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martes, 1 de septiembre de 2015

Misas de la Virgen XXXIX (Tiempo Ordinario XX): "Santa María, Reina y Madre de Misericordia"




Misal: Textos bíblicos y eucológicos (en negro); rúbricas: rojo.
Guion: marrón.
Comentario del blog: azul.
  

El uso del siguiente formulario de Misa es particularmente oportuno para el Año Santo de la Misericordia, convocado por Su Santidad Francisco para el periodo que se extiende entre el 8 de diciembre de 2015, solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María, y el 20 de noviembre de 2016, solemnidad de Jesucristo, Rey del universo.


El título de este formulario abarca dos características que con frecuencia se atribuyen a la Santísima Virgen, llenas ambas de atractivo y muy gratas a los fieles: «Reina de misericordia» y «Madre de misericordia».
El título de «Reina de misericordia» (cf. Antífona de entrada, Oración colecta 2, Al) celebra la bondad, la generosidad, la dignidad de la Santísima Virgen, la cual, elevada al cielo, cumpliendo en su persona lo que prefiguraba la reina Ester (cf. 1ª Lectura, Est 4, 17), «ruega incesantemente» (Prefacio) a su Hijo por la salvación del pueblo, que acude a ella confiadamente en sus tribulaciones y peligros. La Santísima Virgen, por tanto, es la «Reina clemente» (Prefacio; cf. Oración después de la comunión) «que, habiendo experimentado (la) misericordia (de Dios) / de un modo único y privilegiado, / acoge a todos los que en ella se refugian» (Prefacio; cf. Oración después de la comunión); por esto, es saludada con razón como «consuelo de los penitentes y esperanza de los pecadores» (Antífona de entrada).
Con el título de «Madre de misericordia» (cf. Oración colecta 1, Prefacio, Oración sobre las ofrendas), que al parecer atribuyó por primera vez a la Santísima Virgen san Odón (+ 942), abad de Cluny (cf. Vita Odonis 1, 9: PL 133,47), es celebrada con razón Santa María, porque dio a luz para nosotros a Jesucristo, misericordia visible del invisible Dios misericordioso, y porque es Madre espiritual de los fieles, llena de gracia y de misericordia: la Santísima Virgen «es llamada "Madre de la misericordia" -dice san Lorenzo de Brindis-, esto es, misericordiosísima, Madre clementísima, Madre ternísima, amantísima» (Mariale, Sermo secundus super «Salve Regina», 111: Opera omnia, 1, Taller tipográfico del Seminario, Padua 1928, p. 391). La Madre de Jesús, en efecto, ahora que está en el cielo, presenta las necesidades de los fieles al Hijo, al que, cuando estaba en la Tierra, suplicó en favor de los esposos de Caná (cf. Evangelio, Jn 2, 1-11).
En el formulario de la Misa la Santísima Virgen es celebrada como:
- profetisa que ensalza la misericordia de Dios (cf. Evangelio, Lc 1, 39-55); efectivamente, en el cántico del Magnificat alabó por dos veces al Dios misericordioso: «Su misericordia llega a sus fieles / de generación en generación»; «Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia» (Lc 1, 50. 54; cf. Antífona de comunión 2). Por esto, los fieles desean «proclamar continuamente (la) misericordia (de Dios) / con la bienaventurada Virgen María» (Oración después de la comunión);
- mujer que ha experimentado la misericordia de Dios de un modo único y privilegiado: «Ella es la Reina clemente, / que, habiendo experimentado (la) misericordia (de Dios) / de un modo único y privilegiado, / ... escucha cuando la invocan» (Prefacio). Estas palabras del Prefacio parecen como un eco de lo que dice San Juan Pablo II sobre la Santísima Virgen: «María, de un modo totalmente singular y extraordinario -como nadie más-, conoció la misericordia..., habiendo experimentado la misericordia de manera extraordinaria» (Carta encíclica Dives in misericordia, 9: AAS 72 [1980], pp. 1208. 1209).


Introducción

El Omnipotente y eternamente Misericordioso nos ha querido reunir nuevamente en el sacro recinto de su Iglesia. En efecto, sagrado debe ser el lugar en el que se celebra lo sagrado. Y por lo mismo, ejemplarmente fervorosa ha de ser nuestra participación en el culto.
La Santísima Virgen María, a la que en esta Eucaristía contemplaremos como "Reina y Madre de Misericordia", nos conceda la gracia de celebrar dignamente y de cantar con nuestra vida, la grandeza y la bondad del Señor.

Antífona de entrada

Salve, Reina de misericordia, Madre gloriosa de Cristo, consuelo de los penitentes y esperanza de los pecadores.


Oración colecta

La primera de las siguientes colectas se refiere a María como "Madre de la Misericordia", y pide al Señor que sea ella la que nos ayude a experimentar en plenitud la bondad divina. La segunda, habla de la Virgen como "Reina de Misericordia", que junto con el Salvador, son los "Dones" que el Padre clemente dio a la humanidad:

Oh, Dios, cuya misericordia no tiene límites, concédenos, por intercesión de la Virgen María, Madre de misericordia, conocer tu bondad en la Tierra, para alcanzar tu gloria en el Cielo. Por nuestro Señor Jesucristo.

O bien:

Dios misericordioso, escucha las plegarias de tus hijos que, inclinados por el peso de sus culpas, se convierten a ti e invocan tu clemencia; movido por ella enviaste a tu Hijo al mundo como Salvador y nos diste a la Virgen santa María como Reina de misericordia. Por nuestro Señor Jesucristo.


I

Liturgia de la Palabra

Primera lectura

"No tengo otro defensor ni otro auxilio fuera de ti", dice al Señor la reina Ester. Esto también lo experimentó la Virgen Santa María. Por eso, el mismo Señor, que había hecho grandes cosas por Ester, las hizo infinitamente más prodigiosas por aquella que daría a luz al Mesías prometido.

La reina Ester ruega por su pueblo

Lectura del libro de Ester 4, 17n. p-r. aa-bb. Hh-kk

En aquellos días, la reina Ester, temiendo el peligro inminente, acudió al Señor y le rezó así:
"Dios de Israel:
Señor mío, único rey nuestro,
protégeme, que estoy sola
y no tengo otro defensor fuera de ti,
pues yo misma me he expuesto al peligro.
Desde mi infancia oí, en el seno de mi familia,
cómo tú, Señor,
escogiste a Israel entre las naciones,
a nuestros padres entre todos sus antepasados,
para ser tu heredad perpetua;
y les cumpliste lo que habías prometido.
Atiende, Señor, muéstrate a nosotros en la tribulación,
y dame valor, Señor,
rey de los dioses y señor de los poderosos.
Pon en mi boca un discurso acertado
cuando tenga que hablar al león;
haz que cambie y aborrezca a nuestro enemigo,
para que perezca con todos sus cómplices.
A nosotros, líbranos con tu mano;
y a mí, que no tengo otro auxilio fuera de ti,
protégeme tú, Señor, que lo sabes todo.

Palabra de Dios.

Nadie mejor que María para cantar la inefable Misericordia del Señor:

Salmo responsorial Lc 1, 46-48a. 48b-49. 50-51. 52-53. 54-55 (R.: cf. 50)

R. La misericordia del Señor llega de generación en generación.

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava. R.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo. R.

Y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón. R.

Derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes;
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos. R.

Auxilia a Israel su siervo,
acordándose de la misericordia
—como lo había prometido a nuestros padres—
en favor de Abrahán
y su descendencia por siempre. R.


Aleluya

Dignísima Reina del mundo, María siempre virgen, intercede por nuestra paz y nuestra salvación, tú que diste a luz al Señor, el Salvador del mundo.


Evangelio

Solo la "omnipotencia suplicante de la humilde doncella de Nazaret, puede orientar inmediatamente la Voluntad de su Hijo Dios en favor de los necesitados.

Y la madre de Jesús estaba allí

+ Lectura del santo Evangelio según san Juan 2, 1-11.

En aquel tiempo, había una boda en Caná de Galilea y la madre de Jesús estaba allí; Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda.
Faltó el vino y la madre de Jesús le dijo:
— No les queda vino.
Jesús le contestó:
— Mujer, déjame, todavía no ha llegado mi hora. Su madre dijo a los sirvientes:
— Haced lo que él diga.
Había allí colocadas, seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una.
Jesús les dijo:
— Llenad las tinajas de agua.
Y las llenaron hasta arriba.
Entonces les mandó:
— Sacad ahora, y llevádselo al mayordomo.
Ellos se lo llevaron.
El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), entonces llamó al novio y le dijo:
— Todo el mundo pone primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el peor; tú en cambio has guardado el vino bueno hasta ahora.
Así, en Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria y creció la fe de sus discípulos en él.

Palabra del Señor.


II

Segunda lectura

Jesucristo es la "Vida en abundancia" que el Padre Misericordioso concede a los que "estamos muertos por el pecado".
Estando muertos por los pecados, nos ha hecho vivir con Cristo

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios 2, 4-10

Hermanos:
Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho vivir con Cristo –por pura gracia estáis salvados–, nos ha resucitado con Cristo Jesús y nos ha sentado en el cielo con él.
Así muestra a las edades futuras la inmensa riqueza de su gracia, su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.
Porque estáis salvados por su gracia y mediante la fe. Y no se debe a vosotros, sino que es un don de Dios; y tampoco se debe a las obras, para que nadie pueda presumir.
Pues somos obra suya. Nos ha creado en Cristo Jesús, para que nos dediquemos a las buenas obras, que él nos asignó para que las practicásemos.

Palabra de Dios.


Salmo responsorial Sal 102, 1-2. 3-4. 6 y 8. 13 y 17 (R.: 17a)

R. Bendice, alma mía, al Señor.

Bendice, alma mía, al Señor
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor
y no olvides sus beneficios. R.

Él perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa
y te colma de gracia y de ternura. R.

El Señor hace justicia
y defiende a todos los oprimidos.
El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia. R.

Como un padre siente ternura por sus hijos,
siente el Señor ternura por sus fieles;
Pero la misericordia del Señor dura siempre,
su justicia pasa de hijos a nietos. R.


Versículo antes del evangelio

Dios te salve, Madre del Señor, reina de misericordia, consuelo del mundo y esperanza de los desgraciados..


Evangelio

Perenne es el venerable cántico mariano del Magnificat y cumplida desde el principio es la profecía que en él proclama la Santísima Virgen y que se refiere a ella misma: 

"Todas las generaciones me llamarán bienaventurada".

Su misericordia llega a sus fieles de generación en generación

+ Lectura del santo Evangelio según san Lucas 1, 39-56

En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.
En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito:
–«¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!
¿Quién soy yo para que me visite la madre de m¡ Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.»
María dijo:
— «Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
–como lo había prometido a nuestros padres–
en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.»

Palabra del Señor.


Oración de los fieles

R. Reina y Madre de Misericordia, presenta nuestras súplicas a Dios.

-Por la unidad e incolumidad de la Santa Iglesia frente a las constantes y variadas embestidas del Maligno. R. 

-Por la purificación de la memoria de los cristianos y el reconocimiento de nuestras culpas de ayer y de hoy. R.

-Por la masiva difusión de la imprescindible devoción a la Divina Misericordia del Señor. R.

-Por la conversión de los pecadores más obstinados. R.

-Por la toma de conciencia y la eterna salvación de aquellos que, como Judas Iscariote, dudan de la Misericordia de Dios. R

-Por la iluminación de la mente y del corazón de aquellos que ya no saben distinguir entre el bien y el mal. R.

-Por la transparencia y ecuanimidad de aquellos a los que les corresponde impartir justicia. R. 

-Por el baño definitivo de las almas de nuestros difuntos en el inefable océano de la Misericordia Divina. R.


Ofertorio

Al comenzar los ritos del Ofertorio, pidamos a la Virgen Madre de Misericordia que nos enseñe a ofrecernos a nosotros mismos, a celebrar y a vivir la Santa Misa tal y como Dios quiere, que es como la Iglesia bimilenaria enseña.


Oración sobre las ofrendas

Interesante el paralelo que puede trazarse entre el Padrenuestro (que habla del perdón de las ofensas pedido a Dios, pero necesariamente antes ofrecido al hermano), y la siguiente oración, que alude a la "misericordia" con el mismo sentido que la anterior. Ambas oraciones comparten la idea expresada por la frase conjuntiva sicut et nos ("como también nosotros"):

Recibe, Señor, los dones de tu pueblo y, al venerar a la Virgen María como Madre de misericordia, concédenos ser misericordiosos con nuestros hermanos, para poder alcanzar tu misericordia. Por Jesucristo, nuestro Señor.


Prefacio

La Bienaventurada Virgen María, Reina de piedad, Madre de Misericordia

V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación,
darte gracias, Padre santo,
siempre y en todo lugar,
y proclamar tu grandeza
en esta memoria de la bienaventurada Virgen María.

Ella es la Reina clemente,
que, habiendo experimentado tu misericordia
de un modo único y privilegiado,
acoge a todos los que en ella se refugian
y los escucha cuando la invocan.

Ella es la Madre de la misericordia,
atenta siempre a los ruegos de sus hijos,
para impetrar indulgencia
y obtenerles el perdón de los pecados.

Ella es la dispensadora del amor divino,
la que ruega incesantemente a tu Hijo por nosotros,
para que su gracia enriquezca nuestra pobreza
y su poder fortalezca nuestra debilidad.

Por él,
los ángeles y los arcángeles
te adoran eternamente,
gozosos en tu presencia.
Permítenos unimos a sus voces
cantando tu alabanza:

Santo, Santo, Santo.


Comunión

En este momento culminante de la Comunión, recordemos las palabras de la amada oración mariana "Salve", que tantas veces hemos repetido en nuestra vida. Pidamos, pues, a la que es Madre de Misericordia y Virgen clemente, que "vuelva a nosotros sus ojos misericordiosos" y que nos muestre a Jesús, no solamente "después de este destierro" sino también ahora, al recibirlo hecho Pan vivo y que da vida.


Antífona de comunión Lc 6, 36

Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo.

O bien: Lc 1, 49-50

El Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.


Oración después de la comunión

Alimentados con esta eucaristía, te pedimos, Señor, proclamar continuamente tu misericordia con la bienaventurada Virgen María, y experimentar la protección de aquella a quien llamamos Reina clementísima para los pecadores y Madre de misericordia con los pobres. Por Jesucristo, nuestro Señor.


Despedida

Al concluir la Acción sagrada, invoquemos a la Reina de Misericordia y a los santos que más se destacaron en la devoción al Amor Misericordioso de Dios, como Margarita Alacoque, Faustina Kowalska, Juan Pablo II y tantos otros. Pidámosle que no ofendamos a Dios desconfiando de su Misericordia.


1° de septiembre, conmemoración de Nuestra Señora de los Remedios. Entrada dedicada a ella.


lunes, 31 de agosto de 2015

Guion: Domingo XXIII del Tiempo Ordinario





Ciclo B


Introducción

"Tú eres justo, Señor, y tus juicios son rectos; trátame conforme a tu bondad" (Sal. 118, 137. 124).

Con estas palabras tomadas del salmista se abre la liturgia de este domingo XXIII del Tiempo Ordinario. El Señor que es justo, y cuyos juicios son rectos, siempre nos trata, efectivamente, conforme a su bondad, pero nunca más que durante la actualización del Sacrificio redentor de Cristo que tiene lugar en cada Misa. Este adquiere su plena razón de ser en el domingo, día del Señor.


Liturgia de la Palabra

Primera lectura: Is. 35, 4-7a

La promesa del salvación y del consuelo de Dios se dirige a los desalentados, pobres y enfermos de ayer, de hoy y de siempre.

Segunda lectura: Sant. 2, 1-7

Pablo nos invita a seguir el ejemplo de Dios, que no hace acepción de personas.

Evangelio: Mc. 7, 31-37

El gesto bíblico de la imposición de las manos llega a su plenitud en Jesús, el Mesías de las Escrituras, Quien lo transmite a quienes participan de su Sacerdocio ministerial. Dicho gesto es signo de la acción de Dios, que a unos elige y consagra, a otros bendice y sana, y a todos purifica y perdona.
  

Oración de los fieles

-Pidamos la paz y la unidad para la Santa Iglesia Católica. R.

-Pidamos la salud y la sabiduría para nuestro Papa N. R.

-Pidamos la perseverancia y la santidad para nuestros sacerdotes. R.

-Pidamos la la fe y la esperanza para los que están desalentados. R.

-Pidamos la salud y la alegría espiritual para los que están enfermos. R.

-Pidamos la liberación y la digna reinserción social para los que están privados de su libertad. R.

-Pidamos el apoyo de los que más tienen y la promoción de los marginados. R.

-Pidamos el perdón total y la eterna glorificción de las Almas del Purgatorio. R.


A continuación, se propone como oración conclusiva de las preces una colecta alternativa a la de este domingo, tomada de la edición italiana del Misal Romano y traducida al castellano. Se reemplaza la conclusión trinitaria larga, propia de toda colecta, por la breve, típica de las demás oraciones litúrgicas:

"Oh, Padre, que has elegido a los pequeños y a los pobres, para hacerlos fecundos en la fe y herederos de tu Reino; ayúdanos a dirigir tu Palabra de coraje a los hermanos de corazón obstinado; que se suelten sus lenguas, y que tanta humanidad enferma, incapaz hasta de implorarte, cante con nosotros tus maravillas. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén."


Ofertorio

Benditos sean los dones de pan y el vino que el Señor escogió para cumplir con nosotros su promesa de permanecer siempre con nosotros hasta el final de los tiempos. 


 Comunión

 Jesús, el mismo Dios que hizo "oír a los sordos y hablar a los mudos", hoy nos hace pregustar los gozos eternos del Cielo en el Sacramento de su Cuerpo y de su Sangre. Demos gracias por este Don supremo de su incomparable amor.


Despedida

Hemos encontrado a Dios en su Palabra y en su Santísimo Sacramento. Vayamos a anunciar a los desalentados que también ellos, y de modo privilegiado, tienen un lugar en el Corazón del Señor.


31 de agosto de 2015, conmemoración de San Ramón Nonato. Entrada dedicada a él.





lunes, 24 de agosto de 2015

Guion: Domingo XXII del Tiempo Ordinario




Ciclo B

Inroducción

Hermanos, "la Iglesia actualiza, hace real, generación tras generación en los distintos rincones de nuestra Tierra, el Misterio del Pan de Vida. (...) Jesús quiere que participemos de su Vida, para que a través de nosotros se vaya multiplicando en la sociedad. No somos personas aisladas y separadas sino el Pueblo de la memoria actualizada y siempre entregada". (Misa de Apertura del V Congreso Eucarístico Nacional en Bolivia, el 9 de julio de 2015).
Estas palabras de Su Santidad Francisco nos instruyen acerca del Memorial de la Muerte y Resurrección de Jesús que celebramos en cada Misa.
Acojamos, de parte de las generaciones que nos precedieron, el Don de estos Santos Misterios; custodiémoslo celosamente, y celebrémoslo como manda la Iglesia, para transmitirlo a los que vendrán después de nosotros.


Liturgia de la Palabra

Primera lectura: Deut. 4, 1-2. 6-8

El santo profeta Moisés* exhorta al Pueblo de Dios a cumplir los Mandamientos. A cambio, el Señor promete sabiduría y prudencia.

Segunda lectura: Sant. 1, 17-18. 21b-22. 27

El apóstol Santiago nos invita a escuchar y a poner en práctica la Palabra de Dios.

Evangelio: Mc. 7, 1-8. 14-15. 21-23

A la luz de la página evangélica que vamos a escuchar a continuación, debemos examinar y reconocer cuánto de hipocresía hay en cada uno de nosotros, y pedir a Dios que ilumine nuestro corazón para ser cristianos más auténticos y comprometidos


Oración de los fieles

R. Padre de los astros, ilumínanos.

-Por la unidad de todos los miembros de la Iglesia en torno al Vicario de Cristo.

-Por la perseverancia de los sagrados ministros en la fe y en la comunión con la Iglesia. R. 

-Por la paz de los países que son víctimas de conflictos bélicos. R.

-Por la pureza de los niños y jóvenes. R.

-Por la plena recuperación de las víctimas de la explotación y del abuso en cualquiera de sus formas. R.

-Por la rehabilitación y reinserción n la sociedad de los hermanos privados de la libertad. R.

-Por la conversión de los que han incurrido en la herejía, el cisma o la apostasía. R.

-Por la liberación de las Almas del Purgatorio. R.


A continuación, se propone como oración conclusiva de las preces una colecta alternativa a la de este domingo, tomada de la edición italiana del Misal Romano y traducida al castellano. Se reemplaza la conclusión trinitaria larga, propia de toda colecta, por la breve, típica de las demás oraciones litúrgicas:

"Guarda, oh, Padre, al pueblo cristiano reunido en el día memorial de la Pascua, y haz que la alabanza de nuestros labios resuene en lo profundo del corazón; que tu Palabra, sembrada en nosotros, santifique y renueve toda nuestra vida. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén".

Ofertorio

Junto a las ofrendas de pan y vino, pongamos idealmente en el Altar los esfuerzos por vencer las dificultades que diariamente encontramos en el camino y que obstaculizan nuestra fidelidad a los Mandamientos del Decálogo.


Comunión

Que la Comunión eucarística que estamos por realizar nos conceda una vivencia cada vez más auténtica y profunda de la fe, lejos de toda hipocresía, soberbia o vanagloria.


Despedida

El Dios de toda bendición, que en esta celebración nos ha dado a su Hijo como Alimento salvador, nos conserve en la fidelidad a su Alianza.


24 de agosto de 2015, fiesta de San Bartolomé, apóstol. Entrada dedicada a él.
18° aniversario de la Misa de Clausura de la XII Jornada Mundial de la Juventud, presidida en París por San Juan Pablo II.


San Juan Pablo II en la Apertura de la XII JMJ


*Moisés es uno de los justos del Antiguo Testamento considerados como santo. El Martyrologium Romanum actual hace conmemoración de él el 4 de septiembre.

sábado, 22 de agosto de 2015

Misas de la Virgen XXXVIII (Tiempo Ordinario XIX): "La Virgen María, Madre y Reina de la unidad"




Misal: Textos bíblicos y eucológicos (en negro); rúbricas: rojo.
Guion: marrón.
Comentario del blog: azul.
 

El ejemplo de Cristo orando al Padre «para que todos sean uno» (Evangelio 2, Jn 17,21) apremia a todos sus discípulos para que también ellos rueguen fervorosamente por la unidad de los cristianos.
La Iglesia Católica, inflamada en el celo por la unidad de los cristianos, e incluso de todos los hombres, suplica a Dios, por intercesión de la Virgen María, que «todos los pueblos» se reúnan «en un mismo pueblo de la nueva Alianza» (Oración colecta). Porque la Iglesia está persuadida de que la causa de la unidad de los cristianos atañe a la función de maternidad espiritual de Santa María Virgen (cf. León XIII, Carta encíclica Adiutricem populi: AAS 28 [1895-1896], p. 135). De ahí que el beato  Pablo VI, más de una vez, dio a la Santísima Virgen el apelativo de «Madre de la unidad» (cf. Insegnamenti di Paolo VI, 111, p. 69).
El formulario de esta Misa celebra en primer lugar a Dios, «fuente de la unidad y origen de la concordia» (cf. Oración colecta); luego recuerda al Mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo (cf. 1ª Lectura [o bien], 1Tm 2,5), el cual, la víspera de su Pasión, rogó al Padre por los discípulos para que fueran completamente uno (cf. Evangelio 2, Jn 17,20-26); Y también conmemora a la Santísima Virgen, que, en determinados acontecimientos de la salvación relacionados con el «misterio de la unidad», tuvo un papel destacado:
- en el misterio de la Encarnación, cuando en su «seno virginal» el Verbo de Dios «se unió íntimamente a la condición humana» (Oración sobre las ofrendas);
- en su Maternidad virginal, cuando el Hijo de Dios «eligió para Sí una Madre incorrupta de alma y de cuerpo» (Prefacio), que fuera imagen de la Esposa Iglesia una e indivisa (cf. Prefacio);
- en la Pasión de Cristo, cuando Jesús, «elevado sobre la tierra, en presencia de la Virgen Madre, / congregó en la unidad» a los hijos de Dios «dispersos» (Prefacio);
- en la efusión del Espíritu Santo, cuando Jesús, después de volver al Padre, «envió sobre la Virgen María, / en oración con los apóstoles, / el Espíritu de la concordia y de la unidad, / de la paz y del perdón» (Prefacio; cf. Antífona de entrada 2).


Introducción


"Alégrate, Virgen María, porque en ti serán congregados todos los pueblos" (Cf. Antífona de la salmodia de Laudes, en la Liturgia Horarum. Se reemplazó el sustantivo propio topográfico "Jerusalén" por "Virgen María" ).

En el dulce regazo de la Madre de Dios, Reina de la unidad, nos reunimos los que hemos sido redimidos por la Sangre que Cristo derramó en su único Sacrificio, que a continuación, volveremos a ofrecer en el sagrado Altar.


Antífona de entrada Cf. Tb 13, 13

Saldrás con júbilo al encuentro de los hijos de Dios, Virgen María, porque todos se reunirán para bendecir al Señor del mundo.

O bien: Cf. Hch 1, 14

Los discípulos se dedicaban a la oración en común, junto con María, la madre de Jesús.


Oración colecta

Señor, Padre santo, fuente de la unidad y origen de la concordia, por intercesión de la Virgen María, madre de los hombres, haz que todos los pueblos nos reunamos en un mismo pueblo de la Nueva Alianza. Por nuestro Señor Jesucristo.


Liturgia de la Palabra

Primera lectura

Entonces os congregaré

Lectura de la profecía de Sofonías 3, 14-20

Al son de los latidos del Inmaculado Corazón de María, la Hija de Sion, que llevó en su seno al verdadero Rey de Israel, se realiza la unidad de todos los hombres.

Regocíjate, hija de Sión;
grita de júbilo, Israel;
alégrate y gózate de todo corazón, Jerusalén.
El Señor ha cancelado tu condena,
ha expulsado a tus enemigos.
El Señor será el rey de Israel,
en medio de ti, y ya no temerás.
Aquel día dirán a Jerusalén:
«No temas, Sión,
no desfallezcan tus manos.
El Señor, tu Dios, en medio de ti,
es un guerrero que salva.
Él se goza y se complace en ti,
te ama y se alegra con júbilo
como en día de fiesta.»
Apartaré de ti la amenaza,
el oprobio que pesa sobre ti.
Entonces destruiré a tus enemigos,
salvaré a los inválidos,
reuniré a los dispersos;
les daré fama y renombre en la tierra,
donde ahora los desprecian.
Entonces os traeré
cuando os haya congregado.
Os haré renombrados y famosos
entre los pueblos de la tierra
cuando cambie vuestra suerte ante sus ojos.
Oráculo del Señor.

Palabra de Dios.

O bien:

Uno solo es el mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús

Lectura de la primera carta del Apóstol San Pablo a Timoteo 2, 1-8

En Jesucristo, el Enviado del Padre, reconocemos al único Mediador entre Dios y los hombres. En dicha mediación se funda y adquiere su razón de ser la intercesión de la Santísima Virgen María y de los demás santos.

Queridos hermano:
Dios es uno, y uno solo es el mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús, que se entregó en rescate por todos: éste es el testimonio en el tiempo apropiado: para él estoy puesto como anunciador y apóstol –digo la verdad, no miento–, maestro de los paganos en fe y verdad.
Encargo a los hombres que recen en cualquier lugar alzando las manos limpias de ira y divisiones.

Palabra de Dios


Salmo responsorial Jr 31, 10. 11-12ab. 13-14 (R.: cf. 10c)

R. Reúne, Señor, a tu pueblo disperso.

Escuchad, pueblos, la palabra del Señor,
anunciadla en las islas remotas:
«El que dispersó a Israel lo reunirá,
lo guardará como pastor a su rebaño.» R.

Porque el Señor redimió a Jacob,
lo rescató de una mano más fuerte.
Vendrán con aclamaciones a la altura de Sión,
afluirán hacia los bienes del Señor. R.

Entonces se alegrará la doncella en la danza,
gozarán los jóvenes y los viejos;
convertiré su tristeza en gozo,
los alegraré y aliviaré sus penas;
alimentaré a los sacerdotes con enjundia,
y mi pueblo se saciará de mis bienes. R.

Aleluya

Que tu Iglesia, Señor, esparcida por la tierra, sea congregada en la unidad de tu reino; porque tuya es la gloria, tuyo el poder, por Jesucristo, por siempre.

Evangelio

Gracias a la Muerte redentora de Cristo es realista esperar en la plena unidad de la familia humana y trabajar sin desfallecer por ella.

Para reunir a los hijos de Dios dispersos

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 11, 45-57

En aquel tiempo, muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.
Pero algunos acudieron a los fariseos y les contaron lo que había hecho Jesús.
Los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron el Sanedrín y dijeron:
– «¿Qué hacemos? Este hombre hace muchos signos. Si lo dejamos seguir, todos creerán en él, y vendrán los romanos y nos destruirán el lugar santo y la nación.»
Uno de ellos, Caifás, que era sumo sacerdote aquel año, les dijo:
– «Vosotros no entendéis ni palabra; no comprendéis que os conviene que uno muera por el pueblo, y que no perezca la nación entera.»
Esto no lo dijo por propio impulso, sino que, por ser sumo sacerdote aquel año, habló proféticamente, anunciando que Jesús iba a morir por la nación; y no sólo por la nación, sino también para reunir a los hijos de Dios dispersos.

Palabra del Señor.

O bien:

"Que todos sean uno". Es el anhelo; más aun, la seria exhortación del Señor Jesucristo en el memorable discurso de su Última Cena. 

Que sean completamente uno

+ Lectura del santo evangelio según san Juan 17, 20-26

En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, oró, diciendo:
– «Padre santo, no sólo por ellos ruego, sino también por los que crean en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos también lo sean en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado.
También les di a ellos la gloria que me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno; yo en ellos, y tú en mí, para que sean completamente uno, de modo que el mundo sepa que tú me has enviado y los has amado como me has amado a mí.
Padre, éste es mi deseo: que los que me confiaste estén conmigo donde yo estoy y contemplen mi gloria, la que me diste, porque me amabas, antes de la fundación del mundo.
Padre justo, si el mundo no te ha conocido, yo te he conocido, y éstos han conocido que tú me enviaste. Les he dado a conocer y les daré a conocer tu nombre, para que el amor que me tenías esté con ellos, como también yo estoy con ellos.»

Palabra del Señor.


Oración de los fieles

R. Por María, Reina de la unidad, haz de nosotros un solo pueblo.

-La Iglesia, Sacramento de Cristo, está llamada a hacer realidad ya desde aquí en la Tierra, el anhelo de Jesús de que todos seamos uno, por eso te pedimos...R.

-El Romano Pontífice N, Vicario de Cristo, es cabeza visible y garantía de la unidad de la verdadera  Iglesia de Dios; en comunión con él te pedimos...R.

-Los creyentes estamos llamados a trabajar por la unidad de todos los cristianos en la misma fe, y bajo el cayado de Cristo, el único Pastor; por eso, te pedimos...R.

-Los conflictos entre países son fruto del egoísmo de quienes se empeñan en imponer sus propias pretensiones; para que depongan los intereses personales, te pedimos. R.

-La Iglesia que fundó Jesucristo está conformada por quienes peregrinamos en la Tierra, por las Almas del Purgatorio y por los Bienaventurados del Cielo; en esta comunión de los santos, te pedimos...R.


Ofertorio

Con los dones que presentamos a continuación, prepararemos la Mesa santa del Sacrificio de la unidad. La Virgen María nos conceda espíritu de compromiso para trabajar por erradicar toda división de la gran Familia humana.


Oración sobre las ofrendas

Al venerar la memoria de santa María virgen, en cuyo seno virginal la naturaleza divina se unió íntimamente a la condición humana, te pedimos, Señor, que esta ofrenda sea para nosotros sacramento de tu amor, signo de unidad y vínculo de caridad. Por Jesucristo, nuestro Señor.


Prefacio

El siguiente Prefacio está enriquecido con tópicos que son una ardiente profesión de fe en principales las verdades católicas: la integridad de la fe fundada en Cristo, la Inmaculada Concepción y la gloriosa Asunción de la Santísima Virgen, la unidad y universalidad de la Iglesia, la voluntaria Crucifixión del Señor y la ofrenda que en esa Hora suprema Él hizo de su Madre a los fieles, congregándolos en la unidad; la admirable Ascensión y la Venida del Espíritu Santo, antesala de la plena unidad de la familia humana.

La función de la Virgen María en la unidad de la Iglesia

V. El Señor esté con vosotros.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias
siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno,
por Cristo, Señor nuestro.

Porque él, autor de la fe íntegra y amante de la unidad,
eligió para sí una Madre incorrupta de alma y de cuerpo
y quiso como Esposa a la Iglesia una e indivisa.

Elevado sobre la tierra, en presencia de la Virgen Madre,
congregó en la unidad a tus hijos dispersos,
uniéndolos a sí mismo con los vínculos del amor.

Vuelto a ti y sentado a tu derecha,
envió sobre la Virgen María,
en oración con los apóstoles,
el Espíritu de la concordia y de la unidad,
de la paz y del perdón.

Por eso,
con los ángeles y los santos
te cantamos el himno de alabanza
diciendo sin cesar:

Santo, Santo, Santo.


Comunión

En el Altar se ha hecho presente Jesucristo, Hijo de María y Pan de la unidad. Alimentémonos todos de Él, para ser uno en Él. Esa es su santa voluntad.


Antífona de comunión Cf. 1 Co 10, 17

El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan y bebemos del mismo cáliz.


Oración después de la comunión

Por los santos misterios que hemos recibido, Señor, en esta memoria de santa María, Madre de la unidad, infúndenos tu Espíritu de paz y de mansedumbre, para que, actuando siempre con ánimo concorde, hagamos más próxima la venida de tu reino. Por Jesucristo, nuestro Señor.


Despedida

Hermanos, los Misterios de los que hemos participado, robustecen nuestra comunión con la Iglesia, desde cuyo seno, fieles a la exhortación del Señor, somos enviados a comprometernos en la gran tarea de la unidad de todos los hombres.


22 de agosto de 2015, memoria litúrgica de la Santísima Virgen María, Reina del universo. Entrada dedicada a ella.



jueves, 20 de agosto de 2015

Himno del VIII "Encuentro Mundial de las Familias 2015" (22-27/9)







Con motivo del VIII Encuentro Mundial de las Familias, que tendrá lugar el próximo mes en Filadelfia, les ofrezco la letra del Himno oficial, seguido de un comentario:

 Resuena la campana de la libertad


Resuena la campana de la santa libertad; llama a todas las naciones de la Tierra.
Hijos e hijas de un Padre, enviados a anunciar la Palabra salvadora de Dios.
Vengan, y reúnanse, como una sola familia en la Mesa del Señor.

David, rama de la Raíz de Jesé, María esa Rosa floreciente de la vid.
Ella nos trajo al Salvador, tal como el ángel lo propuso;
Eclipsada por el Espíritu, por su “sí” surgió Vida nueva.


Bendito José, Esposo de María, maestro de tu Dios y Señor,
Tú diste abrigo y proveíste a ese Niño maravilloso, adorado por los reyes.
Atento a la Palabra de Dios en tus sueños, salvaste a tu Niño de la espada de Herodes.

Jesús, joven en la preciosa Nazaret, Hijo fiel, y Niño amoroso,
Invitado y Anfitrión en las bodas de Caná, proveíste el más fino de los vinos.
Tú, nuestra roca y nuestro amparo, mantennos siempre a tu lado.

Por la Cruz una Madre angustiada, en la Cruz, su único Hijo,
Con todas las madres y sus hijos, bendita María, tú eres una.
En nuestras alegrías, y en nuestras penas, que obremos como tú lo hiciste.

Resuena la campana de la santa libertad; llama a todas las familias de la Tierra,
para ser alimentadas por el Amor encarnado, para proclamar el mundo bendito de Dios.
Por el amor de Cristo, nuestro Hermano, haznos uno en el Espíritu.

Texto: Andrew D. Ciferni, O., Praem, n. 1942
Melodía: PHILADELPHIA, 8 7 8 7 8 7:Normand Gouin, b
Para escuchar el himno, hacer clic aquí.


Comentario 

La primera estrofa parte de la metáfora del tañido de la campana, icono elocuente de la Independencia de EEUU, y "voz celestial" de las iglesias, que convoca a los hijos de Dios para que se congreguen en una sola familia. La invitación no excluye a nadie, no hace acepción de personas, y exhorta a todos a la evangelización. El signo más reprsentativo de la unidad de las familias con Dios es la participación en el Banquete/Sacrificio que el Padre ha preparado: la Mesa memorial de nuestra redención, que es una sola, y que pertenece al Señor.
La segunda estrofa se refiere a la Santísima Virgen como Rosa fecunda que brotó de la vid davídica. En efecto, gracias a María y José, Jesús es verdadero "Descendiente", "Hijo de David". El de ella, mediante el Poder del Espíritu, permitió el ingreso de Dios hecho hombre en el tiempo y en la historia de los hombres.
Infaltable la mención del gran San José, presentado con el original título de "maestro" del Divino Maestro, que es Dios y Señor (casi tan nuestro como suyo). Late aquí el eco perenne de la confesión del apóstol Tomás. José, como si fuera padre carnal del Niño, y con mayor amor que los que lo son, proveyó al Pequeño Jesús de todo lo necesario para su vida terrenal. Fiel cumplidor de la Palabra, protegió del peligro al Señor de los ejércitos, "escondido" en la santa Humanidad de un Niño inerme; defendió de la crueldad humana al Rey ante el que se postraron los Magos, más humildes que poderosos. La metonimia de la "espada de Herodes" representa todos los peligros que atentaban contra el Divino Infante, y de los que halló refugio en el inefable misterio de su sujeción en el seno de la Familia de Nazaret.

La tercera estrofa es una alabanza a Jesús en el misterio de su Santa Infancia. El Niño amoroso y adorable es el Hijo fiel y amante de sus padres. Interesante el encomio a la ciudad de Nazaret, que abre esta estrofa. Encomio justísimo, pues a esta ciudad, que no Lo vio nacer, pero que Lo vio vivir en la armonía de una Familia perfecta que sería modelo de todas, el Señor le debe el cumplimiento de la Escritura que dice que sería llamado "Nazareno".
Entre las Bodas de Caná, recordadas en esta misma estrofa, y las Bodas del Cordero de las que habla el Libro del Apocalipsis, se encuentra nuestra vida terrena, durante la cual, en el Banquete eucarístico, recibimos la Sangre redentora de Cristo, el más fino de los vinos, del que era profecía el del Milagro de Caná. La estrofa concluye con la súplica a Jesús, Roca y Amparo, para que nos conceda la gracia de vivir unidos a Él.
La cuarta estrofa nos invita a contemplar a Jesús, ya mayor, en el Sacrificio de la Cruz, al que en espíritu, su Madre se asoció como nadie. Por el misterio del dolor, aquella que había dado a luz sin sufrimiento carnal al que concibió "del Espíritu Santo", engendra espiritualmente con dolor a los hijos que el Hijo le deja como herencia. Esto la une inefablemente a cada madre y a cada hijo, en toda época y lugar. La estrofa concluye con el ruego a María de que nos conceda poder imitarla.
La última estrofa asume el carácter trinitario tan típico de la conclusión de los himnos litúrgicos. Retoma el título de la canción y con él, el espíritu y los objetivos inmediatos y a largo plazo de la convocatoria: la reunión de todas las familias del mundo en torno a la única Mesa del Señor, la toma de conciencia y el fortalecimiento del compromiso misionero de ellas, y el cumplimiento del anhelo del señor de que todos, en la familia y por medio de ella, seamos uno en Cristo.

20 de agosto de 2015, memoria litúrgica de San Bernardo, abad y doctor de la Iglesia. Entrada dedicada a él.
15° aniversario de la Clausura de la XV Jornada Mundial de la Juventud, en Roma.


San Juan Pablo II en la Apertura de la XV JMJ (15/08/00)