.


Despedida

Agradecidos por la libertad que se nos ha dado por ser hijos de Dios, sigamos proclamando todo lo bueno que el Señor hace por nosotros.
 
20 de junio de 2016, conmemoración de Nuestra Señora de la Consolata. (Entrada dedicada a ella).

lunes, 13 de junio de 2016

Guion: Domingo XII del Tiempo Ordinario


 

 
Ciclo C

Introducción

Hermanos, desde diferentes lugares, y cargando con nuestras cruces, hemos venido a constituir esta asamblea para "santificar el día del Señor" participando del Sacrificio incruento del Calvario que se renueva todos los días en cada Altar.
Cada vez que celebramos la Misa, hacemos presente aquel trágico Viernes Santo en el que el Señor, "traspasado" por nuestros crímenes, se ofreció en el Altar de la Cruz como manso Cordero. Desde entonces, cuando a los cristianos nos preguntan "¿Quién es Jesús"? no dudamos en responder como Pedro: "El Mesías de Dios".
Aunque el Señor ya no sufre como Cabeza de la Iglesia, sí padece en nosotros, sus miembros, y nos invita a abrazar nuestra propia cruz y a unirnos a Él como colaboradores activos en la obra de la redención.


Liturgia de la Palabra

Primera lectura: Zac. 12, 10-11; 13, 1

La promesa de arrepentimiento y purificación del pueblo de Dios, a la que se refiere la profecía que vamos a escuchar, tiene su cumplimiento gracias a Jesucristo, el Mesías traspasado y resucitado.

Segunda lectura: Gál. 3, 26-29

Vivir en Cristo es renacer como nueva criatura, dejando de lado todo aquello que no se condiga con la dignidad a la que hemos sido elevados por el Sacrificio Pascual de tan misericordioso Salvador.

Evangelio: Lc. 9, 18-24

Como a Pedro, "también a nosotros el Señor Jesús nos propone que Lo sigamos (...) y nos recuerda que para ser discípulos suyos, es necesario adueñarse del poder de su Cruz". (Cf. S.S. Benedicto XVI, Ángelus del 20/06/10).


Oración de los fieles

El siguiente formulario de Oratio fidelium, con las necesarias adaptaciones, está tomado del Misal del Viaje Apostólico del Papa Francisco a México (12-18/2/16). Se trata de la Misa que el Pontífice presidió en Ciudad Juárez,  el 17 de febrero de 2016:

Con fe viva presentemos al Señor nuestra oración, haciéndonos intérpretes del deseo de justicia y de paz que brota de todos los hombres de buena voluntad.

R. Por tu misericordia, escúchanos.

-Por la Iglesia: para que, renovada por la penitencia cuaresmal y ayudada por sus pastores, sea luz y portadora de la misericordia. Roguemos al Señor.

-Por todos los hombres: para que en este Jubileo, tiempo de gracia y misericordia, trabajen por la paz
del mundo y la conversión del corazón. Roguemos al Señor.

-Por los Jefes de Estado: para que, iluminados y guiados por el Espíritu Santo, trabajen por la justicia, la solidaridad y la paz en todos los pueblos. Roguemos al Señor.

-Por los más necesitados: los migrantes, los indígenas, los que sufren a causa de la miseria, la violencia y las guerras, los enfermos y los prisioneros, para que el amor de Dios los conforte en la tribulación y reciban el don de la paz. Roguemos al Señor.

-Por nosotros: para que escuchemos al Padre, y nos dejemos interpelar por la Palabra encarnada, para convertirnos en testigos de la misericordia. Roguemos al Señor.

Oración onclusiva

Oh, Padre, que cuidas de los débiles, dirige tu mirada misericordiosa sobre cuantos esperan tu ayuda y tu perdón para que, recuperando la esperanza por la muerte redentora de tu Hijo, elevemos a ti el canto del agradecimiento y de la alabanza. Por Jesucristo, nuestro Señor.

A continuación, se propone como otra oración conclusiva de las preces, una colecta alternativa a la de este domingo, tomada de la edición italiana del Misal Romano y traducida al castellano. Se reemplaza la conclusión trinitaria larga, propia de toda colecta, por la breve, típica de las demás oraciones litúrgicas:

"Haz de nosotros, oh, Padre, fieles discípulos de aquella sabiduría que reconoce su Maestro y su cátedra en el Cristo exaltado en la Cruz, a fin de que aprendamos a vencer la tentación y el temor, que surgen en nosotros y en el mundo, para transitar por el camino del Calvario hasta la verdadera Vida. Por el mismo Jesucristo, nuestro Señor. Amén".



Ofertorio
  
Espigas de trigo y racimos de uva, transformados en blancas hostias y en fragante vino, son llevados ahora al Altar. Por el poder del Espíritu, volverán a nosotros como Alimento de Vida eterna.


Comunión

Jesús es "el grano de trigo que Dios dejó caer en el campo del mundo, y que muere para convertirse en fruto maduro, dador de vida". (Cf. S.S. Benedicto XVI, Homilía del 20/10/16).


Despedida

Aferrados a nuestro Dios y Salvador Jesucristo, abracemos nuestra propia cruz y vayamos al mundo para dar testimonio del poder redentor del sufrimiento.


La imagen de arriba pertenece a la siguiente página: http://www.evangelizafuerte.mx/2015/09/evangelio-sa-lucas-918-22-viernes-25-de-septiembre-de-2015-feria-de-la-divina-misericordia/


13 de junio de 2016, memoria litúrgica de San Antonio de Padua, presbítero. Entrada dedicada a él.


domingo, 12 de junio de 2016

Guion: Domingo XI del Tiempo Ordinario




Ciclo C 

Introducción

"Dios es el Viviente, es el Misericordioso, Jesús nos trae la Vida de Dios, y el Espíritu  Santo nos introduce y nos mantiene en la relación vital de verdaderos hijos de Dios. Pero, con frecuencia, lo sabemos por experiencia (...), nos dejamos guiar por ideologías y lógicas que ponen obstáculos a la vida, que no la respetan, porque vienen dictadas por el egoísmo, el propio interés, el lucro, el poder, el placer, y no (...) por el amor, por la búsqueda del bien del otro". (Cf. S.S. Francisco. Homilía de la Misa del Domingo XI del Tiempo Ordinario, 16/06/13. Plaza de San Pedro. Jornada Evangelium vitae). Es entonces cuando empezamos a sumergirnos en el abismo del pecado. Y solamente el Dios de la Vida y la Misericordia puede devolvernos la gracia y darnos una nueva oportunidad. Es lo que constataremos al escuchar la Palabra de hoy propuesta por la liturgia, y lo que imploraremos al ofrecernos nuevamente en Sacrificio junto con Cristo, la Víctima inocente.


Liturgia de la Palabra 

Primera lectura: II Sam. 12, 7-10. 13

El hombre cae en el abismo del pecado. Dios misericordioso le concede la gracia del arrepentimiento y de la humilde confesión de su culpa. Luego lo perdona con amor paterno. Es la historia del profeta David y de cada uno de nosotros.

Segunda lectura: Gál. 2, 16. 19-21

La fe en el Hijo de Dios que nos amó y entregó su vida por nosotros, es el pasaporte a la eternidad.

Evangelio: Lc. 7, 36_8, 3

Jesús es el Dios viviente que "acoge, ama, levanta, anima, perdona y da nuevamente la fuerza para caminar", devolviendo la vida de la gracia al pecador. (Cf. Ídem)


Oración de los fieles

El siguiente formulario de Oratio fidelium, con las necesarias adaptaciones, está tomado del Misal del Viaje Apostólico del Papa Francisco a México (12-18/2/16). Se trata de la Misa que el Pontífice presidió en Morelia, con los sacerdotes, religiosos, religiosas, consagrados y seminaristas, el 16 de febrero de 2016:

Oremos a Cristo, Sacerdote eterno, a quien el Padre ungió con el Espíritu Santo, para que proclamara la redención a los cautivos. Digámosle:

R. Señor, apiádate de nosotros.

O bien:

R. Kyrie, eleison

-Por la Iglesia universal y por el Papa N, para que su Magisterio nos muestre el camino hacia las moradas del Cielo y que todos, revestidos con sentimientos de misericordia, de humildad y de comprensión, nos amemos los unos a los otros con caridad fraterna. R.

-Por todos los Obispos, para que reciban de Dios los auxilios del Cielo y las bendiciones debidas a sus esfuerzos, al sacrificio y a su fidelidad al ministerio que se les ha encomendado. R.

-Por los presbíteros y los diáconos de nuestras diócesis, para que, siendo fieles colaboradores del Orden episcopal, sean testigos fieles del Evangelio y administradores de tus misterios. R.

-Por los religiosos y religiosas que viven como un don precioso la vida consagrada; para que reciban la gracia de ser fieles a los votos que con amor han entregado a Dios y a su Iglesia. R.

-Por quienes se forman a la vida sacerdotal y consagrada, para que encuentren en el llamado que Dios les ha dado, la alegría del seguimiento de Jesús. R.

-Por los fieles de esta Iglesia particular, para que seamos misericordiosos como el Padre y practiquemos la bondad y la caridad con los más pobres e indefensos. R.

A continuación, se propone como otra oración conclusiva de las preces, una colecta alternativa a la de este domingo, tomada de la edición italiana del Misal Romano y traducida al castellano. Se reemplaza la conclusión trinitaria larga, propia de toda colecta, por la breve, típica de las demás oraciones litúrgicas:

"Oh, Dios, que no te cansas de demostrar tu Misericordia, danos un corazón penitente y fiel que sepa corresponder a tu amor de Padre, para que difundamos en el mundo el mensaje evangélico de reconciliación y de paz. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén".


Ofertorio

Necesitados de la Misericordia del Padre bueno, nos disponemos a ofrecer sacramentalmente el Sacrificio de Cristo, que ha querido que el pan y el vino sean indispensables para este Milagro de su Amor.


Comunión

De las entrañas de la Divina Misericordia de Jesús, ha brotado el Santísimo Sacramento de su Cuerpo y su Sangre, gracias al Cual somos partícipes de la misma Vida de Dios.


Despedida

Hemos "saboreado" los dones del Cielo. Seamos, pues, misericordiosos como el Padre lo es con nosotros.


6 de junio de 2016, memoria litúrgica de San Norberto, obispo. Entrada dedicada él.


martes, 31 de mayo de 2016

Guion: Domingo X del Tiempo Ordinario


Resurrección del hijo de la viuda en Naím.


Ciclo C

Introducción

El Autor de la Vida nos ha convocado en su Casa en este día semanal a Él dedicado. Desde antiguo, los cristianos aceptamos la invitación del Señor y así cumplimos su mandamiento de "santificar las fiestas". Solamente Dios, y nadie más que Él, puede hacer santos nuestros días, y en especial el domingo, mediante la renovación del único Sacrificio de su Hijo Jesucristo. Que el Espíritu del Señor nos ilumine para celebrar con fervor y tetimoniar con la vida estos Sagrados Misterios.


Liturgia de la Palabra

Primera lectura: I Rey. 17, 17-24

El Dios de la Vida demuestra su poder y su misericordia por medio del santo profeta Elías, elegido suyo.

Segunda lectura: Gál. 1, 11-19

De perseguidor de los cristianos a testigo de Jesucristo. San Pablo da testimonio de su proceso de conversión, obra divina de todo aquel que responde humildemente al llamado del Señor.

Evangelio: Lc. 7, 11-17

"Yo te lo ordeno: ¡Levántate!". Ya no es Elías, como en el Antiguo Testamento, quien actúa en el nombre y con el poder del Señor. Ahora es el mismo Dios, en la Persona de Jesucristo, Quien resucita al hijo de una viuda.


Oración de los fieles

El siguiente formulario de Oratio fidelium, con las necesarias adaptaciones, está tomado del Misal del Viaje Apostólico del Papa Francisco a México (12-18/2/16). Se trata de la Misa con los indígenas, que el Pontífice presidió en Chiapas,  el 15 de febrero de 2016:

Oremos, hermanos y hermanas, a Dios, que con su Palabra nos mueve a vivir la justicia y la misericordia por el prójimo, para que, siguiendo sus mandamientos, construyamos una sociedad según su voluntad:

R. Concédenos, Señor, tu Misericordia.

-Oremos por la Iglesia, que en Medio Oriente y en otros lugares es perseguida, para que cuente con  los medios y la libertad de servir a la justicia y practicar la misericordia. R.

-Oremos por el Santo Padre N, para que el Espíritu Santo lo guíe, lo fortalezca, lo libre de peligros y lo haga permanecer siempre fiel en su pasión por Jesucristo y por su pueblo. R.

-Oremos por la Iglesia que peregrina en N (se menciona la diócesis o arquidiócesis), para que la Palabra de Dios y la Eucaristía la conviertan en un auténtico testimonio de misericordia y de solidaridad con todos los que sufren, con los enfermos y los migrantes, con los encarcelados y los oprimidos, con los que se sienten solos y abandonados. R.

-Oremos por los gobernantes, para que, sirviendo al bien común y guiados por un amor sincero a su pueblo, desgasten su vida en la promoción integral de los pobres, en la construcción de la justicia, de la verdad y de la paz. R.

-Oremos por todas las comunidades indígenas del mundo, especialmente por las que son víctimas de opresión, racismo, marginación, injusticia y exclusión, para que, por intercesión de los santos aborígenes Juan Diego y Catalina Tekakwitha, les demos en la sociedad y en la Iglesia el lugar que Dios quiere para ellos. R.

A continuación, se propone como otra oración conclusiva de las preces, una colecta alternativa a la de este domingo, tomada de la edición italiana del Misal Romano y traducida al castellano. Se reemplaza la conclusión trinitaria larga, propia de toda colecta, por la breve, típica de las demás oraciones litúrgicas:
 
"Oh, Dios, consuelo de los afligidos, que iluminas el misterio del dolor y la muerte con la esperanza que resplandece en el Rostro de Cristo, haz que en las pruebas de nuestro camino permanezcamos íntimamente unidos a la Pasión de tu Hijo, para que se revele en nosotros el poder de su Resurrección. Que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén".

 

Ofertorio

Con los dones que llevamos al Altar, nos disponemos a participar del Sacrificio por el que el Señor convierte nuestro lamento en júbilo y nos devuelve la vida (Cf. Salmo de la liturgia de hoy).

Comunión

Porque nos alimentamos del mismo Pan, las tristezas y alegrías de unos hermanos, son las de todos. Por eso, a la luz de la Liturgia de la Palabra de hoy, ofrezcamos especialmente esta comunión con Jesús Eucaristía, Dios de la Vida, por las madres que lloran a causa de la muerte terrena de sus hijos.



Despedida

Que la participación en esta Eucaristía aliente en nosotros el deseo de sentir como propios los anhelos y las inquietudes de nuestros hermanos.


Elías ora sobre el hijo de una viuda y lo resucita


31 de mayo de 2016, fiesta de la Visitación de la Santísima Virgen María. Entrada dedicada a nuestra Señora y también a Juan el Bautista, y a sus padres Zacarías e Isabel.


Bendición del cáliz y la patena





Texto comentado

Bendicional:
en negro; (oración de bendición: negrita cursiva).

 
(Se conservan los números de secciones y parágrafos tal y como se hallan en el Bendicional: negrita. También en negrita me permito realzar algunas cuestiones litúrgicas del texto del Bendicional, incisos que, a mi criterio, merecen especial consideración).
Comentarios del blog: azul.

El capítulo XXXV del Bendicional, en la parte referida a la "bendición de las cosas destinadas a la liturgia y a la devoción", comienza por los objetos litúrgicos, y ofrece en primer lugar una importante bendición de los dos principales "vasos sagrados" (Cf. infra, 1186). Comparto con los lectores la introducción general a la mencionada parte, seguida del rito de la bendición del cáliz y la patena:

1180. Entre las cosas pertenecientes al culto, las hay que por su naturaleza merecen una atención especial. Por eso es aconsejable bendecirlas antes de empezar a hacer uso de ellas.

1181. El cáliz y la patena se bendicen según el rito descrito en el Pontifical Romano (30). De lo que se deduce que, en cuanto sea posible, conviene que el mismo obispo -por ejemplo, cuando realice la visita pastoral a alguna parroquia-, sea el que bendiga el cáliz y la patena con los que, en comunión con él, con sus hermanos en el episcopado, y con el Papa, los sacerdotes celebrarán el único Sacrificio del Señor junto a la porción de la grey de Cristo que dicho obispo les haya encomendado. No obstante lo dicho, como especifica más abajo el ritual, cualquier ministro ordenado puede bendecir los objetos sagrados. Por razones de utilidad práctica, dicho rito se incluye también en este capítulo.

1182. Conviene asimismo bendecir el copón o píxide, la custodia, los ornamentos sagrados, así como los lienzos, es decir, los corporales y los manteles, que normalmente se usan en las celebraciones litúrgicas. Y esto, por la razón aducida en el anterior parágrafo 1180.

1183. Los objetos que se han de bendecir para los oficios litúrgicos deben responder a las normas establecidas por la autoridad legítima; o sea, que han de ser bellos y confeccionados con exquisita elegancia, aunque evitando siempre la mera suntuosidad. Adviértase que el sabio equilibrio entre estos requisitos asegura la dignidad requerida por los objetos sagrados para su uso litúrgico permanente.

1184. Es recomendable bendecir varios objetos con un solo rito, ya sea dentro de la Misa ya sea en alguna celebración en la que los fieles participen oportunamente. Si se trata de bendecir un solo objeto, puede entonces emplearse el Rito breve fuera de la Misa.

1185. El Rito breve fuera de la Misa puede utilizarlo también el diácono.

I. BENDICIÓN DEL CÁLIZ Y DE LA PATENA

1186. El cáliz y la patena, en los cuales se ofrecen, se consagran y se reciben el vino y el pan, por estar destinados de manera exclusiva y estable a la celebración de la Eucaristía, llegan a ser «vasos sagrados».

1187. El propósito de reservar estos vasos únicamente para la Eucaristía se manifiesta ante la comunidad de los fieles mediante una bendición especial que es aconsejable hacer dentro de la Misa.

1188. Cualquier sacerdote puede bendecir el cáliz y la patena con tal de que estén fabricados según las normas indicadas en los núms. 290-295 de la Ordenación general del Misal romano.

1189. Si sólo se bendice el cáliz o sólo la patena se adaptarán los textos.

A. RITO DE LA BENDICIÓN DENTRO DE LA MISA

1190. En la Liturgia de la Palabra, salvo en los días inscritos en los números 1-9 de la Lista de días litúrgicos, puede leerse una o dos lecturas de los textos propuestos a continuación:

PRIMERA LECTURA

1191. El lector, uno de los presentes o el mismo sacerdote (si ninguno de los fieles presentes fuera idóneo para esta proclamación), lee un texto de la Sagrada Escritura:

I Co 10, 14-22: El cáliz de la bendición que bendecimos, ¿no es comunión con la Sangre de Cristo?

Amigos míos: No tengáis que ver con la idolatría. Os hablo como a gente sensata, formaos vuestro juicio sobre lo que digo. El cáliz de la bendición que bendecimos, ¿no es comunión con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo? El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan. Considerad al Israel según la carne: los que comen de las víctimas se unen al altar, ¿qué quiero decir? ¿Que las víctimas son algo o que los ídolos son algo? No, sino que los gentiles ofrecen sus sacrificios a los demonios, no a Dios, y no quiero que os unáis a los demonios. No podéis beber de los dos cálices, del cáliz del Señor y del de los demonios. No podéis participar de las dos mesas, de la del Señor y de la de los demonios. ¿Vamos a provocar al Señor? ¿Es que somos más fuertes que él?

Palabra de Dios.

1192. Puede también leerse: I Co 11, 23-26.

SALMO RESPONSORIAL

1193. A continuación se dice o se canta un salmo responsorial.

Salmo responsorial

Sal 22 (23), l-3a. 3b-4. 5. 6 (R.: 5a. d)

R. Preparas una mesa ante mí, y mi copa rebosa.

El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar; R.

me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas;
me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre. R.

Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan. R.

Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa. R

Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término. R.

1194. O bien:

Sal 15 (16), 5 y 8. 9-10. 11

R. (5a) El Señor es el lote de mi heredad y mi copa.

EVANGELIO

1195.

La siguiente página evangélica es la misma de la liturgia de la solemnidad del Cuerpo y la Sangre del Señor, en el Ciclo C:

Cogiendo una copa, pronunció la acción de gracias, se la dio, y todos bebieron

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 14, 12-16. 22-26

El primer día de los Ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron a Jesús sus discípulos:
—«¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?»
Él envió a dos discípulos, diciéndoles:
—«Id a la ciudad, encontraréis un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo y, en la casa en que entre, decidle al dueño: "El Maestro pregunta: ¿Dónde está la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?"
Os enseñará una sala grande en el piso de arriba, arreglada con divanes. Preparadnos allí la cena.»
Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la cena de Pascua.
Mientras comían, Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio, diciendo:
—«Tomad, esto es mi cuerpo.»
Cogiendo una copa, pronunció la acción de gracias, se la dio, y todos bebieron. Y les dijo:
—«Ésta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos. Os aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el reino de Dios.»
Después de cantar el salmo, salieron para el monte de los Olivos.

Palabra del Señor.

1196. O bien:

Mt. 20, 20-28: Mi cáliz lo beberéis.

En aquel tiempo, se acercó a Jesús la madre de los Zebedeos...

1197. Después de la lectura de la palabra de Dios, el sacerdote hace la homilía, en la cual explica las lecturas bíblicas y el sentido de la bendición del cáliz y de la patena que se usan en la celebración de la Cena del Señor.

1198. Terminada la oración de los fieles, los ministros, o los delegados de la comunidad que ofrece el cáliz y la patena, los colocan sobre el altar. (Es sugestivo que se proponga aquí la alternativa de que "los delegados de la comunidad" puedan "ofrecer" el cáliz y la patena, y "colocarlos sobre el altar". La expresión disyuntiva "ministros o delegados" da a entender aquí que, dado el caso, los segundos no se desempeñan como ministros en la Misa, sino que solamente se limitan a depositar sobre el altar los vasos sagrados que han ofrecido, con lo que se pone de relieve esta actitud oferente en la comunidad que celebra el Sacrificio del que todos son partícipes). Luego, el sacerdote se dirige al altar. Mientras tanto, se canta la antífona siguiente u otro canto adecuado:

Alzaré la copa de la salvación, invocando el nombre del Señor.

1199. Terminado el canto, el sacerdote dice:

Oremos.

Todos oran, por unos instantes, en silencio. Luego, el sacerdote dice:

Sobre tu altar, Señor Dios, colocamos, alegres, este cáliz y esta patena,  para celebrar el Sacrificio de la nueva alianza (1); que el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, que en ellos se ofrecen y se reciben, santifiquen estos vasos (2). Concédenos, Señor Dios nuestro, que, al celebrar el Sacrificio de tu Hijo, nos fortalezcamos con tus sacramentos y seamos penetrados por tu Espíritu (3), hasta que podamos gozar con tus santos del banquete del reino celestial (4). A ti la gloria y el honor, Señor Dios nuestro.

Todos responden:

Bendito seas por siempre, Señor.

(1) La bendición de los vasos sagrados restringe su uso y lo hace exclusivo del Santo Sacrificio de la Misa.
(2) Dicha bendición es un sacramental que recibe su validez y queda confirmado en el mismo contacto con el Cuerpo y la Sangre del Señor, los Cuales, ofrecidos en Sacrificio, son los que realizan en plenitud la consagración de los vasos sagrados.
(3) La mención general de todos los sacramentos quiere expresar la realidad de la Suprema Excelencia de la Eucaristía. De hecho, en la actualización del Sacrificio Pascual de Cristo mediante la Ofrenda del Cuerpo glorioso y de la Preciosísima Sangre, reciben su eficacia todos los otros sacramentos. Más aun, la existencia misma de la Iglesia en tanto mística Esposa del Cordero y dispensadora de las divinas gracias, depende absolutamente del Sacramento eucarístico.
(4) La oración se concluye con la alusión a la meta final que asegura nuestra participación en el Santo Sacrificio: el Convite de la Pascua eterna.
1200. Luego, los ministros extienden el corporal sobre el altar. (El corporal sobre el mantel -blancos ambos- jamás debe faltar cuando se deban depositar en el Altar la Custodia, el copón o la patena con las Sagradas Formas, o el Cáliz con la Preciosísima Sangre). Algunos fieles traen el pan, el vino y el agua para la Eucaristía. El sacerdote coloca los dones sobre la patena y el cáliz recién bendecidos, y los presenta como de costumbre. Mientras tanto, se canta la antífona siguiente:

R- Alzaré la copa de la salvación, y te ofreceré un sacrificio de alabanza.

Con el salmo 115 (116), u otro canto adecuado:

Salmo 115 (116)

Tenía fe, aun cuando dije:
«¡Qué desgraciado soy!»
Yo decía en mi apuro:
«Los hombres son unos mentirosos.» R.

¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando su nombre.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo. R.

Mucho le cuesta al Señor
la muerte de sus fieles.
Señor, yo soy tu servidor,
servidor tuyo, hijo de tu esclava;
rompiste mis cadenas. R.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo,
en el atrio de la casa del Señor,
en medio de ti, Jerusalén. R.

1201. Después de la oración de bendición: In spíritu humilitatis, conviene que el sacerdote inciense los dones y el altar. Conviene que también los fieles reciban la Sangre de Cristo del cáliz recién bendecido, si las circunstancias lo permiten.

Detengámonos en cada "conviene que". Del primero se infiere que el uso del incienso es optativo aunque aconsejable. Del segundo se deduce que es oportuno dar la Comunión bajo las dos especies; se menciona solamente la Sangre porque se supone que en toda Misa los fieles comulgan con el Cuerpo del Señor.

B. RITO DE LA BENDICIÓN FUERA DE LA MISA

1202. Reunido el pueblo, el sacerdote, revestido de alba o sobrepelliz y con estola, se dirige a la sede. Mientras, se puede cantar la antífona siguiente u otro canto adecuado:

Alzaré la copa de la salvación, y te ofreceré un sacrificio de alabanza.

Con el salmo 115 (116), como en el formulario anterior, p. 539 (es la cita de la página del Bendicional en su edición en papel) u otro canto adecuado.

1203. El sacerdote saluda al pueblo con estas palabras u otras tomadas preferentemente de la Sagrada Escritura:

La gracia de nuestro Señor Jesucristo, que ofreció su Cuerpo y su Sangre por nuestra salvación, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén con todos vosotros. (La oración gramatical de relativo que acabo de remarcar es un añadido a uno de los saludos litúrgicos, de origen paulino, del Misal Romano).

El pueblo contesta:

Y con tu espíritu.

O bien, otras palabras adecuadas.

1204. Luego, el sacerdote habla brevemente a los fieles a fin de prepararlos para la celebración e ilustrar sobre el sentido de la misma.

1205. Después, se lee uno o varios textos de la Sagrada Escritura, seleccionados de preferencia entre los propuestos anteriormente (núms. 1191-1196) intercalando un salmo responsorial apropiado, o un espacio de silencio.

1206. Después de la lectura de la Palabra de Dios, el sacerdote hace la homilía, en la cual explica las lecturas bíblicas y el sentido de la bendición del cáliz y de la patena que se usan en la celebración de la Cena del Señor.

1207. Terminada la homilía, los ministros, o los delegados de la comunidad que ofrece el cáliz y la patena, los colocan sobre el altar. (Adviértase que, para este rito, aun fuera de la Misa, los vasos sagrados se colocan sobre el altar puesto que solamente allí serán usados cuando se celebre la Misa. Es el único caso en que se permite que el objeto sobre el que se impetra la bendición divina sea depositado en el altar. En efecto, el altar es el ara del Sacrificio del Señor, por lo que ni en la Misa ni fuera de ella puede colocarse sobre él nada que sea ajeno a la celebración de este Sacrificio. Así, fuera del Misal y los vasos sagrados se puede depositar sobre el altar una Cruz con la efigie del Señor Crucificado, y eventualmente cirios y flores -aunque es preferible que estos dos últimos se coloquen cerca del altar). Luego, el sacerdote se dirige al altar. Mientras, se puede cantar la antífona siguiente u otro canto adecuado:

Alzaré la copa de la salvación, invocando el nombre del Señor.

1208. Entonces, el sacerdote dice:

Oremos.

Todos oran, por unos instantes, en silencio. Luego, el sacerdote continúa:

Dirige, Padre, tu mirada bondadosa sobre estos hijos tuyos que han colocado sobre tu altar, llenos de gozo, este cáliz y esta patena; santifica con tu bendición + estos recipientes, ya que tu pueblo, con unánime consenso, ha determinado destinarlos a la celebración del Sacrificio de la nueva alianza. Haz también que nosotros que, al celebrar los sagrados Misterios, nos fortalecemos con tus sacramentos, seamos penetrados de tu Espíritu, hasta que podamos gozar con tus santos del banquete del reino celestial. A ti la gloria y el honor, Señor Dios nuestro.

Nótese que en la oración de bendición "dentro de la Misa" (Cf. supra, 1199), se pide que el Cuerpo y la Sangre del Señor "ofrecidos y recibidos" sean los que "santifiquen" en ese acto los vasos sagrados. Aquí, en cambio, son bendecidos del modo acostumbrado.

Todos responden:

Bendito seas por siempre, Señor.

1209. Después, se hace la oración de los fieles, en la forma acostumbrada en la celebración de la Misa o bien en la forma que aquí se propone.

Invoquemos a Jesús, el Señor, que se entrega sin cesar a la Iglesia como Pan de vida y Copa de la salvación, y digámosle confiadamente: (si bien los términos "copa" y "cáliz" suelen usarse como sinónimos, es mucho más propio el segundo vocablo, cuando aludimos a la Pasión del Señor, pues transmite con mayor claridad la idea bíblica de sufrimiento)

R. Cristo, Pan celestial, danos la vida eterna.

Salvador nuestro, que sometiéndote a la voluntad del Padre, bebiste, por nuestra salvación, el cáliz de la pasión,
— concédenos que, uniéndonos al misterio de tu muerte, alcancemos el reino de los cielos. R.

Sacerdote del Altísimo, que estás presente, aunque oculto, en el Sacramento del altar,
— haz que los ojos de nuestra fe vean lo que se esconde a nuestra mirada corporal. R.

Buen Pastor, que te das a los discípulos como comida y bebida,
— haz que, saciándonos de ti, en ti nos transformemos. R.

Cordero de Dios, que mandaste a la Iglesia celebrar el misterio pascual con los signos del pan y el vino,
— haz que el memorial de tu muerte y resurrección sea para todos los creyentes fuente y culminación de toda su vida espiritual. R.

Hijo de Dios, que con el Pan de vida y la Bebida de salvación sacias de modo admirable el hambre y sed de ti,
— haz que en el misterio de la Eucaristía nos llenemos de caridad hacia ti y hacia todos los hombres. R.

De profunda riqueza teológica son las preces "eucarísticas" precedentes, que bien podrían emplearse en alguna otra celebración, como por ejemplo, en la Misa In Cena Domini o en la solemnidad del Cuerpo y la Sangre del Señor.

1210. Luego, el sacerdote puede introducir la oración del Señor con estas palabras u otras semejantes:

Como culminación de nuestras peticiones, digamos ahora la oración de Cristo mismo, el cual, clavado en la cruz, fue mediador de nuestra salvación y, por su obediencia perfecta a la voluntad del Padre, fue Maestro excelente de oración.

Todos recitan la oración del Señor.

El sacerdote añade a continuación:

Señor Dios, que por la muerte y resurrección de tu Hijo redimiste a todos los hombres, conserva en nosotros la obra de tu amor, para que, venerando constantemente el misterio de Cristo, consigamos el fruto de nuestra salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.

1211. Finalmente, el sacerdote bendice al pueblo en la forma acostumbrada y lo despide, diciendo:

Podéis ir en paz.

Todos:

Demos gracias a Dios.


30 Cf. Ritual de la Dedicación de iglesias y de altares, Bendición del cáliz y de la patena.


29 de mayo de 2016, (en muchos países), solemnidad del Cuerpo y la Sangre del Señor, (trasladada del jueves 26). Entrada dedicada a Jesús Eucaristía.
(Última actualización de la entrada: 31/05/16).


Icono de Cristo, "Cáliz inagotable"

domingo, 22 de mayo de 2016

Bendición para diversas ocasiones


 


Texto comentado

Bendicional:
en negro; (oración de bendición: negrita cursiva).

 
(Se conservan los números de secciones y parágrafos tal y como se hallan en el Bendicional: negrita. También en negrita me permito realzar algunas cuestiones litúrgicas del texto del Bendicional, incisos que, a mi criterio, merecen especial consideración).
Comentarios del blog: azul.
 
El capítulo XLVlll del Bendicional presenta el siguiente rito de "bendición para diversas ocasiones", que puede emplearse, a criterio del ministro sagrado, para aquellas bendiciones que carezcan de formulario propio en este libro litúrgico:


1437. Se ofrece aquí un rito de celebración destinado a santificar con una bendición especial todas aquellas circunstancias de la vida que en los ritos precedentes no se indican de manera expresa (por ejemplo, una reunión de los miembros de alguna familia o grupo para celebrar un acontecimiento determinado, o un conjunto de cosas destinadas a los pobres, etc.). De modo que, cualquier reunión de personas, u objeto, aunque no revistan carácter estrictamente religioso, pueden ser bendecidos, siempre que, por supuesto, no exista una contradicción entre aquello que se va a bendecir y los valores cristianos (Cf. infra, 1438). Este rito, al proponer varios textos de libre elección, puede acomodarse fácilmente a las diversas circunstancias.

1438.
Este rito no pretende en absoluto invalidar los principios. No es conveniente, en efecto, pretextar cualquier motivo (por ejemplo, la erección de un monumento cualquiera, la inauguración de unos instrumentos bélicos recién construidos u otras motivaciones similares) para celebrar una bendición. Cada celebración debe siempre someterse a un ecuánime criterio pastoral, sobre todo si se prevé el riesgo de que tal celebración pudiera causar extrañeza en los fieles o en los demás asistentes.

 Significativa es esta última disyunción, puesto que da cuenta de que no todos los asistentes a estas celebraciones son fieles que asiduamente vivan su fe. Por el contrario, muchos, a veces ni son creyentes. En todo caso, siempre han de ser fraternalmente acogidos.

1439. El rito que aquí se describe pueden utilizarlo el sacerdote, el diácono, o un laico, con los ritos y preces previstos para el laico; todos éstos, respetando la estructura y sus principales elementos, adaptarán cada una de sus partes a las circunstancias de las personas y del lugar.
RITO DE LA BENDICIÓN

RITOS INICIALES

1440. Reunida la comunidad, el ministro dice:

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Todos se santiguan y responden:

Amén.

1441. Luego el ministro, si es sacerdote o diácono, saluda a los presentes diciendo:

Dios, fuente de todo bien, esté con todos vosotros.

U otras palabras adecuadas, tomadas preferentemente de la sagrada Escritura.

Todos responden:

Y con tu espíritu.

O de otro modo adecuado.

1442. Si el ministro es laico, saluda a los presentes, diciendo:

Bendigamos, hermanos, a Dios, fuente de todo bien.

Todos responden:

Amén.

Adviértase en este saludo como en todas las fórmulas litúrgicas, el tradicional empleo de la segunda persona del plural gramatical por parte de los ministros ordenados, y de la primera del mismo plural cuando se trata de los laicos.

1443. El ministro dispone a los presentes a recibir la bendición, con estas palabras u otras semejantes:

Todo lo que Dios ha creado y sustenta, todos los acontecimientos que él dirige con su providencia, así como las buenas obras de los hombres que induzcan al bien, son motivo para que los fieles bendigan, de corazón y de palabra, a Dios, origen y fuente de todo bien. Con esta celebración, nosotros profesamos nuestra fe en el hecho de que a los que temen y aman a Dios todo les sirve para el bien, así como nuestra convicción de que siempre y en toda situación debemos buscar la ayuda divina para que, uniéndonos a la voluntad de nuestro Padre, podamos hacerlo todo para gloria de Dios en Cristo.

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS

1444.
Luego el lector, uno de los presentes o el mismo ministro lee un texto de la Sagrada Escritura.

Col 1, 9b-14: Fructificad en toda clase de obras buenas

Escuchad ahora, hermanos, las palabras del apóstol san Pablo a los Colosenses.

No dejamos de rezar a Dios por vosotros y de pedir que consigáis un conocimiento perfecto de su voluntad, con toda sabiduría e inteligencia espiritual. De esta manera, vuestra conducta será digna del Señor, agradándole en todo; fructificaréis en toda clase de obras buenas y aumentará vuestro conocimiento de Dios. El poder de su gloria os dará fuerza para soportar todo con paciencia y magnanimidad, con alegría, dando gracias al Padre, que os ha hecho capaces de compartir la herencia del pueblo santo en la luz. Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas, y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido, por cuya sangre hemos recibido la redención, el perdón de los pecados.

Palabra de Dios.

1445. O bien:

Rm 8, 24-28: El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad

Escuchad ahora, hermanos, las palabras del apóstol san Pablo a los Romanos.

En esperanza fuimos salvados. Y una esperanza que se ve ya no es esperanza. ¿Cómo seguirá esperando uno aquello que se ve? Cuando esperamos lo que no vemos, aguardamos con perseverancia. Pero además el Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad, porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables. Y el que escudriña los corazones sabe cuál es el deseo del Espíritu, y que su intercesión por los santos es según Dios.

Palabra de Dios.

1446. O bien:

l Tm 4, 4-5: Todo lo que Dios ha creado es bueno

Escuchad ahora, hermanos, las palabras del apóstol san Pablo a Timoteo.

Todo lo que Dios ha creado es bueno; no hay que désechar nada, basta tomarlo con agradecimiento, pues la palabra de Dios y nuestra oración lo consagran.

Palabra de Dios.

1447. Pueden también leerse: Nm 6, 22-27; Dt 33, 1. 13b-16a; Sb 13, 1-7; Si 18, 1-9.

1448. Según las circunstancias, se puede decir o cantar un salmo responsorial u otro canto adecuado.

Salmo responsorial

Sal 104 (105), 1-2. 3-4. 5 y 7. 8-9 (R.: 43)

R. El Señor sacó a su pueblo con alegría.

Dad gracias al Señor, invocad su nombre,
dad a conocer sus hazañas a los pueblos.
Cantadle al son de instrumentos,
hablad de sus maravillas; R.

gloriaos de su nombre santo,
que se alegren los que buscan al Señor.
Recurrid al Señor y a su poder,
buscad continuamente su rostro. R.

Recordad las maravillas que hizo,
sus prodigios, las sentencias de su boca.
El Señor es nuestro Dios,
él gobierna toda la tierra. R.

Se acuerda de su alianza eternamente,
de la palabra dada, por mil generaciones;
de la alianza sellada con Abrahán,
del juramento hecho a Isaac. R.

1449. O bien:

Sal 105 (106), 2-3. 4-5. 45-46. 47. 48

R. (1) Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia.

Sal 106 (107), 2-3. 8-9. 31-32. 42-43

R. (6) Gritaron al Señor en su angustia, y los arrancó de la tribulación.

1450. El ministro, según las circunstancias, exhorta brevemente a los presentes, explicándoles la lectura bíblica, para que perciban por la fe el significado de la celebración.

PRECES

1451. Si se estima oportuno, antes de la oración de bendición puede hacerse la plegaria común. Entre las invocaciones que aquí se proponen, el ministro puede seleccionar las que le parezcan más adecuadas o añadir otras más directamente relacionadas con las circunstancias del momento.

Dios ama todo lo que ha creado y lo conserva con su bendición. Pidámosle ahora que nos imparta su bendición y su consuelo, diciendo:

R. Descienda sobre nosotros, Señor, tu bendición.

Dios eterno, que nos das un sentido más profundo de esta vida, cuando nos sometemos de corazón a tu voluntad,
— dígnate llenarnos de tu espíritu de santidad. R.

Tú que deseas que tus dones se devuelvan multiplicados a ti y a los hermanos,
— acepta el ofrecimiento de nuestra sumisión y de nuestro amor. R.

Tú que nos miras siempre con ojos de piedad,
— escucha la voz de los que esperamos en ti, Señor. R.

Tú que enviaste tu Hijo al mundo para que destruyera la maldición del pecado y nos trajera tu bendición,
— dígnate bendecirnos en su persona con toda clase de bienes celestiales. R.

Tú que enviaste a nuestros corazones el Espíritu de tu Hijo, que nos hace gritar: «Abbá», Padre,
— escúchanos a nosotros, tus hijos, que reconocemos y ensalzamos tu bondad de Padre. R.

Tú que por la muerte y resurrección de tu Hijo nos has escogido para ser tu pueblo y tu heredad,
— acuérdate de nosotros en nuestras necesidades y bendice tu heredad. R.

El celebrante dice la oración de bendición, como se indica más adelante.

1452. Cuando no se dicen las preces, antes de la oración de bendición el celebrante dice:

Oremos.

Y todos oran durante algún tiempo en silencio. Luego el ministro dice la oración de bendición.

ORACIÓN DE BENDICIÓN

Se distinguen a continuación tres "destinatarios" de la bendición: las "cosas creadas", es decir aquellas que forman parte de la naturaleza tal y como Dios nos las ha entregado; las "hechas por mano del hombre", esto es, las que el ser humano ha elaborado a partir de las creadas; y las "determinadas circunstancias de la vida", o sea, los diferentes acontecimientos sobre los que los creyentes pueden impetrar la bendición de Dios:

1453.
El ministro, si es sacerdote o diácono, con las manos extendidas, si es laico, con las manos juntas, dice:

1454. a) Para las cosas creadas

Bendito seas, oh Dios, Creador del universo, que hiciste buenas todas las cosas y confiaste la tierra al hombre para que la cultivase; haz que usemos siempre con agradecimiento de las cosas que tú has creado y que, conscientes de que son un don tuyo, sepamos compartirlas con los necesitados, en la caridad de Cristo, nuestro Señor, que vive y reina por los siglos de los siglos.

R. Amén.


1455. O bien:

Te bendecimos, Señor, Padre santo, por cuya palabra y poder fue hecho todo, y por cuya donación recibimos todo lo necesario para nuestra subsistencia, te pedimos que nosotros, tus fieles, obedeciendo de buen grado a tu voluntad, usemos siempre con agradecimiento de estas criaturas. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.


1456. O bien:

Dios todopoderoso y eterno, que creaste al hombre adecuadamente provisto de los bienes de esta vida, para que pudiera aspirar a los dones eternos, atiende nuestras súplicas y concédenos que, fortalecidos con el consuelo de los bienes terrenales, dispongamos de lo suficiente para nuestra subsistencia y alcancemos finalmente la herencia que tú nos prometes. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.


1457. b) Para las cosas hechas por mano de hombre

Dios todopoderoso y eterno, que sometiste al hombre el mundo creado para que nos ayudáramos mutuamente por la caridad, dígnate atender a nuestras súplicas, con las cuales imploramos tu bendición sobre los que usarán de estas cosas según su necesidad, para que siempre te reconozcan a ti como el bien supremo y amen a sus hermanos con sincero corazón. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R, Amén.


1458. c) Para determinadas circunstancias de la vida

Concede, Señor, a tus fieles encontrar seguridad y riqueza en la abundancia de tus misericordias y haz que, protegidos por tu bendición, se mantengan en continua acción de gracias y te bendigan rebosantes de alegría. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.


1459. O bien:

Concede, Señor, que tus fieles, por la fuerza de tu bendición, se dispongan interiormente al bien, para que realicen todas sus obras fortalecidos y movidos por tu amor. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.


1460. O bien:

Conforta, Señor, a tus fieles con la bendición que imploramos de ti, para que nunca nos apartemos de tu voluntad y siempre podamos agradecer tus beneficios. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.


1461. O bien:

Señor, bendice a tu pueblo que espera siempre en tu misericordia y concédele recibir de tu mano generosa todo lo que tú mismo le impulsas a pedir. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R - Amén.


1462. O bien:

Señor, que tu pueblo reciba los frutos de tu generosa bendición para que, libre de todo pecado, logre alcanzar los bienes que desea. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R. Amén.


CONCLUSIÓN DEL RITO

La fórmula precedente de bendición realiza un interesante uso del pronombre "todo", a partir de las diferentes funciones gramaticales: como término del complemento preposicional
1463. El ministro, si es sacerdote o diácono, concluye el rito diciendo:

Dios, bendito a través de todo, os bendiga por Cristo en todo, para que todo os sirva para el bien.

R. Amén.

Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo + y Espíritu Santo, descienda sobre vosotros.

R- Amén.

1464. Si el ministro es laico, concluye el rito santiguándose y diciendo:

Dios, bendito a través de todo, nos bendiga por Cristo en todo, para que todo nos sirva para el bien.

R- Amén.

1465. Es aconsejable terminar el rito con un canto adecuado.


22 de mayo de 2016, solemnidad de la Santísima Trinidad. Entrada dedicada a Dios Uno y Trino.